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viernes, 19 de julio de 2024

16 de julio, 812 Aniversario, Festividad de la Victoria de la Batalla decisiva de las Navas de Tolosa contra los invasores.

 


Deus Vult,  In Memoriam 16 de julio de 1212 - 16 de julio de 2024 Caídos por Dios y por Españá .

En el contexto de la Cruzada de liberación de Hispania el pasado 16 de julio conmemoramos la Victoria en la Batalla de las Navas de Tolosa.
Unos 30.000 cruzados hispanos bajo el mando de su Majestad el Rey Don Alfonso VIII de Castilla frente a más de 100.000 sarracenos invasores norteafricanos que nunca más volvieron a enfrentarse abiertamente a los cristianos en nuestra sacra Tierra Hispana. 
Tras la muerte de Su Majestad el Rey Don Alfonso VIII, su hijo el Rey Don Fernando III el Santo libertador de Andalucía Central y Occidental y su nieto el Rey Don Alfonso X el sabio, prácticamente erradicaron en sus tres reinados la invasión sarracena invasora de Hispania.
En oración infinita pedimos por la eterna gloria de esa Saga de Reyes venerados de Castilla que tanto bien hicieron por España, Don Alfonso VIII, San Fernando y Don Alfonso X, así como por todos los Cruzados que a través de los tiempos participaron en defensa de la invasión de España

Deus nobiscum,  Vive Christus Rex !!

lunes, 5 de febrero de 2024

El comienzo. La caballería Híspanica


Cuando se habla de las Caballerías y de las Cruzadas automáticamente se asocia con Francia. Todos los méritos en la formación de la Caballería, como aportación hispánica quedan silenciados, tal y como se refleja en la “Chanson de Roland”, en la que la gesta de los navarros al derrotar al invasor Carlomagno sería transformada por el galo en un ataque traicionero de los sarracenos a la retaguardia imperial. A esto también colabora el historiador Otto Brunner –adscrito al partido nacionalsocialista alemán-, que refiere la fundación de la Caballería francesa como artífice de la defensa contra el sarraceno innovada por Carlos Martel; todo con el único objetivo de despreciar la aportación hispánica.
La tradición ecuestre en la batalla proviene de los visigodos asentados en la península ibérica y fue exportada a Francia. Autores romanos hablan de los famosos jinetes ibéricos, que con su caballería ibérica ligera como el viento, ágil y valerosa fue durante años el terror de los pretores romanos: admiraban el valor de los “soldurios”. Aludían a la “Devotia Ibérica”, que era un principio de fidelidad a su señor y a un fervor “religioso” (en aquel tiempo a divinidades paganas)
Los reyes visigodos a fin de defender el trono por las continuas acometidas de la nobleza, se rodearon de guerreros llamados “Gardingos”, fundándose un vínculo personal de fidelidad recibiendo a cambio donaciones de tierras. Algunos de estos “Gardingos” habrían llegado a la Galia franca, conservando sus hábitos de guerrero luchando como jinetes, ante la extrañeza de los francos que preferían hacerlo a pie. De ahí proviene la influencia de la caballería hispana que fue imitada por los francos, si bien manipulando el origen.
Siguiendo el ejemplo del “gardingato”, los reyes de Asturias, de León y de Navarra se rodearon desde el siglo IX de “Fidelis Regis”, que les prestaban servicios tanto palatinos como bélicos y que les unía una relación de fidelidad. Incluso, en el año 974, el Conde Soberano de Castilla, García Fernández, a fin de potenciar la caballería castellana otorgó estatuto jurídico de Infanzones a los habitantes que le sirvieran como jinetes en la guerra, a cambio de privilegios y derechos igualados a los nobles.
Así se dignificó la milicia a caballo en Castilla al servicio del soberano a diferencia de Francia en la que los Caballeros no eran más que simples servidores de los Señores feudales.
Por otra parte, en Navarra, los caballeros se organizaron en Cofradías, bajo una advocación religiosa y ordenadas hacia el servicio de la defensa de la Cristiandad en la lucha contra el Islam. Los propios reyes se denominaban Caballeros y se igualaban con los demás miembros de las Cofradías, formando la Orden de Caballería.
Comenzaba a imponerse el servicio a una misión más grande, que iba más allá de la mera servidumbre al Noble. Se servía al Rey, por tanto, al bien común. Y ese bien común se fundaba en la defensa de la Cristiandad.
En el año 905, el rey Sancho Garcés I “El Grande”, nada más acceder al trono convocó a la juventud noble de su reino para que olvidaran sus rencillas internas y se unieran en el objetivo común de combatir al sarraceno como Caballeros en la defensa del reino.
El Papa Gregorio II ratificó la Orden de Caballeros de la Encina, cuyo origen se remontaba al año 722, cuando García Jiménez se preparaba para el combate contra el sarraceno y al elevar la vista al cielo para pedir el auxilio divino vio sobre una encina el símbolo de la Cruz; mandó a sus guerreros ponerse una cruz sobre sus pechos y lanzarse al combate iniciándose así la Reconquista de Navarra. El lema de la Orden era “Non timebo millia circundastes me”
En al año 1023, el rey navarro Sancho Garcés III “el Mayor” que se rige por la Norma de San Benito, instituye la Orden de Caballeros denominada de los Lirios, cuya enseña eran dos lirios celestes y en medio Nuestra Señora de la Encarnación, Patrona de la Orden, con el lema “ Deus primum christianum servet”; a fin de continuar la oposición contra el Islam se funda la Orden de caballeros de la Teraza, bajo la advocación de la Virgen de Nájera.
Así pues en los reinos hispánicos existía una gran diferencia entre un Caballero y un simple jinete armado, por lo que sería el ejemplo de la Caballería Hispánica el que fue llevado a Francia como modo de cristianizar y combatir al sarraceno.
Pero la ocasión de elevar a estos Caballeros a una misión sagrada se presentó con ocasión de la pedida de ayuda del rey aragonés Ramiro I para combatir a los mahometanos en Barbastro.
Acudió a la Santa Sede para solicitar el auxilio y reformar el sistema de concordato que existía de los demás reinos cristianos con los mahometanos en forma de tributos. Se consolida la idea de que los reyes cristianos deben luchar contra el Islam, no lucrarse con los impuestos. El Papa Alejandro II emite su Decreto “ Dispar Nimirum”, a fin de convocar a la lucha contra los sarracenos de Barbastro.
Y allí quedaron convocadas las tropas cristianas que, tras un asedio de cuarenta días, cayó en manos cristianas.
Este momento fue crucial para el concepto de las Cruzadas. Se puede definir como la Primera Cruzada: la hispana convocatoria de guerreros cristianos de varios reinos con el objetivo de la defensa suprema de la Cruz.
¿Qué le debe Europa a España? Aquí tenemos uno de los innumerables ejemplos: los Caballeros cristianos y la iniciativa de las Cruzadas. No olvidemos nuestra historia.
 

jueves, 11 de enero de 2024

Urraca I de León


 La primera reina que reinó por derecho propio en la península ibérica fue doña Urraca I de León . Se trata de un personaje absolutamente excepcional e insólito en el medioevo hispánico: por su condición de mujer, por su importancia e influencia en los hechos de la época en la que vivió y las divergencias que provocó, maltratada físicamente y psicológicamente por su segundo esposo y también por sus súbditos, demostró tenacidad y fuerza indomable, pero no ha sido apreciada justamente por la historia .Doña Urraca era bisnieta de un rey de Navarra, un rey de Aragón, una condesa de Castilla y un rey de Francia, un linaje excepcional, hija de Alfonso VI, que dicho sea de paso tuvo cinco esposas legales Inés de Aquitania, Constanza de Borgoña, Isabel de Francia, Berta de Toscana y Beatriz Urraca “La Temeraria”, apodo con el que pasó a la posteridad, tenia ciertas características tendientes a la violencia e incluso le reconocen “méritos” virtuosos en un hombre, pero impropios en una mujer, por lo que Doña Urraca es una figura histórica muy controvertida, poseedora de gran habilidad, carácter y determinación, su personalidad y las circunstancias históricas Era doña Urraca hija primogénita de Alfonso VI de Castilla y de Constanza de Borgoña, nació en León en el año 1081. Contrajo matrimonio con apenas doce años con el conde Raimundo de Borgoña, de quien nacería el futuro Alfonso VII en 1105 y su hija Sancha Raimúndez. Urraca se convierte en la única heredera a los tronos de León y de Castilla tras la muerte de su hermano Sancho en la batalla de Uclés en 1108. Alfonso VI en Toledo convoca una Curia para proclamar a Urraca sucesora y jurar en el Alcázar de Toledo como futura Reina de Castilla y de León .Al quedar viuda, su padre quiso casarla con Alfonso el Batallador, intentando evitar disputas ente leoneses y castellanos Las capitulaciones preveían que todos los reinos del matrimonio pasarían al heredero común, lo que excluía de la sucesión de León y de Castilla a Alfonso Raimúndez, hijo de Urraca, que era conde de Galicia Urraca murió durante el parto de un tercer hijo del conde Pedro González de Lara, con 45 años de edad en el castillo de Saldaña en Palencia, el 8 de marzo de 1126 y por deseo suyo fue enterrada en el panteón real de San Isidro en León, como era tradición de los reyes de León, tradición rota por su padre, Alfonso VI de León, quien recibió sepultura junto a la mayoría de sus esposas, entre ellas Constanza de Borgoña, madre de la reina Urraca, en el Monasterio de San Benito de Sahagún. Le sucedió en el trono castellano-leonés su hijo primogénito, que reinaría como Alfonso VIII. Trató durante su vida de hacerse respetar por sus súbditos y cuando se sentía agraviada gritaba: “¡El rey soy yo!”. Se autotituló: Totius Hispaniae Regina, emulamdo el titulo imperial que ostentó Alfonso hasta la anulación matrimonial: Alfonsus Gratia Dei Imperator de Leone et Totius Hispaniae Rex, de haber prosperado esta unión dinástica la unificación de los reinos cristianos de España y Portugal se hubiese materializado

miércoles, 20 de diciembre de 2023

La carga de los Tres Reyes. Las Navas de Tolosa.


En 1194 el califa almohade Yaqub al-Masur había enfermado de gravedad, por lo que su hermano, Abu Yahya, gobernador de Al-Andalus, fue a Marruecos para reclamar el trono. Eso desató un conflicto civil, que intentó ser aprovechado por Alfonso VIII de Castilla para atacar Sevilla y sus alrededores, rompiendo la tregua establecida previamente.  
Al-Mansur derrotó a su hermano y reunió un ejército para enfrentar a sus enemigos y en 1195 venció a las tropas castellanas en Alarcos. Al triunfo siguió la conquista de Trujillo, Pasencia, Talavera, Cuenca y Uclés y dejó debilitado al reino de Castilla. El victorioso Al- Mansur murió en 1199 y le sucedió su hijo Muhammad al-Nasir.  
Al-Nasir ambicionó continuar realizando progresos en al-Ándalus por lo que en 1211 reunió un ejército poderoso, cruzó el estrecho de Gibraltar y capturó el castillo de Salvatierra. Alfonso VIII percibió la amenaza sobre Toledo y el valle del Tajo y decidió enfrentarse en una batalla decisiva, para la cual requería de mucho apoyo. Solicitó la ayuda del papa Inocencio III que convocó una cruzada para facilitar la llegada de contingentes de toda Europa.  
Alfonso VIII consiguió el apoyo del rey Pedro II de Aragón y de Sancho VII de Navarra, además llegaron caballeros de toda Europa, especialmente de Francia. Según Francisco García, los cristianos tenían unos 4000 jinetes y 8000 infantes. Los musulmanes tendrían el doble. Fue la ciudad de Toledo en donde se concentró el ejército cristiano.
Alfonso VIII tomó la iniciativa y con la ayuda de un pastor, atravesó la sierra y llegó a las cercanías del ejército musulmán, llamado Las Navas, el 13 de julio de 1212. El día 16 se produjo el enfrentamiento.  
Los cristianos se desplegaron en tres columnas de ancho por tres de profundidad y dieron inicio a la batalla. Los almohades se defendieron y estuvieron a punto de rodear al ejército cristiano, el cual mantuvo el orden y repelió los ataques. La lucha duró casi todo el día, hasta que la retaguardia cristiana entró al ataque y derrotó a los musulmanes. Las tropas victoriosas se apoderaron del campamento de al-Nasir, quien huyó del campo.  
Los cristianos capturaron un rico botín, a la vez que sus pérdidas, aunque no hay consenso, fueron escasas; no así las almohades, que fueron más de 10 000.
La batalla de las Navas de Tolosa fue un parteaguas, pues se inició el declive almohade en la península Ibérica a la vez que el avance cristiano cobró auge y se amplió unas tres décadas después, hasta reducir los territorios musulmanes al reino de Granada.

La batalla de Covadonga contada por los musulmanes


(Isa ibn Ahmad al-Razi fue un historiador y escritor árabe, cronista del califa al-Hakam II en la segunda mitad del siglo X. Hijo de Ahmad ibn Muhammad al-Razi, también historiador, finalizó en Córdoba después de año 977 la composición de la obra más famosa de su padre, Historia de los reyes de Al-Andalus.)
"Dice Isa ben Ahmad al Razi que en tiempos de Anbasa ben Suhaim Al Qalbi, se levantó en tierra de Galicia un burro salvaje llamado Pelayo. Desde entonces empezaron los cristianos en Al-Ándalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, las que no habían esperado conseguir. Los islamitas, luchando contra los politeístas y forzándolos a emigrar, se habían apoderado de su país hasta llegar a Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres.
Los soldados no pararon de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían que comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las grietas de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al fin y al cabo les despreciaron diciendo: «Treinta asnos salvajes, ¿qué daño nos pueden hacer?».
La historia siempre tiene varias versiones, y siempre es necesario huir de la que es evidente propaganda.

jueves, 7 de septiembre de 2023

Despierta Hierro !!!


(«¡Despierta hierro!»)Uno de los gritos hispánicos más conocidos. Los almogávares, una infantería ligera al servicio de la Corona de Aragón durante la Reconquista, golpeaban sus espadas contra el suelo haciendo saltar chispas contra las piedras al grito de guerra: «Aur, aur... Desperta ferro» («escucha, escucha...Despierta, hierro»)

Más allá de los tercios, si hay una figura legendaria en la historia militar peninsular esa es la de los almogávares, las temibles tropas de choque de la Corona de Aragón, cuya aventura les llevó por medio mundo a combatir prácticamente como fuerzas mercenarias para distintos jefes.

Estos soldados de infantería ligera no fueron exclusivos de la Corona de Aragón, ya que fueron comunes en todos los reinos cristianos de la Península Ibérica, aunque fueron los aragoneses los que mayor fama y gloria alcanzaron.

En un principio eran pastores pirenaicos que habían perdido sus tierra en las luchas de la Reconquista entre cristianos y musulmanes. En muchos casos quedaron en una zona de nadie, entre ambos bandos, en tierras que se poblaron de personajes de frontera, como lo fue el propio Cid Campeador. Ante la falta de una autoridad clara, poco a poco se fueron convirtiendo en guerreros al tener que saquear a los musulmanes para poder mantener a sus familias.

El origen etimológico de la palabra almogávar viene del árabe, de al-mugawir («el que provoca algaradas») o de al-mujabir(«el portador de noticias»), en relación con el que explora, refiriéndose a sus dos funciones más importante: combatir y espiar.

Los almogávares empezaron a trabajar para la Corona de Aragón, tanto en la Reconquista contra los musulmanes, participando por ejemplo en la batalla de las Navas de Tolosa, como en la península itálica, en Sicilia, en las campañas aragoneses contra el avance de los turcos.

Armamento

Se caracterizaban por combatir a pie, con armas y bagajes ligeros, generalmente con un alfanje, especie de espada corta colgada de una correa; una lanza corta (azconas) o un simple palo con un pincho de hierro en la punta, dos venablos capaces de perforar los escudos enemigos, un cuchillo largo llamado coltell y en ocasiones un pequeño escudo redondo como única defensa.

Poco a poco incorporaron otros elementos como una especie de casco y una cota de malla que colocaban sobre una vestimenta austera consistente la mayoría de las veces en un blusón. Llevaban también un grueso cinturón de cuero, calzas de cuero ajustadas en las piernas y abarcas de cuero en los pies.

Solían llevar en un zurrón piedra y yesca para hacer fuego. A la hora de entrar en combate, golpeaban sus espadas con la piedra haciendo soltar chispas, y gritaban, provocando el pánico en sus oponentes. Característico era su grito de “Aur, aur... Desperta ferro” (”escucha, escucha...Despierta, hierro”), aunque entonaban también otros como “Aragón, Aragón” o “San Jorge”, en su alusión a la corona para la que luchaban.

Tácticas de guerra

Destacaron en el campo de batalla, no solo por su fiereza y valentía, sino por lo novedosas que fueron sus técnicas para la época: solían combatir en grupos autónomos y pequeños, de cinco a quince hombres; no usaban caballos y se movían a pie y de noche, buscando siempre el factor sorpresa; de hecho, su modo de luchar era más habitual de un grupo guerrillero que de un auténtico ejército. Cuando se enfrentaban a la caballería buscaban atacar las patas de los caballos, descabalgando al jinete y matándolo en el suelo con su cuchillo.

Su misión principal era reconocer el terreno por donde avanzaba el ejército contrario, acosar al enemigo, atacar por sorpresa sus guarniciones e interceptar sus convoyes de suministros. Guerreaban de forma autónoma, pero podían hacerlo también en colaboración con la caballería, aunque no requerían el apoyo de los jinetes. Y es que era un pueblo cuya dedicación permanente a la guerra era su forma de vida, la remuneración, basada en el saqueo y en la venta o rescate de prisioneros; la resistencia; el armamento ligero y la organización jerárquica: almogávar (soldado raso), almocadén (capitán) y adalid, el máximo rango.

Imperio Bizantino

Tras terminar su “trabajo” para la Corona de Aragón, una vez asentada la frontera con los otros reinos de la Península, y su paso por las guerras italianas donde mantuvieron a raya a los turcos en Sicilia, fueron llamados para luchar contra los otomanos en Anatolia, para el Imperio Bizantino.

Se forma así la Gran Compañía Almogávar teniendo al frente a Roger de Flor, nacido en la ciudad italiana de Brindisi en 1266 de madre italiana y padre alemán, caballero y miembro de la Orden del Temple de la que fue expulsado al caer finalmente San Juan de Acre en 1291. Tras su expulsión pidió asilo como mercenario al rey Federico II de Sicilia, hijo de Pedro III de Aragón, quien le nombró caudillo de la Gran Compañía Catalana de los temidos almogávares.

Para acudir a luchar con los otomanos, De Flor pidió esposa y el título de Mega Dux, al emperador bizantino, lo cual le fue concedido. La expedición zarpó de Sicilia en verano de 1302 a bordo de 36 naves con miles de almogávares, jinetes y peones, además de las mujeres e hijos que les acompañaban. Estimaciones modernas hablan de 2.000 jinetes y 10.000 infantes aragoneses, catalanes y valencianos combatiendo en la Gran Compañía Almogávar de Oriente, número elevado a 18.000 si se consideran auxiliares y los tripulantes de los barcos.

Tras su llegada a territorio bizantino entran en batalla contra los turcos, logrando numerosas victorias en Filadelfia, Magnesia y Éfeso, y obligando al enemigo a retirarse en Cilicia y en Tauro. Sin embargo, luchas de poder y problemas de avituallamiento hacen que se encaminen hacia Tesalia, que un siglo antes había caído en manos de barones francos tras la Cuarta Cruzada, y no había sido recuperada por los emperadores de Nicea al tomar Constantinopla.

Todo parece ir bien en el campo de batalla y, como recompensa, en 1304, el emperador de Bizancio nombra «César» a Roger de Flor, el líder de los guerreros catalanes, pero este hecho desata las envidias entre los bizantinos. Miguel IX Paleólogo, hijo del emperador Andrónico, invita a Roger de Flor a una celebración en su honor en Adrianópolis. Tras los festejos, mercenarios alanos asesinan al líder almogávar: era el 4 de abril de 1305.

Sin embargo, el tiro le salió por la culata a Miguel IX Paleólogo pues, en lugar de rendirse y regresar a la Corona de Aragón, los guerrilleros hispanos hacen justo lo contrario y ponen en marcha lo que la Historia ha dado en llamar la «venganza almogávar»: arrasan pueblos y aldeas y derrotan a los griegos, ante lo que el emperador envía un gran ejército contra ellos, pero cae derrotado, muriendo unos 26.000 bizantinos. Después, los almogávares persiguen a los mercenarios alanos de cuyo grupo salió el asesino de Roger de Flor, asesinando a todos menos a sus mujeres: 8.700 muertos.

La mayoría de las batallas que ganaron fue en inferioridad numérica, lo que alimentó su leyenda de invencibles. Una de estos enfrentamientos fue contra un ejército enviado por el emperador bizantino en el que 8.000 almogávares vencieron a 30.000 genízaros turcos, que perdieron casi dos tercios de sus tropas antes de retirarse. También lograron una gran victoria sobre los mercenarios alanos provenientes del Mar Negro asesinando a todos menos a sus mujeres: 8.700 muertos.

Atenas y Neopatria

La traición le salió cara a los bizantinos tanto en vidas como en territorio, aunque sí consiguieron que dejaran Bizancio pues, terminada su venganza, los almogávares son contratados por el duque de Atenas, Gualterio V de Brienne, para luchar contra los griegos. Sin embargo, una vez realizado el trabajo, el barón de Brienne se niega a pagarles y los almogávares se enfrentan a él, derrotándolo en la batalla del río Cefiso (1311) y toman posesión del ducado en nombre del rey de Aragón, negándose a devolverlo al teórico legítimo heredero del barón. Muy al contrario, aprovechan para ampliar sus territorios con Neopatria (las tierras del duque de Tesalia, muerto sin descendencia), pasando estas tierras al control de la Corona de Aragón.

En 1331, un fuerte ejército armado en Francia con el beneplácito del Papa intenta recuperar Atenas, pero es derrotado. El dominio de los reyes de Aragón sobre estos ducados se mantuvo hasta 1391.

Pero más allá de las aventuras de estos almogávares, también lucharon para la Corona de Aragón en el resto de la península y, así, jugaron un papel fundamental en la Reconquista, estando presentes en el intento de toma de Almería y de Granada para su Rey, contra el rey de Mallorca (1343-1344), en las expediciones a Cerdeña (1353, 1354 y 1367), y aún otra vez contra Castilla (1356-1369).

Sin embargo, poco a poco fueron perdiendo protagonismo y acabaron convirtiéndose en una suerte de bandoleros que buscaban a musulmanes y a cristianos convertidos al Islam para conseguir recompensas por su captura o muerte. Con el tiempo, comenzaron a atacar a cristianos, lo cual hizo que la buena fama de los almogávares cayera en picado.

Finalmente durante el reinado de los Reyes Católicos los almogávares desaparecieron.

Reseña

Según recoge el libro “Historia de la Armada”, del Ministerio de Defensa, “finalizadas las guerras de Sicilia, los almogávares, quedaron disponibles y, a petición del emperador bizantino Andrónico II Paleólogo, formaron un cuerpo expedicionario para combatir a los turcos, ahora en Asia Menor. Actuarían como tropas mercenarias, sostenidas por el Imperio, bajo el mando de un aventurero, antiguo templario con gran experiencia militar, llamado Roger de Flor. Transportados por mar hasta Constantinopla, los almogávares llevaron a cabo una devastadora campaña en territorio enemigo, de victoria en victoria, tras la cual el jefe de los almogávares fue nombrado megaduque del Imperio. Esto provocó los celos del príncipe heredero, que ordenó asesinarlo junto a varios de sus oficiales en una cena palaciega. La Gran Compañía de los Almogávares decidió vengar estas muertes, iniciando una campaña de conquistas y saqueos por Tracia y Macedonia. Pocos años más tarde, los almogávares pasaron al servicio del duque de Atenas pero, como este no cumplió sus compromisos, también se rebelaron contra él y le derrotaron. El final de la notable aventura fue la creación de dos ducados en Grecia, llamados Atenas y Neopatria, que formarían en su momento parte de la Corona de Aragón”.

En la actualidad existe en el Ejército de Tierra la Brigada Almogávares VI de Paracaidistas,una unidad de élite rápidamente desplegable y de carácter expedicionario, que hace las veces de Fuerza de Reacción Inmediata para operaciones aerotransportadas y de asalto aéreo. Su nombre rinde homenaje a los guerrilleros aragoneses y a su líder, Roger de Flor, que dio nombre al germen de la brigada tras su creación, en la década de los cincuenta del pasado siglo. Su lema sigue siendo: “¡Desperta Ferro!”

martes, 25 de julio de 2023

Santiago apóstol: Patrón de España.


Santiago de Zebedeo, también conocido como Santiago el Mayor, (en griego antiguo: Ἰάκωβος, Ἰákobos) fue, según diversos textos neotestamentarios (Evangelios sinópticos, Hechos de los Apóstoles), uno de los apóstoles más destacados de Jesús de Nazaret. Es conocido en la tradición cristiana como Santiago el Mayor para distinguirlo de otro miembro del grupo de los doce, Santiago el Menor. Nacido probablemente en Betsaida (Galilea), fue hijo de Zebedeo y Salomé, y hermano de Juan. 

Santiago de Zebedeo pertenecía al llamado «círculo de dilectos» de Jesús que estuvo con él en ocasiones especiales: en la resurrección de la hija de Jairo, en la transfiguración y en el huerto de Getsemaní, donde Jesús se retiró a orar en agonía ante la perspectiva de su pasión y muerte. También fue testigo privilegiado de las apariciones de Jesús resucitado y de la pesca milagrosa en el mar de Tiberíades. Según el libro de los Hechos de los Apóstoles, Pentecostés encontró a Santiago en espera orante, siempre como uno de los máximos referentes de la primera comunidad cristiana, junto con Simón Pedro y Juan. Murió a manos de Herodes Agripa I en Jerusalén entre los años 41 y 44 de nuestra era. Es el patrono de España.

Datos Evangélicos

Era hijo de Zebedeo (cf. Mt 4:21) y tenía un hermano llamado Juan, que sería asimismo discípulo de Jesús (cf. ibid). Probablemente su madre Salomé también seguía a Jesús (cf. Mt 20:20). Su maestro Jesús les puso el sobrenombre de «Boanerges» (Mc 3:17), que, según el mismo evangelista afirma, quería decir «hijos del trueno» por su carácter impetuoso; el episodio narrado por Lucas, en que Santiago y su hermano Juan desean invocar a Dios para que consuma a fuego una ciudad de samaritanos (Lc 9:54), hace honor a este nombre. Santiago fue uno de los primeros que recibieron el llamamiento de Jesús, cuando estaba pescando en el lago de Genesaret junto a su hermano (Mc 1:19). Más tarde será llamado a formar parte del más restringido grupo de los Doce (cf. Mt 10:3). Junto con su hermano Juan y con Simón Pedro, tiene un trato privilegiado con Jesús: es testigo presencial de la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5:21-43), de la transfiguración de Jesús (Lc 9) y de la oración en el Huerto de los Olivos (Mc 14:33). Igualmente formó parte del grupo restringido de discípulos que fueron testigos del último signo realizado por Jesús ya resucitado: su aparición a orillas del lago de Tiberíades y la pesca milagrosa (Jn 21:1-8). Los Hechos de los Apóstoles registra su presencia en el Cenáculo en espera orante de la venida del Espíritu Santo (Hch 1:13). Santiago es condenado a muerte y decapitado por orden del rey de Judea Herodes Agripa I (Hch 12:2). Por este dato se puede fechar la muerte de Santiago entre los años 41 y 44, pues fueron los años en que Agripa I fue rey de Judea.
 

Datos de la tradición medieval

Según una tradición medieval, tras el Pentecostés (hacia 33 d. C.), cuando los apóstoles son enviados a la predicación, Santiago habría cruzado el mar Mediterráneo y desembarcado para predicar el Evangelio en la Hispania (actuales España y Portugal). Según unos relatos, su prédica habría comenzado en la Gallaecia, a la que habría llegado tras pasar las Columnas de Hércules. Según el escritor gaditano Fray Gerónimo de la Concepción, Santiago fue quien consagró el Templo de Hércules a San Pedro (en el islote Sancti Petri). Siguió bordeando la Bética y la deshabitada costa de Portugal; otras tradiciones afirman su llegada a Tarraco y su viaje por el valle del Ebro, hasta entroncar con la vía romana que recorría las estribaciones de la Cordillera Cantábrica y terminaba en la actual La Coruña. Una tercera versión postula su llegada a Carthago Nova (actual Cartagena, por el barrio de Santa Lucía), de donde partiría hacia el norte. Esta tradición hace de Santiago el santo patrón protector de España.

En cualquier caso, la tradición de la evangelización por el Apóstol Santiago indica que este hizo algunos discípulos, y siete de ellos fueron los que continuaron la tarea evangelizadora una vez que Santiago regresó a Jerusalén. Para ello fueron a Roma y fueron ordenados obispos por San Pedro. Son los siete Varones apostólicos. La tradición de los Varones Apostólicos los sitúa junto a Santiago en Zaragoza cuando la Virgen María se apareció en un pilar.

De acuerdo a la tradición cristiana, hacia el año 40, el 2 de enero, la Virgen María se apareció a Santiago el Mayor en Caesaraugusta. María llegó a Zaragoza «en carne mortal» —mucho antes de su asunción—, y como testimonio de su visita habría dejado una columna de jaspe conocida popularmente como «el Pilar». Se cuenta que Santiago y los siete primeros convertidos de la ciudad edificaron una primitiva capilla de adobe en la vera del Ebro.

Tradicionalmente, se ha afirmado que los restos hallados en Santiago de Compostela a principios del siglo IX correspondían al apóstol Santiago, pero la falta de un análisis directo de dichos restos permite suponer que pueden ser los restos del obispo Prisciliano, o de otra persona importante del período romano.​ No obstante, el papa León XIII, reafirmó en 1884, en forma de Bula Papal, la pertenencia de los restos al apóstol, tras mandar analizar los restos conservados dentro de la tumba.

La tradición que sitúa a Santiago el Mayor fuera de Jerusalén, poco antes de su martirio, la recogen diversos apócrifos neotestamentarios (El libro de la Dormición de María, etc.), todos ellos anteriores al "descubrimiento" de la Tumba del Apóstol. Según estos relatos, cuando María ve cerca su muerte, recibe la visita de Jesucristo resucitado. Ella le pide estar rodeada por los apóstoles en el día de su muerte, pero todos ellos están dispersos por el mundo. Jesucristo le concede su deseo y permite que sea la misma María, por medio de aparición milagrosa, quien avise a sus discípulos. La aparición de María a Santiago se habría producido sobre un pilar en Caesaraugusta (actual Zaragoza), columna que se sigue venerando en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, en la capital aragonesa.

Santiago habría hecho todo el viaje de vuelta desde España hasta Jerusalén para encontrar a María, madre de Jesús de Nazaret (ya que ella seguía viva allí, en la capital de Judea) antes de su dormición, hallando la muerte ante Herodes Agripa en el martirio. La leyenda se cierra con que dos de sus discípulos, Atanasio y Teodoro, habrían llevado su cuerpo (conservado de alguna manera) por el mar Mediterráneo en una mítica embarcación de piedra y habrían costeado el Atlántico nuevamente hasta Galicia, donde lo habrían enterrado justamente en Iria Flavia, donde el obispo Teodomiro lo halló en el siglo IX.
 

La tumba del Apóstol

Alrededor del año 813, o 820 según otras fuentes, en tiempos del rey de Asturias Alfonso II el Casto, un ermitaño cristiano llamado Paio (Pelayo) le dijo al obispo gallego Teodomiro, de Iria Flavia (España), que había visto unas luces brillando sobre un monte deshabitado. En el mismo hallaron una tumba, probablemente de origen romano, donde se encontraba un cuerpo decapitado con la cabeza bajo el brazo. El rey ordenó construir una iglesia encima del cementerio, origen de la Catedral de Santiago de Compostela, epíteto que proviene de campus stellae: «campo de las estrellas», debido a las luces que aparecieron sobre el cementerio, o bien de compositum tellus, es decir: «Terreno bien dispuesto».

En el mes de mayo de 1589, Francis Drake amenazó Compostela después de desembarcar en La Coruña. El Arzobispo, Juan de Sanclemente, acordó con el Cabildo de la Catedral ocultar cuanto de importante había en ella. Por ello, los restos fueron depositados en un escondrijo dentro del ábside de la capilla mayor, detrás del altar. Tales restos fueron encontrados a treinta metros de profundidad respecto del suelo en las excavaciones realizadas en la Catedral en 1878 y 1879 por Antonio López Ferreiro. La configuración actual de la cripta bajo el altar procede de las excavaciones realizadas a finales del siglo XIX. Los restos fueron depositados en una urna de plata realizada en 1886 por los orfebres Rey Martínez, dentro de un cofre de madera forrado con terciopelo rojo y con tres compartimentos, para Santiago, Atanasio y Teodoro.

En tales excavaciones, se pudo encontrar, entre los restos de un mausoleo romano, una inscripción sepulcral en griego, Athanasios martyr y los restos de tres personas distintas: dos de edad mediana y una en el último tercio de vida, lo que llevó a identificarlos con los tradicionales Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro. No obstante, el papa León XIII nombró una Congregación extraordinaria para el estudio de estos restos. Los documentos enviados a Roma, sin embargo, no le satisficieron, enviando a Monseñor Agostino Caprara, Promotor de la Fe en el proceso, a Santiago para que examinara sobre el terreno los restos y tomase declaración a quienes intervinieron. Caprara, no obstante, mandó analizar primero el presunto resto de Santiago venerado en Pistoia, tarea que estuvo a cargo del Doctor Chiapelli, quien dictaminó que se trataba de una apófisis mastoidea derecha con restos de sangre coagulada, pieza que habría sido separada a consecuencia de una decapitación.

El 8 de junio de 1884 llega a Santiago, y en el examen se constata que uno de los tres cráneos carece de apófisis mastoidea derecha. La resolución de la Congregación fue publicada el 25 de julio del mismo año, festividad de Santiago. León XIII publicó el 1 de noviembre del mismo año la Bula Deus Omnipotens, donde hacía un repaso a la historia del Santuario y llamaba a emprender nuevas peregrinaciones a Santiago.

Sin embargo, quedaba por constatar la datación cronológica de los restos, lo que llevó a mediados del siglo XX a voces críticas. Así, Claudio Sánchez Albornoz:

    ...pese a todos los esfuerzos de la erudición de ayer y de hoy, no es posible, sin embargo, alegar en favor de la presencia de Santiago en España y de su traslado a ella, una sola noticia remota, clara y autorizada. Un silencio de más de seis siglos rodea la conjetural e inverosímil llegada del apóstol a Occidente, y de uno a ocho siglos la no menos conjetural e inverosímil traslatio. Solo en el siglo VI surgió entre la cristiandad occidental la leyenda de la predicación de Santiago en España; pero ella no llegó a la Península hasta fines del siglo VII.
    C. Sánchez Albornoz: "En los albores del culto jacobeo", en Compostellanum 16 (1971) pp. 37-71.

Por una parte, se ha documentado arqueológicamente la existencia previa de una necrópolis dolménica y luego de un cementerio utilizado en época romana y sueva. Estos descubrimientos prueban que Compostela era una necrópolis precristiana, pero no resuelven la cuestión respecto a la tumba de Santiago, cuyos restos podrían pertenecer bien al mismo apóstol (el tráfico de reliquias comenzaba a desarrollarse en ese periodo), bien a cualquier otro mártir cristiano. Incluso se ha propuesto que se trata de los restos de Prisciliano. En 1955 se encontró, en las proximidades de la tumba, la cubierta sepulcral de Teodomiro, lo que confirma que quiso enterrarse en el lugar de su propio hallazgo.

En 1988, dos académicos de la Real Academia de la Historia, el filólogo Isidoro Millán González-Pardo y el arqueólogo Antonio Blanco Freijeiro, afirman haber hallado la inscripción martyr y una referencia a Atanasio en una piedra datada a finales del s. I o principios del s. II, lo cual, sostienen, confirma indirectamente la presencia en el lugar de los restos del Apóstol.​

Estudios arqueológicos muestran que en el actual santuario Compostela existió, desde el siglo I, un pequeño (no más de una hectárea) asentamiento hispanorromano junto al cual hubo un cementerio, algunas de cuyas lápidas han sido halladas y leídas. Entre ellas se encuentra la de una familia, llamada Modesta.​ Una de ellas, en mármol, fue encontrada en la antigua cripta y corresponde a una dama del siglo II, llamada Atia Modesta.​

Un estudio desarrollado por Enrique Alarcón,9​10​ profesor de Filosofía de la Universidad de Navarra, publicado el 24 de junio de 2011, en el ámbito de la clausura de la «Cátedra Camino de Santiago», ampliado en un estudio de 201311​ y reeditado en un volumen en colaboración con Piotr Roszak, ​ se basa en un estudio epigráfico sobre reproducciones fotográficas de las inscripciones mencionadas, por no tener acceso a los originales. El catedrático, cuyos estudios no han sido publicados en revistas de arqueología, considera que evidencian un culto funerario particular a Santiago, al menos ya en el siglo II, en la cripta, parte de un complejo funerario de la dama romana Atia Modesta a quien Alarcón considera cristiana y no pagana como otros estudiosos.13​14​

Además, afirma haber hallado la inscripción Ya'akov (Santiago, en hebreo), con simbología propia de la estética sepulcral judeocristiana del s. I., análogas a las halladas en los osarios de Dominus Flevit. Añade que una de las inscripciones contiene referencias a la fiesta judía de Shavu'ot con representación de panes rituales e indica que estos panes dejaron de usarse en torno al 70 con motivo de la destrucción del Templo de Jerusalén por los romanos, lo que posibilitaría ubicar cronológicamente la tumba.


Reliquias

El Monasterio de Cañas posee una reliquia que, se supone, contiene las herraduras del caballo de Santiago, que recogería Diego López II de Haro en la batalla de las Navas de Tolosa y entregaría a su hija Urraca Díaz de Haro, cuarta abadesa del monasterio.
 

Santiago contra el islam

En el siglo XII se redacta en Santiago de Compostela el llamado Privilegio de los Votos, que atribuye al rey Ramiro I una victoria frente a los moros en Clavijo en 844, victoria obtenida gracias a una aparición de Santiago. Agradecido, el rey habría hecho el voto de que todos los habitantes pagasen al Apóstol, o sea a su santuario, una cantidad anual. Según este mismo documento, la victoria en Clavijo puso fin a la entrega anual a los enemigos de un vergonzoso tributo de cien vírgenes cristianas. La primera representación de Santiago a caballo, de principios del siglo XIII en la catedral compostelana, muestra las doncellas arrodilladas ante el caballo de Santiago.

El miles Christi medieval, imagen poco frecuente, se convierte a partir de la segunda mitad del siglo XV y a lo largo del siglo XVI en Santiago Matamoros, defensor del catolicismo frente a todos sus enemigos: los turcos, los herejes y los paganos, cuyos cuerpos o cabezas ruedan entre las patas de su caballo.
 

El Camino de Santiago

El descubrimiento de la tumba del Apóstol supuso para el rey de Asturias una serie de beneficios: la aglutinación de sus territorios como un solo reino, bajo la especial protección del Apóstol, y la cristianización de la antigua "Vía del Finisterre", ruta seguida tradicionalmente por muchos pueblos de religión céltica, hasta el pretendido fin del mundo. De hecho, las peregrinaciones galas hacia el noroeste de España se han probado arqueológicamente, y se puede afirmar que los celtas - en el primer milenio antes de nuestra era - recorrían toda Europa para ir a estos sitios, donde celebraban sus matrimonios y otros ritos. Este camino precristiano se convierte así en el Camino de Santiago o Ruta jacobea, y Compostela en el tercer núcleo de peregrinación medieval, tras Roma y Jerusalén.

En el año 1122, el papa Calixto II instituyó y proclamó que en adelante tuvieran la consideración y privilegios de Año Santo Jacobeo todos los años en los que la fiesta litúrgica de Santiago, el 25 de julio, coincidiera con el día domingo.
 

Fiestas en su honor

 
Como Patrono de España que es, Santiago el Mayor (más conocido como Santiago Apóstol) también lo es de numerosos pueblos y ciudades que el día 25 de julio celebran en su honor fiestas religiosas. Santiago de Compostela (La Coruña) es la ciudad que mayores fiestas organiza en su honor. La catedral de la ciudad acoge esos días la mayor afluencia de peregrinos del año.

Coincidiendo con el patronazgo de España, Santiago el Mayor es patrono asimismo del Arma de Caballería del Ejército de Tierra. La frase final del Himno de esta arma es una de las más conocidas de España en la reconquista:

    Santiago y cierra, España

Igualmente, es el patrono de la comunidad autónoma española de Galicia, celebrándose su festividad el Día Nacional de Galicia,cada 25 de julio en la ciudad de Santiago de Compostela (La Coruña).

Además de Santiago de Compostela (La Coruña) otros pueblos españoles repartidos por todo el territorio nacional tienen celebraciones en honor a Santiago Apóstol. Procesiones, misas y ruegos junto a verbenas, conciertos o actividades infantiles se realizan, por ejemplo, en la localidad de Albaladejo (Ciudad Real), Navas de Oro (Segovia), Moratones (Zamora) o Santiago de Aravalle (Ávila). También es patrón en la ciudad de Moncada (Valencia) y en numerosos pueblos de la Sierra de Guadarrama, como Collado Villalba (Madrid), Colmenarejo (Madrid) o Santa María de Robledo (Segovia).

En Ermua (Vizcaya) es también patrono: la iglesia parroquial de Santiago Apóstol data de 1600; es un bello edificio renacentista. Es del tipo de iglesia de una nave de tres tramos con capillas laterales altas entre los estribos. En frente de la nave hay, además, una capilla mayor ochavada más estrecha. Está cubierta por bóveda de crucería y posee un coro y dos capillas barrocas. El encargo de finalización de las obras que el arzobispo Andrés de Orbe y Larreátegui realizó a Sebastián de Lecuona, lo completó su cuñado Joseph de Zuaznabar. El mobiliario refleja la intervención del rico cardenal. Destaca el retablo mayor, el órgano y la capilla privada del arzobispo y su tumba. El retablo está hecho en madera de nogal, de estilo barroco, con columnas salomónicas a los lados. En sus hornacinas hay una serie de esculturas policromadas. El retablo está sin policromar, entre el que destaca Santiago cabalgando sobre los moros en la batalla de Clavijo. El órgano es del mismo tipo que el retablo, monumental y sin policromía. Hay otros pequeños retablos de madera dorada en estilo protorrococó y rococó.

En las islas Canarias, Santiago es patrono de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, capital de la isla de Tenerife, así como del municipio de Santiago del Teide (Santa Cruz de Tenerife). Igualmente, la Villa de Los Realejos (Santa Cruz de Tenerife), al norte de Tenerife, fue puesta bajo la protección del Apóstol desde que el 25 de julio de 1496 se dio por concluida, en estas tierras del antiguo Menceyato de Taoro, la fase bélica de la conquista de Tenerife, erigiéndose, ese mismo día, el templo de la Parroquia Matriz del Apóstol Santiago, en cuyo interior se conserva parte de un antiguo retablo a pincel que recogía la vida del Apóstol, y del que hoy se conservan tres tablas que conforman el famoso Tríptico de Santiago, obra salida del pincel del destacado obrador europeo del Maestro de Delft. En la isla de Gran Canaria, Santiago es el patrono del municipio de Gáldar (Las Palmas), en donde se encuentra la iglesia del mismo nombre, que es la primera sede jacobea fuera del territorio peninsular y que cuenta con las gracias jubilares para celebrar el Año Santo Jacobeo con los mismos privilegios que la catedral de Santiago de Compostela. Cuenta con su propia ruta peregrina oficial que une Santiago de Tunte con Santiago de Gáldar (Las Palmas). 

miércoles, 28 de junio de 2023

El Cid y la toma de Valencia



El 17 de junio de 1094, Rodrigo Díaz, conde de Bivar, llamó a El Cid Campeador (1043-1099), difamó a Valencia, arrancándolo de los moros y convirtiéndolo en un puesto cristiano contra los almorávides.

De hecho, Valencia ya se había humillado ante el Cid, a pesar de conservar su propio gobernador, pero albergando una prenda de confianza del Cid. El rey de Castilla y León, Alfonso VI el Valeroso (1040/1041-1109), había intentado conquistar la ciudad, pero El Cid, considerándola ya sumisa, la había convencido, induciendo al rey Alfonso a retirarse. Sin embargo, tras esto, los musulmanes de la ciudad, considerando que el apoyo del Cid no es suficiente y considerando preferible la protección de los almorávides, en 1092 habían matado y decapitado a su propio gobernador Yahya al-Qadir (al1092), amigo de Rodrigo de Bivár, llegando en 1093 para expulsar de la ciudad a los Almoravides.
 

II. EL SITIO
En septiembre del mismo año, El Cid comenzó a rodear la ciudad, sonándola de asedio y haciendola pasar hambre. El invierno para los ocupados fue muy duro y la primavera aún peor. Dijeron que por desesperación cedieron ante el asesinato y el canibalismo, empezando a comer cualquier cosa que tuviera un componente orgánico.
 

III. LA RENDICIÓN
Al final de la primavera, la ciudad finalmente se capituló el 16 de junio o 17 de junio de 1094: El Cid se hizo cargo de la barbacana, permitiendo que todos los musulmanes que querían abandonar la ciudad lo hicieran en paz. Los otros habrían permanecido bajo su protección, pero habrían pagado un diezmo. Ese mismo día, se instaló con sus hombres en la ciudad y levantó su bandera en la torre más alta. Envió a llamar a su esposa e hijas y las estableció en la fortaleza de la ciudad.
El gobernador musulmán de la ciudad, Abu Ahmad Ya'far ibn Abdallah ibn Yahhaf (gobernador 1094), responsable de la muerte de Yahya al-Qadir, fue capturado por los valencianos y torturado por revelar dónde había escondido su tesoro y finalmente asesinado por lapidación y quema.
La conquista fue provisional, porque unos meses después un gran ejército de almoravide habría superado.
 

IV. DESARROLLO ADICIONAL
El Cid habría reparado y reforzado urgentemente las murallas de la ciudad y habría recabado  enormes suministros alimenticios en los graneros , que en su momento contaba con unos 15.000 habitantes; además, habría reclutado fuerzas adicionales, llegando a un total de 3.000 caballeros pesados y alrededor de 3.000 hombres, en parte cristianos, en parte musulmanes.
 

V. EL SITIO DE ALMORAVIDE

El ejército de Almoravide habría llegado cerca de Valencia el 15 de septiembre, acampando en la llanura al oeste de la ciudad, entre Cuarte y Mislata. El asedio habría comenzado poco antes del comienzo del Ramadán, pero durante todo el mes sagrado musulmán habría sido un asedio pasivo. El período de ayuno terminó, el 14 de octubre, las hostilidades habrían aumentado.
En ese punto, El Cid —habiendo exigido ya todos los objetos de hierro de la población, para evitar el riesgo de disturbios internos— habría expulsado de la ciudad como “bocas inútiles que alimentar”, como era costumbre durante el asedio, a todas las mujeres y niños de la fe musulmana, enviándolos al campamento de Almoravide.
Las fuerzas almorávides habrían esparcido el terror en el campo, saqueando campos y huertos al sonido de tambores y cuernos, pero sin dañar la moral de los valencianos, apoyados por la elocuencia del Cid, y prometiendo la inminente llegada de los refuerzos del rey Alfonso.
 

VI. LA SALIDA
Después de una semana desde el inicio de las incursiones más agresivas de las fuerzas almorávides, El Cid decidió intentar una feroz salida: con el favor de la oscuridad, habría enviado la mayor parte de sus fuerzas fuera de la puerta oriental de la ciudad, para hacer una cabalgada amplia. En el sentido de las agujas del reloj y llegar a los hombres del campamento enemigo; a la primera luz del amanecer, un pequeño contingente de unos pocos cientos de hombres habría salido por la puerta occidental, para simular el verdadero destino de los valencianos.


VII. LA BATALLA DE LOS CUARTOS
Caído en la trampa, Mu 'ammad ibn Ibr āh īm habría enviado la mayor parte de sus fuerzas contra ellos, pero - de repente - El Cid habría saltado sobre su espalda, abrumando a todas las fuerzas restantes en el campamento y causando pánico. La noticia de la llegada del rey Alfonso se habría extendido entre los moros con refuerzos e incluso las fuerzas enviadas para contrarrestar la falsa salida bajo los muros de Valencia habrían roto las filas y habrían llegado a su fin.
Habría sido la derrota más dura hasta entonces sufrida por un ejército musulmán en España.


VIII. LAS FUENTES PRIMARIAS

Las principales fuentes primarias, sobre este acontecimiento y de manera más general sobre este período histórico en España, son dadas por los anales: los Anales Castellanos secundos (siglo XII), antes conocidos como Annales Complutenses, según se conserva en la Universidad de Alcalá de Henares, antigua Complutum; la Crónica Naiarensis (siglo XII) del Monasterio benedictino de Santa María la Real de Nájera; los Anales castellanos terceros (siglo XIII), también conocidos como Annales Compostellani, tal como se encuentra en Santiago de Compostela; el Chronicon Burgense (siglo XIII), así llamado porque fue encontrado en la Catedral de Burgos. A estas obras se añade la anónima "Historia Roderici" (siglo XII), una crónica en prosa centrada en la figura del Cid. Aunque atribuyéndola a un valor limitado bajo el perfil historiográfico, es imposible no mencionar también el "Cantar del mio Cid", una obra literaria con épica sabor, que sin embargo puede proporcionar indicaciones de carácter histórico.

jueves, 12 de mayo de 2022

La Reconquista: Fundacion del Reino de Castilla



Fernando I de León

Fernando I llamado “el Magno” o “el Grande” (fue conde de Castilla y rey de León). Fue designado conde de Castilla en 1029, si bien no ejerció el gobierno efectivo hasta la muerte de su padre en 1035. Se convirtió en rey de León por su matrimonio con Sancha, hermana de su rey y señor, Bermudo III, contra el que se levantó en armas, el cual murió sin dejar descendencia luchando contra Fernando en la batalla de Tamarón el 4 de septiembre de 1037. Las tropas castellanas venían reforzadas por el ejército del rey García de Pamplona. Bermudo, con el ímpetu propio de su edad, picó espuelas a su caballo y se introdujo en las filas enemigas, donde fue muerto atravesado por una lanza castellana. Los leoneses trasladaron su cuerpo a León y lo depositaron, junto a los de sus padres, en el panteón de la iglesia de San Juan.

Guerra con Navarra

En 1053, Fernando hubo de hacer frente a la guerra contra su hermano mayor, García III de Pamplona. Ambos hermanos llevaban años disputándose los territorios que su padre había segregado de Castilla y anexionado al reino de Pamplona (La Bureba, Castilla la Vieja, Trasmiera, Encartaciones, y los Montes de Oca), realizando constantes incursiones.

Las crónicas cuentan que estando García enfermo en Nájera, fue a consolarle el rey leonés, que sospechando de su hermano, evitó ser apresado y se puso a salvo. Arrepentido, García retornó la visita a Fernando para hacer las paces y disculparse. Fernando no solo no lo aceptó, sino que lo cargó de cadenas y encerró en un torreón de tierras del río Cea. Cuando García pudo escapar, se preparó para la guerra, y con algunos musulmanes aliados invadió las tierras de Castilla. Rechazó a los emisarios que le propusieron la paz en nombre de su hermano, “proponiéndole que cada uno viviera en paz dentro de su reino y desistiese de decidir la cuestión por las armas, pues ambos eran hermanos y cada uno debía morar pacíficamente en su casa”. Así pues, Fernando le salió al encuentro con un fuerte contingente, y ambos ejércitos se encontraron en la batalla de Atapuerca librada en 1054.

García se había establecido a mitad del valle de Atapuerca, tres leguas al este de Burgos, pero los leoneses ocuparon de noche un altozano cercano y desde él cayeron al amanecer contra los navarros y sus aliados. Fernando dio orden de capturar vivo a su hermano, porque así se lo había pedido su esposa Sancha. Pero los nobles de León, que no habían olvidado la muerte su rey Bermudo, acabaron con García. Otra versión atribuye su muerte a un grupo de sus propios súbditos, obligados a huir a Castilla ante las humillaciones y exigencias tributarias de García.

En todo caso, el ejército de García huyó en desbandada, cayendo numerosos prisioneros en manos leonesas, entre ellos buena parte de sus contingentes moros. Fernando recuperó el cuerpo de su hermano y ordenó enterrarlo en la iglesia que éste había fundado, Santa María de Nájera. La victoria de Fernando tuvo como consecuencia la reincorporación a Castilla de las tierras reclamadas, estableciéndose la frontera en el río Ebro e imponiéndose vasallaje a su joven sobrino Sancho Garcés IV, el nuevo rey de Pamplona.

Ampliación del reino

Una vez unidos ambos reinos, expandió sus conquistas conquistando las plazas portuguesas de Lamego (1057) y Viseo (1058) y la toma definitiva (1060) de las de San Esteban de Gormaz, Berlanga de Duero y demás castillos y plazas del río Bordecorex, en territorio del alto Duero. Asimismo, las tomas temporales de Toledo (1062) y Zaragoza (1063), y la definitiva de la estratégica Coimbra (1064), junto al río Mondego, que puso bajo el mando del conde mozárabe Sisnando Davídiz.
Consiguió las parias de los reinos taifas más ricos como Zaragoza, Toledo, Badajoz y Sevilla.

Batalla de Graus (1063)

Ramiro I de Aragón intentó repetidas veces apoderarse de Barbastro y Graus, lugares estratégicos que formaban una cuña entre sus territorios. En la primavera de 1063 comenzó a sitiar Graus y Al-Muqtadir de la Taifa de Zaragoza, pidió ayuda al rey castellano-leonés de acuerdo con la paria que estaba pagando.

Envió al infante Sancho de Castilla, que contaba en su mesnada con un joven Rodrigo Díaz de Vivar. El 8 de mayo de 1063 el ejército castellano se enfrentó a los aragoneses que fueron derrotados y perdieron en esta batalla a su rey Ramiro I; al parecer fue muerto por un soldado árabe, llamado Sadaro, que hablaba romance y que, acercándose al real de Ramiro I disfrazado de cristiano, le clavó una lanza en el rostro.
La ciudad sería finalmente conquistada por los aragoneses 20 años después en 1083.

Posteriormente, se produjo una matanza de cristianos, y al-Muqtadir dejó de pagar las parias, por lo que en 1065 el monarca leonés condujo una expedición de castigo al valle del Ebro, devastando sus tierras y sometiendo a al-Muqtadir a vasallaje. Tras ese castigo, la expedición continuó hacia Valencia, gobernada por el amirí Abd al-Malik ben Abd al-Aziz al-Mansur, taifa que, probablemente, solamente quería reducir al vasallaje.

Tras poner sitio a la ciudad de Valencia, los leoneses se encontraron con una enérgica defensa y la imposibilidad de tomar las murallas al asalto. Debido a ello, el rey Fernando decidió simular una retirada. Los valencianos, encorajinados, salieron en su persecución. Pero a la altura de Paterna, a 5 km de Valencia, en la orilla izquierda del Turia, los leoneses los acometieron por sorpresa. Totalmente desprevenidos, los valencianos sufrieron bajas muy elevadas, y su rey solamente pudo volver a la seguridad de los muros de Valencia gracias a la rapidez de su caballo.

Tras la batalla se inició nuevamente el sitio, pero al poco, Fernando I se sintió enfermo y ordenó la vuelta a León, donde falleció el 27 de diciembre de 1065.

Repartición del reino

A su muerte en 1.065 dividió el reino entre sus hijos: Sancho II heredó Castilla con la paria de Zaragoza, Alfonso VI heredó León con la paria de Toledo, y García que heredó Galicia con las parias de Badajoz y Sevilla, sus hijas Urraca y Elvira heredaron Zamora y Toro respectivamente.

Guerra de sucesión

El reparto de la herencia entre todos los hijos de Fernando I nunca satisfizo a Sancho, que siempre se consideró como el único heredero legítimo, por lo que inmediatamente se movilizó para intentar hacerse con los reinos que les habían correspondido a sus hermanos en herencia. Se inició así un periodo de siete años de guerras protagonizadas por los tres hijos varones de Fernando I.

Ordalia de Pazuengos (1066)

Sancho II de Castilla reclamaba la aldea de Pazuengos, cercano está el monasterio de San Millán de la Cogolla. El rey de Pamplona propuso que los monjes fueran jueces en esta cuestión. Los monjes no encontraron motivos para resolver la reclamación.

Para evitar el recurso a una guerra, siempre más devastadora, se acostumbraba a ventilar las disputas mediante un Juicio de Dios u Ordalía en un combate singular. Generalmente, era a muerte entre dos caballeros o campeones, uno por cada parte, celebrado en terreno neutral ante cuantos espectadores quisiesen acudir y en un lugar que recibía el nombre de liza, o lugar de la lid.

Sancho IV el de Peñalén, rey de Pamplona, de Nájera y de La Rioja, eligió para esta Ordalía al caballero Jimeno Garcés de Azagra, su alférez real, un gigantón que había matado en estos duelos a más de 30 competidores. Sancho II, rey de Castilla, eligió a su alférez real Rodrigo Díaz de Vivar.

La lucha comenzó a caballo, utilizando las lanzas, y después prosiguió a pie, utilizando los mandobles o grandes espadas y las mazas. La lucha duró más de una hora, Rodrigo se mantuvo a la defensiva, hasta que con un mandoble de abajo a arriba le clavó la espada en la axila, cayendo Jimeno sobre un charco de sangre. Pazuengos pasó a ser a propiedad de Castilla. Con motivo de aquel combate, Rodrigo recibió un título que irá siempre unido a su nombre: Campeador o Campidoctor, que quiere decir el que defiende la justicia en el campo de batalla. El título llevaba aparejada, según la vigente legislación visigótica, la atribución de ser juez en litigios civiles.

Batalla de la Lantada (1068)

Dos años transcurrieron en paz entre los hermanos tras la muerte de su padre, los que se mantuvo con vida la reina viuda Sancha. Al fallecer se desataron las contiendas.

El primer enfrentamiento entre Alfonso y Sancho tuvo lugar el 19 de julio de 1068, en las orillas del río Pisuerga, en la batalla de Lantada; en la frontera entre el reino de León y el reino de Castilla, cerca del actual pueblo de Lantadilla (Palencia), se enfrentaron 100 caballeros de lo más selecto de los ejércitos castellano y leonés, bajo la premisa de que quien venciera se haría con los dos reinos. Cuando la contienda comenzaba a decantarse del lado castellano, Alfonso se retiró picando espuela hacía zona segura antes de ver perdida su corona.

Las relaciones entre ambos se mantuvieron, como demuestra el hecho de que Alfonso acudiera, el 26 de mayo de 1069, a la boda de Sancho con una noble inglesa llamada Alberta y donde ambos decidieron aliarse para repartirse el reino de Galicia que le había correspondido a García.

Con la complicidad de Alfonso, Sancho entró en Galicia en 1071 y, tras derrotar a su hermano García, lo apresó en Santarém y lo encarceló en Burgos hasta que fue exiliado a la taifa de Sevilla, gobernada por Al-Mutamid. Tras eliminar a su hermano, Alfonso y Sancho se titularon reyes de Galicia y firmaron una tregua que se mantendría durante tres años.

Batalla de Golpejera  (1.072)

Sancho, no contento con Castilla y media Galicia, atacó a su hermano el 12 de enero de 1072; habían reunido todas las fuerzas posibles para la batalla. De parte castellana comandaba la hueste junto al rey Sancho II, su alférez Rodrigo Díaz de Vivar disponían de 300 caballeros con sus mesnadas; y de parte leonesa sobresalía la figura del conde de Saldaña Pedro Ansúrez, alférez real de Alfonso VI de León que tenían 400 caballeros con sus mesnadas.

Durante todo el día se combatió sin tregua, la crónica nos dice que las bajas en ambos bandos fueron muy elevadas, y que al final de la jornada la victoria parecía segura para las huestes leonesas. Con la llegada de la noche, el combate de manera sorprendente se detuvo, ante la huida desordenada de los castellanos.

La decisión de Alfonso de no perseguir, y dar muerte a los castellanos tras la huida, es de las más controvertidas para los historiadores; pues supuso a la postre la reagrupación durante la noche del ejército castellano. Al amanecer contraatacaron, sorprendiendo a los leoneses, quienes ya se veían vencedores, dando muerte a muchos de ellos, y haciendo huir al propio rey, que consiguió resguardarse en la cercana iglesia de la Santa Virgen de Carrión de los Condes.

Alfonso fue capturado y llevado encadenado por todos los castillos y ciudades hasta Burgos, donde se le hizo renegar de sus derechos sobre la Corona. Pero gracias a la intercesión de su hermana Urraca con Sancho y con la ayuda del abad logra refugiarse en la taifa de Toledo de Al-Mamún.

Sancho entró en León y fue coronado como rey de León el 12 de enero de 1072, con lo que vuelve a unificar en su persona el reino que su padre había dividido.

Tras el acceso de Sancho al trono leonés, parte de la nobleza leonesa se sublevó y se hizo fuerte en Zamora bajo el amparo de la infanta doña Urraca. Con la ayuda de Rodrigo Díaz el rey sitió la ciudad, pero murió asesinado por un por Vellido Dolfos mientras llevaba a cabo el cerco de Zamora, el 7 de octubre de 1072. El lugar del regicidio es señalado con la Cruz del Rey don Sancho.

Alfonso VI recuperó el trono de León y sucedió a su hermano en el de Castilla, anexionándolo junto a Galicia y volviendo a conseguir la unión del reino de su padre Fernando a su muerte.

El conocido episodio de la Jura de Santa Gadea, en el cual el Rodrigo Díaz le exigió como alférez de Castilla el juramento de Alfonso VI de no haber tenido nada que ver con la muerte de su hermano, en el año 1072, parece que fue una invención.

Rodrigo Díaz de Vivar fue cesado como alférez mayor. Pero no cayó en desgracia, ya que Alfonso VI le propuso casarse con una joven guapa, como Jimena, hija del conde de Oviedo y de doña Cristina, bisnieta del rey Alfonso V de León.

Consolidado en el trono, y con el título de emperador, Alfonso VI “El Bravo” dedicó los siguientes catorce años de su reinado a engrandecer sus territorios mediante conquistas como la de Uclés y los territorios de los Banu Di-l-Nun. También se tituló, desde 1072, rex Spanie.

En 1074 falleció envenenado en Córdoba su vasallo y amigo, el rey de la taifa de Toledo Al-Mamún, a quien sucedió su nieto Al-Qádir. En 1079 al-Mutawakkil de Badajoz invadió la taifa toledana y expulsó de la ciudad a al-Qadir. Alfonso VI reaccionó conquistando Coria, plaza estratégica en la ruta hacia Badajoz. En 1081 Al-Mutawakkil, que había permanecido los últimos diez meses en Toledo, marchó a Badajoz y los castellanos contraatacaron y tomaron la zona del río Tajo, ocupando Madrid y Talavera y estableciendo fortificaciones en Escalona.

El 1082 los castellanos reconquistaron Coruche, varias fortalezas en la zona de Talavera y otros puntos y entraron en la capital, donde colocaron como rey vasallo a al-Qádir. El rey de Castilla exigió a los sevillanos la evacuación de los territorios toledanos que ocupaban (la moderna provincia de Ciudad Real y una parte de la de Cuenca) y ante la negativa declaró la guerra a la taifa de Sevilla. Una incursión castellana llegó hasta Tarifa. Al-Qádir cedió a los castellanos los territorios al norte del Tajo (Madrid, Escalona, Madina, Salim,…) e incluso algunas fortalezas al sur del río a cambio de Valencia. Finalmente, cedió Toledo a Alfonso a cambio de Valencia.

Toledo fue asediada durante cuatro años, rindiéndose pacíficamente el 6 de mayo después de garantizar a los musulmanes que se respetarían sus personas y bienes y que se les permitiría seguir en posesión de la mezquita mayor. Por su parte, los toledanos se comprometían a abandonar las fortalezas y el alcázar. El 25 de mayo del mismo año Alfonso VI entró en la ciudad. Al-Qadir fue enviado como rey a Valencia bajo la protección de Alvar Fáñez.

La conquistada Toledo, se dejaron de percibir sus parias y, en cambio, se incrementaron los gastos militares, por lo que el rey reanudó la presión para recaudar más parias. Alfonso VI en 1083 envió embajadores a la taifa de Sevilla para exigir un aumento de las parias. Al-Mutamid los apresó y mandó matar al intérprete. En respuesta, el castellano-leonés invadió el reino y llegó hasta Tarifa y resultó con la conquista de la estratégica plaza de Aledo (1086).

La presión militar y económica sobre los reinos taifas hizo que los reyes de las taifas de Sevilla, Granada, Badajoz y Almería decidieran pedir ayuda a Yusuf ben Tasufin, el sultán almorávide del norte de África.

Destierro de Rodrigo Díaz de Vivar

Muestra de la confianza que depositaba Alfonso VI en Rodrigo es que en 1079 el Campeador fue comisionado por el monarca para cobrar las parias de Al-Mutamid de Sevilla. Pero durante el desempeño de esta misión, Abdalá ibn Buluggin de Granada emprendió un ataque contra el rey sevillano con el apoyo de la mesnada del importante noble castellano García Ordóñez, que había ido también de parte del rey castellano-leonés a recaudar las parias del último mandatario zirí. Ambos reinos taifas gozaban de la protección de Alfonso VI precisamente a cambio de las parias. El Campeador defendió con su contingente a Al-Mutamid, quien interceptó y venció a Abdalá en la batalla de Cabra, en la que García Ordóñez fue hecho prisionero. Esta sería una de las causas de la enemistad de Alfonso hacia Rodrigo, instigada por la nobleza afín a García Ordóñez.

Los desencuentros con Alfonso fueron causados por un exceso (aunque no era raro en la época) de Rodrigo Díaz, que tras repeler una incursión de tropas andalusíes en Soria en 1080; le llevó, en su persecución, a adentrarse en el reino de taifa toledano y saquear su zona oriental, que también estaba bajo el amparo del rey Alfonso VI.

El rey Alfonso lo desterró en 1081, tras recorrer el valle del Jalón, donde construyó un castillo junto a la localidad de Ateca. Desde allí es muy posible que inicialmente buscara el amparo de los hermanos Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II, condes de Barcelona, pero rechazaron su patrocinio.

Rodrigo, entonces, ofreció sus servicios al rey taifa de Zaragoza, al-Muqtadir, quien gravemente enfermo, fue sucedido aquel 1081 por al-Mutamín, como comandante de sus tropas. Durante este tiempo acrecentó aún más su prestigio militar con sus intervenciones militares en las diversas reyertas entre los reinos de taifas, intentando no intervenir en las disputas que estos tenían con sus hermanos de sangre. Fue entonces cuando comenzó a ser llamado entre los moros Sidi, que en árabe peninsular venía a significar Mi Señor, transmitido al romance castellano como Mio Cid, apelativo bajo el cual será reconocido universalmente.


La hueste del Cid reforzó las plazas fuertes de Monzón y Tamarite, y derrotó a la coalición formada por al-Mundir de Lérida y Berenguer Ramón II; con el apoyo del grueso del ejército taifal de Zaragoza, en la batalla de Almenar en 1082, donde fue hecho prisionero el conde Ramón Berenguer II.

Dos años más tarde, en 1084, el Cid desempeñaba una misión en el sureste de la taifa zaragozana, atacando Morella, posiblemente con la intención de que Zaragoza obtuviera una salida al mar. Al-Mundir, señor de Lérida, Tortosa y Denia, vio en peligro sus tierras y recurrió esta vez a Sancho Ramírez de Aragón. El Cid se encontraba reconstruyendo una fortaleza llamada Hisn al-Uqab (castillo del águila) o castillo de Olocau, cuando se presentaron los enemigos. El enfrentamiento tuvo lugar el 14 de agosto de 1084 y es conocido como la batalla de Morella o de Olocau. De nuevo el castellano se alzó con la victoria, capturando una gran cantidad de prisioneros, entre los que figuraban importantes nobles de Aragón, Pamplona, Portugal, Castilla y Galicia. Muchos caballeros cristianos, posiblemente buscando fortuna tras ser desterrados. Entre ellos estaba el obispo de Roda Ramón Dalmacio o el tenente del condado de Navarra Sancho Sánchez a quienes seguramente liberaría tras cobrar su rescate.

En 1085 murió Al-Mutamin, rey de Zaragoza y gran amigo del Cid; le sucedió su hijo Al-Mustain, con quien Rodrigo no congeniaba demasiado.
 

lunes, 18 de abril de 2022

La Reconquista: Las campañas de Almanzor


Muhammad ibn Abi Amir conocido como al-Mansur o Almanzor (el Victorioso) era de origen yemení nació en Torrox y de joven marchó a Córdoba.

A finales de febrero del 967, Almanzor se convirtió en intendente del príncipe Abderramán, hijo y heredero del califa Alhakén II y de su favorita, la vascona Subh (Aurora), con la cual estableció una relación privilegiada sumamente beneficiosa para su carrera. A pesar de que su cometido era probablemente secundario, su responsabilidad de gestor de los bienes del heredero al trono califal y los de su madre le otorgaba una gran cercanía a la familia reinante. Rápidamente, comenzó a acumular importantes cargos. Siete meses después de su primer nombramiento y gracias a la intercesión de la favorita real, se convirtió en director de la Ceca (Casa de la Moneda) y, en diciembre del 968, fue nombrado tesorero de las herencias vacantes.

Al año siguiente, fue promovido a cadí (gobernador) de de Sevilla y de Niebla uno de los más importantes del Estado, y en el 970, a la muerte del príncipe Abderramán, pasó a ser el administrador de Hisahn el joven heredero. Por esta época contrajo matrimonio con la hermana del jefe de la guardia califal y cliente del nuevo heredero al trono. Comenzó a enriquecerse, se hizo construir una residencia en al-Rusafa, cerca del antiguo palacio de Abderramán I, y empezó a realizar suntuosos regalos al harén califal y se le acusó de malversación tras ser destituido de su cargo como responsable de la Ceca en marzo del 972. Ayudado financieramente para cubrir el supuesto desfalco, obtuvo el mando de la shurta (policía) y mantuvo el resto de cargos, incluido el de administrador del heredero y de las herencias vacantes.

En el 973, se le encargaron los aspectos logísticos, administrativos y diplomáticos de la campaña califal contra los idrisíes en el Magreb, con el puesto oficial de gran cadí de las posesiones omeyas en el Magreb. La importancia de la flota en la campaña y su dependencia de Sevilla, de donde Almanzor era cadí y por tanto responsable de sus instalaciones, y la confianza del propio califa y de su chambelán le facilitaron obtener esta responsabilidad. El encargo traía consigo autoridad sobre civiles y militares y, en la práctica, la supervisión de la campaña. Entre sus tareas se encontraba la fundamental de obtener el sometimiento de los notables de la región mediante la entrega de regalos formales que indicaban la lealtad de estos al califa y que, junto con las victorias militares, minaron la posición del enemigo.

Conseguida la victoria contra los idrisíes, regresó enfermo a la corte cordobesa en septiembre del 974 con la intención de recuperarse y retomar sus funciones. Nunca volvió al norte de África. Su experiencia como supervisor de las tropas enroladas para la campaña magrebí le brindó la oportunidad de apreciar la posible utilidad política de estas si lograba su control. Le permitió asimismo establecer relaciones con los jefes tribales de la zona y con su futuro y poderoso suegro, el general eslavo Galib ibn Abd-al-Rahman, quien había dirigido los aspectos militares de la operación.

Su habilidad para gestionar los aspectos organizativos y económicos de la campaña, fue ampliamente reconocida y premiada meses antes con su nombramiento nuevamente como jefe de la Ceca califal, supuso el comienzo de su éxito político. En los últimos meses de enfermedad de Alhakén, este le nombró inspector de las tropas profesionales; en las que se habían incluido el grueso de los bereberes traídos del Magreb por el califa para tratar de formar una fuerza leal a su persona que garantizase el acceso al trono de su joven hijo.

En 976 muere el califa Alhaken II, empezando la habitual lucha de poder entre los posibles sucesores. Uno de los hijos de Alhaken, Hixem II, de solo once años de edad, será el elegido para suceder en el Califato, gracias a la alianza de su madre (de origen vascon) Aurora, con el visir Yafar al-Mushafi y el propio Almanzor, por entonces administrador de los bienes de Hixem. Serán los mercenarios de Almanzor los que ejecuten al rival de Hixem, el hermano del Califa muerto, Al Mugirá. Seis días después de su investidura, el 8 de octubre de 976, Hisham nombró hayib (chambelán o primer ministro) a al-Mushafi y visir y delegado del hayib a Almanzor, que tenía entonces 36 años. El poder había quedado en realidad en manos de un triunvirato formado por el visir al-Mushafi, el visir Almanzor y el general Galib ibn Abd-al-Rahman.

Almanzor buscó nuevos aliados para su asalto al poder, casándose el 977 con la hija del poderoso general Galib, el gobernador de la marca Media y jefe del poderoso ejército califal allí estacionado.

Primeras campañas contra los cristianos

La estrategia musulmana ante el avance cristiano se había basado durante el reinado de Alhakén II en la cesión pactada de tierras a cambio de que disminuyeran los ataques. Almanzor sabía de la superioridad militar de su ejército y no estaba dispuesto a pactar con los emergentes reinos cristianos. Así, emprendió una profunda reestructuración de sus tropas con el propósito de acabar con la organización tribal del califato y las llenó de soldados procedentes del norte de África.

Cuando sus fuerzas estuvieron preparadas, en 977, Almanzor lanzó una campaña, de casi dos meses de duración, le llevó a saquear los arrabales de los salmantinos Baños de Ledesma, donde capturó a 2.000 cristianos que trasladó a Córdoba a modo de botín. En el otoño realizó otra, atacando Salamanca.

A finales de 977, destituyó y encarceló a al-Mushafi y se proclama hayib o visir, trasladando la administración (y al propio joven Califa) a su residencia personal Madina al-Zahira (Medina Azhara) que significa “Ciudad Resplandeciente”.

En el verano de 978 dirigió una nueva aceifa, esta vez en el noreste, contra Pamplona y Barcelona, de más de dos meses de duración. En el otoño realizó una nueva incursión, esta vez hacia Ledesma, de poco más de un mes de duración.

En el 981, Hixem II delega sus poderes en su hayib o valido, comenzando la época expansiva del Califato Omeya.

Hasta ese momento Almanzor y Galib habían dirigido un total de 10 aceifas por territorio cristiano. El objetivo de las primeras aceifas de Almanazor, aparte de atraerse al ejército, era el de destruir la línea defensiva del Duero, para lo cual arrasó Ledesma, Atienza y Zamora, entre otras poblaciones. La guerra de entonces era cruel, no había prisioneros, solo pasados por las armas o esclavizados, de los cuales solo en Zamora se llevó 10.000 esclavos.

Guerra con Galib

El desmesurado poder alcanzado por Alamanzor le enfrenta a su suegro, el general eslavo Galib.

En el 980 Almanzor llegó con sus fuerzas a Atienza para participar en una aceifa, el general Galib, jefe de la marca, le convidó a una celebración en la fortaleza. Durante la fiesta el general comenzó a criticar duramente a su yerno y acabó por atacarlo y herirlo en la mano y en la sien. Solo la interposición del cadí local le salvó la vida. Algunas fuentes cuentan que Almanzor debió saltar por una ventana de la torre, salvando la vida el que sus ropas se enredaran en el alero del tejado. De todas formas, Almanzor logró huir a duras penas, reunir sus fuerzas y asaltar Medinaceli, donde Galib guardaba sus riquezas, que repartió entre sus hombres. La ruptura entre los dos personajes acortó la campaña prevista contra los castellanos. Galib se vio obligado a pasar a territorio cristiano, no sin antes asesinar al cadí que había estorbado el ataque contra su yerno.

En octubre, Almanzor partió en una nueva campaña, probablemente contra alguna fortaleza partidaria de su rival. Otras dos campañas, realizadas a comienzos del 981, precedieron a la batalla definitiva, una en febrero y otra en marzo. La primera duró casi un mes y la segunda, doce días; en ambas las fuerzas de Almanzor resultaron vencidas. A estas derrotas, Almanzor respondió con una nueva campaña fronteriza, que asoló estos territorios durante dos meses en la primavera del 981 antes de acampar cerca de la fortaleza de San Vicente (actual Torrevicente).

Batalla de Torrevicente o de San Vicente (981)

Los dos bandos se enfrentaron en las cercanías de Torrevicente el 9 y 10 de julio de 981. Almanzor había acudido con su ejército de la capital, tropas bereberes y con algunas fuerzas fronterizas. Con sus tropas avanzó sobre Medinaceli, moviéndose impunemente por la región; tratando de provocar a Galib para que lo atacase, sin embargo, este se movió a la fortaleza de Atienza para reunir a sus seguidores. El ejército de Galib los componían las tropas fronterizas y los eslavos, y sus aliados eran las tropas castellanas del conde García Fernández y las pamplonesas de Ramiro Sánchez, hijo de Sancho II Abarca. Almanzor se dirigió al encuentro del general Galib, llegando a las proximidades de Atienza el 7 de julio, tomando posiciones en un llano junto al castillo de San Vicente (Torrevicente).

Galib decidió desplegar sus fuerzas, lo que motivó a Almanzor a hacer lo mismo. Se situó él mismo en el centro, el visir Abu Yafar ibn Ali con los bereberes en el ala derecha, y Abu-l-Ahwas Man Ibn Abd al-Aziz al-Tuybi y Hasan ibn Ahmad ibn Abd al-Wadud con las tropas de la frontera en la izquierda. Antes de la batalla pasaron dos jornadas en que ambas fuerzas hicieron alardes sin iniciar el combate.

El choque fue al comienzo favorable a las fuerzas de Galib, que desbarató los flancos de la hueste de su enemigo. Vestido con cota de malla, a lomos de su caballo y con un alto casco dorado decorado por dos bandas rojas que lo hacían perfectamente distinguible, dirigió una feroz carga que destrozó a los bereberes del flanco derecho enemigo. Sin perder tiempo, encabezó otra carga contra los soldados fronterizos del otro flanco a los que consideraba traidores, poniéndolos en fuga y dejando solamente al centro en pie.

Entonces, cuando parecía que la victoria estaba al alcance de la mano, Galib se apartó de sus tropas y se internó en una hondonada, al parecer para defecar, a donde más tarde acudieron a buscarle, encontrándole muerto junto a su caballo, tenía cerca de 80 años. Como Almanzor no creyó al principio la noticia, le llevaron la mano con el anillo y luego la cabeza de su suegro. La muerte de Galib desbarató sus fuerzas; muchas de las musulmanas se pasaron a Almanzor y los aliados cristianos de Galib tuvieron que huir del campo de batalla para intentar salvarse. Como consecuencia de la muerte del general, sus partidarios cesaron su oposición a Almanzor y entregaron las plazas que, como Atienza o Calatayud, que habían controlado hasta entonces.

A su vuelta a Cordoba arrojó la cabeza de Galib a los pies de su hija (y esposa de Almanzor) que dijo “Hágase la voluntad de Alá”.

Almanzor recibió el laqab (apodo) por el que se conoce, al-Mansur (Almanzor), “el Victorioso”. El vencedor presentó a su difunto suegro como enemigo del califato por su alianza con castellanos y navarros, motivo probable de la crucifixión de su cadáver, que era castigo habitual de traidores y rebeldes, y se presentó a sí mismo como campeón del califato y del Islam.

Campaña contra Simancas (983)

Almanzor fue famoso por sus aceifas o razias, de las que realizó unas 52 entre 983 y 1.001, sin que nunca fuese vencido. Una aceifa era una campaña de unos 40 días, generalmente en primavera o verano, con el fin de tomar botín, esclavos y destruir las fortificaciones cristianas.

En el 983 derrota otra coalición cristiana en Simancas, persiguiendo a los vencidos que intentan protegerse en el castillo de la ciudad. Los hábiles bereberes consiguen entrar junto a los huidos, manteniendo la puerta abierta para que pase la caballería. Los defensores se rindieron y fueron pasados a cuchillo.

La campaña comenzó el 5 de mayo del 885 y siguió un itinerario que pasaba por Elvira, Baza, Lorca y Murcia, lugar donde Almanzor se detuvo 23 días. Allí fue acogido por Aḥmad ben Duhaym ben Jattab, gobernador de la cora de Tudmir, quien agasajó sin límites a Almanzor al juzgar por las fuentes árabes.

Continuó hacia Barcelona. Poco antes de comenzar su asedió derrotó a las tropas del conde Borrell II en las cercanías del castillo de Montcada y, a continuación, el 1 de julio comenzó el asedio de Barcelona. Fue conquistada el 6 de julio del 985, aunque el conde logró escapar por mar y se refugió en las montañas de Manresa. Fueron hechos prisioneros importantes nobles como el vizconde Udalardo I de Barcelona y el arcediano Arnulfo, futuro obispo de Osona.

La guarnición fue arrasada y sus habitantes pasados a cuchillo o esclavizados (excepto los capaces de pagar un fuerte rescate). Al Mansur permanecerá durante meses en la ciudad que fue destruida, así como otros enclaves cercanos, entre ellos los monasterios de San Cugat del Vallés y San Pedro de las Puellas. Finalmente Almanzor abandonó la ciudad y dejó una guarnición en ella.

Sin embargo, entre dos y seis años después, Borrell logró rehacerse y se deshizo de la guarnición musulmana que Almanzor había dejado en la capital del condado.

Campaña contra Santiago de Compostela (997)

Almanzor partió de Córdoba el 3 de julio del año 997 con su caballería, que hizo el camino por Coria, Visco y Oporto, donde recibió a las tropas de infantería que habían viajado por mar y que estaban ya en Galicia, donde recibió el apoyo de varios nobles locales opuestos a Bermudo. Continuaron la marcha hasta el río Miño, destruyendo Tuy, el día 10 de agosto llegó a la ciudad de Santiago, que había sido abandonada por sus habitantes. La ciudad fue saqueada inmediatamente por los invasores, que destruyeron sus monumentos, murallas e iglesias, excepto la tumba del Apóstol, en la que Almanzor puso guardias para protegerla.

Después, se acercó hasta las costas del océano más al Norte, para dirigirse después de vuelta pasando por tierras del Bierzo y saqueando todo cuanto encontraba a su paso. El botín fue cuantioso y su entrada en la capital del Califato triunfal, incluso -según algún cronista cristiano- obligando a los cautivos a portar a hombros hasta allí las campanas de la iglesia de Santiago.

Campañas contra la ciudad de León (983, 986 y 994)

En el 983 Almanzor tomó Simancas y se dedicó a arrasar las tierras del río Duero alrededor de la villa fortificada de Roa. En esos momentos llegaron las huestes del rey navarro Sancho Garcés II y el conde García Fernández, a las que se sumaron las  del rey leonés, el joven Ramiro III, y decidieron no encerrarse en la plaza sino que presentar batalla campal. Las crónicas dicen  muy poco sobre el combate, pero se sabe que el ejército musulmán era muy superior en número y al parecer simplemente desbordó a los cristianos, que se dieron a la fuga.

Tras la victoria Almanzor avanzó contra León, capital del reino, pero Ramiro III salió a su encuentro. El rey cristiano rechazó el primer ataque de los soldados musulmanes, pero cambiaron las tornas y al final huyeron de vuelta a la capital del reino. Los musulmanes llegaron a las puertas de la ciudad, sin embargo, una tormenta invernal los obligó a volver a Córdoba, despues de saquear los arrabales de la ciudad.

En  el 986 el  atacó a las ciudades de Zamora, Salamanca y León, denominándose la campaña de las tres ciudades. Muchos nobles enemigos de Bermudo y ex-partidarios de Ramiro III se pasaron al bando de Almanzor, lo que le facilitó las cosas. Realizó un rápido ataque sobre Zamora, que tuvo que capitular. Al entrar en la población y descubrir que los nobles que la defendían habían huido, Almanzor se enfureció y ordenó saquear y destruir la ciudad. En pocos días cayeron Zamora, Salamanca, Alba de Tormes y León.

En el 994, el caudillo cordobés volvió a centrar sus miras en las ciudades de Astorga y León. Antes de iniciarse las hostilidades, Bermudo II expulsó del reino a los condes traidores a su causa, quienes se pasaron al bando musulmán sin dudarlo un momento. Bermudo II y sus súbditos, sabiendo que no podían ofrecer una buena resistencia, abandonaron la capital, llevándose a Oviedo las principales reliquias de santos, y los cuerpos de los reyes anteriores.

Dejaron para su defensa a los nobles hermanos gallegos Rodrigo y Guillén González, que ofrecieron una gran resistencia, consiguiendo repelerlos en varias ocasiones, pero finalmente la ciudad cayó y Almanzor arrasó la ciudad, y posteriormente hizo lo propio con Astorga, Coyanza (Valencia de Don Juan), y Sahagún. Intentó pasar al Bierzo y a Asturias, pero le detuvieron los castillos de las montañas (Luna, Gordón…). Según las crónicas, en León solamente dejó una torre en pie para que las generaciones venideras pudieran contemplar la anterior grandiosidad de la capital. Después de este desastre, Bermudo II ya nunca regresó a León.

Campaña contra la ciudad de Burgos  (1000)

En el año 1000, se dirigió contra la ciudad de Burgos. Sancho García reunió sus fuerzas y recibió contingentes de otros nobles cristianos, como el rey de Pamplona, el de León o el conde de Saldaña, reuniéndose una nutrida tropa de leoneses, castellanos, navarros y vascos.

Las fuerzas cristianas salieron a su encuentro y le esperaron acampados en una sólida posición defensiva en lo alto  de un peñón que controlaba el paso de numerosos caminos. Era un lugar llamado Yarbayra  o Peña Cervera, al sur de Silos, entre estos altos y la localidad de Espinosa de Cervera.

El 29 de julio ambos ejércitos establecieron contacto y se prepararon para combatir al amanecer del día siguiente. A la mañana del día 30, mientras aún los cordobeses no habían decidido un plan de acción, el conde castellano lanzó un ataque inesperado descendiendo por las laderas de la peña contra los flancos del ejército cordobés.

Los cristianos presionaron con su caballería ambos flancos de los musulmanes que apenas se sostenían, sorprendidos por el embate enemigo. Justo en el momento en que su flanco derecho estaba a punto de desbaratarse por completo, Almanzor envió a su hijo favorito, Abd al-Malik al-Muzaffar, para sostenerlo, mientras que su otro hijo, Abderramán Sanchuelo, acudía a auxiliar otro punto de la línea de batalla. Estos refuerzos equilibraron el combate, que se intensificó. Uno de los jefes bereberes que acompañaban a al-Muzaffar dio muerte a uno de los condes, Banu Gómez. Entonces, Almanzor realizó la martingala que le valió la victoria en el reñido enfrentamiento: ordenó trasladar campamento desde la hondonada donde se hallaba a un cerro cercano. El conde castellano creyó que las fuerzas que aparecían en el alto eran nuevos refuerzos que acudían a la batalla y ordenó la retirada, que se convirtió en una desbandada. La caballería islámica se encargó de perseguir al enemigo. Almanzor logró capturar el campamento enemigo.

Tras la victoria, las tropas de Almanzor persiguieron a los huidos en un radio de 15 km. Posteriormente, no siguieron a Burgos como estaba planeado, sino que se dirigieron hacia Zaragoza, pasando seguramente por La Rioja y, a continuación, saquearon el reino de Pamplona.

Campaña contra La Rioja (1002)

Almanzor ordenó que se sumara a su hueste un considerable contingente de tropas norteafricanas con las que se encontró, según lo acordado, en Toledo. Desde allí partieron hacia la ribera del Duero, en cuyas proximidades causó estragos y cuyas tierras devastó.

Solamente se sabe que el ejército musulmán llegó hasta Canales, unos 50 km al sudoeste de Nájera, y que alcanzó el monasterio de San Millán de la Cogolla, que fue saqueado. Al regreso de esta campaña, se sintió enfermo y tuvo que ser transportado en una litera, replegando rápidamente su ejército, es posible que durante su retirada su retaguardia fuese acosada por fuerzas cristianas, dando lugar a la supuesta batalla de Calatañazor (Soria). En muy mal estado llegó a Medinaceli. Allí los médicos no pudieron hacer nada por su vida, muriendo el 11 de agosto de 1002.

Reinos taifas

A su muerte, las distintas facciones o taifas (ta’i-fah, significa tribu) se hicieronn con el poder progresivamente en sus gobiernos locales, al tiempo que apoyan a los efímeros pretendientes a califa, manejándoles según sus intereses y como aval de prestigio del poder al que aspiran. En este periodo se consolidan unos treinta poderes locales, al frente de los cuales, los caudillos regionales usan títulos honoríficos de laqb usados por los califas y el chambelán Almanzor, pero sin proclamarse estos reyezuelos  califas personalmente. Las intrigas por la cabeza del califato en el que se enfrentaron los bereberes y árabes, se desarrollaban fundamentalmente en Córdoba; pero desde la capital se perdió todo control sobre el resto de del territorio que aprovecharon los incipientes reyezuelos taifas para gobernar con independencia, acuñando moneda y creando una administración independiente. Hasta el 1031 que desapareció el último califa.

Con la desaparición formal de la figura del califa, los reyes taifas procuran imitar los modos califales a escala local. Se dedicaron a construir palacios regios, nombrar visires, rodearse de una corte monárquica y procurar atraer intelectuales y poetas que cantasen sus glorias, valiéndose del cultivo del género literario del panegírico, tan importante para la cultura islámica.

La lucha por la supervivencia de los pequeños reinos y por la expansión de los más pujantes, generaron importantes gastos en recursos militares, que consistían fundamentalmente en tropas mercenarias. Esto, unido a las parias o impuestos pagados a los reinos cristianos, bien para aliarse con ellos contra otro enemigo, bien para comprar la paz, fue debilitando la pujanza del Al-Ándalus. Las taifas mayores fueron dominando y absorbiendo a las pequeñas, al final se consolidaron  las taifas de Badajoz, Toledo, Zaragoza, Castilla, Sevilla y Granada.  En el Mediterráneo destacaron la taifa de Denia y la taifa de Baleares, que armó una importante flota bélica.

Las guerras entre los reinos taifas hizo que buscasen protección y ayuda en los reinos cristianos, pagando una cantidad de dinero anual o  parias por su protección.