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domingo, 18 de agosto de 2024

El rojo Pasión : Simbolismo


 El color rojo cuando entró en Europa, es decir ese rojo, bermellón, granate, etc... tiene muchas conjeturas y teorías de cuando llegó a Europa, nos quedamos con la más bonita, que es la de que las ordenes monastico-militares, aprendieron a utilizar los pigmentos de la sangre de vaca...recordemos que la vaca en las ciencias herméticas tiene un significado muy especial.
Pero el hecho de que el color tan característico de la ordenes, la primera la Templaria fuera únicamente del uso exclusivo de los freires se debió a un acta papal de Inocencio II porque al parecer habían confusiones con la cruz del hospital, y simbolizaba el Sacrificio y la Pasión de Cristo.

Sin embargo; según cita Campomanes es verdaderamente tajante con su sentencia. Dice algo como el color es de competencia exclusiva del Temple sin más discusión ni diálogo, es una bula papal.
Esto nos lleva a analizar algunos detalles de los que te hacen pensar y que son evidencias a la vista de matices donde colocan a la orden del Temple en esos momentos historicos, pero vista de forma natural., es aquí donde debemos aprender de la naturaleza, del hogar donde vivimos y que deberíamos escuchar más.

Esto es algo que se demuestra fácilmente, en la vida cuando los padres se van, los hijos heredan y como siempre sucede los hijos son imitaciones de la estructura de los padres.
Resumiendo de tal palo tal astilla. Fijaos en los detalles. 

Una orden hoy en día en vigor y que obviamente es la misma desde su creación, tiene desde el principio usa el color encarnado; es la Orden de Calatrava, esto es indiscutible.Por otro lado; tenemos la Orden de Santiago con exactamente el mismo color; pero la bula que dice que ese color es exclusivamente Templario, lo siguen llevando oficialmente estas dos ordenes españolas, así como la del Santo Sepulcro, el Temple, desgraciadamente, ya no esta operativo, a no ser que llamemos Templarios a las diferentes ordenes neo-Templararias, que existen en un amasijo de saco, que por desgracia no tienen absolutamente nada que ver con los Pobres Caballeros de Cristo...

 Algunos detalles sobre dos de los muchísimos significados interpretables por cada persona... la cruz de Calatrava es una cruz florlisada en las aspas, que también engloban su organización, el cerebro mismo de la Orden y la Orden de Santiago le añade la pica inferior, que le da un carácter eminentemente de Orden Militar armada, y así sucesivamente, como la del Sepulcro, aunque hoy en día de carácter puramente Hospitalario, como fue en sus comienzos,y aun usa el color rojo Pasión, siempre recordando que también tenían su brazo armado.

Por lo tanto, me dirijo, a los neo-Templarios. Nada es lo que parece, ni propiedad absoluta de nadie. Desde el primitivo Temple, pasando por las citadas, o los Caballeros de la Espada de Livonia, y muchas mas llevaron, y las supervivientes llevan este color tan simbólico.

Veamos:

El color rojo forma parte de la línea de los colores primarios y uno de los colores más llamativos y fáciles de percibir en el medio ambiente.

Bien es sabido, que el color no es algo propiamente de las cosas de nuestro alrededor sino que es el resultado de la percepción del ojo humano; es decir, podemos ver las cosas de color rojo, gracias a que el ojo capta determinadas longitudes de ondas de la luz que luego el cerebro dilucida como dicho color.

En algunos países es conocido como “colorado” y fue el primer color en recibir un nombre formalmente. De dicho color existen más de 100 tonalidades, todas muy diferentes entre sí.


Significado del color rojo

Este color rodeado de tanto simbolismo viene siendo el más visceral dentro de toda la gama de colores que el ojo humano puede reconocer.

El color rojo se encuentra vinculado tanto a connotaciones positivas como negativas, veamos algunas de estas:

Ahora bien, una de las asociaciones más importantes del color rojo son con la sangre y con el fuego. Este color está muy vinculado a la violencia, la guerra, la ira, la agresividad, de allí su relación con la sangre. Con respecto a la asociación con el fuego, podemos añadir el vínculo con el calor y el sol.

Por otro lado, tenemos la relación inseparable del color rojo con la pasión. Muchos psicólogos hacen la comparación de la pasión con la sangre ya que esta es roja; cuando estamos frente a cualquier exaltación o vergüenza nos ruborizamos (nos ponemos rojos debido al aumento de movimiento de los vasos sanguíneos).

En relación al amor, el rojo representa esa parte erótica de este sentimiento, representa seducción. De allí que la mayoría de los detalles de amor sean de color rojo; por ejemplo, es muy común ver que las personas regalen rosas rojas; que todo tenga incluido corazones de color rojo; que el día del amor y la amistad sea representado en su totalidad con dicho color; que una mujer se coloque un vestido de color rojo; entre otras cosas.

Entre otros de los significados del color tenemos su relación con la atracción, la vida, la fuerza, el vigor y la valentía.

También representa la energía, el deseo, el placer, el poder celestial y a las divinidades.

Entre unas de sus connotaciones positivas se encuentra su relación con la nobleza, la riqueza, la elegancia. Está muy asociado a la prosperidad, la vitalidad, el poder, al dinamismo, la buena salud, e incluso a la felicidad.

Asimismo resulta muy común relacionarlo con el atrevimiento y la espontaneidad, al punto de intervenir en el comportamiento y hacer que las personas sean un poco más extrovertidas.
Igualmente se vincula con el éxito, la independencia y la autonomía.

Entre otras de las connotaciones negativas tenemos el comportamiento violento, la falta de control, los excesos, la crueldad, la destrucción, el peligro y la muerte.

A modo de inferencia, estamos en presencia de uno de los colores que más diversidad de significados positivos y negativos tiene, pasando desde su relación con el amor hasta llegar a lo más oscuro como el peligro y la muerte.

Rojo: es «color de fuego y de sangre».​ En el cristianismo, es el color «del Espíritu Santo»,​ y «recuerda [...] la sangre vertida por y para Cristo».​ Se refiere a la virtud del amor de Dios. Es usado principalmente en las solemnidades de la Pasión del Señor como el Domingo de Ramos y el Viernes Santo.


Orden de Santa María de España



El Facsímil de la Cantiga 78 del Códice de Florencia donde se hace referencia a la Orden de Santa María de España, contiene basándose en la Orden de Calatrava, en 1270, Alfonso X el Sabio fundó esta Orden como una especie de Armada, pensada para la defensa naval de la Corona de Castilla.
Sus miembros se acogieron a la Orden del Císter, estableciendo su sede en Cartagena, y sus hábitos pasaron a ser una túnica negra y una capa roja con una estrella dorada, en cuyo interior se encontraban bordadas las armas de la Corona. 

Estaban bajo la advocación de la Virgen del Rosell, la preciosa talla medieval que se conserva hoy día en la Iglesia de Santa María de Gracia de Cartagena.
La armada de Santa María de España fue totalmente aniquilada en la batalla de Algeciras de 1278.
El día 23 de junio de 1280, las tropas de infantería, participaron en la batalla de Moclín junto a la Orden de Santiago. Cayeron derrotados, perdiendo la vida la mayoría de los soldados de ambas órdenes. Alfonso, que no quería que desaparecieran, tuvo que elegir cual de las dos salvar y eligió la de Santiago. Los miembros supervivientes de la Estrella pasaron a Santiago.
El Códice de Florencia, de las Cantigas de Santa María, contiene una cantiga dedicada a esta orden.

lunes, 5 de febrero de 2024

El comienzo. La caballería Híspanica


Cuando se habla de las Caballerías y de las Cruzadas automáticamente se asocia con Francia. Todos los méritos en la formación de la Caballería, como aportación hispánica quedan silenciados, tal y como se refleja en la “Chanson de Roland”, en la que la gesta de los navarros al derrotar al invasor Carlomagno sería transformada por el galo en un ataque traicionero de los sarracenos a la retaguardia imperial. A esto también colabora el historiador Otto Brunner –adscrito al partido nacionalsocialista alemán-, que refiere la fundación de la Caballería francesa como artífice de la defensa contra el sarraceno innovada por Carlos Martel; todo con el único objetivo de despreciar la aportación hispánica.
La tradición ecuestre en la batalla proviene de los visigodos asentados en la península ibérica y fue exportada a Francia. Autores romanos hablan de los famosos jinetes ibéricos, que con su caballería ibérica ligera como el viento, ágil y valerosa fue durante años el terror de los pretores romanos: admiraban el valor de los “soldurios”. Aludían a la “Devotia Ibérica”, que era un principio de fidelidad a su señor y a un fervor “religioso” (en aquel tiempo a divinidades paganas)
Los reyes visigodos a fin de defender el trono por las continuas acometidas de la nobleza, se rodearon de guerreros llamados “Gardingos”, fundándose un vínculo personal de fidelidad recibiendo a cambio donaciones de tierras. Algunos de estos “Gardingos” habrían llegado a la Galia franca, conservando sus hábitos de guerrero luchando como jinetes, ante la extrañeza de los francos que preferían hacerlo a pie. De ahí proviene la influencia de la caballería hispana que fue imitada por los francos, si bien manipulando el origen.
Siguiendo el ejemplo del “gardingato”, los reyes de Asturias, de León y de Navarra se rodearon desde el siglo IX de “Fidelis Regis”, que les prestaban servicios tanto palatinos como bélicos y que les unía una relación de fidelidad. Incluso, en el año 974, el Conde Soberano de Castilla, García Fernández, a fin de potenciar la caballería castellana otorgó estatuto jurídico de Infanzones a los habitantes que le sirvieran como jinetes en la guerra, a cambio de privilegios y derechos igualados a los nobles.
Así se dignificó la milicia a caballo en Castilla al servicio del soberano a diferencia de Francia en la que los Caballeros no eran más que simples servidores de los Señores feudales.
Por otra parte, en Navarra, los caballeros se organizaron en Cofradías, bajo una advocación religiosa y ordenadas hacia el servicio de la defensa de la Cristiandad en la lucha contra el Islam. Los propios reyes se denominaban Caballeros y se igualaban con los demás miembros de las Cofradías, formando la Orden de Caballería.
Comenzaba a imponerse el servicio a una misión más grande, que iba más allá de la mera servidumbre al Noble. Se servía al Rey, por tanto, al bien común. Y ese bien común se fundaba en la defensa de la Cristiandad.
En el año 905, el rey Sancho Garcés I “El Grande”, nada más acceder al trono convocó a la juventud noble de su reino para que olvidaran sus rencillas internas y se unieran en el objetivo común de combatir al sarraceno como Caballeros en la defensa del reino.
El Papa Gregorio II ratificó la Orden de Caballeros de la Encina, cuyo origen se remontaba al año 722, cuando García Jiménez se preparaba para el combate contra el sarraceno y al elevar la vista al cielo para pedir el auxilio divino vio sobre una encina el símbolo de la Cruz; mandó a sus guerreros ponerse una cruz sobre sus pechos y lanzarse al combate iniciándose así la Reconquista de Navarra. El lema de la Orden era “Non timebo millia circundastes me”
En al año 1023, el rey navarro Sancho Garcés III “el Mayor” que se rige por la Norma de San Benito, instituye la Orden de Caballeros denominada de los Lirios, cuya enseña eran dos lirios celestes y en medio Nuestra Señora de la Encarnación, Patrona de la Orden, con el lema “ Deus primum christianum servet”; a fin de continuar la oposición contra el Islam se funda la Orden de caballeros de la Teraza, bajo la advocación de la Virgen de Nájera.
Así pues en los reinos hispánicos existía una gran diferencia entre un Caballero y un simple jinete armado, por lo que sería el ejemplo de la Caballería Hispánica el que fue llevado a Francia como modo de cristianizar y combatir al sarraceno.
Pero la ocasión de elevar a estos Caballeros a una misión sagrada se presentó con ocasión de la pedida de ayuda del rey aragonés Ramiro I para combatir a los mahometanos en Barbastro.
Acudió a la Santa Sede para solicitar el auxilio y reformar el sistema de concordato que existía de los demás reinos cristianos con los mahometanos en forma de tributos. Se consolida la idea de que los reyes cristianos deben luchar contra el Islam, no lucrarse con los impuestos. El Papa Alejandro II emite su Decreto “ Dispar Nimirum”, a fin de convocar a la lucha contra los sarracenos de Barbastro.
Y allí quedaron convocadas las tropas cristianas que, tras un asedio de cuarenta días, cayó en manos cristianas.
Este momento fue crucial para el concepto de las Cruzadas. Se puede definir como la Primera Cruzada: la hispana convocatoria de guerreros cristianos de varios reinos con el objetivo de la defensa suprema de la Cruz.
¿Qué le debe Europa a España? Aquí tenemos uno de los innumerables ejemplos: los Caballeros cristianos y la iniciativa de las Cruzadas. No olvidemos nuestra historia.
 

martes, 15 de agosto de 2023

La Orden del Dragón


La Orden del Dragón era una sociedad secreta que existió en Europa en el siglo XV. Fue fundada por el rey Segismundo de Luxemburgo y su principal objetivo era luchar contra los enemigos del cristianismo y proteger el reino. Esta orden contaba con destacados miembros, entre ellos, el príncipe Vlad III de Valaquia, originario de Transilvania, fue miembro de la Orden del Dragón y se convirtió en un temido líder militar. Sin embargo, debido a su cruel manera de gobernar y las leyendas que se formaron a su alrededor, se le atribuyeron características leyendas vampíricas que le convirtieron en un personaje de ficción de terror.
La figura de Drácula, inspirada en Vlad III, fue inmortalizada por el escritor irlandés Bram Stoker en su famosa novela "Drácula", publicada en 1897. Desde entonces,se ha convertido en uno de los personajes más emblemáticos y aterradores de la literatura y el cine de terror.

Por tanto que la Orden del Dragón era una sociedad secreta dedicada a la protección del cristianismo es un hecho irrefutable, Drácula, uno de sus miembros, se inmortalizó no como un defensor de la Cristiandad, sio como ser terrorífico en la obra de Bram Stoker.

sábado, 3 de junio de 2023

Principales órdenes militares en España

 Una orden militar es una institución religioso-militar.

En España, las ordenes militares surgieron durante la época de la Reconquista y en la actualidad perduran cuatro de aquellas. En el reino de León surgieron las órdenes militares de Alcántara, de Santiago, en el Reino de Castilla la orden de Calatrava y en la Corona de Aragón surgió la orden de Montesa.

La orden de Santiago (del siglo XII), lleva por emblema una cruz de Santiago, que es una cruz latina roja, semejante a una espada. La empuñadura estaría arriba, los extremos del travesero son floronados y el extremo superior parece tener forma de pica.

La orden de Calatrava (1158), lleva por emblema una cruz de Calatrava, que es una cruz griega flordelisada roja. Los extremos, formados a similitud de una flor de lis, están muy abiertos. Es como la cruz de Alcántara, que es verde, pero en rojo.

La orden de Montesa (1317), llevaba inicialmente por emblema una cruz roja. En el siglo XIX el emblema evolucionó hasta una cruz griega flordelisada negra, como la cruz de Alcántara o Calatrava, cargada con una cruz roja, lo que hoy conocemos como cruz de Montesa. Estandarte con la cruz roja, primer símbolo de la orden de Montesa.



jueves, 11 de mayo de 2023

El Crac de los Caballeros


El Castillo Crac de Sevalier, es una fortaleza construida por los cruzados y es uno de los monumentos más importantes de la arquitectura militar medieval en el mundo y el hogar de los caballeros de San Juan durante las cruzadas. Se amplió entre los años 1150 y 1250 y albergó una guardia de 2.000 personas. El rey Eduardo I de Inglaterra vio la fortaleza durante la novena cruzada en 1272 y la usó como modelo para sus castillos en Inglaterra y Gales. La fortaleza, sesenta y cinco kilómetros al oeste de la ciudad siria de Homs, en una colina de 650 pies, ha sido descrita como tal vez el mejor mantenido y más completo castillo admirable en el mundo' por Thomas Edward Lawrence, conocido como Lawrence de Arabia, ya que era una parte importante de una red de defensa más amplia a lo largo de la frontera de la encrucijada de estados.
Los Caballeros de San Juan la repararon y ampliaron para convertirse en la fortaleza cruzada más grande de Tierra Santa, añadiendo un muro externo de tres metros de grosor con siete torres y creando un castillo central. El gran maestre de los caballeros de San Juan vivió en una de estas torres, mientras que la fortaleza podía al mismo tiempo albergar hasta 50 a 60 caballeros junto con 2000 soldados comunes. En el siglo XII, alrededor del castillo había una zanja y un puente para entrar en él. Entre las paredes interiores y exteriores había un patio, que conducía a los edificios interiores, que fueron reconstruidos por los caballeros de San Juan en estilo gótico. ¡Estos edificios incluían una sala de reuniones, una capilla, un granero de ciento veinte pies y dos establos de piedra neblinosos que podían albergar hasta mil caballos! Otras instalaciones de almacenamiento fueron cavadas en la roca escarpada debajo de la fortaleza y por lo tanto se cree que los caballeros de San Juan podrían resistir incluso un asedio multimestral.

jueves, 4 de mayo de 2023

El Osario de Wamba


El osario de Wamba es un caso único en España. Se trata de un osario lleno de calaveras y huesos, un total de entre 1.000 y 2.000 restos de hombres, mujeres y niños de la Edad Media. Es uno de los grandes misterios que esconde esta localidad de Valladolid en la que viven poco más de 300 personas.
 Ubicada en los Montes Torozos, Wamba también es la única localidad en España cuyo nombre empieza con la letra W, aunque en realidad se pronuncia “bamba”. Otra de sus singularidades reside en que la localidad forma parte del Camino de Santiago de Madrid. Con un pasado visigótico y mozárabe, Wamba también fue hogar de la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén.
La historia del nombre de la localidad también es legendaria. En sus inicios la ciudad visigoda se llamaba Gérticos. Con la muerte del rey visigodo Recesvinto en el año 672 aquél que le sucedió en el trono fue Wamba. Como mandaba la tradición, al nuevo rey se le coronaba en el lugar en el que había fallecido el anterior. Por este motivo la localidad adquirió su nombre, orgullosa de ser un núcleo visigodo con poder y relevancia. Fue uno de los últimos monarcas cristianos antes de que tuviera lugar la invasión musulmana.
Siglos más tarde, concretamente en el XIII hasta el XVII los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan de Jerusalén se instalaron en la zona. Se piensa que son los caballeros los que comenzaron a enterrar aquí los restos de los monjes que pertenecían a su orden.
No obstante, Wamba guarda más secretos además de aquellos relacionados con su topónimo. Si algo hay que visitar en Wamba es su majestuoso templo, la Iglesia de Santa María. La iglesia combina elementos artísticos como el mozárabe en su cabecera y el románico en su estructura, datados de los siglos X y XII.
Sin embargo, sus orígenes se remontan al siglo VII, pues se piensa que aquí se ubicaba un monasterio visigodo. Ya en su interior se puede acceder a una de sus joyas: el osario de Wamba. Así, a través de una de las paredes del claustro se encuentra una puerta la cual esconde un enigmático conjunto de calaveras.
El osario de Wamba se ubica en uno de los espacios de lo que fue el antiguo monasterio, que se arruinó tras las desamortizaciones decimonónicas. Las paredes de la habitación están revestidas de fémures, tibias y calaveras. Los huesos están colocados desde el suelo, unos sobre otros, hasta el arranque de la bóveda. El tamaño de las calaveras nos indica que son restos de adultos y también de niños. Se han contabilizado entre 1.000 y 2.000 restos de personas.
“Como te ves, yo me vi, como me ves, te verás”
La inscripción “Como te ves, yo me vi, como me ves, te verás, todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás” domina el osario de Wamba. Impresiona ver tantos cráneos, cuencas de ojos y sonrisas cadavéricas orquestados de tal forma. Un recordatorio impertérrito de la celeridad con la que pasa el tiempo y la importancia que hay que darle a éste y a los buenos actos.
No obstante, aunque sobrecoja tal conjunto de huesos, antiguamente la grandeza del osario fue mayor. Con el objetivo de estudiar el osario de Wamba, en los años 50 el Doctor Gregorio Marañón se llevó a la universidad Complutense de Madrid dos camiones llenos de estos restos. Nunca se devolvieron al pueblo. Gracias al estudio se pudo certificar que los huesos y calaveras pertenecieron a hombres, mujeres y también niños de los siglos XIII a XVII. En total, cuatro siglos en los que el osario de Wamba fue alimentando no solo sus paredes, sino las leyendas y moralejas sobre la fugacidad del tiempo.
Hasta el momento del descubrimiento algunos historiadores mantenían que los restos pertenecían solo a los monjes y frailes que vivieron en el monasterio. Otros investigadores creían que el osario surgió tras vaciar un antiguo cementerio.
Iglesia de Santa María
Son muchas las incógnitas para las que todavía en la actualidad no se han encontrado respuesta sobre la Iglesia de Santa María y sobre el osario de Wamba. Se conoce que en el lugar en el que se encuentra la actual iglesia antes se ubicaba una iglesia visigoda, así lo argumentan los restos decorativos hallados en el Museo Arqueológico de Valladolid. Los investigadores creen que es probable que en el momento de la repoblación de la zona se volviera a construir la iglesia que se erigía en los años de reinado de Recesvinto. Sus características indican que pudo ser la primera iglesia mozárabe que se levantaba en la zona.


La Iglesia de Santa María (también conocida como Nuestra Señora de la O) es un templo románico del siglo XII que cuenta con la peculiaridad de contar con un cabecero mozárabe del siglo X. El edificio está constituido por tres naves y dos capillas, la de Doña Urraca y la del osario de Wamba.
Por su parte, en la capilla de Doña Urraca se encuentra sepultada la reina Urraca de Portugal. Se trata de la esposa del rey Fernando II de León, madre del también rey Alfonso IX de León. La reina se incorporó como freira en la Orden de San juan de Jerusalén.
No obstante, Wamba guarda más secretos además de aquellos relacionados con su topónimo. Si algo hay que visitar en Wamba es su majestuoso templo, la Iglesia de Santa María. La iglesia combina elementos artísticos como el mozárabe en su cabecera y el románico en su estructura, datados de los siglos X y XII.
Sin embargo, sus orígenes se remontan al siglo VII, pues se piensa que aquí se ubicaba un monasterio visigodo. Ya en su interior se puede acceder a una de sus joyas: el osario de Wamba. Así, a través de una de las paredes del claustro se encuentra una puerta la cual esconde un enigmático conjunto de calaveras.
El osario de Wamba se ubica en uno de los espacios de lo que fue el antiguo monasterio, que se arruinó tras las desamortizaciones decimonónicas. Las paredes de la habitación están revestidas de fémures, tibias y calaveras. Los huesos están colocados desde el suelo, unos sobre otros, hasta el arranque de la bóveda. El tamaño de las calaveras nos indica que son restos de adultos y también de niños. Se han contabilizado entre 1.000 y 2.000 restos de personas.
La inscripción “Como te ves, yo me vi, como me ves, te verás, todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás” domina el osario de Wamba. Impresiona ver tantos cráneos, cuencas de ojos y sonrisas cadavéricas orquestados de tal forma. Un recordatorio impertérrito de la celeridad con la que pasa el tiempo y la importancia que hay que darle a éste y a los buenos actos.
Hasta el momento del descubrimiento algunos historiadores mantenían que los restos pertenecían solo a los monjes y frailes que vivieron en el monasterio. Otros investigadores creían que el osario surgió tras vaciar un antiguo cementerio.
Son muchas las incógnitas para las que todavía en la actualidad no se han encontrado respuesta sobre la Iglesia de Santa María y sobre el osario de Wamba. Se conoce que en el lugar en el que se encuentra la actual iglesia antes se ubicaba una iglesia visigoda, así lo argumentan los restos decorativos hallados en el Museo Arqueológico de Valladolid. Los investigadores creen que es probable que en el momento de la repoblación de la zona se volviera a construir la iglesia que se erigía en los años de reinado de Recesvinto. Sus características indican que pudo ser la primera iglesia mozárabe que se levantaba en la zona.
La Iglesia de Santa María (también conocida como Nuestra Señora de la O) es un templo románico del siglo XII que cuenta con la peculiaridad de contar con un cabecero mozárabe del siglo X. El edificio está constituido por tres naves y dos capillas, la de Doña Urraca y la del osario de Wamba.
Por su parte, en la capilla de Doña Urraca se encuentra sepultada la reina Urraca de Portugal. Se trata de la esposa del rey Fernando II de León, madre del también rey Alfonso IX de León. La reina se incorporó como freira en la Orden de San juan de Jerusalén. 


lunes, 27 de marzo de 2023

Reclutamiento Templario

 Los reclutas provenían de toda Europa Occidental, aunque Francia fue la fuente más importante.

Estaban motivados por un sentido de obligación religiosa a defender a los cristianos de todas partes, pero especialmente de la Tierra Santa y los lugares sagrados, como penitencia por los pecados cometidos, o como una manera de asegurarse la entrada al Cielo, o por razones más mundanas como la búsqueda de aventura, las ganancias personales, la promoción social o sencillamente unos ingresos regulares y comidas decentes.
Los reclutas tenían que ser hombres libres e hijos legítimos, y si querían convertirse en caballeros , a partir del siglo XIII tenían que ser descendientes de caballeros.
Aunque era raro, un hombre casado podía unirse a la orden siempre y cuando la esposa estuviera de acuerdo.
Se esperaba que muchos reclutas hicieran una donación importante al entrar en la orden, y como las deudas estaban muy mal vistas, la situación económica del recluta ciertamente era un aspecto a tener en cuenta.
Aunque algunos menores se unían a la orden, por supuesto enviados por sus padres con la esperanza de que un hijo menor que no iba a heredar nada recibiera un entrenamiento militar útil, la mayoría de los reclutas tenían entre 20 y 30 años. Algunos reclutas se unían más adelante.
Un ejemplo es el gran caballero inglés Sir William Marshal, que murió en 1219 y que, al igual que muchos nobles, se unió a la orden justo antes de morir, le dejó dinero en su herencia y fue enterrado en la iglesia del Templo, en Londres, donde todavía se puede ver su efigie.
Dentro de la orden había dos rangos: caballeros y sargentos, y en el segundo rango estaban incluidos los seglares y el personal civil.
La mayoría de reclutas pertenecía al segundo rango. De hecho, el número de caballeros dentro de la orden era sorprendentemente pequeño.
Puede que en cualquier momento dado no hubiera más de unos pocos cientos de monjes templarios, aunque en periodos de guerras intensas puede que el número ascendiera hasta los 500.
Estos caballeros habrían estado superados por mucho por los demás soldados que usaba la orden, como la infantería (los sargentos o reclutas de tierras vasallas) y los mercenarios (especialmente arqueros), así como escuderos, porteadores y demás personas no combatientes.
Entre los demás miembros de la orden se contaban los sacerdotes, los artesanos, los peones, los sirvientes e incluso algunas mujeres miembros de conventos afiliados.

sábado, 4 de marzo de 2023

Rex Bellator y Ramón Llull


El 27 de noviembre de 1095, durante el Concilio de Clermont (Francia), los asistentes experimentaron una mezcla de sorpresa, estupefacción y entusiasmo al oir la insólita alocución del papa Urbano II. Aunque el emperador bizantino Alejo I Comneno había lanzado una dramática petición de ayuda ante el avance musulmán nadie esperaba escuchar aquella arenga que animaba a la cristiandad a tomar las armas para proteger a los fieles que viajaban en peregrinación a los Santos Lugares, que recientemente habían caído en manos de un Islam en plena expansión. Bajo el lema Deus vult (Dios lo quiere), pregoneros y monjes como Pedro el Ermitaño recorrieron Europa proclamando la cruzada.

A la convocatoria respondieron príncipes, nobles y campesinos; estos últimos fueron los que al año siguiente se dirigieron a Oriente, al imperio bizantino, para frenar a los turcos selyúcidas. En la práctica, aquel ejército al que se identificó con la Cruzada de los Pobres se convirtió en una horda incontrolable que avanzaba sembrando la destrucción, el asesinato de judíos y el saqueo, así que el emperador lo embarcó directamente para Turquía y allí la mayoría fue fácilmente masacrada por el enemigo.

Entretanto llegó a Constantinopla otro ejército, éste compuesto por caballeros, guerreros profesionales muy diferentes en orden y experiencia a sus predecesores, conociéndoselo como Cruzada de los Barones. Ayudada por Alejo I, esta tropa sí pudo llegar a Tierra Santa y conquistar Jerusalén en 1099, adueñándose a lo largo de los doce años siguientes de toda la franja sirio-palestina. Así pues, pese al tropezón inicial, la Primera Cruzada había concluido con éxito. Ahora tocaba prepararse para preservar lo conseguido ante la previsible reacción sarracena y la forma de tener una fuerza permanente para ello en un lugar tan alejado fue a través de las órdenes de caballería.
 

Cruzado y templario

La caballería había alcanzado su cénit en el Medievo a pesar de que era inferior a la de otras épocas en cantidad y variedad. Ello se debió a su identificación con la clase dominante, al establecimiento de un código de valores ético-religiosos que llegaban a constituir todo un modo de vida y que era a la representación de hecho del sistema feudal. Pero, dado que los caballeros eran señores de feudos, principados, reinos y otros tipos de territorios, y tenían unas responsabilidades de gobierno con ellos, resultaba imposible que estuvieran alejados de forma perenne. La alternativa fue la creación de órdenes que combinaban el aspecto militar con el religioso.

La primera en aparecer fue la del Santo Sepulcro, seguida de la Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, el Temple y la Teutónica. A partir de ahí y a lo largo de los siglos se fue creando un rosario de órdenes militares que llegó a alcanzar el centenar. Las que nos interesan aquí son las citadas, dedicadas a proteger Tierra Santa, porque aquella región que la Primera Cruzada había vuelto a colocar bajo control cristiano no pudo mantenerse y, tras el fracaso de las sucesivas cruzadas siguientes, se terminó perdiendo el 18 de mayo de 1291, cuando cayó en manos del sultán Al-Ashraf Khalil el último bastión, Acre.

Fue entonces cuando se puso en tela de juicio el sistema de las órdenes militares, cuya atomización las presentaba como ineficaces, y brotó la idea de unificarlas bajo un mando único que debería encarnar algún notable de probada virtud, con vistas a iniciar una reconquista. De todas las propuestas que circularon por entonces la más estudiada y completa fue la elaborada por el célebre sabio mallorquín Ramón Llull (cuyo séptimo centenario de su muerte se celebra este año), que la desarrolló no cómo una tesis concreta y explícita sino través de varias cartas y tres de sus obras, en las que bautizó el concepto con el nombre de Rex bellator (Rey guerrero).

Llull ya había tratado el tema de las órdenes en su Libro del Orden de Caballería, en el que definía al caballero como «elegido entre mil» a causa de virtudes como «sabiduría, caridad, lealtad, verdad, humildad, fortaleza, esperanza y otras…», así como su oficio era «mantener y defender la Santa Fe católica» porque «el dios de la gloria ha elegido caballeros que, por fuerza de las armas, venzan y se apoderen de los infieles que se afanan en destruir la iglesia». Bien es verdad que, a medida que fue envejeciendo, Llull fue atemperando su postura hasta hacerse fraile e ir de misionero a las mezquitas, pero parecía ser el idóneo para acometer la cuestión.

El caso es que, según su plan, ese Rex bellator, que debía estar libre de lazos familiares, se pondría al frente de una unión de las órdenes militares en la que tendrían mayor peso aquellas más poderosas, como hospitalarios y templarios. A esa fuerza se sumarían otras de procedencia diversa, caso de las órdenes peninsulares e incluso los almogávares, formando un gran ejército que sería embarcado en los barcos de la Corona de Aragón para cruzar el Mediterráneo y desembarcar en el norte de África. Al menos ésa era la idea desarrollada en dos libros: uno, escrito en 1292 a raíz de la caída de Acre, fue Quomodo Terra Sancta recuperari potes (Cómo se puede recuperar Tierra Santa), que entregó al colegio cardenalicio reunido para la elección del nuevo Papa tras la muerte de Nicolás IV; el otro llevaba por título Liber de Fine y, una vez más, lo compuso justo después de un desastre militar, la pérdida de Arwad (una isla frente a la costa siria) en 1302.

Lamentablemente, no sólo las órdenes iban cada una por su cuenta. Ese segundo libro de Llull, entregado al papa Clemente V en 1305, puso en alerta a los franceses al conceder tanto protagonismo a los aragoneses de Jaime II, así que en menos de un año se publicó en el país vecino De recuperatione Terrae Sanctae (Sobre la recuperación de Tierra Santa), firmada por Pierre Dubois, quien proponía la paz entre todas las naciones cristianas, una reforma de las órdenes militares que redujera sus ingresos, la formación de un cuerpo de lingüistas especializados en lenguas orientales (algo copiado de Llull) y, la más importante diferencia respecto a Llull, la figura del rey Felipe IV de Francia como líder y soberano de esa coalición occidental. Rex pacis, lo llamó, en vez de Rex bellator.

En realidad había otra razón más para que los franceses tuvieran su propio proyecto y era que el monarca ya llevaba tiempo planeando cómo hacerse con las riquezas del Temple y transferir la jurisdicción eclesiástica a la corona gala. Seguramente también pesó el rechazo a su petición de ingresar en la orden, realizada tras quedar viudo e imitando la intención del hijo de Jaime II (que así podría ser el Rex bellator). Y, en efecto, al poco tiempo (en 1307) se desató un proceso contra los templarios que implicaba múltiples cargos y supuso la muerte y/o encarcelamiento de muchos de ellos, así como la disolución de la orden. El príncipe Jaime tuvo que entrar en la de Montesa.

Retomando a Ramón Llull, aunque su plan había sido aprobado por Bonifacio VIII no llegó a ponerse en práctica porque el pontífice no quiso arriesgarse a dejar el poder de la cristiandad en manos de un príncipe temporal. Pero en 1309 aún trató el tema del Rex bellator en una tercera obra titulada Liber de Acquisitione Terrae Sanctae. Dada la reacción francesa y la desaparición de la orden del Temple, la nueva propuesta se basaba en un doble frente en el que Felipe IV y los hospitalarios avanzarían hacia Tierra Santa pasando por el Imperio Bizantino mientras los aragoneses llevaban cabo el plan descrito de avanzar por la costa mediterránea africana y atravesar Egipto.

Por una cosa o por otra, al final ninguno de esos planes se llevó a cabo. Felipe IV se conformó con expoliar al Temple mientras Jaime II se centraba en combatir al Islam en la Península Ibérica con la conquista -fracasada- de Almería, así que la idea del Rex bellator quedó como mera formulación teórica y terminó olvidada. Nunca se recuperaron los Santos Lugares y, con el tiempo, los cristianos establecidos allí acabaron a la greña entre ellos hasta el acuerdo de statu quo de 1852.

Órdenes Militares en Portugal

 



El espíritu de cruzada se desarrolló no sólo por el contacto entre los combatientes cristianos en la Península y los cruzados que por ella pasaban camino de Tierra Santa, sino también por la influencia de las Órdenes militares que allí se establecieron a partir del segundo cuarto del siglo XII en adelante, cuando destacó la de los templarios, pero también como reacción frente a la creciente agresividad y poder militar de los fieles partidarios de la guerra santa (djihad) en el norte de África, impulsada por los almorávides y, más tarde, por los almohades. Así, la función de las Órdenes militares, compuestas por caballeros, era luchar contra el infiel.
Los primeros fueron instituidos en Oriente para defender Tierra Santa y proteger a los cristianos que allí corrían peligro. Poco después se asentaron en la Península, donde su aportación fue fundamental en la lucha contra los sarracenos.
Desde el inicio de la monarquía, se han asentado en Portugal las siguientes Órdenes militares:
• La Orden del Temple;
• La Orden de los Hospitalarios, cuyo nombre proviene de tener un hospital a su cargo en Tierra Santa; en Portugal tuvo como casa principal el monasterio de Flor da Rosa, en Crato;
• La Orden de Calatrava, de origen castellano; su casa principal fue el convento de Avis;
• La Orden de Santiago de Espada, fundada en el reino de León y cuya casa principal en tierras portuguesas fue el convento de Palmela.
La acción de estas Órdenes se centró en ejercer y fomentar:
• beneficencia;
• el desarrollo de la agricultura y la colonización del reino;
pero lo principal era luchar contra los musulmanes.

Esbozo de los Hermanos Livonios de la Espada


Los Hermanos Livonios de la Espada (en latín Fratres militiae Christi, literalmente la "Fraternidad del Ejército de Cristo", en alemán Schwertbrüderorden), también conocidos como Caballeros de Cristo, Hermanos de la Espada, Caballeros Portaespadas o Milicia de Cristo de Livonia, fue una orden militar católica fundada en 1202 por Alberto de Buxhoeveden, Obispo de Riga (Príncipe-Obispo de Livonia), y compuesta por monjes-guerreros alemanes (de Livonia).​ Estaba basada primordialmente en los estatutos de los Caballeros Templarios.​
 

Historia de la Orden

Desde su fundación, la orden solía ignorar su supuesto vasallaje al obispado. En 1218 el obispo pidió al rey danés Valdemar II apoyo contra la orden, pero Valdemar II concertó un acuerdo con la Hermandad y lo aprovechó para conquistar el norte de Estonia.

Los cuarteles de la Orden se encontraban en Viljandi (Fellin), en la actual Estonia, en donde las murallas del castillo todavía siguen en pie. Otras plazas fuertes incluían: Cesis (Wenden), Sigulda (Segewold) y Aizkraukle (Ascheraden). Los comandantes de Viljandi (Fellin), Kuldiga (Goldingen), Aluksne (Marienburg), Tallin (Reval) y el Bailío de Paide (Weissenstein) pertenecían al consejo de cinco miembros del Maestre de la Orden.

Como consecuencia de la tremenda derrota frente a lituanos en la batalla de Saule, en 1236, quedó la Hermandad fuertemente diezmada y tras autorización papal de 1237, se integraron en la Orden Teutónica, dentro de la cual serían conocidos como los Hermanos de la Orden Livona o los Hermanos Livonios de la Espada. 

domingo, 19 de febrero de 2023

Esbozo de la Orden del Santo Sepulcro




Se inicia gracias a la devoción que santa Elena, madre del emperador Constantino ‘El Magno’ e instaurador del cristianismo, tenía por los Santos Lugares. En el año 326 viajó a Jerusalén realizando excavaciones hasta encontrar el Gólgota y el Santo Sepulcro. En su lugar mandó levantar el templo de la Anástasis o Gloriosa Resurrección y encargó a un grupo de canónigos que realizaran los oficios religiosos en el mismo. Surgen así los primeros canónigos sepulcristas, encargados de acoger a los peregrinos que se dirigían a Jerusalén.

En el año 638, Jerusalén fue tomada, aunque se pudo continuar con el culto y las peregrinaciones. A principios del siglo XI, los turcos gobernaron Jerusalén, persiguiendo a los cristianos e impidiendo todo tipo de peregrinación. Solamente los ortodoxos fueron autorizados a permanecer en Jerusalén, pero sometidos a múltiples abusos. Ante esta amenaza, el emperador bizantino pidió ayuda al papa Urbano II y éste decidió convocar un concilio en Clermont Ferrand (1055), acudiendo gran número de caballeros, que, al grito «Deus lo Vult», decidieron tomar la cruz convirtiéndose así en la I Peregrinación Armada o Cruzada, y partir a Tierra Santa. Después de cuatro años de confrontación con los musulmanes consiguieron recuperar Jerusalén en el año 1099.


Tras la conquista de la Ciudad Santa, Godofredo de Bouillón restauró el culto, sustituyendo a los canónigos ortodoxos, al considerarlos cismáticos, por canónigos latinos. Encargó a un grupo de caballeros la protección del templo, surgiendo así los primeros caballeros sepulcristas, así llamados por haber sido investidos por el Patriarca Latino de Jerusalén ante el Santo Sepulcro y que constituían una guardia noble que velaba con sus armas noche y día. Protegían las murallas de Jerusalén y acompañaban a sus reyes en todas sus batallas, custodiando la Sagrada Cruz.

El rey Balduino I les da unos ‘Asisses’ o ‘Estatutos’. 

Surge así una orden caballeresca que reza y que combate. Dependen en lo militar del rey de Jerusalén, su gran maestre, con la obligación de mantener 500 guerreros en armas, y en lo religioso del patriarca latino de Jerusalén. Se extienden por Europa: España, Francia, Inglaterra, Alemania e Italia, en donde fundan grandes prioratos para captar ayudas y caballeros para Tierra Santa. Los reyes europeos reconocen su importancia y conceden su favor y ayuda a la Orden. Alfonso I de Aragón en su testamento (1131) deja sus reinos a las diferentes ordenes de caballería, entre ellos los caballeros sepulcristas.

En el año 1187 Saladino derrotó al ejército cristiano en Hattin y días después tomó Jerusalén, que ya nunca más volvería a ser recuperada. Los caballeros sepulcristas fueron los más afectados por la pérdida de Jerusalén, pues hubieron de abandonar la guardia que hacían del Santo Sepulcro, sin tener otra base a donde replegarse.

En el año 1229, los franciscanos logran permiso para entrar en Jerusalén y realizar el culto ante el Santo Sepulcro. Los ocupantes islámicos autorizan que se reanuden las peregrinaciones y los cruzamientos se realizarán por el Custodio franciscano, que inviste a los peregrinos nobles que llegan ante el Santo Sepulcro como nuevos caballeros sepulcristas. En el año 1281 se pierde San Juan de Acre, último bastión cristiano en Palestina, con lo que finaliza el Reino latino de Jerusalén y las órdenes militares se repliegan a Europa.

La Orden  se fragmenta y se repliega a Europa. Los caballeros, al regresar a sus lugares de origen, se encuentran dispersos y desorientados, sin un jefe que gobierne la orden; aunque formaban una gran confraternidad agrupada en siete lenguas, con sede cada una de ellas en un gran priorato, prácticamente autónomos unos de otros. De ellos había dos en España; el Gran Priorato de Calatayud, cuya influencia se extendía sobre toda la Corona aragonesa, y el Gran Priorato de Santa María de Palacio (Logroño), cuya influencia se extendía sobre los reinos de Castilla, Portugal y Navarra.

En 1489, Inocencio VIII anexiona nuestra Orden a la de San Juan de Jerusalén, mediante la Bula «Cum Solerti Meditatione», a fin de aunar esfuerzos y preparar una nueva cruzada, dirigida por el maestre de dicha orden, que no llegó a realizarse. Solo se libran de esta unión los caballeros aragoneses, gracias a el rey Fernando El Católico, que obtiene del papa Alejandro VI la liberación de los mismos, colocándolos bajo la protección del Soberano Pontífice y del rey de Aragón. Así, durante unos años, la Orden solo sobrevive en España, hasta que, en 1513, el papa León XIII anuló dicha bula, separando a los caballeros de los de Malta.

El papa León XIII anexionó a los caballeros sepulcristas a la Santa Sede, ratificando así su doble carácter de Orden ecuestre y pontificia. El Romano Pontífice se aseguró para él y sus sucesores el gran maestrazgo de la Orden. Facultó al Guardián del Santo Sepulcro para conferir en exclusiva la Orden a los caballeros, de noble linaje, que peregrinaran a Tierra Santa. Estos juraban lealtad al Papa si se declarara una nueva Cruzada. A lo largo de los siglos, se ha conservado el Libro de Oro de la Sagrada Orden Militar Jerosolimitana del Santo Sepulcro.  En este, y cronológicamente por mes y año, se recogen los nombres, condición y procedencia de los caballeros armados por los Guardianes del Santo Sepulcro, Custodios de Tierra Santa, de la Orden de Menores de San Francisco, desde el año 1561 a 1848.

Con el tiempo de los años, la Orden recuperó su esplendor y los monarcas europeos se disputaron su maestrazgo. Felipe II lo reclamó para sí en 1558, Luis XIV de Francia en 1700, Carlos IV y Napoleón en 1807 y Luis XVIII en 1818. Pero la Santa Sede no lo permitió, conservando de esa manera el título de orden pontificia.En el año 1847, se firma el concordato entre la Santa Sede y el Imperio Otomano, poniendo así fin a siglos de guerra.

El papa Pío IX restauró el Patriarcado Latino de Jerusalén, mediante el Breve ‘Nulla Celebrior’, nombrando un Patriarca para que residiera en Jerusalén y se ocupara de los católicos que residían en Palestina, Transjordania y Chipre (56.000 km2), en donde vivían unos 6.000 católicos de rito latino, más otros 1.000 católicos de rito oriental.

Con el restablecimiento del Patriarcado Latino de Jerusalén y la reorganización de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro, mediante las Letras Apostólicas «Cum multa» del papa Pío IX, de 22 de enero de 1868, el Patriarca se convirtió en el Gran Maestre de la Orden y esta pasó a tener un protector inmediato bajo la autoridad de la Santa Sede. Se reconocía expresamente la gran antigüedad de la Orden y se le encargaba proteger y sostener económicamente al Patriarcado Latino de Jerusalén.
Firmada la paz con el Imperio Otomano, tras siglos de enfrentamiento, ya no hacía falta pensar en nuevas cruzadas que realizar. 

La Orden debía extenderse no solo por Europa, sino por todo el mundo, permitiéndose que los nuevos cruzamientos pudieran celebrarse en los lugares de origen de los caballeros y que, en ellos, pudieran organizarse como antaño bajo la doble autoridad de un Lugarteniente y un Gran Prior.

En España, desde sus inicios en el siglo XII, la Orden siempre ha estado presente, incluso durante los azarosos tiempos en que por la bula de Inocencio VIII estuvo a punto de desaparecer. Caso único en todo el mundo. En el Libro de Oro de la Custodia Franciscana (XIV/XIX), aparecen inscritos como cruzados ante el Santo Sepulcro multitud de caballeros españoles.

En el año 1874, se reorganizó el Capítulo de Caballeros sepulcristas españoles, radicado en Madrid, y se crearon cuatro capítulos regionales:  Barcelona (1892), Manila (1894), La Habana (1894) y Valencia (1906). El 22 de diciembre de 1906, a petición de los Capítulos españoles, el rey Don Alfonso XIII, como rey de Jerusalén, se dignó aceptar el título de Gran Bailío Protector de la Orden en España. En tal concepto, presidiría los Capítulos que la Orden celebrara, delegando su representación cuando no pudiera hacerlo personalmente, como en otro tiempo lo hizo el gran monarca Felipe II. Al mismo tiempo, se modificaron los estatutos declarando «nobles» a los capítulos españoles. En dicha modificación, se reconoció que para ingresar era preciso presentar pruebas de nobleza de sangre, al modo de las órdenes militares españolas. Si bien hoy en día la Orden se encuentra establecida en numerosos países en los que no existe tradición nobiliaria alguna, la exigencia de nobleza se ha transformado en requerir la excelencia del candidato.

En 1878, el papa León XIII aprueba la decisión del Patriarca de aceptar a damas como miembros de la Orden. En 1907, el papa san Pío X se convirtió en Gran Maestre y el Patriarca Latino en Gran Pior. En 1928, este se convirtió en el Gran Maestre. En 1940, el papa Pío XII dio a la Orden un nuevo estatuto y nombró como protector a un cardenal. En 1949, el cardenal protector se convirtió en Gran Maestre y el Patriarca Latino en Gran Prior.

Hoy en día, La misión específica asignada a la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén por el Santo Padre Francisco, que sigue la senda de los papas san Pablo VI y san Juan Pablo II,  es mantener vivo, en el seno de la comunidad eclesial, el celo por la Tierra de Jesús y apoyar a la Iglesia Católica y la presencia cristiana en ella


 

domingo, 22 de enero de 2023

Esbozo de la Orden de San Lázaro de Jerusalen , Belén y Nazaret


Tipo

Orden de caballería

Afiliación

Ecuménica

Lema

Atavis et armis

Elegibilidad

Solo por invitación

Gran maestre

Francisco de Paula Joaquín de Borbón y von Hardenberg-Fürstenberg.

Estado

En funcionamiento

Establecida

Después de 1098

Siglos antes de llevarse a efecto las cruzadas, ya existían en Tierra Santa instituciones caritativas que cuidaban de la asistencia a los peregrinos que acudían a visitar los lugares testigos de la Pasión de Jesucristo.

En el año 1490, el papa Inocencio VIII tomó la decisión de unir la Orden de San Lázaro a la de San Juan de Jerusalén, sin embargo la rama francesa continuó autónoma, por lo que el papa León X anuló la unificación ordenada por su predecesor. Por su parte, el rey de Francia Enrique IV, unió a la Orden de San Lázaro la del Carmelo, en vista de que esta última languidecía y era conveniente su unificación con otra más poderosa.

La Orden de San Lázaro no desatendía, ni muchísimo menos, sus obligaciones militares ni su lucha contra el poder turco. En el siglo XVIII los lazaristas armaron una flota para luchar contra los corsarios y piratas, eligiendo el puerto y ciudad de Saint Maló como centro de sus operaciones marítimas. La Orden llegó a reunir hasta diez fragatas y luchó valerosamente defendiendo la seguridad de las costas francesas.

Aún en el XVII, el papa Gregorio XIII dictó una bula por la que mandaba incorporar la Orden de San Lázaro a la de San Mauricio, formándose así la llamada Orden de San Mauricio y San Lázaro, y que se convirtió en una de las más distinguidas de Italia. Ocurrió algo semejante a la ocasión anterior, cuando otro papa trató de incorporarla a la de San Juan de Jerusalén. El Priorato de Sicilia acató la bula pontificia, pero no sucedió lo mismo con el gran maestre de los lazaristas de Boigny que, con varios prioratos y encomiendas, continuaron su vida independiente. Entre los grandes maestres desde el siglo XV están: los marqueses de Nerestang, de Luvois, de Dangeau, el duque de Berry, después Luis XVI y luego el conde de Provenza, más tarde rey con el título de Luis XVIII. Como caballeros de la Orden de San Lázaro en otros países, pueden citarse a los zares de Rusia, Pablo I y Alejandro I y al archiduque Leopoldo de Austria o los duques de Sevilla. El rey Luis XVIII de Francia y más tarde Carlos X, se declararon protectores de esta Orden.

En Francia había tres Órdenes importantes, muy antiguas: la del Espíritu Santo, la de San Luis y la de San Miguel. Junto a las Órdenes anteriores figuraba la de los lazaristas. Las exigencias que imponía el ingreso a la Orden de San Lázaro: nueve grados de nobleza, sin principio conocido, o remontándose a fecha incierta.

Pasados los turbulentos tiempos anteriores a la época contemporánea, la Orden de San Lázaro, permaneció, no extinguiéndose como algunas otras órdenes militares de caballería. Actualmente se halla representada en Francia, Alemania, Italia, Polonia, Holanda, Suiza, Portugal y España. Con fecha 26 de junio de 1935 registró la Orden sus estatutos en España. El 9 de mayo de 1940 fue reconocida con carácter oficial y declarada de utilidad pública en todo el territorio nacional, por orden que se publicó en el Boletín Oficial del Estado el 10 del mismo mes.

Su reglamento de la lucha contra la lepra fue aprobado por el decreto de 8 de marzo de 1946, que concede y asigna a la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén, importantes misiones. Los miembros de esta Orden se dividen en dos grupos: los miembros y los afiliados. Solo los primeros y aún entre estos, solo los caballeros de Justicia, pueden asistir a los Capítulos de sus respectivos Prioratos. Aparte de los de Justicia hay los de Devoción. Todos pueden ser caballeros, damas o eclesiásticos, pero es absolutamente preciso profesar la religión católica.

Tras la reunificación de las dos Obediencias existentes hasta entonces (Obediencia de Malta y Obediencia de París) acaecida en la conferencia internacional de la Orden celebrada en Toronto en 2004 y ratificado por una amplia mayoría frente a la candidatura del príncipe Carlos Felipe de Orleans, el 48º Gran Maestre de la única  ,fue Francisco de Paula  y Escasany. Maestre  de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén , Belen y Nazaret.

En solemne sesión de Investidura de la Orden de San Lázaro, celebrada en Mánchester el 12 de septiembre de 2008, fue nombrado 49.º gran maestre de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén, Belén y Nazaret Carlos Gereda y de Borbón, a quien en 2018 sucedería Francisco de Borbón y von Hardenberg como 50.º gran maestre, quedando su padre, el duque de Sevilla, como gran maestre emérito.

Tras la reunificación de las dos Obediencias existentes hasta entonces (Obediencia de Malta y Obediencia de París) acaecida en la conferencia internacional de la Orden celebrada en Toronto en 2004 y ratificado por una amplia mayoría frente a la candidatura del príncipe Carlos Felipe de Orleans, el 48º Gran Maestre de la única Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén, Belén y Nazaret fue Francisco de Paula de Borbón y Escasany.

En solemne sesión de Investidura de la Orden de San Lázaro, celebrada en Mánchester el 12 de septiembre de 2008, fue nombrado 49º Gran Maestre de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén, Belén y Nazaret Carlos Gereda y de Borbón, a quien en 2018 sucedería Francisco de Borbón y von Hardenberg como 50º Gran Maestre, quedando su padre, el Duque de Sevilla, como Gran Maestre Emérito. El 50º Gran Maestre contrajo matrimonio el 9 de octubre de 2021 luciendo el uniforme del cual se dota esta asociación, además de ostentar las condecoraciones sin reconocimiento oficial que la orden concede ya que no forman parte de los reconocimientos que otorgan las instituciones del Estado, por lo que son un simple adorno. Destaca igualmente que tratándose de una orden de origen militar, su gran maestre no haya realizado el servicio militar.

Los miembros, caballeros de Justicia, están obligados a probar de manera indubitable, la legitimidad de sus ascendientes hasta el segundo grado civil inclusive, la nobleza de cien años de dos de sus apellidos, uno de los cuales siempre será el primero por la línea paterna y el otro, bien el segundo de la citada línea, o el primero de la materna; esto queda a elección del pretendiente al ingreso. Los caballeros de Justicia, usan como distintivo una cruz octogonal verde, bordada sobre el frac o el uniforme, así como en sus mantos capitulares. Las categorías son: Gran Collar, Gran Cruz, comendador y caballero. Solo los miembros, no así los afiliados, están autorizados a usar el uniforme de la Orden, de paño azul oscuro, con cuello y bocamangas blancas, charreteras y pantalón galoneado. Sable o espadín, depende de los actos. Sombrero apuntado y botas de charol. La Orden está regida por el Gran Maestre que lo es con carácter vitalicio y queda autorizado a nombrar un coadjutor. También existen un Consejo Supremo Consultivo y un Secretariado Internacional de Cámara y Gobierno que, respectivamente, orientan al gran maestre en aquellas materias en que se solicita su parecer, y le asisten directamente. Los afiliados, aquellos que practican pruebas de nobleza son denominados como "nobles de mérito" y los dispensados de ellas son considerados únicamente como "de mérito". Tanto los primeros como los segundos pueden tener los mismos grados que los miembros, pero no llevan la cruz bordada. Para estos, existe la cruz denominada de "Mérito", dividida en cuatro categorías, así como medallas, concedidas por relevantes servicios. Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén, Belén y Nazaret.


Gran Priorato de España

Para conseguir los mejores resultados en su faceta solidaria la Orden de San Lázaro se divide por países en grandes prioratos. En España está registrada legalmente de acuerdo a la legislación española como asociación sin ánimo de lucro, de ámbito nacional, con capacidad jurídica y plena capacidad de obrar, que se rige por sus Estatutos, inscritos en el Registro Nacional de Asociaciones del Ministerio del Interior con el número nacional 36.502 y fecha de 4 de agosto de 1980, por sus reglamentos y ordenanzas y por la Ley Orgánica 1/2002 de 22 de marzo

La Orden de San Lázaro tiene cuatro encomiendas territoriales en España (Andalucía, Castilla, Cataluña y Reino de Valencia) y una encomienda histórica (Acebuchal). Su cancillería se encuentra en Calle de Claudio Coello, 112, 28006 Madrid.

jueves, 12 de enero de 2023

Orden de San Juan de Jerusalem . Un esbozo histórico

Los Caballeros Hospitalarios fue una orden militar católica medieval fundada en 1113 con el nombre completo de "Caballeros de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén". Después de trasladar su sede a Rodas a principios del siglo XIV, se conoció a los miembros de la orden como Caballeros de Rodas y, cuando se trasladaron de nuevo en 1530, esta vez a Malta, como Caballeros de Malta. Su objetivo original era proporcionar ayuda y atención médica a los peregrinos cristianos que se dirigían a Tierra Santa, pero pronto se convirtió en una orden militar que adquirió extensos territorios en Europa y cuyos caballeros hicieron importantes contribuciones a las cruzadas en Iberia y Oriente Medio. Además, los Caballeros Hospitalarios, identificados por su distintiva cruz blanca de ocho puntas sobre fondo negro, participaron en muchas otras campañas, especialmente en las del Imperio bizantino. La orden sigue existiendo hoy en día en distintas variantes en muchos países del mundo, desde la Soberana Orden Militar Católica Romana de San Juan hasta la voluntaria Brigada de Ambulancias de San Juan.
Fundación e independencia

La orden se estableció por primera vez en el Hospital de San Juan de Jerusalén hacia el año 1080 (o incluso antes) por un grupo de comerciantes de Amalfi (Italia). El Juan al que se dedicó en un principio era el patriarca del siglo VII, Juan el Limosnero, posteriormente sustituido como patrón por el más conocido y popular San Juan Bautista. En el hospital, que contaba con dos secciones, una para hombres y otra para mujeres, se ofrecía ayuda caritativa a los peregrinos de Tierra Santa, especialmente a los enfermos y a los pobres, aunque también había algunos no cristianos entre sus pacientes. Funcionaba bajo los auspicios de los monjes benedictinos de la iglesia latina de Santa María Latina de Jerusalén y, en 1113, la organización fue reconocida oficialmente como orden religiosa por el papa Pascual II (pontificado entre 1099-1118). Ese mismo año se nombró oficialmente a su primer maestre, el beato Gerardo, y se reconoció a sus miembros como monjes. Tras la toma de Jerusalén por los ejércitos occidentales en la Primera Cruzada (1095-1102), la orden se reorganizó y militarizó a partir de 1120 por el entonces maestre Raimundo de Podio. Entre 1135 y 1154, la Iglesia concedió a la orden la independencia de cualquier autoridad religiosa local.

 Los Hospitalarios, como se les conoce, acabaron dirigiendo la mayoría de los hospitales de Tierra Santa e incluso empezaron a construirlos en Europa, uno de los primeros en Utrecht en 1122. El hospital de Jerusalén era el más famoso, y su edificio de 75 x 40 metros podía albergar a más de 1.000 pacientes. Tal era el respeto de los musulmanes por la institución que, incluso cuando Saladino, sultán de Egipto y Siria (reinó entre 1174-1193), conquistó Jerusalén, les concedió un año a los Hospitalarios para cerrarlo y trasladar a los pacientes.

El establecimiento gradual de puestos de mando (comandancias) en toda Europa aseguró a la orden un suministro constante de fondos, materiales y reclutas. Por lo general, los puestos avanzados remitían un tercio de sus ingresos a la sede de la orden. En la segunda mitad del siglo XII, la orden se había establecido como una fuente fiable de caballeros bien armados y entrenados, de gran utilidad para los ejércitos cruzados y los nuevos estados cristianos del Oriente latino.

Organización y reclutamiento

El líder de la orden era el Maestre, cargo vitalicio elegido por un comité de hermanos caballeros. El siguiente más importante era el de Gran Comandante, responsable de la administración, los suministros y las armas. El Mariscal se ocupaba de todos los asuntos militares y disciplinarios. Otros oficiales de alto rango eran el Condestable, que dirigía a los caballeros (varios cientos a la vez) y al número mucho mayor de mercenarios que la orden empleaba regularmente, el Almirante, que dirigía los barcos de la orden (la mayoría con base en Marsella y Chipre), el Maestre Escudero, encargado de los caballos, el Confaloniero o Portaestandarte, y los diversos Castellanos, comandantes individuales de los castillos hospitalarios más grandes. Entre los hermanos no militares de alto rango se encontraban el Prior Conventual, la figura eclesiástica de mayor rango, el Hospitalario (jefe de los hospitales) y el Tesorero. Por debajo de estas figuras un amplio ejército de administradores se encargaba de todo, desde la ropa hasta los funerales de los hermanos.

En el siglo XII, Francia fue un terreno de reclutamiento especialmente fructífero y la orden llegó a estar dominada por guerreros de esa región. Los Hospitalarios también eran populares en Bohemia y Hungría, donde, al igual que en otros lugares, cualquier joven interesado en una mezcla de vida monástica y aventura militar podía alistarse. Aunque no se exigía un estatus social especial, los criminales, los endeudados o los ex miembros de otras órdenes militares no podían alistarse. Los reclutas debían llevar una vida de piedad, castidad, obediencia y relativa pobreza, y comer y dormir en comunidad.

A partir del siglo XIII, el reclutamiento se hizo más selectivo, con una clara preferencia hacia los aristócratas que pudieran proporcionar los fondos necesarios para adquirir armas y armaduras costosas. Finalmente, sólo un descendiente de un caballero podía convertirse en caballero de la orden. Los hermanos llevaban una túnica o manto negro con una cruz blanca de ocho puntas. La ropa de color y las pieles de animales estaban prohibidas. A partir del siglo XIII, los caballeros y los sargentos llevaban una sobrevesta o túnica escarlata cuando estaban en combate.

Como en otras órdenes militares, los menores podían ingresar como novicios y recibir formación durante varios años para convertirse en hermanos de pleno derecho, aunque se sabía que los Hospitalarios pretaban poca atención a la educación general, con lo que muchos reclutas seguían siendo analfabetos. Además de los caballeros, existía la categoría inferior de los sargentos, de clase aún más baja que los sirvientes y, por supuesto, los que eran puramente sacerdotes y nunca blandían una espada con ira. Una vez en el redil y habiendo jurado lealtad al Maestre, era muy difícil salir, aunque se podía comprar la propia libertad, era un escándalo.

Además de los ingresos procedentes de los nuevos reclutas y de las donaciones en metálico, la orden generaba dinero con las fincas que poseía, con el aceite de oliva y la caña de azúcar como los productos que más beneficios generaban. Los mercaderes estaban obligados a pagar tasas cuando pasaban por los territorios de los Hospitalarios. El botín de guerra y la adquisición de esclavos tampoco eran una contribución insignificante a las arcas del Maestre. Gracias a la La adquisición de propiedades y materiales, ya fuera por la fuerza, por donaciones o por su abandono tras la guerra supusieron un continuo impulso para la orden, de modo que los Hospitalarios, aunque nunca fueron tan ricos como su reputación prometía entre los forasteros, gestionaron de forma rentable granjas, monasterios, mercados, panaderías, molinos y posadas en toda Europa y Oriente Medio.

Las Cruzadas

Los Hospitalarios, al igual que otras órdenes como los Caballeros Templarios, proporcionaron unos cientos de caballeros vitales para los ejércitos cruzados occidentales, especialmente a partir de la Tercera Cruzada (1187-1192), cuando formaban los flancos de los ejércitos en el campo de batalla. De hecho, el gran líder musulmán Saladino ofreció una recompensa a cualquier hombre que hiciera prisionero a un hospitalario, tal era su importancia para los ejércitos cruzados. La orden también continuó con su importante papel de ofrecer atención médica a quienes la necesitaban.

Uno de los primeros castillos concedidos a la orden para ayudar a cumplir su función de proteger el territorio de los cruzados en Oriente Medio fue Beth Gibelin (también conocido como Bayt Jibrin), cerca de Jerusalén, en 1136, por el rey Fulk de Jerusalén. Es famoso que tuvieran una guarnición en el Krak de Chevaliers, el enorme castillo de Siria que se entregó a la orden en 1144, y que remodelaron ampliamente (cayó en manos de los mamelucos en 1271). Otro importante castillo hospitalario en Siria fue Marqab (también conocido como Margat), en manos de la orden desde 1186, y al que añadieron la enorme torre del homenaje. En total, los hospitalarios llegaron a controlar unos 25 castillos en Oriente Medio, muchos de los cuales protegían importantes zonas costeras y rutas terrestres.

 Los Hospitalarios fueron un componente clave de la Cuarta Cruzada (1202-1204) y, aunque participaron en la infructuosa defensa de Acre en 1291, se les atribuye el mérito de haber ayudado a muchos refugiados a escapar a la seguridad de Chipre. A partir del siglo XIV, se llevaron a cabo campañas regulares contra el Imperio Otomano. En 1344, los Hospitalarios formaron parte de la Liga Papal que capturó Esmirna, y en 1365 atacaron Alejandría. También hubo muchos contratiempos, sobre todo la desastrosa invasión del Despotado de Epiros (1376-1381) y la derrotada Cruzada de 1396. Sin embargo, los Hospitalarios demostrarían ser lo suficientemente resistentes como para sobrevivir al catálogo de fracasos de las cruzadas posteriores y continuaron disfrutando de su estatus como una poderosa agencia internacional de beneficios y guerra.

 


Reubicación: Rodas

Cuando Jerusalén volvió a caer en manos de los musulmanes en 1187 y los cruzados se vieron obligados a retirarse, los hospitalarios trasladaron su base, primero a Acre en 1191, y después, cuando los latinos fueron expulsados de Tierra Santa en 1291, los Caballeros Hospitalarios se trasladaron a un nuevo cuartel general en Chipre. Por desgracia, la isla carecía de un puerto suficientemente bueno y la tierra no era tan fértil como se esperaba, con lo que, en 1306, los Hospitalarios eligieron la isla de Rodas como base permanente, aunque antes debían capturarla a los bizantinos.

Una vez conquistada, Rodas fue fortificada con las defensas más fuertes del Mediterráneo en 1309, fue el cuartel general de los Hospitalarios hasta su captura por los otomanos en 1522, y constituía una base práctica para los ejércitos occidentales en su camino hacia Oriente Medio. La isla, tal y como había sido siempre desde la antigüedad, tenía una gran importancia estratégica en el Mediterráneo. La población griega ortodoxa de Rodas, considerada por los Hospitalarios católicos como cismática, fue obligada a reconocer la autoridad suprema del Papa y, en la capital, los griegos fueron obligados a trasladarse a los suburbios. El antiguo palacio se amplió, los caballeros vivían en cómodos aposentos organizados en grupos según la primera lengua del hermano y, por supuesto, sin olvidar los orígenes de la orden, había un hospital de dos plantas bien equipado que todavía se mantiene en pie tras ser restaurado y utilizado por los italianos durante la Primera Guerra Mundial.

Otra consecuencia del traslado a Rodas fue que los Hospitalarios se convirtieron en una orden militar de base naval. Tratados como ciudadanos de segunda clase, muchos de los lugareños acabarían como remeros en las galeras de la orden. Gracias a la reubicación, a partir de 1310, sus miembros pasaron a llamarse simplemente Caballeros de Rodas. A pesar de las tensiones, Rodas prosperó bajo el dominio hospitalario y, mientras el Imperio otomano se extendía, la isla seguía siendo uno de los últimos puestos cristianos en el Egeo. A mediados del siglo XV, los Hospitalarios contaban con unos 450 caballeros y 2000 milicianos en la isla, y en el exterior, siguieron gestionando una red de prioratos por toda Europa. La desaparición de de los Caballeros Templarios, y la posterior cesión de sus propiedades a los Hospitalarios en 1312 supuso otro acicate para la orden.
 

Los Hospitalarios y el Imperio Bizantino

Los Hospitalarios mantenían una estrecha relación con el Imperio bizantino: con un puesto de avanzada en la capital, Constantinopla, el emperador Manuel I Comneno (reinó entre 1143-1180), por ejemplo, empleó al prior de la orden como enviado diplomático. La orden ayudó a restaurar a Juan V Paleólogo (reinó entre 1341-1391) en el trono y recibió la gratitud de su hijo y sucesor, el emperador Manuel II (reinó entre 1391-1425). Después, mientras los bizantinos seguían luchando por mantener su imperio, Corinto, en el Peloponeso griego, fue vendida a los Hospitalarios en 1397, que solo la conservaron hasta que los otomanos conquistaron la región en 1403. Tal vez como respuesta al regalo de Corinto, los caballeros prestaron ayuda militar cuando se unieron a la campaña de Manuel II contra los otomanos y su fortaleza en Riva, en el Mar Negro, en 1399.

 La independencia de los Hospitalarios y sus estrechas relaciones con los bizantinos fue probablemente una de las razones por las que a menudo recibieron críticas de los Papas y otros líderes occidentales. Otra fuente de envidias era la riqueza que se creía que poseían. Dentro de las críticas estaba la extravagancia de su vestimenta y estilo de vida, el ser demasiado despiadados en su trato a los prisioneros musulmanes, y liberales en exceso promocionando a hombres de clase baja al rango de caballero, e incluso ser protectores descarados de los piratas. Esta última afirmación tenía cierta justificación, ya que los Hospitalarios perseguían implacablemente su estrategia de convertir las rutas marítimas del Mediterráneo en una zona de guerra continua, atacando todo lo que flotara a su alcance. Otras órdenes militares, especialmente los Templarios y los Caballeros Teutónicos, recibieron críticas similares, y fue una señal de que a finales del periodo medieval los estados desconfiaban cada vez más de estos peligrosos guerreros de élite que eran una ley en sí mismos.
 

Reubicación: Malta

Los otomanos, deseosos de quitarse de una vez por todas la espina cristiana del flanco mediterráneo de su imperio, atacaron Rodas en 1455 y de nuevo en 1480. A la tercera fue la vencida en 1522, y los Hospitalarios se vieron obligados, una vez más, a cambiar su sede permanente a otro lugar. Tras breves paradas en Sicilia y en la península italiana, en 1530, la orden eligió Malta como su nuevo hogar, concedido por el rey Carlos V de España (1516-1556). Así, los miembros pasaron a llamarse Caballeros de Malta. Los otomanos también los siguieron, pero esta vez el ataque fue rechazado en 1565. Malta no era tan buena para la agricultura, ya que solo el algodón y el comino eran fuentes notables de ingresos, pero la isla tenía uno de los mejores puertos del Mediterráneo. No podemos imaginar lo que los 12.000 campesinos de habla árabe de Malta (y los 5.000 de la vecina Gozo) hicieron con sus nuevos señores.

En el siglo XVI, los Hospitalarios también emprendieron campaña contra los árabes en el norte de África, pero la salud general de la orden estaba en declive. La ola de fervor religioso provocada por las Cruzadas hacía tiempo que había pasado y el reclutamiento se convirtió en un problema. De hecho, en lugares como la Península Ibérica, la orden se vio envuelta en conflictos entre reinos cristianos rivales. Habían terminado los viejos tiempos de la guerra santa contra un enemigo de la cristiandad claramente identificable y la perspectiva de un lugar más seguro en el cielo para los que luchaban. Además, la gestión de la vasta red de estados en toda Europa distaba mucho de ser eficiente, y la falta de una supervisión adecuada condujo a la corrupción generalizada, al nepotismo y al despilfarro de fondos y recursos. Con la desaparición de las mismas razones por las que la orden se había establecido en primer lugar, era inevitable una transformación.

Los Hospitalarios, y sus retiros isleños primero de Rodas y Malta después, habían durado como bastiones de la caballería medieval más que ningún otro lugar, pero al final, incluso allí, les alcanzó la modernidad. Hasta el papel de la orden como proveedora de hospitales fue sustituido en gran medida por instituciones gestionadas por los consejos locales, y su función tradicional como guardianes de los peregrinos tenía menos demanda, ya que cada vez menos occidentales hacían el largo y arduo viaje a la Tierra Santa controlada por los musulmanes. Aun así, la orden se mantuvo hasta que Napoléon capturó Malta en 1798, y sigue existiendo hoy en día de diversas formas en varios países, desde órdenes caballerescas que conceden medallas hasta servicios de ambulancia voluntarios, estos últimos, por supuesto, continuando con el propósito original de los Hospitalarios de prestar ayuda médica gratuita a los más necesitados.


lunes, 21 de febrero de 2022

El Muru'a y los Caballeros Musulmanes




Por definición, la cultura Islámica no puede admitir la existencia de un grupo de privilegiados, que tendrían el dominio de las armas y cuya misión sería defender al pueblo y la religión cristiana ( en el caso de los caballeros cristianos de Europa), ya que el Corán propugna la igualdad de todos los hombres. En realidad el cristianismo también lo hace, pero el Corán no sólo es un libro religioso: sino que es el libro por el que se rige toda la sociedad musulmana al estar incluído en él preceptos de gobierno, convivencia y religión.
En realidad se admite al menos una diferenciación social por nacimiento: esto es la de los "cherifiennes", las familias que pretenden descender o tener una relación directa con el profeta.

Pero aparte de éste grupo, no se puede dejar de admitir que la sociedad Islámica era una sociedad jerarquizada aunque en un sentido diferente a lo que sucedía en el mundo feudal europeo, no existe el grupo de los defensores, pero hay una jerarquía de linajes de familias. Cuanto más antigua, más cantidad de sangre árabe posea, mayores logros militares haya conquistado y mayores riquezas posea( así el número que la integra es mayor), más noble será los miembros esa familia, clan o grupo tribal; porque a ese honor colectivo se le añade un honor personal .

Parece que la función militar no es determinante, sobre todo una vez que la civilización Islámica ha alcanzado un cierto nivel de desarrollo a partir de la segunda mitad del S.VIII, para elevar el nivel de una persona o familia. De hecho a personajes de la corte, que en muchos casos han llegado allí tras una verdadera carrera de honores desde los más bajos pisos de la burocracia cortesana( eso sí, siempre es conveniente que pertenezcan o sean respaldados- o sean clientes- de una poderosa y antigua familia) se les conceden cargos militares de importancia después de su carrera civil. Claro, que algunos gobiernos, como almorávides, almohades y benimeríes, que daban la primacía la yihad (guerra santa islámica), es de entender que el elemento militar gozara de gran prestigio.

Estos cargo militares representan una importante fuente de riquezas y poder para dichos personajes pero no parecen determinantes. Sin embargo, como veremos más tarde, hubo momentos de la historia islámica en los que se estuvo muy cerca de establecerse una élite militar social, con su propia ideología y sistemas de extracción de la riqueza próximos al de la clase feudal cristiana, al frente de los estados musulmanes.

LOS ORíGENES.

Debemos empezar por los tiempos en que las tribus paganas árabes guerreaban continuamente en la Península arábiga antes de la llegada del Corán. A éste periodo de la historia del mundo árabe se la conoce por: " AI-Jahiliya".

Durante este periodo de la historia, las guerreras tribus árabes del desierto tenían su propio código de comportamiento que regulaba las relaciones honorables entre tribus y personas; todo ello constituía el código del Muru'a.

En él se encerraban las virtudes más apreciadas por los árabes del desierto. Constituía el código tácito del honor, de la virtud, de la caballerosidad y de la gallardía, mantenido y reconocido por todas las tribus; estableciéndose como una especie de orden y/o código de comportamiento(principalmente privado), construído a partir de las hazañas y los héroes de las luchas intertribales.
El honor era el tema central del código.

Ningún jefe podía seguir sin los atributos del honor: libre de culpa y mácula, debía de ser valeroso, hospitalario, caballeroso y orgulloso. Muru'a también incluía la continencia ante la adversidad, el valor en la guerra,sacrificio, honor a la palabra dada, indulgencia templanza y protección para con los débiles, la asistencia de asilo, la venganza de sangre, ser fiel, leal.. .y ,sobre todo, generoso.

La generosidad extrema constituía un tipo de heroismo más refinado que el de el campo de batalla y Hattim fue su principal exponente. Las mujeres, principalmente las de alta alcurnia ( al pertenecer a una familia poderosa, rica,con abundantes miembros y tradición militar ), también podían tener un importante papel y gozar de las mismas cualidades que los héroes caballerescos, constituyendo su propia leyenda.

Por supuesto éste código no estaba escrito ( hasta al menos 30 años antes de la Hegira), pero era recogido por las narraciones de los poetas que cantaban y alababan las acciones valerosas de tal tribu o persona.

Tradición oral fundamental en el desierto, vía de comunicación de costumbre y conocimientos.

De hecho los poetas eran muy honrados por sus respectivos clanes y tribus y ,en muchos casos, además de guardar las tradiciones, exaltar a los guerreros en la lucha con los ejemplos de sus antepasados se constituían como verdaderos representantes de sus grupos. Muchos poetas fueron excelentes jinetes y cazadores que cabalgaron en pos de aventuras y que ayudaron a establecer dicho código de caballerosidad basado en las hazañas, nobles y valerosas, en la lealtad y el sacrificio personal. Algunos autores afirman que éste código les dio a estos indómitos e indisciplinados nómadas la visión de un modo de vida más heroico e idealista, preparando así el camino hacia el islamismo y el mensaje divino del profeta.

En cualquier caso, este les otorgaba de úna tradición propia, distinta a la zoroatrista, cristiana o hebraica; considerándose los árabes a sí mismo como nobles, con un orgullo de sangre, elocuencia y poesía, su manejo de la espada y el caballo, el respeto y orgullo por sus ancestros. Todos estas tradiciones orales dieron lugar al género de los AI-Sira, que tienen como origen la narración de las luchas tribales ( Ayyan -aI-Arab)

Estos ideales paganos aún perviven. El Islamismo les dotaría de una nueva dimensión e ímpetu, aprovechando las mismas características del carácter del pueblo creyente árabe.

MAHOMA Y EL ISLAM

La llegada de Mahoma y la religión islámica supuso la expansión de las tradiciones tribales arabes al ser éstas el puéblo elegido para la expansión del Islam a través de la yihad, o guerra Santa. La yihad era un deber colectivo de todo musulmán y estaba dentro de la tradición guerrera de las tribus árabes. Si antes éstas habían combatido por el botín y el honor ahora lo harán por lo mismo aunque con el fundamental acicate, y elemento de unidad, de la religión Islámica. Ser un hombre de yihad se convertirá en un elemento fundamental para cualquier buen caballero y/o caudillo.

HONOR Y LINAJE.

Lo que no destruyó el Islam fue la organización tribal de la sociedad árabe. Organización que , junto a sus valores, se impondría allí donde las armas musulmanas triunfaran, aunque fueran sobre pueblos con una teórica superioridad cultural a la civilización Islámica en sus primeros tiempos. Además la organización tribal también era común a todos los pueblos nómadas del norte de Africa que se unirían al Islam a finales del S. VII. La estructura tribal era el núcleo de la vida y la organización social. Su organización era la siguiente:

Teniendo como unidad social y económica a la tienda (beit), se pasaba al campamento rama de un linaje familiar y de allí al linaje y al clan, para acabar englobados en una determinada tribu. El individuo debía lealtad absoluta e indivisa primero al clan y luego a la tribu. En el concepto del honor es más importante el "ser" que el "tener". Cuanto una familia o tribu más cantidad de sangre árabe poseyera, mayor fuera la antigúedad de su linaje, y hubiera conseguido mayores logros militares y más rica fuese ( y cuente así con un mayor número de clientes); mas importante serias esa familia, tribu y sus miembros en la sociedad y estado donde se desarrollaran.

Aunque el concepto del honor y de la nobleza de sangre eran determinantes, la riqueza también pesaba en su consideración social. Sin embargo, y aunque el Islam no hace diferencias sociales de base, en realidad si existía esa diferencia social basada a la adscripcion a clanes agnáticos. De ahí que se entienda la importancia que se daba al estudio de la genealogía de cada grupo.

Mientras que Ibn Kaldún propugnaba la importancia decisiva de la pureza de sangre, árabe, de un linaje; Averroes prefería cifrarlo en la ancianidad del establecimiento de una familia y la ilustración de sus miembros.

El Sharaf, el honor, es el elemento determinante en la diferenciación de la categoría social, existiendo varias graduaciones y tipos diferentes de Sharaf. Existe un honor individual (esencialmente masculino) determinado por sus actos y el de sus familiares; y un honor del grupo familiar determinado por los actos de sus miembros. El sharaf o nif es el honor masculino de carácter activo; el cual aumentaba cuanto más importantes fueran las hazañas militares que llevara a cabo él y su grupo familiar. Pero también existe un honor femenino, de carácter pasivo: el ird o hormcen, propio de las mujeres que deben destacarse por su honestidad, timidez y castidad. Si este honor femenino llega a ser violado por otra tribu supondrá una de las mayores desgracias y pérdida de honor para la tribu humillada. De hecho el rapto de mujeres de campamentos de clanes enemigos era considerado como una de las mayores hazañas, ya que secuestrar a las mujeres ataca directamente a una parte del honor del grupo. De ahí la tradición endogámica de la sociedad tribal. El ceder una mujer para una boda con un miembro de otro clan era un signo de debilidad. Los grupos más fuertes tienden a acaparar las mujeres en detrimento de los grupos más débiles.

Para reunir; en una sociedad patriarcal el honor viene determinado por la conducta y los actos de los hombres (aunque la mujer tenga su propio honor que debe se ser protegido a toda costa). Los valores son el honor y la vergüenza. La importancia viene determinado por la riqueza. La magnitud del linaje, la pureza de sangre árabe y la valentía y el poder militar (más la hospitalidad) .

Cada clan tenía su propio poeta y orador para loar las heroicas hazañas de los miembros del clan, tanto vivos como muertos. El honor individual y familiar (beit) se extiende sobre todo el linaje y es llevado en herencia. Ser miembro de un clan o linaje imponía algunas obligaciones y respuestas bien definidas (cuanto mayor fuera la categoría de la familia a la que se pertenecía, mas se esperaba de las acciones de sus miembros).

El honor suponía la sumisión a las normas tradicionales de conducta y requería de hechos activos, para lograr la superioridad y distinción. De hecho las luchas sociales entre tribus podían ser realizadas de diferentes modos, dando lugar a diferentes grados de reputación y de prestigio. El honor debía ser considerado como más importantante que la vida misma y de hecho constituía un elemento primordial para el orden social, constituyendo un código de moralidad y que cuya ruptura podía afectar al equilibrio social existente.


LOS CABALLEROS MUSULMANES.

Con la llegada del Islam, el ideal de caballero sigue vivo y adquiere un nuevo significado y horizonte. El caballero árabe se llama " faris" y sus virtudes son el valor en la batalla, prudente en el consejo, la fidelidad a los amigos, el amor a la verdad y a la palabra dada, elocuente en el habla, magnánimo con los enemigos, la protección a viudas, huérfanos y pobres, la generosidad, la veneración a las mujeres y la liberalidad (sobre todo con los poetas) . Todo ello caracteriza, y es algo reconocido por todo el mundo árabe, a Ali ben abi Talib, yerno del profeta y casado con su hija favorita, considerado el ideal del caballero árabe y primer paladín del Islam.

Las hazañas de Mahoma y sus compañeros durante los primeros tiempos de la expansión islámica dieron lugar al género " AI-Siyar wa-l-Magazi". Todo ello tiene su origen en la tradición de los narradores tribales. Con los primeros musulmanes ésta tradición se hizo escrita y al principio estaba muy ligado la figura del narrador y del historiador. Los primeros fueron perdiendo prestigio conforme avanzó la cultura; sin embargo siempre se reconoció la importancia de las narraciones para recordar a los antepasados y reforzar los ánimos. También existió el género de los Sirat, verdaderas biografías caballerescas que se pueden comparar con las novelas de caballería cristianas como Amadis de Gaula o Tirante el Blanco.

Por otra parte la introducción de la religión islámica también produjo la elevación de los ideales caballerescos a través, principalmente, de la escuela Suffí; dando lugar al camino de la Futuwah. La Futuwah es el heroísmo espiritual de los valerosos y que remite a la excelencia del comportamiento, siendo una realidad espiritual y un modo de comportamiento ético que acerque al individuo al estado de Wali, santidad. Siendo la nobleza de comportamiento elevada, consiste en responder al deber del honor y del espíritu caballeresco, preservando la religión, visitando a parientes y enfermos, ocupándose de las buenas acciones y relacionandose con asuntos mundanos. Constituye una especie de forma de continuidad elevada, en el contexto islámico, de los valores caballerescos árabes (bravura, generosidad, etc)

LOS ESTADOS MUSULMANES

La descomposición del imperio abbasí en Oriente permitió ver la aparición de jefes militares que se habían imponiendo progresivamente a la autoridad del Califa; principalmente por persas y turcos que habían creado verdaderos principados militares, Ya en el 880 se había incrementado la importancia de la administración militar sobre la civil, debido al pago en botín y tierras a los combatientes de la fe (y del estado) .
Ello dio origen al feudalismo militar de hecho ya que teóricamente el estado se reservaba la propiedad eminente de los territorios, permitiendo el usufructo de las tierras por parte de los soldados a cambio del diezmo de la limosna. Este sistema( "itqa"), provoco en en el mediano oriente que que, las tropas se convirtieran en verdaderos ejércitos privados de sus capitanes, propagando la desintegración de la autoridad califal y la integridad del estado, El sistema de feudos militares había sido establecido en 1087 por Niozain al-Mulk (Bagdag), que reconoció las primeras heredades, dando así pie a la creación de estados semi-independientes.

Ésta élite militar selyúcida, sería sería sustituida por los turcos otomanos, así como en Egipto se impondrían los mamelucos.

La época de las cruzadas es otro periodo donde renace el ideal caballeresco, propagado por la misma propaganda de la época. Destacan dos figuras en el S. XII, que van a llevar a cabo la contraofensiva de las fuerzas islámicas: Nur-al-Din y Saladino. Del primero se decía que no había existido ningún hombre tan virtuoso y justo desde los primeros tiempos del Islam. Se le alababa por jefe militar, por su austeridad y valor y consiguió presentarse como hombre piadoso, reservado, justo, respetuoso con la palabra dada y totalmente entregado a la yihad.
De Saladino , que cautivaría la imaginación caballeresca de la Europa Cristiana, se le destacaba por su generosidad (considerada por algunos como excesiva), humildad, valor, justicia y dedicación a la yihad; por su carácter humano y hospitalario. Las Cruzadas fueron, entre otras cosas, un periodo donde se encontraron dos tipos de ideales caballerescos, que en realidad hubieran sido muy parecidos si no hubieran estado muy impregnados de un matiz religioso; ya que los "caballeros" de un lado y otro, bien fueran pertenecientes a una élite nobiliar-feudal de tipo militar o guerreros de importantes familias árabes, tenían como misión luchar por su fe.

A pesar de la propaganda contra el enemigo, en ambos lados se reconocía la valentía, fortaleza o habilidad de los guerreros y caballeros enemigos, dándose casos de auténtica confraternidad de ideales entre caballeros cristianos y musulmanes.

AL -ANDALUS

La situación en el Al-Andalus, con respecto a la existencia de una posible clase caballeresca es la misma que en el resto del Islam, aunque presente sus propias características y peculiaridades. Ya hemos dicho que conceptos tales como honor, linaje , familia, orgullo guerrero, o incluso -la existencia de clientelas, estaban en el Islam, como consecuencia de su evolución a partir de las tribus nómadas de Arabia, estrechamente ligado al sentido de tribu y clanes agnáticos. La posible vía de una mayor mezcla a nivel cultural y social quedaba rota por la separación de la sociedad en comunidades religiosas. La posible vía de integración del elemento musulmán en una mezcla igualitaria de rasgos Visigodos fue deshecha, en el 716, con la muerte de Abd-lAziz, hijo de Musa, que se había casado con Egilona, la viuda de Rodrigo.

Se puede decir, que prevaleció el componente inmigrado árabe-beréber, sobre el indígena, el cual se integraría en un plano de total sumisión cultural, si exceptuamos el elemento mozárabe. Ello se debió a una emigración colectiva de otros contingentes, a partir de mediados del S.VIII como sirios y beréberes.Lo cual provocó una mayor arabización y tribalización de la sociedad. Además la influencia de la supremacía árabe llegaba a todos los campos en los territorios ocupados. Actualmente se habla de un medio tribal árabe en la España musulmana.

La organización militar debió de ser fundamental en el mantenimiento de los clanes agnáticos, al mantener una solidaridad entre los miembros de un mismo "kawn" tribal, establecidos en el interior de un mismo límite o " kura ", que se realizó durante un proceso que abarca de los S.VIII al XI.

Ese proceso, del que con Almanzor aún vemos claras pinceladas, ya se había iniciado con la llegada de los feudatarios sirios u orientales de Jordania, Egipto y damasco (los yundíes de Baly b. Bisir, que habían sido derrotados en el norte de África y que pasarían a la península como clientela (mawali) de Abd al-Rahinan el Inmigrado); tropas y población que se convirtieron en una especie de oligarquía o aristocracia, orgullosa de su habilidad guerrera(caballería) y de su sangre árabe.

Ello provocaría conflictos con los beréberes, que acabarían sometidos y arabizados. Esta población fue asentada por el sistema de la "Igta", que era un modo de concesión administrativa sobre un territorio, sobre el que se ejercía básicamente un derecho de fiscalidad( la tierra era propiedad del estado), a cambio del pago del diezmo; y que era una forma de pago de los combatientes de la fe. Aún cuando el sistema se fue haciendo cada vez más hereditario, parece ser que el estado no perdió el control de las mismas, evitando así la creación de una nobleza feudal. Cuando el califato se desintegre no será a causa de problemas rey- nobleza feudal, sino que básicamente se debió a contradicciones y tensiones internas, básicamente de componente socio-racial.

Según el derecho musulmán no existía ninguna diferencia legal entre los miembros de la comunidad, aunque sí existía una estratificación en la realidad.

Aparte de los llamados descendientes del profeta, nos encontramos con la categoría social ( y "no clase social") de la " Jassa",o la élite, formado por patricios de las principales familias de sangre árabe y parientes, más o menos lejanos, del califa durante el tiempo del califato. La jassa podía estar integrada por ciertas categorías de altos funcionarios de la administración central( y ello incluía a aristócratas árabes, libertos u otros personajes de origen beréber)

A pesar de esa diferencia nadie ha probado la existencia de relaciones de tipo vasallático o feudal en la sociedad musulmana, donde prevalecieron las relaciones familiares y unidades tribales; siendo la religión y el clan las bases de la sociedad.
Existía toda una jerarquización a nivel familiar y a nivel oficial por el puesto ocupado en la corte. Sin embargo el puesto en ésta era, en la mayoría de los casos, el resultado de un auténtica carrera de honores, aunque siempre era importante pertenecer o contar con el apoyo de una vieja y distinguida familia.

CONCLUSIONES

En definitiva, desde un punto de vista estrictamente legalista no se puede hablar de la existencia de un estamento social equiparable a la nobleza cristiana de Europa, en el mundo Islámico. Sin embargo, dejando aparte el fundamental matiz religioso que separaba ambas civilizaciones, nos encontramos con un ideal de caballería que es prácticamente el mismo en ambos lados y que es consecuencia de la importancia de la actividad guerrera y los lazos de sangre. En ambos campos son reconocidos los mismos ideales caballerescos: valor en el combate, fidelidad a los amigos y a la palabra dada, prudencia en el consejo, protección a los más débiles, generosidad y magnanimidad (aunque esto pueda ser matizable), trato delicado para con las damas, honor personal y familiar, importancia por el respeto a los antepasados.... sin embargo a los grupos que afectan difieren en su composición.

En el mundo musulmán un mismo honor es compartido por todos los miembros de la tribu, aunque cada uno de ellos pueda tener un honor personal. El sentido clánico y tribal supera las concepciones cristianas de honor familiar y aunque el sentido de superioridad militar es fundamental, éste no deriva de una concepción divina de la división de la sociedad; sino que es consecuencia de la tradición guerrera de todo un pueblo, con un sentido de las relaciones de sangre mucho más amplio que las de la aristocracia cristianan europea.

Aunque existan clientelas, no se producen relaciones de vasallaje en el mundo Islámico. Si en el ideal caballeresco de ambos lados se destaca la importancia de la defensa de la religión, en el bando cristiano ésta labor es casi exclusiva de la clase caballeresca feudal; mientras que en el mundo musulmán constituya un deber colectivo.

Por otra parte, ese mismo ideal dio lugar a obras literarias y festejos realmente equiparables. Además, sobre la misma época, se cierne el espectro del progresivo e inevitable deterioro del ideal caballeresco y de las gentes que lo representan: en ambos bandos van a surgir voces que expresan su protesta ante la existencia y aparición de ricoshommes que por el sólo hecho de portar armas se pretenden caballeros, o que claman contra la aparición en el campo de batalla de las innobles armas de fuego.
En fin, a nivel personal muchos hombres podrían haber cambiado de religión y sin embargo continuar con el mismo espíritu caballeresco. Sin embargo la integración de éstos hombres e ideales en cada una de las sociedades se haría a niveles diferentes.