miércoles, 20 de diciembre de 2023
La carga de los Tres Reyes. Las Navas de Tolosa.
En 1194 el califa almohade Yaqub al-Masur había enfermado de gravedad, por lo que su hermano, Abu Yahya, gobernador de Al-Andalus, fue a Marruecos para reclamar el trono. Eso desató un conflicto civil, que intentó ser aprovechado por Alfonso VIII de Castilla para atacar Sevilla y sus alrededores, rompiendo la tregua establecida previamente.
Al-Mansur derrotó a su hermano y reunió un ejército para enfrentar a sus enemigos y en 1195 venció a las tropas castellanas en Alarcos. Al triunfo siguió la conquista de Trujillo, Pasencia, Talavera, Cuenca y Uclés y dejó debilitado al reino de Castilla. El victorioso Al- Mansur murió en 1199 y le sucedió su hijo Muhammad al-Nasir.
Al-Nasir ambicionó continuar realizando progresos en al-Ándalus por lo que en 1211 reunió un ejército poderoso, cruzó el estrecho de Gibraltar y capturó el castillo de Salvatierra. Alfonso VIII percibió la amenaza sobre Toledo y el valle del Tajo y decidió enfrentarse en una batalla decisiva, para la cual requería de mucho apoyo. Solicitó la ayuda del papa Inocencio III que convocó una cruzada para facilitar la llegada de contingentes de toda Europa.
Alfonso VIII consiguió el apoyo del rey Pedro II de Aragón y de Sancho VII de Navarra, además llegaron caballeros de toda Europa, especialmente de Francia. Según Francisco García, los cristianos tenían unos 4000 jinetes y 8000 infantes. Los musulmanes tendrían el doble. Fue la ciudad de Toledo en donde se concentró el ejército cristiano.
Alfonso VIII tomó la iniciativa y con la ayuda de un pastor, atravesó la sierra y llegó a las cercanías del ejército musulmán, llamado Las Navas, el 13 de julio de 1212. El día 16 se produjo el enfrentamiento.
Los cristianos se desplegaron en tres columnas de ancho por tres de profundidad y dieron inicio a la batalla. Los almohades se defendieron y estuvieron a punto de rodear al ejército cristiano, el cual mantuvo el orden y repelió los ataques. La lucha duró casi todo el día, hasta que la retaguardia cristiana entró al ataque y derrotó a los musulmanes. Las tropas victoriosas se apoderaron del campamento de al-Nasir, quien huyó del campo.
Los cristianos capturaron un rico botín, a la vez que sus pérdidas, aunque no hay consenso, fueron escasas; no así las almohades, que fueron más de 10 000.
La batalla de las Navas de Tolosa fue un parteaguas, pues se inició el declive almohade en la península Ibérica a la vez que el avance cristiano cobró auge y se amplió unas tres décadas después, hasta reducir los territorios musulmanes al reino de Granada.
viernes, 8 de diciembre de 2023
Augusto Ferrer-Dalmau Nieto
Augusto Ferrer-Dalmau Nieto (Barcelona, 20 de enero de 1964)1 es un pintor español de estilo realista y academicista, especializado en pintura de historia y de batallas. Retrata en muchos casos diversos aspectos y épocas de las Fuerzas Armadas españolas con gran naturalismo y atención al detalle.
Creador de la Fundación Arte e Historia Ferrer-Dalmau. Es doctorado honoris causa por la Universidad CEU San Pablo y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría y de la Real Academia de San Romualdo de Ciencias, Letras y Artes. Su obra le ha valido numerosas distinciones y reconocimientos, entre ellos la Orden de Isabel la Católica, la Gran Cruz al Mérito Militar o la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas.
Augusto Ferrer-Dalmau Nieto nació en el seno de una familia de la burguesía catalana vinculada al carlismo (es sobrino bisnieto del periodista e historiador carlista Melchor Ferrer Dalmau).4 Cursó sus estudios en el colegio jesuita de San Ignacio de Sarriá.5 A finales de los años 1980 trabajó como diseñador textil para distintas firmas, manteniendo siempre viva su afición por la pintura al óleo.6 Su vocación por la milicia y la historia le llevó también, desde muy joven, a pintar esta temática y escribir un libro (Batallón Román), aunque sus primeros trabajos independientes y autodidactas fueron paisajes, en especial marinas.6
Más tarde, inspirado en la obra de Antonio López García, se centró en los ambientes urbanos y captó en sus lienzos los rincones de su Barcelona natal. Expuso en galerías de arte, y cosechó éxitos y buenas críticas. La obra de esta época está recogida en un monográfico del autor y en distintos libros generales de arte contemporáneo. A finales de los años 1990 decidió especializarse en la temática histórico-militar y comenzó a producir lienzos donde el paisaje se mezcla con elementos militares como soldados y caballería.
Instalado en Madrid desde 2010, ha colaborado con diferentes editoriales, asociaciones,11 instituciones, y entidades especializadas en la recreación de la historia militar en España. Se han publicado distintos libros monográficos sobre su pintura. Hombre comprometido con la cultura y el arte, lanzó la revista, FD Magazine, en la que aborda la historia de España y de sus gentes desde una perspectiva artística y social. Su obra y difusión está gestionada por la empresa Historical Outline, y sus pinturas ilustran numerosos libros, también portadas y revistas, especialmente de historia.
Ferrer-Dalmau ha estado en zona de operaciones de un conflicto internacional como Afganistán, Siria, Líbano, Malí, Irak, Somalia, haciendo bocetos, tomando apuntes y pintando, mientras convivía con las tropas españolas de la ISAF en 2012. El pintor compartió experiencias con el contingente de la ASPFOR XXXI, formado sobre la base de la Brigada Paracaidista, en Qala i Naw y en el puesto avanzado de combate (COP) Ricketts, en Moqur. Es la primera vez que un pintor español acude a una misión en el exterior para colaborar con el Ministerio de Defensa de España. Sin embargo, no es una práctica excepcional pues otros ejércitos tienen artistas de guerra, como el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, que cuenta en la actualidad con tres artistas oficiales, uno de ellos Michael D. Fay, presidente de The International Society of War Artist sociedad de la que es miembro Ferrer-Dalmau. El pintor realizó el cuadro La patrulla19 como homenaje al soldado español.2021 .En 2014 también estuvo pintando en la provincia de Helmand con las Fuerzas Armadas de Georgia . En mayo de 2016 con las tropas españolas en la misión del Líbano, en abril de 2018 con el Ejército Español en la Misión de Malí de la Unión Europea (EUTM-Mali) en septiembre del 2018 en Alepo (Siria) con el Ejército de la Federación de Rusia, en noviembre de 2019 estuvo pintando a las tropas españolas en Irak y en enero de 2023 tomando apuntes en el conflicto de Mogadiscio (Somalia), misión de la Unión Europea.
viernes, 29 de septiembre de 2023
La Herencia de Saladino
"Cuando el gran líder kurdo y fundador de la dinastía ayubí a corto plazo, Saladino, murió, no tenía nada en su poder para poder pagar el diezmo y con sus donaciones había compartido toda su riqueza. Gobernaba la mayor parte del mundo musulmán y sin embargo no dejó nada de plata ni oro en el tesoro, sino sólo cuarenta y siete nasir dirhams, así como un dinar dorado de Tyros. No dejó riqueza ni casa, ni propiedades ni huertos, ni aldea ni tierras de cultivo. No dejó ninguna fortuna atrás. "
Quizás, no estaba tan lejos de Dios.
Extracto del testimonio de Ibn Sadat, libro "Saladino: un líder carismático", Publicaciones del Líbano.
En la foto la copia ubicada en la biblioteca de Temen al-Aqsa en Jerusalén de la que se hizo la traducción. Otra copia más del manuscrito de Ibn Sadat está guardada en Berlín.
Dorothea von Montau, Santa Teutónica.
Santa Dorotea (o Dorotea) de Montau (en alemán: Dorothea von Montau; polaco: Dorota z M ątowów) (6 de febrero de 1347 - 25 de junio de 1394) fue una eremita y visionaria de la Alemania del siglo XIV. Después de siglos de veneración en Europa Central, fue canonizada en 1976.
Papas de raza negra
Siempre he creído que nunca ha habido un papa negro en la historia de la iglesia católica. Pero si ha habido afrique canos han liderado la Iglesia Católica desde el Vaticano. Aquí están en esta imagen de archivo, que os presento:
El primero se llama San Víctor I, se convirtió en el 14º Papa después de San Pedro, en el año 189 DC. Sirvió durante 10 años y murió en 199 DC.
El segundo se llama San Miltiad, se convirtió en el 32º Papa después de San Pedro, en el año 311 DC. Murió el 14 de enero de 314 DC fue cononizado. Por cierto, la liturgia del 10 de diciembre se celebra en su honor, pero a los fieles no se les dirá que este papa es negro.
Finalmente el tercero tiene su nombre Gelasius Iº, se convirtió en papa el 19 de noviembre de 492 DC. Murió el 19 de noviembre del 496 y canonizado el 21 de noviembre del mismo año.
Te darás cuenta que desde su partida de este mundo hemos hecho todo lo posible para borrar sus huellas pero indelebles.
jueves, 7 de septiembre de 2023
Despierta Hierro !!!
(«¡Despierta hierro!»)Uno de los gritos hispánicos más conocidos. Los almogávares, una infantería ligera al servicio de la Corona de Aragón durante la Reconquista, golpeaban sus espadas contra el suelo haciendo saltar chispas contra las piedras al grito de guerra: «Aur, aur... Desperta ferro» («escucha, escucha...Despierta, hierro»)
Más allá de los tercios, si hay una figura legendaria en la historia militar peninsular esa es la de los almogávares, las temibles tropas de choque de la Corona de Aragón, cuya aventura les llevó por medio mundo a combatir prácticamente como fuerzas mercenarias para distintos jefes.
En un principio eran pastores pirenaicos que habían perdido sus tierra en las luchas de la Reconquista entre cristianos y musulmanes. En muchos casos quedaron en una zona de nadie, entre ambos bandos, en tierras que se poblaron de personajes de frontera, como lo fue el propio Cid Campeador. Ante la falta de una autoridad clara, poco a poco se fueron convirtiendo en guerreros al tener que saquear a los musulmanes para poder mantener a sus familias.
El origen etimológico de la palabra almogávar viene del árabe, de al-mugawir («el que provoca algaradas») o de al-mujabir(«el portador de noticias»), en relación con el que explora, refiriéndose a sus dos funciones más importante: combatir y espiar.
Los almogávares empezaron a trabajar para la Corona de Aragón, tanto en la Reconquista contra los musulmanes, participando por ejemplo en la batalla de las Navas de Tolosa, como en la península itálica, en Sicilia, en las campañas aragoneses contra el avance de los turcos.
Armamento
Se caracterizaban por combatir a pie, con armas y bagajes ligeros, generalmente con un alfanje, especie de espada corta colgada de una correa; una lanza corta (azconas) o un simple palo con un pincho de hierro en la punta, dos venablos capaces de perforar los escudos enemigos, un cuchillo largo llamado coltell y en ocasiones un pequeño escudo redondo como única defensa.
Poco a poco incorporaron otros elementos como una especie de casco y una cota de malla que colocaban sobre una vestimenta austera consistente la mayoría de las veces en un blusón. Llevaban también un grueso cinturón de cuero, calzas de cuero ajustadas en las piernas y abarcas de cuero en los pies.
Solían llevar en un zurrón piedra y yesca para hacer fuego. A la hora de entrar en combate, golpeaban sus espadas con la piedra haciendo soltar chispas, y gritaban, provocando el pánico en sus oponentes. Característico era su grito de “Aur, aur... Desperta ferro” (”escucha, escucha...Despierta, hierro”), aunque entonaban también otros como “Aragón, Aragón” o “San Jorge”, en su alusión a la corona para la que luchaban.
Tácticas de guerra
Destacaron en el campo de batalla, no solo por su fiereza y valentía, sino por lo novedosas que fueron sus técnicas para la época: solían combatir en grupos autónomos y pequeños, de cinco a quince hombres; no usaban caballos y se movían a pie y de noche, buscando siempre el factor sorpresa; de hecho, su modo de luchar era más habitual de un grupo guerrillero que de un auténtico ejército. Cuando se enfrentaban a la caballería buscaban atacar las patas de los caballos, descabalgando al jinete y matándolo en el suelo con su cuchillo.
Su misión principal era reconocer el terreno por donde avanzaba el ejército contrario, acosar al enemigo, atacar por sorpresa sus guarniciones e interceptar sus convoyes de suministros. Guerreaban de forma autónoma, pero podían hacerlo también en colaboración con la caballería, aunque no requerían el apoyo de los jinetes. Y es que era un pueblo cuya dedicación permanente a la guerra era su forma de vida, la remuneración, basada en el saqueo y en la venta o rescate de prisioneros; la resistencia; el armamento ligero y la organización jerárquica: almogávar (soldado raso), almocadén (capitán) y adalid, el máximo rango.
Imperio Bizantino
Tras terminar su “trabajo” para la Corona de Aragón, una vez asentada la frontera con los otros reinos de la Península, y su paso por las guerras italianas donde mantuvieron a raya a los turcos en Sicilia, fueron llamados para luchar contra los otomanos en Anatolia, para el Imperio Bizantino.
Se forma así la Gran Compañía Almogávar teniendo al frente a Roger de Flor, nacido en la ciudad italiana de Brindisi en 1266 de madre italiana y padre alemán, caballero y miembro de la Orden del Temple de la que fue expulsado al caer finalmente San Juan de Acre en 1291. Tras su expulsión pidió asilo como mercenario al rey Federico II de Sicilia, hijo de Pedro III de Aragón, quien le nombró caudillo de la Gran Compañía Catalana de los temidos almogávares.
Para acudir a luchar con los otomanos, De Flor pidió esposa y el título de Mega Dux, al emperador bizantino, lo cual le fue concedido. La expedición zarpó de Sicilia en verano de 1302 a bordo de 36 naves con miles de almogávares, jinetes y peones, además de las mujeres e hijos que les acompañaban. Estimaciones modernas hablan de 2.000 jinetes y 10.000 infantes aragoneses, catalanes y valencianos combatiendo en la Gran Compañía Almogávar de Oriente, número elevado a 18.000 si se consideran auxiliares y los tripulantes de los barcos.
Tras su llegada a territorio bizantino entran en batalla contra los turcos, logrando numerosas victorias en Filadelfia, Magnesia y Éfeso, y obligando al enemigo a retirarse en Cilicia y en Tauro. Sin embargo, luchas de poder y problemas de avituallamiento hacen que se encaminen hacia Tesalia, que un siglo antes había caído en manos de barones francos tras la Cuarta Cruzada, y no había sido recuperada por los emperadores de Nicea al tomar Constantinopla.
Todo parece ir bien en el campo de batalla y, como recompensa, en 1304, el emperador de Bizancio nombra «César» a Roger de Flor, el líder de los guerreros catalanes, pero este hecho desata las envidias entre los bizantinos. Miguel IX Paleólogo, hijo del emperador Andrónico, invita a Roger de Flor a una celebración en su honor en Adrianópolis. Tras los festejos, mercenarios alanos asesinan al líder almogávar: era el 4 de abril de 1305.
Sin embargo, el tiro le salió por la culata a Miguel IX Paleólogo pues, en lugar de rendirse y regresar a la Corona de Aragón, los guerrilleros hispanos hacen justo lo contrario y ponen en marcha lo que la Historia ha dado en llamar la «venganza almogávar»: arrasan pueblos y aldeas y derrotan a los griegos, ante lo que el emperador envía un gran ejército contra ellos, pero cae derrotado, muriendo unos 26.000 bizantinos. Después, los almogávares persiguen a los mercenarios alanos de cuyo grupo salió el asesino de Roger de Flor, asesinando a todos menos a sus mujeres: 8.700 muertos.
La mayoría de las batallas que ganaron fue en inferioridad numérica, lo que alimentó su leyenda de invencibles. Una de estos enfrentamientos fue contra un ejército enviado por el emperador bizantino en el que 8.000 almogávares vencieron a 30.000 genízaros turcos, que perdieron casi dos tercios de sus tropas antes de retirarse. También lograron una gran victoria sobre los mercenarios alanos provenientes del Mar Negro asesinando a todos menos a sus mujeres: 8.700 muertos.
Atenas y Neopatria
La traición le salió cara a los bizantinos tanto en vidas como en territorio, aunque sí consiguieron que dejaran Bizancio pues, terminada su venganza, los almogávares son contratados por el duque de Atenas, Gualterio V de Brienne, para luchar contra los griegos. Sin embargo, una vez realizado el trabajo, el barón de Brienne se niega a pagarles y los almogávares se enfrentan a él, derrotándolo en la batalla del río Cefiso (1311) y toman posesión del ducado en nombre del rey de Aragón, negándose a devolverlo al teórico legítimo heredero del barón. Muy al contrario, aprovechan para ampliar sus territorios con Neopatria (las tierras del duque de Tesalia, muerto sin descendencia), pasando estas tierras al control de la Corona de Aragón.
En 1331, un fuerte ejército armado en Francia con el beneplácito del Papa intenta recuperar Atenas, pero es derrotado. El dominio de los reyes de Aragón sobre estos ducados se mantuvo hasta 1391.
Pero más allá de las aventuras de estos almogávares, también lucharon para la Corona de Aragón en el resto de la península y, así, jugaron un papel fundamental en la Reconquista, estando presentes en el intento de toma de Almería y de Granada para su Rey, contra el rey de Mallorca (1343-1344), en las expediciones a Cerdeña (1353, 1354 y 1367), y aún otra vez contra Castilla (1356-1369).
Sin embargo, poco a poco fueron perdiendo protagonismo y acabaron convirtiéndose en una suerte de bandoleros que buscaban a musulmanes y a cristianos convertidos al Islam para conseguir recompensas por su captura o muerte. Con el tiempo, comenzaron a atacar a cristianos, lo cual hizo que la buena fama de los almogávares cayera en picado.
Finalmente durante el reinado de los Reyes Católicos los almogávares desaparecieron.
Reseña
Según recoge el libro “Historia de la Armada”, del Ministerio de Defensa, “finalizadas las guerras de Sicilia, los almogávares, quedaron disponibles y, a petición del emperador bizantino Andrónico II Paleólogo, formaron un cuerpo expedicionario para combatir a los turcos, ahora en Asia Menor. Actuarían como tropas mercenarias, sostenidas por el Imperio, bajo el mando de un aventurero, antiguo templario con gran experiencia militar, llamado Roger de Flor. Transportados por mar hasta Constantinopla, los almogávares llevaron a cabo una devastadora campaña en territorio enemigo, de victoria en victoria, tras la cual el jefe de los almogávares fue nombrado megaduque del Imperio. Esto provocó los celos del príncipe heredero, que ordenó asesinarlo junto a varios de sus oficiales en una cena palaciega. La Gran Compañía de los Almogávares decidió vengar estas muertes, iniciando una campaña de conquistas y saqueos por Tracia y Macedonia. Pocos años más tarde, los almogávares pasaron al servicio del duque de Atenas pero, como este no cumplió sus compromisos, también se rebelaron contra él y le derrotaron. El final de la notable aventura fue la creación de dos ducados en Grecia, llamados Atenas y Neopatria, que formarían en su momento parte de la Corona de Aragón”.
En la actualidad existe en el Ejército de Tierra la Brigada Almogávares VI de Paracaidistas,una unidad de élite rápidamente desplegable y de carácter expedicionario, que hace las veces de Fuerza de Reacción Inmediata para operaciones aerotransportadas y de asalto aéreo. Su nombre rinde homenaje a los guerrilleros aragoneses y a su líder, Roger de Flor, que dio nombre al germen de la brigada tras su creación, en la década de los cincuenta del pasado siglo. Su lema sigue siendo: “¡Desperta Ferro!”
martes, 15 de agosto de 2023
La Orden del Dragón
La figura de Drácula, inspirada en Vlad III, fue inmortalizada por el escritor irlandés Bram Stoker en su famosa novela "Drácula", publicada en 1897. Desde entonces,se ha convertido en uno de los personajes más emblemáticos y aterradores de la literatura y el cine de terror.
Por tanto que la Orden del Dragón era una sociedad secreta dedicada a la protección del cristianismo es un hecho irrefutable, Drácula, uno de sus miembros, se inmortalizó no como un defensor de la Cristiandad, sio como ser terrorífico en la obra de Bram Stoker.
martes, 8 de agosto de 2023
Fortaleza de Bouillon en Bélgica
Godofredo de Bouillon, francés Godefroi de Bouillón, (nacido c. 1060—muerto el 18 de julio de 1100, reino de Jerusalén [ahora Jerusalén, Israel]), duque de Baja Lorena (como Godofredo IV; 1089-1100) y líder de la Primera Cruzada, que se convirtió en el primer gobernante latino en Palestina después de la captura de Jerusalem de los musulmanes en julio de 1099. Debajo de su fortaleza de Bouillon en Bélgica. Sigue siendo una leyenda en Bélgica.
Santa Isabel de Hungría. La Santa Teutónica
Isabel nació en 1207 como hija del rey Andrés II de Hungría y su esposa Gertrudis de Andechs-Merania. Su madre era hermana de la religiosa que posteriormente será conocida como Santa Eduviges de Silesia. Santa Isabel creció en la corte húngara junto a sus hermanos los príncipes Béla, Colomán y Andrés. En 1215 su padre tomó una nueva esposa dos años después del asesinato de su madre, y nació una única hija, Violante de Hungría (la posterior esposa del rey Jaime I de Aragón). En 1221 Isabel se casó con el landgrave Luis de Turingia-Hesse y según los registros y leyendas, el matrimonio estuvo caracterizado por un amor correspondido y felicidad. A Luis no le preocupaba demasiado el reparto de su riqueza entre los pobres que Isabel solía llevar a cabo, ya que creía que la labor caritativa de su esposa le traería una recompensa eterna; se la venera en Turingia como santa. Luis fue un aliado cercano y defensor acérrimo de los Hohenstaufen, y en particular del emperador germánico Federico II, por lo cual en la primavera de 1226, cuando Turingia se vio asolada por inundaciones, hambre y la peste, Luis representó a Federico II en la Dieta de Cremona. En esta ocasión, Isabel asumió el control de sus asuntos y repartió limosnas por todo su territorio, incluso dando vestidos y adornos de la corte a los pobres. Debajo del castillo de Wartburgo, hizo construir un hospital con 28 camas, y visitaba todos los días a los enfermos para atenderlos. En esa misma época, el inquisidor Konrad von Marburg se convirtió en su director espiritual.
Iglesia de Santa Isabel en Marburgo, (Alemania).
La vida de Isabel cambió radicalmente cuando Luis murió a causa de la plaga el 11 de septiembre de 1227 en Otranto (Italia) cuando se dirigía a unirse a la Sexta Cruzada conducida por Federico II. Pocos días después, el 29 de septiembre, Santa Isabel dio a luz a su hija, la beata Gertrudis de Altenberg, la cual fue enviada a un claustro de las monjas Premonstratenses junto a Wetzlar, donde fue criada como religiosa y murió a una edad avanzada como abadesa en 1300.
Isabel murió en Marburgo, bien debido a agotamiento físico o a una enfermedad, cuando contaba solo 24 años de edad. Fue canonizada por el Papa Gregorio IX en 1235, hallándose presente en la ceremonia el propio emperador Federico II Hohenstaufen. Su carta papal puede verse en el Schatzkammer de la Deutschordenskirche en Viena, Austria. El día de Pentecostés (28 de mayo) del año 1235, durante la ceremonia de canonización, se la llamó "la mujer más grande de la Edad Media alemana". Su cuerpo se colocó sobre un magnífico altar dorado —que hoy todavía puede visitarse— en la Elisabethkirche (Iglesia de Santa Isabel, en alemán) en Marburgo. Ahora es una iglesia protestante, pero cuenta con espacios reservados a la fe católica. Marburgo se convirtió en el centro de la Orden Teutónica, que adoptó a Santa Isabel como su segunda patrona. La Orden permaneció en Marburgo hasta que Napoleón I de Francia la disolvió en 1803.
Expansión de su culto
El culto a Santa Isabel se extendió muy rápidamente justo después de su canonización, adoptándose en territorios germánicos, húngaros, polacos y checos. El nombre de Isabel cobró enorme popularidad tras esto y en los territorios ibéricos. Tras el matrimonio de Violante de Hungría y Jaime I de Aragón, se convirtió en uno de los nombres españoles más tradicionales entre la monarquía y la gente común por igual.
Luego del matrimonio de la princesa María (la hija del rey Esteban V de Hungría) con Carlos II de Nápoles y Sicilia en 1270, el culto de Santa Isabel se extendió igualmente con gran fuerza a los territorios italianos, quedando numerosos frescos sobre su ciclo de leyendas como el del domo de Santa Maria Donna Regina Nuova.
Casi inmediatamente después de su muerte, Santa Isabel pasó a ser una santa patrona de la Orden de los Caballeros Teutónicos junto a la Virgen María y San Jorge.
También es patrona de la Orden Franciscana Seglar (antiguamente conocida como Tercera Orden Franciscana o Venerable Orden Tercera de San Francisco) junto con San Luis, Rey de Francia. Santa Isabel mantuvo durante años frecuente trato con los hermanos franciscanos de la zona y, una vez abandonada la vida de la Corte, llegó a profesar la Regla franciscana e instituir una fraternidad junto con cuatro compañeras, anteriormente sus sirvientas.
La capilla más pequeña del mundo (de 1,96 metros cuadrados) está dedicada a Santa Isabel de Hungría y se encuentra en el monumento Castillo de Colomares de Benalmádena, provincia de Málaga, España.
Santa Isabel de Hungría es la Santa Patrona de la ciudad de Bogotá, capital de la República de Colombia.
Es la patrona de las enfermeras en España. Se celebra su fiesta y Día de las Enfermeras en España el 17 de noviembre.
Reliquia de su cráneo
La reliquia del cráneo de Santa Isabel de Hungría llegó a Bogotá de manos de Mons. Luis Zapata de Cárdenas, quien fuese hacia el año 1573 el Arzobispo Metropolitano de Santafé de Bogotá.
Antes de su destino final en Colombia, la reliquia ya había recorrido un largo camino. La reforma protestante en los estados alemanes había causado, entre otras cosas, la profanación de los restos de la santa, antes venerados en la Catedral de Marburgo. Pero un descendiente de Isabel de Hungría, Felipe I de Hesse, las retuvo consigo hasta 1548, cuando el Rey Carlos V lo obliga a restituirlos. Parte de las reliquias fueron entregadas a Ana de Austria, la cuarta esposa de Felipe II, quien se las confía al Arzobispo Zapata de Cárdenas.
La reliquia, resguardada en una caja de plata en forma del busto de la Santa, permanece en la bóveda del tesoro de la Catedral primada de Colombia
Representaciones
Santa Isabel se suele representar comúnmente como una dama vestida con ropajes reales y corona cargando un cesto lleno de rosas. Esto es una alegoría al milagro de las rosas que ocurrió cuando estaba obsequiando pan a los pobres y fue sorprendida por su cuñado Conrado de Turingia. Para que no tuviese que mentir, o fuese castigada por el noble germánico, según la leyenda Dios hizo convertir el contenido del cesto en rosas.
Igualmente es común hallar representaciones de Santa Isabel, donde está rodeada de gente pobre o enferma, aunque casi como motivo fijo se halla el cesto lleno de rosas o de hogazas de pan.
Literatura
La obra de teatro áureo "El ejemplo de virtudes y Santa Isabel Reina de Hungría", firmada por "Una dama sevillana", se basa en esta historia y exalta la devoción religiosa de la santa, especialmente, después de la muerte de su marido, cuando decide consagrarse a Dios.
miércoles, 28 de junio de 2023
El Cid y la toma de Valencia
El 17 de junio de 1094, Rodrigo Díaz, conde de Bivar, llamó a El Cid Campeador (1043-1099), difamó a Valencia, arrancándolo de los moros y convirtiéndolo en un puesto cristiano contra los almorávides.
De hecho, Valencia ya se había humillado ante el Cid, a pesar de conservar su propio gobernador, pero albergando una prenda de confianza del Cid. El rey de Castilla y León, Alfonso VI el Valeroso (1040/1041-1109), había intentado conquistar la ciudad, pero El Cid, considerándola ya sumisa, la había convencido, induciendo al rey Alfonso a retirarse. Sin embargo, tras esto, los musulmanes de la ciudad, considerando que el apoyo del Cid no es suficiente y considerando preferible la protección de los almorávides, en 1092 habían matado y decapitado a su propio gobernador Yahya al-Qadir (al1092), amigo de Rodrigo de Bivár, llegando en 1093 para expulsar de la ciudad a los Almoravides.
II. EL SITIO
En septiembre del mismo año, El Cid comenzó a rodear la ciudad, sonándola de asedio y haciendola pasar hambre. El invierno para los ocupados fue muy duro y la primavera aún peor. Dijeron que por desesperación cedieron ante el asesinato y el canibalismo, empezando a comer cualquier cosa que tuviera un componente orgánico.
III. LA RENDICIÓN
Al final de la primavera, la ciudad finalmente se capituló el 16 de junio o 17 de junio de 1094: El Cid se hizo cargo de la barbacana, permitiendo que todos los musulmanes que querían abandonar la ciudad lo hicieran en paz. Los otros habrían permanecido bajo su protección, pero habrían pagado un diezmo. Ese mismo día, se instaló con sus hombres en la ciudad y levantó su bandera en la torre más alta. Envió a llamar a su esposa e hijas y las estableció en la fortaleza de la ciudad.
El gobernador musulmán de la ciudad, Abu Ahmad Ya'far ibn Abdallah ibn Yahhaf (gobernador 1094), responsable de la muerte de Yahya al-Qadir, fue capturado por los valencianos y torturado por revelar dónde había escondido su tesoro y finalmente asesinado por lapidación y quema.
La conquista fue provisional, porque unos meses después un gran ejército de almoravide habría superado.
IV. DESARROLLO ADICIONAL
El Cid habría reparado y reforzado urgentemente las murallas de la ciudad y habría recabado enormes suministros alimenticios en los graneros , que en su momento contaba con unos 15.000 habitantes; además, habría reclutado fuerzas adicionales, llegando a un total de 3.000 caballeros pesados y alrededor de 3.000 hombres, en parte cristianos, en parte musulmanes.
V. EL SITIO DE ALMORAVIDE
El ejército de Almoravide habría llegado cerca de Valencia el 15 de septiembre, acampando en la llanura al oeste de la ciudad, entre Cuarte y Mislata. El asedio habría comenzado poco antes del comienzo del Ramadán, pero durante todo el mes sagrado musulmán habría sido un asedio pasivo. El período de ayuno terminó, el 14 de octubre, las hostilidades habrían aumentado.
En ese punto, El Cid —habiendo exigido ya todos los objetos de hierro de la población, para evitar el riesgo de disturbios internos— habría expulsado de la ciudad como “bocas inútiles que alimentar”, como era costumbre durante el asedio, a todas las mujeres y niños de la fe musulmana, enviándolos al campamento de Almoravide.
Las fuerzas almorávides habrían esparcido el terror en el campo, saqueando campos y huertos al sonido de tambores y cuernos, pero sin dañar la moral de los valencianos, apoyados por la elocuencia del Cid, y prometiendo la inminente llegada de los refuerzos del rey Alfonso.
VI. LA SALIDA
Después de una semana desde el inicio de las incursiones más agresivas de las fuerzas almorávides, El Cid decidió intentar una feroz salida: con el favor de la oscuridad, habría enviado la mayor parte de sus fuerzas fuera de la puerta oriental de la ciudad, para hacer una cabalgada amplia. En el sentido de las agujas del reloj y llegar a los hombres del campamento enemigo; a la primera luz del amanecer, un pequeño contingente de unos pocos cientos de hombres habría salido por la puerta occidental, para simular el verdadero destino de los valencianos.
VII. LA BATALLA DE LOS CUARTOS
Caído en la trampa, Mu 'ammad ibn Ibr āh īm habría enviado la mayor parte de sus fuerzas contra ellos, pero - de repente - El Cid habría saltado sobre su espalda, abrumando a todas las fuerzas restantes en el campamento y causando pánico. La noticia de la llegada del rey Alfonso se habría extendido entre los moros con refuerzos e incluso las fuerzas enviadas para contrarrestar la falsa salida bajo los muros de Valencia habrían roto las filas y habrían llegado a su fin.
Habría sido la derrota más dura hasta entonces sufrida por un ejército musulmán en España.
VIII. LAS FUENTES PRIMARIAS
Las principales fuentes primarias, sobre este acontecimiento y de manera más general sobre este período histórico en España, son dadas por los anales: los Anales Castellanos secundos (siglo XII), antes conocidos como Annales Complutenses, según se conserva en la Universidad de Alcalá de Henares, antigua Complutum; la Crónica Naiarensis (siglo XII) del Monasterio benedictino de Santa María la Real de Nájera; los Anales castellanos terceros (siglo XIII), también conocidos como Annales Compostellani, tal como se encuentra en Santiago de Compostela; el Chronicon Burgense (siglo XIII), así llamado porque fue encontrado en la Catedral de Burgos. A estas obras se añade la anónima "Historia Roderici" (siglo XII), una crónica en prosa centrada en la figura del Cid. Aunque atribuyéndola a un valor limitado bajo el perfil historiográfico, es imposible no mencionar también el "Cantar del mio Cid", una obra literaria con épica sabor, que sin embargo puede proporcionar indicaciones de carácter histórico.
sábado, 18 de marzo de 2023
Hermann von Salza
(o Hermann de Salza) (c. 1165 - 20 de marzo de 1239) fue el cuarto Gran Maestre de los Caballeros Teutónicos, sirviendo desde 1210 hasta 1239. Un diplomático experto con vínculos con el Sacro Emperador Romano Germánico y el Papa, Hermann Hermann von Salza supervisó la expansión de la orden militar a Prusia.
sábado, 4 de marzo de 2023
Rex Bellator y Ramón Llull
El 27 de noviembre de 1095, durante el Concilio de Clermont (Francia), los asistentes experimentaron una mezcla de sorpresa, estupefacción y entusiasmo al oir la insólita alocución del papa Urbano II. Aunque el emperador bizantino Alejo I Comneno había lanzado una dramática petición de ayuda ante el avance musulmán nadie esperaba escuchar aquella arenga que animaba a la cristiandad a tomar las armas para proteger a los fieles que viajaban en peregrinación a los Santos Lugares, que recientemente habían caído en manos de un Islam en plena expansión. Bajo el lema Deus vult (Dios lo quiere), pregoneros y monjes como Pedro el Ermitaño recorrieron Europa proclamando la cruzada.
A la convocatoria respondieron príncipes, nobles y campesinos; estos últimos fueron los que al año siguiente se dirigieron a Oriente, al imperio bizantino, para frenar a los turcos selyúcidas. En la práctica, aquel ejército al que se identificó con la Cruzada de los Pobres se convirtió en una horda incontrolable que avanzaba sembrando la destrucción, el asesinato de judíos y el saqueo, así que el emperador lo embarcó directamente para Turquía y allí la mayoría fue fácilmente masacrada por el enemigo.
Entretanto llegó a Constantinopla otro ejército, éste compuesto por caballeros, guerreros profesionales muy diferentes en orden y experiencia a sus predecesores, conociéndoselo como Cruzada de los Barones. Ayudada por Alejo I, esta tropa sí pudo llegar a Tierra Santa y conquistar Jerusalén en 1099, adueñándose a lo largo de los doce años siguientes de toda la franja sirio-palestina. Así pues, pese al tropezón inicial, la Primera Cruzada había concluido con éxito. Ahora tocaba prepararse para preservar lo conseguido ante la previsible reacción sarracena y la forma de tener una fuerza permanente para ello en un lugar tan alejado fue a través de las órdenes de caballería.
Cruzado y templario
La caballería había alcanzado su cénit en el Medievo a pesar de que era inferior a la de otras épocas en cantidad y variedad. Ello se debió a su identificación con la clase dominante, al establecimiento de un código de valores ético-religiosos que llegaban a constituir todo un modo de vida y que era a la representación de hecho del sistema feudal. Pero, dado que los caballeros eran señores de feudos, principados, reinos y otros tipos de territorios, y tenían unas responsabilidades de gobierno con ellos, resultaba imposible que estuvieran alejados de forma perenne. La alternativa fue la creación de órdenes que combinaban el aspecto militar con el religioso.
La primera en aparecer fue la del Santo Sepulcro, seguida de la Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, el Temple y la Teutónica. A partir de ahí y a lo largo de los siglos se fue creando un rosario de órdenes militares que llegó a alcanzar el centenar. Las que nos interesan aquí son las citadas, dedicadas a proteger Tierra Santa, porque aquella región que la Primera Cruzada había vuelto a colocar bajo control cristiano no pudo mantenerse y, tras el fracaso de las sucesivas cruzadas siguientes, se terminó perdiendo el 18 de mayo de 1291, cuando cayó en manos del sultán Al-Ashraf Khalil el último bastión, Acre.
Fue entonces cuando se puso en tela de juicio el sistema de las órdenes militares, cuya atomización las presentaba como ineficaces, y brotó la idea de unificarlas bajo un mando único que debería encarnar algún notable de probada virtud, con vistas a iniciar una reconquista. De todas las propuestas que circularon por entonces la más estudiada y completa fue la elaborada por el célebre sabio mallorquín Ramón Llull (cuyo séptimo centenario de su muerte se celebra este año), que la desarrolló no cómo una tesis concreta y explícita sino través de varias cartas y tres de sus obras, en las que bautizó el concepto con el nombre de Rex bellator (Rey guerrero).
Llull ya había tratado el tema de las órdenes en su Libro del Orden de Caballería, en el que definía al caballero como «elegido entre mil» a causa de virtudes como «sabiduría, caridad, lealtad, verdad, humildad, fortaleza, esperanza y otras…», así como su oficio era «mantener y defender la Santa Fe católica» porque «el dios de la gloria ha elegido caballeros que, por fuerza de las armas, venzan y se apoderen de los infieles que se afanan en destruir la iglesia». Bien es verdad que, a medida que fue envejeciendo, Llull fue atemperando su postura hasta hacerse fraile e ir de misionero a las mezquitas, pero parecía ser el idóneo para acometer la cuestión.
El caso es que, según su plan, ese Rex bellator, que debía estar libre de lazos familiares, se pondría al frente de una unión de las órdenes militares en la que tendrían mayor peso aquellas más poderosas, como hospitalarios y templarios. A esa fuerza se sumarían otras de procedencia diversa, caso de las órdenes peninsulares e incluso los almogávares, formando un gran ejército que sería embarcado en los barcos de la Corona de Aragón para cruzar el Mediterráneo y desembarcar en el norte de África. Al menos ésa era la idea desarrollada en dos libros: uno, escrito en 1292 a raíz de la caída de Acre, fue Quomodo Terra Sancta recuperari potes (Cómo se puede recuperar Tierra Santa), que entregó al colegio cardenalicio reunido para la elección del nuevo Papa tras la muerte de Nicolás IV; el otro llevaba por título Liber de Fine y, una vez más, lo compuso justo después de un desastre militar, la pérdida de Arwad (una isla frente a la costa siria) en 1302.
Lamentablemente, no sólo las órdenes iban cada una por su cuenta. Ese segundo libro de Llull, entregado al papa Clemente V en 1305, puso en alerta a los franceses al conceder tanto protagonismo a los aragoneses de Jaime II, así que en menos de un año se publicó en el país vecino De recuperatione Terrae Sanctae (Sobre la recuperación de Tierra Santa), firmada por Pierre Dubois, quien proponía la paz entre todas las naciones cristianas, una reforma de las órdenes militares que redujera sus ingresos, la formación de un cuerpo de lingüistas especializados en lenguas orientales (algo copiado de Llull) y, la más importante diferencia respecto a Llull, la figura del rey Felipe IV de Francia como líder y soberano de esa coalición occidental. Rex pacis, lo llamó, en vez de Rex bellator.
En realidad había otra razón más para que los franceses tuvieran su propio proyecto y era que el monarca ya llevaba tiempo planeando cómo hacerse con las riquezas del Temple y transferir la jurisdicción eclesiástica a la corona gala. Seguramente también pesó el rechazo a su petición de ingresar en la orden, realizada tras quedar viudo e imitando la intención del hijo de Jaime II (que así podría ser el Rex bellator). Y, en efecto, al poco tiempo (en 1307) se desató un proceso contra los templarios que implicaba múltiples cargos y supuso la muerte y/o encarcelamiento de muchos de ellos, así como la disolución de la orden. El príncipe Jaime tuvo que entrar en la de Montesa.
Retomando a Ramón Llull, aunque su plan había sido aprobado por Bonifacio VIII no llegó a ponerse en práctica porque el pontífice no quiso arriesgarse a dejar el poder de la cristiandad en manos de un príncipe temporal. Pero en 1309 aún trató el tema del Rex bellator en una tercera obra titulada Liber de Acquisitione Terrae Sanctae. Dada la reacción francesa y la desaparición de la orden del Temple, la nueva propuesta se basaba en un doble frente en el que Felipe IV y los hospitalarios avanzarían hacia Tierra Santa pasando por el Imperio Bizantino mientras los aragoneses llevaban cabo el plan descrito de avanzar por la costa mediterránea africana y atravesar Egipto.
Por una cosa o por otra, al final ninguno de esos planes se llevó a cabo. Felipe IV se conformó con expoliar al Temple mientras Jaime II se centraba en combatir al Islam en la Península Ibérica con la conquista -fracasada- de Almería, así que la idea del Rex bellator quedó como mera formulación teórica y terminó olvidada. Nunca se recuperaron los Santos Lugares y, con el tiempo, los cristianos establecidos allí acabaron a la greña entre ellos hasta el acuerdo de statu quo de 1852.
viernes, 10 de febrero de 2023
Hermann von Salza
Nació en una familia ministerial en Langensalza, cerca de Eisenach, en la región alemana de Turingia, posiblemente alrededor de 1179. Se desconoce cuándo entró de la Orden Teutónica, pero sí se sabe que consiguió llegar a ser gran maestre de dicha orden en 1209. Estuvo dedicando gran parte de su tiempo en sus primeros años de Maestre en el mar Mediterráneo. Durante esta primera parte de su maestrazgo estuvo sirviendo en la Corona de Aragón y en Livonia. En 1211 Von Salza dirigió una expedición contra los cumanos a instancias del rey Andrés II de Hungría, pero los húngaros se quejaron de la presencia de la Orden Teutónica. Fue amigo y consejero del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico II Hohenstaufen, siendo incluso mediador en las negociaciones entre el emperador y el papa Honorio III, quien también reconoció las cualidades del maestre y de su orden, reforzando el estatus de esta.
Acompañó a Federico II a la Quinta Cruzada, luchando con bravura en la conquista de Damietta en 1219, hecho que le fue bien reconocido y condecorado por el que era regente de Jerusalén, Juan de Brienne. Hermann convenció a Federico para que dirigiera la Sexta Cruzada ante la llamada del nuevo papa Gregorio IX. Sin embargo, el emperador contrajo la malaria y se demoró en ir hacia Tierra Santa, hecho que enfureció al Papa y le hizo pensar que era una excusa para no cumplir el voto de cruzada y fue propuesto para ser excomulgado, hecho que confirmaría Inocencio IV en 1245. Una vez recuperado, Federico reanudó la marcha y fue hacia los Santos Lugares. Una vez allí, Hermann von Salza fue parcialmente responsable del matrimonio del emperador con la hija de Juan de Brienne, Yolanda, la que sería Isabel II de Jerusalén en 1225. Pero esta fallecería en 1228 dejando a Federico sin poder ninguno; solo tenía el derecho de proteger al heredero al trono, su hijo Conrado II Hohenstaufen. Federico llegó a reconquistar de nuevo Jerusalén para los cristianos mediante la vía diplomática con los jurazminíes,
gobernadores musulmanes de los Santos Lugares. Las reuniones mantenidas para tal fin fueron realizadas por los negociadores de al-Kamil, Fakhr ad-Din y Salah ad-Din de Arbela y por los de Federico II, Von Salza, Guillermo de Éxeter y Pedro de Winchester. Sin embargo, la devolución de Jerusalén a manos cristianas no gustó al papa, y los Templarios y los Hospitalarios dejaron de prestar apoyo, tanto a Federico como a Von Salza. La entrada en la ciudad se celebró el 17 de marzo de 1229, con presencia de von Salza.
De retorno a Europa, Hermann fue el encargado de respaldar a Federico II, pese a que los nobles del imperio se le habían rebelado por la propuesta de excomunión. También luchó contra los paganos de Prusia a petición de Conrado I de Mazovia. Organizó las bases para la expansión germana por la Europa oriental organizando una larga campaña en 1230 para cristianizar las regiones del Báltico y formar un verdadero Estado feudal en Prusia gobernado por la Orden Teutónica, que subsistiría hasta el siglo xv.
Von Salza posteriormente visitó al papa y al emperador para llevar a la Orden nuevos privilegios y donaciones. Además los Hermanos Livonios de la Espada fueron incorporados a la Orden Teutónica en 1237. Siguió teniendo un papel destacado otra vez como mediador entre el papa Gregorio y Federico, pero esta negociación se rompió a la muerte de Von Salza.
Dentro de la Orden, sin embargo, los caballeros llegaron a estar insatisfechos ante la ausencia de su gran maestre, ya que este estaba más inmerso en la vida política. Fue reclamado por sus caballeros, pero ya se vio incapacitado para ser líder religioso y pronto se retiró a Salerno en 1238. Murió el 20 de marzo de 1239.
lunes, 17 de octubre de 2022
Templarios españoles más famosos: un recorrido por la Orden en la península
Los templarios son la orden religiosa y militar más estudiada a lo largo de la historia, fascinando tanto a novelistas como historiadores. Hablar de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo del Templo de Salomón, conocida como la Orden del Temple, es hablar de una de las órdenes militares cristianas más poderosas de la Edad Media.
Fue fundada en 1118 para proteger a los fieles y rescatar Jerusalén de la ocupación turca. Aunque la mayoría de ellos tuvieron un trágico final, con hoguera incluida, los templarios españoles apenas sufrieron castigo gracias a que contaban con la protección de monarquías locales. El refugio que tenían en la península era la corona de Aragón, y también el norte de España, donde tuvieron siempre una situación privilegiada.
Alrededor de los estos caballeros existe un gran halo de esoterismo, leyendas y enigmas. En España la Orden del Temple tuvo una gran importancia. Su legado aún sigue vivo en castillos, iglesias, monumentos y en numerosas novelas donde se cuentan sus hazañas gracias a los templarios españoles más populares.
Ramón Berenguer III, el primer templario español
En 1127 los templarios llegaron a Aragón, manteniendo desde entonces una estrecha relación con el conde Ramón Bereguer III, casado con una de las hijas del Cid Campeador. Este colaboró con numerosas donaciones y privilegios para la Orden y accedió a ella en 1130.
El Conde de Barcelona, cerca de morir, decidió ingresar a los templarios por dos motivos principales. En primer lugar, para limpiar sus pecados y ser acogido por Dios. El segundo motivo fue que así los templarios se asentasen en la Península y expulsaran a los musulmanes. Así se convirtió en el primer templario español.
En su testamento, cedió el castillo de Grañena de Cevera a los templarios. Esta acción lo convirtió en un personaje de gran importancia histórica por su ayuda a la Orden, colaborando así en su asentamiento en España.
Guillem de Montredon, maestre de la orden en el Castillo de Monzón
Guillem de Montredon fue uno de los templarios más importantes en la península. Ingresó en la Orden del Temple en 1203. Años más tarde, fue nombrado comendador de Gardeny, uno de los centros templarios de la Corona de Aragón. Después fue nombrado comendador de Masdeu en la corte del rey Pedro II, acompañándolo en sus campañas militares.
Cuando falleció el rey fue nombrado Maestre de Aragón, Cataluña y Provenza en 1213, adquiriendo entonces un papel esencial. El infante Jaime estaba retenido por Simón IV de Montfort, consiguiendo su liberación tras negociar en Roma con el papa Inocencio III, quién lo liberó y lo entregó a la Orden.
Desde entonces, el templario Guillem de Montredon fue el protector y educador de Jaime I y de su primo hermano Ramón Berenguer V en el Castillo de Monzón. Permaneció siempre al lado de Jaime, siendo su fiel consejero hasta su fallecimiento en Barcelona.
Arnaldo de Torroja, templario catalán de gran importancia
Arnaldo de Torroja, conocido como Arnau de Torroja fue un caballero catalán, procedente de una noble familia de Solsona. Ingresó a la Orden en 1180 y fue el noveno Gran Maestre. Perteneció a la corte de Ramón Berenguer IV y participó en la conquista a los árabes de Lleida y Tortosa.
Debido a esto accedió a la Orden del Temple, elegido para suceder a Eudes de Saint-Amand como Gran Maestre en la provincia de Aragón y Provenza. Viajó a la Tierra Santa en tres ocasiones para diferentes campañas militares y negoció una tregua con Saladino, uno de los grandes gobernadores en el mundo islámico.
En 1184, era la máxima autoridad de la Orden. Viajó entonces a Verona para reunirse con el papa Lucio para conseguir apoyo en los estados Latinos debido al creciente poder militar de Saladino. Sin embargo, durante el viaje cayó enfermo y falleció, en Verona, en 1184.
Gilbert Hérail, uno de los templarios más jóvenes
El templario Gilbert Hérail nació en Aragón, descendiente de una familia militar noble. Ingresó muy joven, siendo nombrado Gran Comendador. Años más tarde, en 1193, fue elegido Gran Maestre de la Orden, siendo así el duodécimo.
Estuvo envuelto en una gran disputa con el papa Inocencio III. El papa confirma los privilegios otorgados al Temple, pero Gilbert decide mantener la paz entre musulmanes y cristianos. Debido a esto, las tensiones entre los Templarios y Hospitalarios se incrementan, aprovechando estos últimos para recuperar castillos y algunas tierras.
Además, durante su mandato la Orden participó en la Reconquista de la península. Como consecuencia de esto, el rey Alfonso II de Aragón, agradeciendo a los templarios los servicios prestados, donó la fortaleza de Alfambra. En 1200 Gilberte fallece, justo al comienzo de la Cuarta Cruzada.
Pedro de Montaigú, maestre en la Tercera Cruzada
Pedro de Montaigú nació en Aragón e ingresó a la Orden en 1218, cuando llegó a Acre durante la Tercera Cruzada. Fue el decimoquinto Gran Maestre de los templarios. Además, perteneció a la Cruzada de las Navas de Tolosa y fue Maestre de Provenza, Cataluña y Aragón.
Junto con el rey Juan de Brienne, regente de Jerusalén, conquistó Damieta, ingresando así a la Orden. Fue templario hasta su muerte en 1232, teniendo una gran importancia debido a su habilidad para el combate.
Berenguer de Cardona, penúltimo maestre de Aragón
El templario Berenguer de Cardona fue el penúltimo Maestre de la Corona de Aragón, gestionó todas las posesiones de la Orden en esta zona de la península hasta que el Papa Clemente V la suprimió debido a las presiones del rey francés Felipe IV.
Participó en las conquistas a los musulmanes en Murcia y supervisó la defensa de los castillos de Caravaca y Cehegín. En 1294 fue nombrado alcaide de los cristinanos en Túnez, pero renunció en nombre de los templarios a todos los derechos. A cambio, pidió los derechos en Peñíscola, Ares y Cuevas de Vinromá. Viajó en varias ocasiones a Chipre, pues era un punto estratégico para la Orden para conquistar Jerusalén. Falleció aquí, en 1307.
Ese año, el rey de Francia acusó a los templarios de herejía, llevándolos a la hoguera y acabando con ellos. Sin embargo, en España el final de la Orden fue muy distinto. Aunque, a pesar de no creer las denuncias, acataron las órdenes por obediencia a Roma. Confiscaron los bienes templarios, pero no los quemaron en la hoguera, Siguieron actuando con ellos para ganar la lucha contra los musulmanes en la península, pero sin usar el nombre de la Orden del Temple.
miércoles, 1 de junio de 2022
Simón, el Mago
Según cuenta Butler en su “Vidas de los Santos” en tiempo de San Felipe el Diácono, hacia un gran papel en Samaria un tal Simón, por sobrenombre el Mago. Era natural de Gitton, y antes de que llegase a ellos San Felipe había adquirido gran reputación en la ciudad de Samaria seduciendo al pueblo, a quien había tenido encantado mucho tiempo con sus trucos mágicos, como testifica San Lucas cuando dice: que todos desde el más grande al más pequeño le daban oídos, diciendo: “este hombre es el poder de Dios, llamado el grande”.
lunes, 18 de abril de 2022
3 de Abril de 1310
Ese día tuvo lugar un triste suceso para la historia templaria, no sólo de la fortaleza, sino de toda la Encomienda y Bailía de Montalbán. Ese día fallecía su último comendador, Fr. Lope Fernández. Para unos, su muerte tuvo lugar en la misma fortaleza de Montalbán y para otros fue en Brihuega (Guadalajara). Fuera como fuera, con su partida se ponía punto final a la que fue la tercera Encomienda más grande y próspera de todo el reino de Castilla que fue la de Montalbán-Villalba.
Pero su fallecimiento estuvo marcado por una palabra que también marcó el final de toda la Orden del Temple: inocencia. Sabemos que Fr. Lope Fernández, defendió hasta el final de sus días su inocencia, la de la Encomienda de Montalbán y la de toda la Orden en general frente a las injusticias que tanto el papa Clemente V como el rey Felipe IV de Francia, obligaban a imponer a los reyes y prelados de todos los reinos en los que estaba asentada la Orden.
Hoy, 712 años después de su fallecimiento, su memoria sigue viva en todos aquellos que amamos la Historia de la fortaleza de Montalbán y al recordar este día, no podemos olvidar esa inocencia que tanto reivindicaron los templarios de Montalbán hasta el final de sus días.
martes, 4 de enero de 2022
El Cid: Rodrigo Díaz de Vivar
In Hispania apud Valentiam Rodericus comes defunctus est de quo maximus luctus christianis fuit et gaudium inimicis paganis". Así recogía el Cronicón Malleacense la muerte del Cid Campeador el 10 de junio de 1099, cuando, según cuenta la leyenda, en lo alto de las almenas que defendían la ciudad de Valencia fue atravesado por una flecha perdida (aunque lo más probable es que muriera por causas naturales).
Pese a su leyenda posterior como héroe nacional o cruzado en favor de la Reconquista, Rodrigo Díaz de Vivar se puso a lo largo de su vida a las órdenes de diferentes caudillos, tanto cristianos como musulmanes. En realidad, luchó en su propio beneficio, convirtiéndose en lo que algunos autores definen como un mercenario, un soldado profesional que presta sus servicios a cambio de una paga, más que un combatiente que lucha por unos ideales. Con todo, su vida inspiró el más importante cantar de gesta de la literatura española: El Cantar de mío Cid.
Un valiente caballero
Tras un combate singular para dirimir el domino de unos castillos fronterizos que se disputaban los monarcas de Castilla y Navarra, Rodrigo Díaz de Vivar venció al caballero navarro Jimeno Garcés, lo que aumentó el prestigio que ya tenía como alférez real en la corte del rey Sancho II.
Tras la muerte de Sancho II en el sitio de Zamora, su hermano Alfonso VI se convirtió en rey y a pesar del resentimiento que tenía hacia Rodrigo Díaz tras las batallas de Llantada (1068) y Golpejera (1072), en las que el nuevo monarca se vio obligado a refugiarse en la corte musulmana, lo honró concediéndole la mano de la dama Jimena, al parecer hija del Conde Diego Fernández y pariente del propio monarca.
En el año 1081, cuando el rey Alfonso de León se encontraba batallando por tierras toledanas sin la ayuda de Rodrigo, los musulmanes atacaron por sorpresa Gormaz (Soria) y obtuvieron una importante victoria, logrando un cuantioso botín. Cuando la noticia llego a oídos de Rodrigo Díaz, sin esperar órdenes del rey, reunió a su ejército y penetró en el reino toledano en busca de los culpables. La actuación de Rodrigo en Toledo, ciudad de la que retornó trayendo consigo hasta 7.000 cautivos entre hombres y mujeres, interfirió en los planes que tenía el rey Alfonso para anexionar este territorio sin necesidad de la violencia. A modo de castigo, el monarca desterró al caballero, pero esto no conllevó la pérdida de sus bienes personales.
Dos veces exiliado
Tras ser rechazados los servicios de Rodrigo Díaz por los condes de Barcelona, Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II, el de Vivar decidió ayudar a al-Muqtadir, rey de Zaragoza, en la lucha que mantenía con su hermano al-Mundir, rey de Lérida, Tortosa y Denia, y que contaba con el apoyo de los condes de Barcelona y del monarca Sancho Ramírez de Aragón. Rodrigo Díaz derrotó a Berenguer Ramon II en Almenar en 1082 y cerca de Morella a al-Mundir y al monarca aragonés en 1084. Fue en este período cuando recibió el sobrenombre de el "Cid", derivado del vocablo árabe sid, que significa "señor".
En 1086, un hecho trascendental cambiaría la historia de la península Ibérica. Un gran ejército almorávide, procedente del Sahara, atravesó el estrecho de Gibraltar. Profesaban una interpretación rigorista del islam y estaban dispuestos a imponerla a sangre y fuego. En noviembre de 1088, Alfonso VI solicitó ayuda al Cid para atacar a los almorávides que sitiaban la fortaleza de Aledo en Murcia. El encuentro entre las tropas de Alfonso y del Cid debía producirse en la zona alicantina de Villena, pero ambos ejércitos, por causas desconocidas, no llegaron a encontrarse.
El Cid montó su campamento en Elche y allí supo que el rey Alfonso, furioso por no haber recibido la ayuda solicitada, lo había declarado traidor. Esta era la máxima deshonra para un caballero, cuyas consecuencias eran terribles: la pérdida de todos sus bienes y el destierro. A partir de este momento, el Cid, convertido en un caudillo independiente, siguió actuando en Levante guiado por sus propios intereses. En 1090, se hizo con el protectorado de todo Levante.
Al-Qadir, rey de las taifas de Toledo y Valencia, pagaba impuestos al Cid, quien usurpaba así los pagos que antes habían pertenecido a Alfonso VI. Ese mismo año el Cid derrotó a la coalición que formaron al-Mundir y Berenguer Ramón II, a los que derrotó en Tevar en 1090 expulsando al conde catalán de la zona levantina.
Conquista de Valencia
Mientras tanto, Alfonso VI, que pretendía recuperar la iniciativa en Levante, estableció una alianza con el rey de Aragón, el conde de Barcelona y las ciudades de Pisa y Génova, cuyas respectivas tropas y flotas participaron en la expedición, avanzando sobre Tortosa (entonces tributaria de Rodrigo) y la propia Valencia en el verano de 1092. Pero el ambicioso plan fracasó y Alfonso VI hubo de regresar a Castilla al poco de llegar a Valencia. Mientras, Rodrigo, que se encontraba en Zaragoza negociando una alianza con el rey de dicha taifa, lanzó, como represalia, una dura incursión contra La Rioja.
En los años siguientes, las campañas para la conquista de Valencia, hasta ese momento en poder de Ibn Ŷaḥḥāf, asesino de al Qadir, fueron constantes. En 1093, el Cid cercó la capital, que empezó a sufrir privaciones. El ejército del Cid emplazó máquinas de guerra que causaron grandes daños en los muros de la ciudad y por fin, tras un año de sitio, Valencia cayó en manos del Cid que se proclamó "príncipe Rodrigo el Campeador" el 17 de junio de 1094.
A pesar de la victoria, los intentos almorávides por recuperar la ciudad no cejaron y a mediados de septiembre de ese mismo año un ejército al mando de Abu Abdalá Muhammad ibn Tāšufīn, llegó hasta Quart de Poblet, a cinco kilómetros de la capital, y la asedió, pero fue derrotado por el Cid en una batalla campal. A la muerte del Cid, su esposa, Jimena, mujer de vigoroso carácter, prolongó la resistencia local dos años más antes de rendirse al empuje musulmán.Abandonó Valencia con los restos de su esposo, que enterró en el monasterio de Cardeña para posteriormente, y tras muchas vicisitudes, ser enterrado junto a ella en la catedral de Burgos, donde hoy puede visitarse su tumba.
martes, 28 de diciembre de 2021
Isaac de la Stella
martes, 21 de diciembre de 2021
Clemente V
Francés de nacimiento, nativo del Bazadais, Gascuña, era hijo de Béraud de Got y de Ida de Blanquefort. También fue hermano de Bérard de Got, arzobispo de Lyon, y tío de Raymond de Got cardenal diácono de Santa María Nueva. En Lyon.
Bertrand fue vicario general de su hermano Bérard, quien en 1294 fue nombrado cardenal obispo de Albano. Bertrand fue capellán del papa Bonifacio VIII, quien en 1297 lo nombró arzobispo de Burdeos.
Era el tercero de 12 hijos. Destinado a la carrera eclesiástica, Bertrand fue instruido en la diócesis de Agen, en el Priorato de la Orden de Grandmont, fundado por santo Stefano de Thiers a finales del siglo XI.
Su carrera estuvo influenciada por su hermano Bérard, nombrado cardenal por el papa Celestino V en 1294: asignación que le abrió las puertas como capellán papal de Inglaterra, con la tarea de convencer al rey inglés Eduardo I de poner fin a las hostilidades con Francia.
Estudió Derecho Canónico y Civil en la Universidad de Orleans y Bolonia, obtuvo el título de magister, y con los años se convirtió en abogado experto y diplomático consumado. El Papa Bonifacio VIII, el 28 de marzo de 1295, lo nombró obispo de Comminges y el 23 de diciembre de 1299 le confió la diócesis de Burdeos.
En el momento en que fue elegido papa, las familias feudatarias romanas Caetani (guelfos) y Colonna (ghibellini) se desgarraron en guerras intestinas, haciendo de hecho insegura a la Ciudad Eterna. Esta fue la razón que sugirió a Clemente V llevar la sede papal a Francia que fue trasladada oficialmente en 1309 de Roma a Avignon e inaugurando así la cautividad avignonés luego prolongada hasta 1377 con Gregorio XI.
Hombre de cultura, toma decisiones importantes en el campo de la enseñanza de idiomas. Incentivó el estudio del hebreo, el griego y el árabe en las universidades de Roma, París, Oxford, Orleans, Bolonia y Salamanca. Poco conocida es su actividad misionera; sobre el ejemplo del Papa Nicolás IV envió a los franciscanos a la corte Mongol que controlaba China. Fundó en 1307 una diócesis con el arzobispo Giovanni da Montecorvino que se convirtió en el primer obispo de Pekín.
En 1313 publicó la bula Pastoralis Cura en la que, superando incluso el pensamiento teocrático de Bonifacio VIII, afirmaba con fuerza la superioridad del papado sobre el imperio.
En el Consistorio del 21 de marzo de 1314 publicó las Decretales Clementinas, con las Constituciones del concilio de Vienne, normas que forman parte del Corpus Iuris Canoni, deberes del clero y del pueblo en el contexto del texto más antiguo de la Misa Clementina.
Pero vayamos al grano: es especialmente conocido por la supresión de la Orden del Templo, supresión fuertemente deseada por Felipe IV y por ello siempre se le ha callado ser una marioneta en manos de Felipe El Hermoso , pero fue realmente ¿Así?
Que los templarios fueran invitados al Rey de Francia es un hecho conocido y cuando, el 13 de octubre de 1307, el rey hizo arrestar a más de 600 templarios del reino de Francia, extorsionándoles confesiones bajo tortura, Clemente protestará oficialmente con la Bula Sub Es Assidue del 5 de julio de 1308 acusando el Inquisidor de Francia, Guillermo de París, su capellán y confesor de Felipe, que no avisó a la autoridad pontificia de la inminente detención.
El ensañamiento de Felipe contra los templarios se debía a que la caja de los caballeros, formada en parte por sus bienes familiares, era rica en donaciones y se manejaba perfectamente. A esto hay que añadir el enorme endeudamiento que el soberano tenía con la Orden, al menos según se desprende de los Comentarios de Chipre redactados en 1340 por Bustron Florio. Su riqueza, por tanto, hacía garganta a un soberano sin escrúpulos y desesperada búsqueda de finanzas para enfrentar la guerra contra Inglaterra. Pero no solo a él.
La detención de los templarios tomó por sorpresa al Papa cerca de Poitiers, quien, de vuelta a la curia, el 15 de octubre, hizo un consistorio con los cardenales del sagrado colegio para evaluar los hechos.
Sin embargo, incluso el Papa, después de perder definitivamente el control de Tierra Santa, se planteaba dudas sobre la utilidad de una fuerza armada de élite altamente entrenada que se había demostrado ser también y sobre todo un holding bancario multinacional, un ejercito y un estado dentro de otros estados.
La Orden del Templo, además de recibir continuas donaciones, además de no pagar impuestos sobre sus propiedades por estar exentas (ver la Bula Omne datum optimum) se había convertido en un verdadero banco internacional que, a diferencia de las demás, prestaba dinero gratuito: no se debía ningún interés ( en teoria pues si lo cobraban pero mas bajo que banqueros y prestamistas ). En efecto, el préstamo con intereses se calificaba de usurario y no podía ser ejercido por los cristianos porque se considera un pecado.
La usura era ejercida principalmente por banqueros judíos (por su condenación eterna, ya que en aquel momento se consideraron el pueblo deicida) y por banqueros no cristianos que ciertamente no podían competir con una organización tan organizada y disciplinada tan lijada como los templarios.
Además, no hay que subestimar también las atávicas rivalidades entre la Orden de los Templarios y las Órdenes de los Juanitas y de los Caballeros Teutónicos, y menos la República de Génova, que estableció los primeros préstamos, llamados compras.
Por lo tanto, hay una larga lista de personajes y categorías bastante poderosos e influyentes que, además de Felipe IV, veían en los templarios un enemigo que debían derribar, pero hay más: no sólo Felipe IV se había endeudado con los templarios, sino que el mismo papado era deudor hasta el cuello con la Orden del Templo. De hecho, la guerra entre güelfos y guibellini había vaciado las arcas de Roma.
Ya el Papa Bonifacio VIII, el 23 de FEBRERO DE 1298 se había dirigido a Fray Pietro da Bolonia, fiscal general de la Orden del Templo en la Curia Romana, para una financiación de 12.000 florines de oro para la guerra contra la familia Colonna. (suma que comparada con hoy sería aproximadamente el equivalente a unos 100 000 millones de euros).
Se puede entender entonces que cuando Felipe puso en bandeja de plata a Clemente V la posibilidad, no solo de adquirir las riquezas acumuladas por la Orden en el transcurso de dos siglos, sino de cancelar sus deudas, Clemente después de la a titubear inicial, cogió el balón al brinco y viendo las considerables ventajas también para el papado, prefirió trabajar por la razón de estado y luego suprimir la Orden.
Como fin jurista que era, Clemente V solicitó y obtuvo la aprobación del Consejo para la abolición de la Orden y se hizo sin condena jurídica alguna, sino con una disposición apostólica.
Clemente sabía bien que la Bula dogmática de 1265 Dignum esse conspicimus, de su predecesor, afirmaba que no se podía dictar una sentencia de excomunión a los miembros de la Orden del Templo y, por lo tanto, con la burbuja Vox in Excelso se limitó a Disolver la Orden reservando la excomunión no ya a los templarios sino a todos aquellos que después de la supresión intentarían resumir la Orden suprimida con sus símbolos y sus vestidos.
Para los que llegaron a leer el post hasta aquí, al responder a la pregunta inicial, parece destacado que Clemente V, como hemos visto, no era un simple y menos un desprovisto. Para entonces, era un personaje moral y cultural por encima de la norma y un fin jurista.
Que pudo haber sufrido la influencia y la presión de Felipe IV no hay duda, pero seguro que no fue su muñeco o marioneta que se quiera decir. Tampoco puede decirse que actuó bajo coacción para suprimir la Orden del Templo, debido a las considerables ventajas que también tuvo el papado.
Tanto la elección del traslado de la sede papal de Roma a Avignon y la elección de suprimir la Orden de los Templarios en el Concilio de Vienne, han sido elegidas ciertamente cuestionables pero bien reflejadas por Clemente V y por él operadas en su autonomía.
domingo, 12 de diciembre de 2021
Españoles en las Cruzadas
Pelayo Galván.
Las referencias bibliográficas a Pelayo Galván son casi más escasas que la ingente cantidad de nombres por los que ha pasado a la historia. Según la crónica a la que se acuda, esta, esa, aquella o la de más allá, se le puede encontrar como Pelagio Calvani, Gaitán y hasta Paio Galvao. Y les prometo que son solo un puñado de ejemplos. Su historia, a cambio, es igual de heroica en todos los idiomas, dialectos y jergas. Este leonés fue legado papal en el siglo XIII, se convirtió en la cabeza religiosa de la Quinta Cruzada y lideró la conquista del puerto egipcio de Damietta –clave para la consecución de los objetivos de la Santa Cruz– en 1219.
Sin embargo, al bueno de Galván no le bastó con recorrer Oriente Medio y entregar Damietta al papa Honorio III y a los caballeros cruzados para lograr que su nombre fuese recordado ocho siglos después.
Créanlo. Sea porque su vida atesora más oscuros que claros –se pone en duda hasta el país en el que fue alumbrado–, sea porque era un hombre de mundo que se conocía la vieja Europa de extremo a extremo –lo que ha difuminado su figura–, la misión que acometió en la Quinta Cruzada se asfixia bajo la pila de héroes patrios que combatieron en la Península Ibérica contra los musulmanes. Una torre enorme, todo sea dicho.
Juventud y dudas
Pero vayamos por partes. Cuentan Navarrete y otros tantos historiadores que siguen su estela que Pelayo Galván era «natural de la provincia de León, en España, o de alguno de los pueblos vecinos». Esta teoría la sostienen hoy autores como Antonio García en su obra ‘ Derecho común en España: los juristas y sus obras’. Aunque obviar las fuentes que ubican su alumbramiento en Portugal o Italia sería faltar a la verdad. En el diccionario biográfico ‘Los cardenales de la Santa Iglesia Romana’, por ejemplo, se especifica que pudo «nacer hacia el 1165 en Guimares, una pequeña ciudad cerca de Braga, en Portugal» o en «Gusendos, cerca de los Oteros (León)». La duda sigue abierta.
Ya fuera más leonés que el botillo o más luso que el gallo de Barcelos, Galván sintió la llamada eclesial e ingresó en la orden benedictina cuando no sumaba todavía los quince veranos. Días mozos. Aunque son datos que cuesta corroborar y que Navarrete elude en su texto. Después, todavía en su juventud, se trasladó hasta París para cursar estudios en teología. Y fue precisamente allí donde compartió aula con Lotario dei Conti di Segni, el futuro Papa Inocencio III. Parecía destinado a la jerarquía eclesial, aunque todavía le faltaba camino para ello. Al poco, Galván fue nombrado sacerdote y regresó a la Península para ejercer como profesor de estudios religiosos.
Hasta aquí todo normal. Después se vio catapultado hacia la cúpula de la Iglesia. Narran las crónicas que Galván, al que Navarrete define como un hombre «de mucho espíritu y muy hábil, aunque de un carácter fiero y tenaz», fue enviado por el monarca Sancho I de Portugal a presentar sus respetos al ya flamante Papa Inocencio III. No parece descabellado que al pontífice le agradarse darse de bruces con un antiguo compañero de pupitre, porque le pidió que se quedase en Roma y le nombró vicecanciller de la Iglesia. Y de aquí al cardenalato en 1205, que se dice pronto, y a la suburbicaría de Albano, una de las diócesis más prestigiosas de la Ciudad Santa.
En esas andaba el bueno de Galván cuando Inocencio III convocó el Concilio Lateranense IV y llamó a los caballeros de la vieja Europa a «la Reconquista de Tierra Santa y la reforma de la Iglesia Universal». Tal y como explica el medievalista Francisco García Fitz en ‘ Cruzados en la Reconquista’, el Pontífice armó su idea sobre varias columnas: perdonar los pecados a aquellos que se embarcaran en la lucha contra el infiel (nada nuevo); ser indulgente con los que aportaran dinero que permitiera a la cristiandad reclutar mercenarios; proteger los bienes y las familias de aquellos que se marcharan a Oriente Medio y comprometerse a que la Iglesia sufragara un veinte por ciento de los gastos totales.
Pero Inocencio III no vivió para ver terminada su obra. El que la llevó a buen puerto fue su sucesor, Honorio III. De barbaza blanca y tez ruda, el nuevo pontífice tomó las riendas de la que sería la Quinta Cruzada poco después de la muerte de su antecesor. Su máxima: la ruptura del poder musulmán en Egipto para, a continuación, continuar hacia Jerusalén, el premio gordo. La empresa se inició en 1218 de la mano de Andrea II de Hungría, que organizó el ejército más grande de toda la historia de las Cruzadas. A él se sumaron personajes de la talla del monarca austríaco Leopoldo VI y caballeros como Jean de Brienne, ansioso por reconquistar el Santo Sepulcro.
Español en las cruzadas
Y hete aquí donde entra en escena nuestro olvidado Galván, a quien Honorio III seleccionó como nuncio y al que entregó la responsabilidad de dirigir a los cruzados hacia Egipto primero y Jerusalén después. Navarrete resume su colaboración en una sencilla frase: «Honorio III le hizo su legado para la expedición a la Tierra Santa, a donde condujo en el año de 1218 un refuerzo considerable de tropas y muchos príncipes y señores principales de la cristiandad». El objetivo del religioso era el puerto de Damietta, en la orilla oriental del Nilo. Un enclave protegido por tres murallas y una infinidad de torres de guardia y que, en la práctica, suponía uno de los corazones de la defensa musulmana.
El historiador Christopher Tyerman corrobora esta idea en ‘ The world of the crusades’ y añade que el nuncio fue el responsable de un gigantesco tesoro papal de 35.000 marcos de plata y otros 25.000 de oro. «Con él pudo sacar de la indigencia a algunos cruzados y contratar a aquellos soldados que buscaran un pago regular», desvela. En la práctica, Pelayo se convirtió en la cabeza visible del ejército a nivel religioso. Y eso, en un contingente donde el poder político se debatía entre varios líderes, es decir mucho. Navarrete es partidario que, más allá de honorarios, «supo hacerse respetar por los infieles» y «ganarse el amor de los cristianos».
Explica la doctora en Historia Medieval Ana Rodríguez López en sus muchas obras sobre las cruzadas que el legado papal inició la marcha antes del verano de 1218. Su ejército debió provocar pavor. Arribó a la ciudad en agosto, cuando Brienne ya había comenzado el cerco. «Las operaciones giraban en torno a bloquear la ciudad y someterla por el hambre porque la falta de madera impedía la construcción de máquinas de asedio», sentencia, en este caso, Tyerman.
A partir de entonces, el hispano se hizo cargo del ataque durante año y medio. Su némesis fue Al-Kamil Muhammad al-Malik, uno de los generales más reconocidos de Egipto. «Al-Kamel fue al encuentro con sus tropas, se asustó ante tan elevado número de enemigos y evitó enfrentarse a ellos. Instaló su campamento al sur del puerto de la ciudad de tal forma que podía ayudar a la guarnición sin verse obligado a entablar una batalla directa. La ciudad era una de las mejor defendidas de Egipto. Las murallas estaban rodeadas al este y al sur por tierra pantanosa, mientras que al norte y al oeste el Nilo garantizaba un nexo con Egipto», explica Amin Maalouf en ‘Las cruzadas vistas por los árabes’.
En la práctica Al-Kamel sabía que, o los cristianos tomaban el río, o no la cercarían de forma eficiente. Y este era cuasi imposible de conquistar por culpa de una gigantesca cadena ubicada entre el castillo y la alcazaba de la ciudad que impedía el acceso a los buques. La tarea era titánica, pero Galván, con ayuda de sus generales, ideó un plan para deshacer este nudo gordiano. «Durante tres meses vieron rechazados los asaltos a la alcazaba, hasta que se les ocurrió la idea de fijar dos grandes barcos y de construir sobre ellos una suerte de torre flotante que llegaba a la altura de la alcazaba. La tomaron por asalto el 25 de agosto y rompieron la cadena», completa el autor árabe.
La caída de la alcazaba provocó una tensión tal en el sultán egipcio que falleció de un ataque al corazón. Su sucesor no fue otro que Al-Kamel, quien propuso un curioso pacto a Galván. «Si los cruzados abandonaban la región, se comprometía a entregarles Jerusalén, toda Palestina central y Galilea, además de las reliquias de la Santa Cruz», añade Rodríguez. La última palabra recayó sobre el legado, como bien explica en su obra Maalouf: «La decisión final le correspondía a un tal Pelayo, un cardenal español partidario de la guerra santa a ultranza, al que el papa había puesto al frente de la expedición. Galván rechazó el pacto y tomó la urbe por la fuerza poco después ante una famélica y escasa guarnición el 5 de noviembre de 1219.
Pelayo, convencido, se propuso llegar entonces hasta Jerusalén, pero su figura cayó a un segundo nivel con la llegada de Federico de Hohenstaufen, rey de Alemania y de Sicilia. Poco después, cuando la cruzada perdió fuelle y se barruntaba el desastre, regresó a Europa. Sus últimos días los resume a la perfección Navarrete:
«Ya estaba de vuelta en Roma el año de 1224, y según las memorias de la iglesia de León falleció a 29 de febrero de 1230. A principios de aquel siglo pasó también a visitar los santos lugares de Roma y Jerusalén el famoso Don Lucas, después obispo de Tuy, con cuyo motivo estuvo en Francia, en Italia, en Grecia, en Armenia, en Constantinopla, en Tarso de Cilicia, en Nazareth y en otras varias partes del Oriente, como él mismo refiere; adquiriendo en estos viajes aquel caudal de erudición y conocimientos que le proporcionó las mayores dignidades de la Iglesia de España, y que la gran reina Doña Berenguela, madre de San Fernando, le nombrase su historiador por el reino de León, para perpetuar las hazañas de los reyes sus predecesores».


















