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domingo, 18 de agosto de 2024

Carta de Jaime II y el Santo Cáliz de Valencia. Desmontando información.


 La historiadora Margarita Torres, coautora junto a José Miguel del ensayo Los reyes del Grial , donde afirman que la reliquia más buscada de la cristiandad es el cáliz de Doña Urraca, asegura que «el cáliz de Valencia es muy fácil de desmontar». Tan sencillo como que «el rey Jaime II, que tenía en su poder el cáliz de San Juan de la Peña, más tarde de Valencia, solicitó al sultán de Egipto a principios del siglo XIV que le envíe el cáliz de Cristo —como consta en el Archivo Corona de Aragón—». Lejos de desacreditar esta patraña Catalina Martín Lloris, doctora en Historia del Arte y profesora en la Universidad Católica de Valencia defiende la posibilidad de que llegara a la Corona de Aragón desde Egipto por esta petición de Jaime II, entre 1322 y 1327, resulta más plausible.
 

Esta carta unida a la desinformación de las dos profesoras desacredita la presencia del Santo Cáliz en San Juan de la peña en el siglo XI, para ello argumentan esta carta como prueba. Para una por eso no es el Santo Grial y para la otra tampoco. Para  la primera, porque si Jaime II pide el Santo Cáliz al sultán, está queriendo decir que desacredita el que había en San Juan de Peña. Para la investigadora  Valenciana “Lo del Grial es un cuento que nace en el siglo XII y nada tiene que ver con el Santo Cáliz”.

Además,  Margarita Torres afirma que existe una respuesta del sultán diciendo “no puedo mandar a Hispania lo que en Hispania ya está”. Ese documento no aparece. Tal vez sea una ensoñación de la señora de León.

En rigor no sabemos porque Jaime II hizo esta solicitud. Podría ser porque en San Juan de la Peña hubiese un Cáliz, pero el rey no creyese en su autenticidad. También podría ser que en el monasterio no se conservase ninguna pieza en ese momento y que llegase allí porque este monarca lo regalase a la abadía Pirenaica posteriormente.

La amalgama de confusión continúa gracias a tres señoras que están engañando a la opinión pública mundial gracias a documentales como el de Netflix. Una vez más caemos en el ridículo internacional. Tres si tres porque la tercera pata del trio de divas, también es para hacérselo mirar.

Así pues, intentaré explicarlo con sencillez para que se entienda:

1-No sabemos la motivación que impulso a Jaime II a pedir el Cáliz al sultán de Egipto. Pero podemos contextualizar la carta, esto no se si lo enseñan en la facultad, para dar una hipótesis.

   1.1- Jaime II intentó obtener una alianza con el sultán Khalil en 1292, pero al disminuir las amenazas exteriores, la dejó sin ratificar. Así, esta carta, sería un intento de acercamiento político.

    1.2- En 1312 este monarca persiguió a los templarios de la corona de Aragón pues habían sido dictaminados como herejes. La relación con los monjes de San Juan de la Peña con esta Orden de caballería era muy profunda. Por extensión el cáliz de san Juan de la peña había sido venerado y protegido por esta hermandad de monjes guerreros, por siglo.


Se puede hipotetizar, gracias a esta contextualización del documento,  que el monarca  quisiese desacreditar esta reliquia intentando conseguir otra similar, por eso la carta de 1322 y de paso unir lazos con el sultán de Egipto. Es evidente que el monarca no podía tratar como Santa la copa que había estado siendo venerada por lo herejes. El rey de Aragón no tenia en ese momento en cáliz, como dice Torres, lo tenían los monjes de la abadía fortificada de San Juan de la Peña.

 2- Hay tres evidencias que sitúan al santo cáliz en San Juan de la Peña desde al menos el siglo XI.

     2.1-Primera y más rotunda el capitel de la catedral de Jaca en el que podemos leer SIXTOII que está  haciendo referencia a la tradición Laurentina que ya en esas fechas existía. Esta afirmaba que el papa Sixto II entrego a San Lorenzo el cáliz que hasta entonces estuvo en Roma, y este lo mando proteger en su Huesca natal.

     2.2- El documento de donación de Ramiro II fechado en 1135 en el que solicita un “cáliz lapidium y un urceo similiter” a San Juan de la Peña. Evidentemente, no dice que es el cáliz de cristo porque en esos momentos es evidente, que el objeto se encuentra expuesto a cualquier incursión por parte de los almorávides. Muy probablemente al dejar de ejercer de ser rey y volver a la vida monástica ese objeto regresaría a la posesión de la abadía. Por eso ,cuando Martin el humano solicita el cáliz de cristo en 1344 dice expresamente “que mi antepasado os dono” no por Jaime II si no por su más lejano antepasado Ramiro II.

   2.3 El acróstico de Pedro I descubierto por Gabriel Songel en el que se puede leer “Caliz lapsis Exilis” la misma expresión que uso  Wolfran von Essembach en el siglo XIII para referirse al Santo Grial.


Evidentemente no quieren nunca hablar de Santo Grial y mucho menos de templarios. Otro documental está en camino,esperemos resultados.

lunes, 5 de febrero de 2024

El comienzo. La caballería Híspanica


Cuando se habla de las Caballerías y de las Cruzadas automáticamente se asocia con Francia. Todos los méritos en la formación de la Caballería, como aportación hispánica quedan silenciados, tal y como se refleja en la “Chanson de Roland”, en la que la gesta de los navarros al derrotar al invasor Carlomagno sería transformada por el galo en un ataque traicionero de los sarracenos a la retaguardia imperial. A esto también colabora el historiador Otto Brunner –adscrito al partido nacionalsocialista alemán-, que refiere la fundación de la Caballería francesa como artífice de la defensa contra el sarraceno innovada por Carlos Martel; todo con el único objetivo de despreciar la aportación hispánica.
La tradición ecuestre en la batalla proviene de los visigodos asentados en la península ibérica y fue exportada a Francia. Autores romanos hablan de los famosos jinetes ibéricos, que con su caballería ibérica ligera como el viento, ágil y valerosa fue durante años el terror de los pretores romanos: admiraban el valor de los “soldurios”. Aludían a la “Devotia Ibérica”, que era un principio de fidelidad a su señor y a un fervor “religioso” (en aquel tiempo a divinidades paganas)
Los reyes visigodos a fin de defender el trono por las continuas acometidas de la nobleza, se rodearon de guerreros llamados “Gardingos”, fundándose un vínculo personal de fidelidad recibiendo a cambio donaciones de tierras. Algunos de estos “Gardingos” habrían llegado a la Galia franca, conservando sus hábitos de guerrero luchando como jinetes, ante la extrañeza de los francos que preferían hacerlo a pie. De ahí proviene la influencia de la caballería hispana que fue imitada por los francos, si bien manipulando el origen.
Siguiendo el ejemplo del “gardingato”, los reyes de Asturias, de León y de Navarra se rodearon desde el siglo IX de “Fidelis Regis”, que les prestaban servicios tanto palatinos como bélicos y que les unía una relación de fidelidad. Incluso, en el año 974, el Conde Soberano de Castilla, García Fernández, a fin de potenciar la caballería castellana otorgó estatuto jurídico de Infanzones a los habitantes que le sirvieran como jinetes en la guerra, a cambio de privilegios y derechos igualados a los nobles.
Así se dignificó la milicia a caballo en Castilla al servicio del soberano a diferencia de Francia en la que los Caballeros no eran más que simples servidores de los Señores feudales.
Por otra parte, en Navarra, los caballeros se organizaron en Cofradías, bajo una advocación religiosa y ordenadas hacia el servicio de la defensa de la Cristiandad en la lucha contra el Islam. Los propios reyes se denominaban Caballeros y se igualaban con los demás miembros de las Cofradías, formando la Orden de Caballería.
Comenzaba a imponerse el servicio a una misión más grande, que iba más allá de la mera servidumbre al Noble. Se servía al Rey, por tanto, al bien común. Y ese bien común se fundaba en la defensa de la Cristiandad.
En el año 905, el rey Sancho Garcés I “El Grande”, nada más acceder al trono convocó a la juventud noble de su reino para que olvidaran sus rencillas internas y se unieran en el objetivo común de combatir al sarraceno como Caballeros en la defensa del reino.
El Papa Gregorio II ratificó la Orden de Caballeros de la Encina, cuyo origen se remontaba al año 722, cuando García Jiménez se preparaba para el combate contra el sarraceno y al elevar la vista al cielo para pedir el auxilio divino vio sobre una encina el símbolo de la Cruz; mandó a sus guerreros ponerse una cruz sobre sus pechos y lanzarse al combate iniciándose así la Reconquista de Navarra. El lema de la Orden era “Non timebo millia circundastes me”
En al año 1023, el rey navarro Sancho Garcés III “el Mayor” que se rige por la Norma de San Benito, instituye la Orden de Caballeros denominada de los Lirios, cuya enseña eran dos lirios celestes y en medio Nuestra Señora de la Encarnación, Patrona de la Orden, con el lema “ Deus primum christianum servet”; a fin de continuar la oposición contra el Islam se funda la Orden de caballeros de la Teraza, bajo la advocación de la Virgen de Nájera.
Así pues en los reinos hispánicos existía una gran diferencia entre un Caballero y un simple jinete armado, por lo que sería el ejemplo de la Caballería Hispánica el que fue llevado a Francia como modo de cristianizar y combatir al sarraceno.
Pero la ocasión de elevar a estos Caballeros a una misión sagrada se presentó con ocasión de la pedida de ayuda del rey aragonés Ramiro I para combatir a los mahometanos en Barbastro.
Acudió a la Santa Sede para solicitar el auxilio y reformar el sistema de concordato que existía de los demás reinos cristianos con los mahometanos en forma de tributos. Se consolida la idea de que los reyes cristianos deben luchar contra el Islam, no lucrarse con los impuestos. El Papa Alejandro II emite su Decreto “ Dispar Nimirum”, a fin de convocar a la lucha contra los sarracenos de Barbastro.
Y allí quedaron convocadas las tropas cristianas que, tras un asedio de cuarenta días, cayó en manos cristianas.
Este momento fue crucial para el concepto de las Cruzadas. Se puede definir como la Primera Cruzada: la hispana convocatoria de guerreros cristianos de varios reinos con el objetivo de la defensa suprema de la Cruz.
¿Qué le debe Europa a España? Aquí tenemos uno de los innumerables ejemplos: los Caballeros cristianos y la iniciativa de las Cruzadas. No olvidemos nuestra historia.
 

Arqueología


 Descubrimiento arqueológico en la isla de Gotland, Suecia: Calavera medieval encontrada revestida con cota de malla de la batalla de Visby de 1361

jueves, 11 de enero de 2024

Urraca I de León


 La primera reina que reinó por derecho propio en la península ibérica fue doña Urraca I de León . Se trata de un personaje absolutamente excepcional e insólito en el medioevo hispánico: por su condición de mujer, por su importancia e influencia en los hechos de la época en la que vivió y las divergencias que provocó, maltratada físicamente y psicológicamente por su segundo esposo y también por sus súbditos, demostró tenacidad y fuerza indomable, pero no ha sido apreciada justamente por la historia .Doña Urraca era bisnieta de un rey de Navarra, un rey de Aragón, una condesa de Castilla y un rey de Francia, un linaje excepcional, hija de Alfonso VI, que dicho sea de paso tuvo cinco esposas legales Inés de Aquitania, Constanza de Borgoña, Isabel de Francia, Berta de Toscana y Beatriz Urraca “La Temeraria”, apodo con el que pasó a la posteridad, tenia ciertas características tendientes a la violencia e incluso le reconocen “méritos” virtuosos en un hombre, pero impropios en una mujer, por lo que Doña Urraca es una figura histórica muy controvertida, poseedora de gran habilidad, carácter y determinación, su personalidad y las circunstancias históricas Era doña Urraca hija primogénita de Alfonso VI de Castilla y de Constanza de Borgoña, nació en León en el año 1081. Contrajo matrimonio con apenas doce años con el conde Raimundo de Borgoña, de quien nacería el futuro Alfonso VII en 1105 y su hija Sancha Raimúndez. Urraca se convierte en la única heredera a los tronos de León y de Castilla tras la muerte de su hermano Sancho en la batalla de Uclés en 1108. Alfonso VI en Toledo convoca una Curia para proclamar a Urraca sucesora y jurar en el Alcázar de Toledo como futura Reina de Castilla y de León .Al quedar viuda, su padre quiso casarla con Alfonso el Batallador, intentando evitar disputas ente leoneses y castellanos Las capitulaciones preveían que todos los reinos del matrimonio pasarían al heredero común, lo que excluía de la sucesión de León y de Castilla a Alfonso Raimúndez, hijo de Urraca, que era conde de Galicia Urraca murió durante el parto de un tercer hijo del conde Pedro González de Lara, con 45 años de edad en el castillo de Saldaña en Palencia, el 8 de marzo de 1126 y por deseo suyo fue enterrada en el panteón real de San Isidro en León, como era tradición de los reyes de León, tradición rota por su padre, Alfonso VI de León, quien recibió sepultura junto a la mayoría de sus esposas, entre ellas Constanza de Borgoña, madre de la reina Urraca, en el Monasterio de San Benito de Sahagún. Le sucedió en el trono castellano-leonés su hijo primogénito, que reinaría como Alfonso VIII. Trató durante su vida de hacerse respetar por sus súbditos y cuando se sentía agraviada gritaba: “¡El rey soy yo!”. Se autotituló: Totius Hispaniae Regina, emulamdo el titulo imperial que ostentó Alfonso hasta la anulación matrimonial: Alfonsus Gratia Dei Imperator de Leone et Totius Hispaniae Rex, de haber prosperado esta unión dinástica la unificación de los reinos cristianos de España y Portugal se hubiese materializado

miércoles, 20 de diciembre de 2023

La carga de los Tres Reyes. Las Navas de Tolosa.


En 1194 el califa almohade Yaqub al-Masur había enfermado de gravedad, por lo que su hermano, Abu Yahya, gobernador de Al-Andalus, fue a Marruecos para reclamar el trono. Eso desató un conflicto civil, que intentó ser aprovechado por Alfonso VIII de Castilla para atacar Sevilla y sus alrededores, rompiendo la tregua establecida previamente.  
Al-Mansur derrotó a su hermano y reunió un ejército para enfrentar a sus enemigos y en 1195 venció a las tropas castellanas en Alarcos. Al triunfo siguió la conquista de Trujillo, Pasencia, Talavera, Cuenca y Uclés y dejó debilitado al reino de Castilla. El victorioso Al- Mansur murió en 1199 y le sucedió su hijo Muhammad al-Nasir.  
Al-Nasir ambicionó continuar realizando progresos en al-Ándalus por lo que en 1211 reunió un ejército poderoso, cruzó el estrecho de Gibraltar y capturó el castillo de Salvatierra. Alfonso VIII percibió la amenaza sobre Toledo y el valle del Tajo y decidió enfrentarse en una batalla decisiva, para la cual requería de mucho apoyo. Solicitó la ayuda del papa Inocencio III que convocó una cruzada para facilitar la llegada de contingentes de toda Europa.  
Alfonso VIII consiguió el apoyo del rey Pedro II de Aragón y de Sancho VII de Navarra, además llegaron caballeros de toda Europa, especialmente de Francia. Según Francisco García, los cristianos tenían unos 4000 jinetes y 8000 infantes. Los musulmanes tendrían el doble. Fue la ciudad de Toledo en donde se concentró el ejército cristiano.
Alfonso VIII tomó la iniciativa y con la ayuda de un pastor, atravesó la sierra y llegó a las cercanías del ejército musulmán, llamado Las Navas, el 13 de julio de 1212. El día 16 se produjo el enfrentamiento.  
Los cristianos se desplegaron en tres columnas de ancho por tres de profundidad y dieron inicio a la batalla. Los almohades se defendieron y estuvieron a punto de rodear al ejército cristiano, el cual mantuvo el orden y repelió los ataques. La lucha duró casi todo el día, hasta que la retaguardia cristiana entró al ataque y derrotó a los musulmanes. Las tropas victoriosas se apoderaron del campamento de al-Nasir, quien huyó del campo.  
Los cristianos capturaron un rico botín, a la vez que sus pérdidas, aunque no hay consenso, fueron escasas; no así las almohades, que fueron más de 10 000.
La batalla de las Navas de Tolosa fue un parteaguas, pues se inició el declive almohade en la península Ibérica a la vez que el avance cristiano cobró auge y se amplió unas tres décadas después, hasta reducir los territorios musulmanes al reino de Granada.

La batalla de Covadonga contada por los musulmanes


(Isa ibn Ahmad al-Razi fue un historiador y escritor árabe, cronista del califa al-Hakam II en la segunda mitad del siglo X. Hijo de Ahmad ibn Muhammad al-Razi, también historiador, finalizó en Córdoba después de año 977 la composición de la obra más famosa de su padre, Historia de los reyes de Al-Andalus.)
"Dice Isa ben Ahmad al Razi que en tiempos de Anbasa ben Suhaim Al Qalbi, se levantó en tierra de Galicia un burro salvaje llamado Pelayo. Desde entonces empezaron los cristianos en Al-Ándalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, las que no habían esperado conseguir. Los islamitas, luchando contra los politeístas y forzándolos a emigrar, se habían apoderado de su país hasta llegar a Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres.
Los soldados no pararon de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían que comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las grietas de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al fin y al cabo les despreciaron diciendo: «Treinta asnos salvajes, ¿qué daño nos pueden hacer?».
La historia siempre tiene varias versiones, y siempre es necesario huir de la que es evidente propaganda.

Primer ataque Vikingo en Andalucía


 El 11 de noviembre del año 844 se produjo la batalla de Tablada en la que se enfrentaron el emirato de Córdoba con las huestes de vikingos que por primera vez dirigían sus expediciones de saqueo a la Península Ibérica. La batalla campal tuvo lugar en los terrenos de Tablada, a las afueras de Sevilla.
Las ciudades y comarcas del suroeste de al-Ándalus, alejadas de las fronteras con los cristianos —y de los no menos peligrosos musulmanes norteafricanos—, llevaban una existencia libres de temor a un ataque exterior, pues ningún enemigo acechaba las costas meridionales de la Península. Por ello, ciudades como Sevilla no estaban protegidas por murallas, que, a juicio de los emires omeyas, sólo podían servir para que sus habitantes tuvieran tentaciones de protegerse tras ellas y alzarse contra Córdoba. Pero en el año 844 el al-Ándalus tranquilo y confiado despertó a la realidad de una manera brutal: tras algunas escaramuzas en Lisboa, Cádiz y Sidonia, unos cincuenta navíos vikingos llegaron a la desembocadura del Guadalquivir y desde allí fueron remontando el río arrasando a su paso Coria hasta llegar a Sevilla. Sus habitantes, abandonados por su gobernador, que huyó a Carmona, intentaron resistir, pero su débil oposición terminó el 1 de octubre.
Los vikingos entraron en la ciudad a sangre y fuego, matando a todo ser viviente, hombres, mujeres y bestias, que hallaban a su paso, y allí permanecieron todo ese día, para luego regresar a sus naves a la mañana siguiente. Abderramán II, que ya tenía noticias de su presencia en las costas andalusíes por mensajes enviados desde Lisboa, envió inmediatamente tropas hacia Sevilla, sin esperar a que el ejército estuviese reunido, de forma que iban llegando pequeños destacamentos en días sucesivos. Estas tropas consiguieron parar a los invasores, causarles algunas bajas y apoderarse de cuatro navíos, que fueron quemados después de sacar de ellos el valioso botín que transportaban.
Aunque las crónicas andalusíes hablen de resonantes victorias sobre los vikingos, se dice que 30 naves fueron quemadas y cerca de veinte mil invasores perecieron (cifra exagerada, ya que la cifra real de vikingos oscilaría entre los mil y los dos mil), lo cierto es que no sólo no fueron aniquilados, sino que, con bajas más o menos apreciables, pudieron abandonar sin dificultad el Guadalquivir, saquear Niebla y seguir rumbo hacia la costa de África para continuar sus andanzas por el Atlántico. Lo cierto es que la rápida reacción de Abderramán II sirvió, sin embargo, para que los vikingos no avanzaran más hacia el interior y para demostrarles que al-Ándalus no era presa fácil. Quince años más tarde, reinando ya el emir Muhammad, volverían a aparecer en las costas meridionales de al-Ándalus, pero en esa ocasión la marina omeya estaba bien preparada. Escarmentado por el grave descalabro de Sevilla, Abderramán II tomó medidas para que sucesos como éste no se repitieran, una de las cuales fue la construcción de las murallas de Sevilla. Asimismo se llevó a cabo una hábil labor de construcción de fortalezas (el “ribat”) en la costa y desembocadura de los ríos que darían origen al topónimo de poblaciones como San Carlos de la Rápita (Tarragona), La Rápita (Mallorca), La Rábida (Huelva) y La Rábita (Granada).



viernes, 8 de diciembre de 2023

Caníbalismo en las Cruzadas


Hay algo que los largometrajes no han logrado transmitir. Al menos todavía. El hedor de los cadáveres que, ya serenos y huecos de vida, yacen inertes sobre el campo de batalla. En el siglo XI, durante la Primera Cruzada , la guerra no olía a gasoil y a pólvora. Apestaba a sudor y exudaba el calor del desierto. Eran otros tiempos. Los de luchar por una Tierra Santa alejada del cobijo del viejo continente y los de asumir penurias inimaginables en defensa del cristianismo. Y si creen que exagero, basta con recordar el hambre y la desesperación que debieron pasar los defensores de la ciudad de Maárat para verse obligados a comer carne humana. 

 El episodio, tan real como tristemente olvidado, es uno de los muchos que recoge el profesor de Historia medieval Thomas Asbridge en su flamante «La Primera Cruzada. Una nueva historia» (Ático de los libros, 2021). Una obra que, a lo largo de sus más de cuatrocientas páginas, se zambulle de lleno en la campaña que inauguró unas contiendas (las cruzadas) que se extendieron durante dos siglos a través de los ojos de cientos y cientos de cronistas. Fue una de las pocas que, sobre el papel, resultaron exitosas y finalizaron con la toma de Jerusalén . Aunque, en la práctica, provocó una infinidad de conflictos internos y muertes.
Primera Cruzada

La Primera Cruzada se gestó en un momento de tirantez extrema en la Iglesia. Según explica a ABC Carlos Núñez del Pino –licenciado en Historia y autor de artículos de divulgación en revistas como Descubrir la Historia, Historia Hoy o Muy Historia– su arquitecto fue Urbano II . «Accedió al trono papal en 1088, una época de enorme tensión y crisis en la institución, muy debilitada por su enfrentamiento con el Sacro Imperio Germánico . Tal era la situación, que el nuevo papa tardó seis años en poder controlar su palacio, ocupado por el Antipapa Guiberto . Urbano, francés de origen, era un auténtico animal político y tenía muy claro su objetivo: recuperar la influencia política», desvela.

La oportunidad de recuperar el poder se le presentó en el 1095, cuando el emperador bizantino Alejo Comneno solicitó ayuda para detener a un ejército selyúcida que llamaba a sus puertas ávido de tierras y riquezas. Urbano II , un verdadero mago de la política, instó entonces a los cristianos a viajar miles de kilómetros hasta Tierra Santa . «Supo instrumentalizar esta solicitud para sus intereses. En un contexto de legitimización de la corona papal utilizó la idea de Cruzada para erigirse como principal defensor de la fe. No solo podría vender la idea de la ayuda hacia los cristinos orientales en peligro, sino que dirigiría la belicosidad de los príncipes europeos hacia tierras lejanas», añade Del Pino.

Cual estrella del rock , Urbano II protagonizó decenas de bolos por tierras galas primero, y Europa entera después, en los que llamó a pobres y ricos a dejar la calidez de sus hogares, bordarse la cruz –símbolo de aquel movimiento militar– y defender el cristianismo. Y vaya que le salió bien. «Durante el verano de ese año, Urbano realizó una gira por Francia para visitar Cluny , donde había sido prior, y a los grandes nobles. El objetivo era conseguir el apoyo de la élite del reino antes de lanzar su idea en Clermont . Estaba todo calculado para evitar cualquier error». Su máxima, convertida a la postre en una suerte de lema de la Primera Cruzada , resonó en palacios y en las casas más humildes: « Deus vult » («Dios lo quiere»).

Lo que el altísimo no anhelaba, con total seguridad, eran las diferencias internas que brotaron en el seno de los ejércitos arribados a Tierra Santa. La enfermedad fue la llegada de demasiados líderes militares, y no había un remedio claro para ella. Lo único que ayudó a paliarla fueron las victorias contra los musulmanes, el sueño por hacerse con la ciudad prometida –Jerusalén– y la conquista de enclaves determinantes como Antioquía (tomada en el verano del 1098). Y, a veces, ni eso. Así lo confirma Asbridge en su obra, donde especifica que fue precisamente en esta urbe donde tres personajes de calado dieron un paso al frente para alzarse, de una vez, como líderes de la Primera Cruzada: Bohemundo de Tarento , Godofredo de Bouillón y Raimundo de Tolosa .
Triste preludio

Bohemundo, príncipe de Tarento, era la opción más lógica. Veterano, había demostrado en un millar de ocasiones su valía en combate. No en vano recibió en junio el cargo temporal de comandante de la Cruzada. Sin embargo, era de mentalidad cautelosa y no abogaba por avanzar hacia Jerusalén hasta que las posesiones ya conquistadas estuvieran bien defendidas. Su némesis fue Raimundo de Tolosa, convencido de que la conquista de la Ciudad Santa era clave para la moral de las tropas y portador de una reliquia capaz de unir a toda la cristiandad: la lanza con la que –de forma presunta– habían atravesado a Cristo en la Cruz. Ambos protagonizaron una serie de tiranteces para hacerse, poco a poco, con más poder que su contrario.

Desde luego no fue sencilla la conciliación. Tras la conquista de Antioquía , cada uno de los contendientes se obcecó en hacerse con más territorio que su par para postularse como líder de la cruzada. En medio de aquel clima enrarecido, y allá por finales de noviembre del 1098, Raimundo puso sus ojos en Maárat an Numán , uno de los asentamientos más destacados del oeste de Siria tanto a nivel estratégico como económico. Sus huestes arribaron a las puertas de la pequeña fortaleza el 28 y, apenas unas jornadas después, hicieron lo propio las de Raimundo, obsesionado por participar en la conquista y que no le adelantaran un movimiento en su particular partida de ajedrez. La urbe, definida por los cronistas como «rica y muy poblada» , se enfrentó así a los cristianos.

El largo asedio, cuyos pormenores darían para un artículo igual de extenso, puso de manifiesto lo precarias que eran las líneas de abastecimiento de los cristianos . El camino directo con Antioquía no tardó en verse bloqueado de forma intermitente y las tropas de Bohemundo y Raimundo sufrieron en su piel la escasez de vituallas y agua. Así lo corrobora Asbridge al señalar, en su nueva obra, que «los mismos cruzados se quedaron rápido sin provisiones» y que se vieron obligados a acortar los tiempos que barajaban en principio para evitar un descalabro aún mayor. «Con el invierno cerca de alcanzar su punto álgido, las líneas de abastecimiento pronto empezaron a mostrar señales de tensión. Al cabo de una semana, el suministro se redujo».

Raimundo de Aguilers , testigo de los hechos, hizo referencia a la preocupante escasez de alimentos:

«Me apena informar que en la hambruna resultante era posible ver a más de diez mil hombres dispersos por el campo como ganado, rascando y rebuscando con el propósito de encontrar algún grano de trigo o de cebada, una judía o cualquier hortaliza».

La escasez de alimentos trajo consigo una disminución radical de la disciplina y, con el paso de las jornadas, hasta el monje Pedro Bartolomé –mano derecha de Raimundo– cargó contra el ejército cruzado por perpetrar faltas como «el asesinato, el saqueo, el robo y el adulterio». Todos ellos, pecados que obligó a purgar con la ofrenda de oraciones, el pago de limosnas y muchos «preparativos espirituales» más. Por suerte para los líderes, la fortaleza de Maárat an Numán cayó a mediados de diciembre tras lanzar contra ella desde una gigantesca torre de asedio hasta, en palabras de los cronistas de la época, «piedras, proyectiles de fuego, colmenas de abejas, cal y fuego».
Canibalismo

Aquella hambruna fue un triste preludio de lo que todavía estaba por llegar. Tras unas navidades en total inactividad, Asbridge afirma que la escasez volvió a tomar la ciudad de Maárat. «La mayoría de ellos, desde los caballeros hasta los campesinos más pobres, estaban cada vez más descontentos. Una vez agotado el exiguo botín obtenido durante el saqueo de la ciudad, el hambre volvió a amenazarlos». Pronto se extendió a toda velocidad entre la hueste la idea de que la única forma de sobrevivir era marchar hacia la ansiada Jerusalén. La rebelión se palpaba en el ambiente y ninguno de los dos líderes estaba exento de ella. Pero a uno y al otro, al otro y al uno, les resultó imposible aparcar sus diferencias en favor de un objetivo común.

Sus problemas internos terminaron por condenar Maárat. Para empezar, ambos abandonaron la ciudad a su suerte tras reiniciar sus disputas por el control de Antioquía, mucho más determinante. Si las líneas de aprovisionamiento eran ya débiles, aquello les dio la puntilla. La ciudad quedó desprovista de vituallas y, en breve, se inició una hambruna. La mayor de todas las vividas hasta entonces. «Las líneas de abastecimiento que sostenían a los soldados eran tenues, pero, con la llegada del nuevo año, colapsaron. Los pobres, que ya habían padecido hambre en Navidad, se descubrieron de repente privados por completo de sustento . Todo indicaba que se revivirían los horrores de la inanición , que ya había causado estragos entre los francos un año atrás, durante el asedio de Antioquía», añade el experto en su obra.


Narran las crónicas que la desesperación de los soldados cristianos afincados en Maárat fue absoluta. El hambre provocó que los cruzados más desamparados «despedazaran los cadáveres de los musulmanes, pues en las entrañas de estos se solían encontrar monedas de oro». Y eso solo fue el principio. Poco tiempo después, otros recurrieron a medidas más desesperadas. De esta forma lo explicó el cronista Raimundo de Aguilers:

«Aquí nuestros hombres sufrieron una hambruna excesiva. Me estremezco al contar que muchos de ellos, atormentados hasta el extremo por la locura que les causaba la falta de alimentos, decidieron cortar trozos de carne de las nalgas de los sarracenos que yacían por allí, trozos que luego cocinaban y comían, y devoraban como salvajes sin esperar siquiera que la carne se acabara de asar».

Asbridge recoge otros tantos testimonios que se refieren a que «la escasez de comida se tornó tan grave que algunos cristianos se comieron con gusto los cadáveres podridos de los sarracenos que tres semanas antes habían arrojado a los pantanos».

El autor define lo acontecido en Maárat como «una de las atrocidades más infames cometidas por los ejércitos de la Primera Cruzada». Ya en la Edad Media , el canibalismo era una práctica vista con verdadera repulsión por los cristianos, algo que no sucedía, por ejemplo, con los saqueos orquestados contra el enemigo. Por ello, los cronistas dieron buena cuenta de ella en sus escritos. Asbridge también afirma que aquellas historias «tuvieron algún efecto a corto plazo». El principal fue que las noticias llegaron hasta las urbes cercanas y los musulmanes se forjaron la imagen de los caballeros cristianos como demonios con cuernos y rabo. Seres sedientos de sangre ante los que era imposible ofrecer resistencia. Al parecer, esa leyenda negra les hizo firmar treguas con sus enemigos antes incluso de que atacaran.

Inmaculada Concepción


La Inmaculada Concepción de María, conocida también como la Purísima Concepción, es un dogma de la Iglesia católica proclamado en 1854 que sostiene que la Virgen María estuvo libre del pecado original desde el primer momento de su concepción por los méritos de su hijo Jesucristo, recogiendo de esta manera el sentir de dos mil años de tradición cristiana al respecto. Se celebra el 8 de diciembre, nueve meses antes de la celebración de la Natividad de la Virgen el 8 de septiembre.1

No debe confundirse este dogma con la doctrina del nacimiento virginal de Jesús, que sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón mientras que María permaneció virgen antes, durante y después del parto.

Al desarrollar la doctrina de la Inmaculada Concepción, la Iglesia católica contempla la posición especial de María por ser madre de Cristo, y sostiene que Dios, en previsión del nacimiento de su Hijo, preservó a María, desde el momento de su concepción, de toda mancha o efecto del pecado original, heredado por todos los hombres desde Adán y Eva. La doctrina reafirma con la expresión «llena de gracia» (en latín: Gratia Plena) contenida en el saludo del arcángel Gabriel (Lc 1:28), y recogida en la oración del Ave María, este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios.

Incluso más ampliamente que el dogma y fuera de él, la Iglesia enseña no sólo que la Virgen fue concebida sin pecado original, sino también que permaneció durante toda su vida libre de toda mancha de pecado, incluso venial.
 

Definición dogmática

La definición del dogma, contenida en la bula Ineffabilis Deus del 8 de diciembre de 1854, promulgada por el papa Pío IX, dice lo siguiente:

    [...] Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y de consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano. Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de dudar en su corazón lo que por Nos ha sido definido, sepa y entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que ha caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho
   

Bula Ineffabilis Deus.​

El historiador y catedrático francés Louis Baunard narra lo siguiente:

    Pío IX, contemplando el mar agitado de Gaeta, escuchó y meditó las palabras del cardenal italiano Luigi Lambruschini (1776-1854): 'Beatísimo Padre, Usted no podrá curar el mundo sino con la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Sólo esta definición dogmática podrá restablecer el sentido de las verdades cristianas y retraer las inteligencias de las sendas del naturalismo en las que se pierden.


El historiador Francesco Guglieta, experto en la vida de Pío IX, señala que el tema del naturalismo, que despreciaba toda verdad sobrenatural, podría considerarse como la cuestión de fondo que impulsó al papa a la proclamación del dogma: «La afirmación de la Concepción Inmaculada de la Virgen ponía sólidas bases para afirmar y consolidar la certeza de la primacía de la Gracia y de la obra de la Providencia en la vida de los hombres». Guglieta señala que Pío IX, pese a su entusiasmo, acogió la idea de realizar una consulta con el episcopado mundial, que expresó su parecer positivo, y llevó finalmente a la proclamación del dogma.

Protestantismo

La doctrina de la Inmaculada Concepción no es aceptada por algunas Iglesias protestantes. Estos rechazan la doctrina ya que no consideran que el desarrollo dogmático de la teología sea un referente de autoridad y que la mariología en general, incluida la doctrina de la Inmaculada Concepción, no se enseñaría en la Biblia.

Sin embargo, el iniciador del movimiento protestante, Martín Lutero, dijo:
Es dulce y piadoso creer que la infusión del alma de María se efectuó sin pecado original, de modo que en la mismísima infusión de su alma ella fue también purificada del pecado original y adornada con los dones de Dios, recibiendo un alma pura infundida por Dios; de modo que, desde el primer momento que ella comenzó a vivir fue libre de todo pecado.

Sermón: "Sobre el día de la Concepción de la Madre de Dios", 1527

lunes, 4 de diciembre de 2023

Del Caballero...

 La Edad Media, un periodo histórico lleno de leyendas que a veces entorpecen su comprensión. Una de las figuras que siempre relacionamos con el Medioevo es un caballero a lomos de un poderoso caballo de guerra, pertrechado con una reluciente armadura. Curiosamente los caballeros se vendían a aquel que mejor pagara sus servicios. Se fueron reconvirtiendo en señores feudales o pasaron a engrosar sus huestes, hasta formar parte de la nobleza. Deviene de la voz francesa chevalerie, que procede del latín caballarius, cuya acepción es tanto para la condición de caballero como se aplica también a las gestas de la caballería.
El origen de los caballeros es bastante confuso, se puede rastrear en las leyendas de los guerreros del norte de Europa, como germanos y escandinavos, en las leyendas celtas e irlandesas. Incluso en los héroes mitológicos de la Antigüedad, que se entremezclan con los guerreros idealizados en el tiempo. Les nombramos algunos que seguro recuerdan como Arturo, Perseo, Aquiles, Ulises, Héctor, Aníbal, César, Alejandro Magno, San Jorge… todos caballeros protagonistas de grandes epopeyas. Pero dejando de lado las leyendas, hubo un hecho que propicio su aparición, y fue la caída del poderoso Imperio romano, el de Occidente en el siglo V, hacia el año 476. Entre esta fecha y principios del siglo XI es cuando se van formando los primeros caballeros, hasta convertirse en una categoría social diferenciada.
Europa por llamarlo de alguna manera estaba muy revuelta, más bien patas arriba. Es la época que muchos historiadores denominan de desgobierno y anarquía. Las guerras eran continuas, los reyes no eran tales, y los nobles se hacían fuertes en sus feudos. Por si esto fuera poco los vikingos realizaban repetidas invasiones por el norte, mientras que los árabes y magiares hacían lo propio por el este. Era un estado de guerra de todos contra todos. En esa situación unos hombres con caballos y con armas eran un bien muy valioso. El vocablo caballero al principio tenía una connotación peyorativa, se les asociaba con el desorden reinante. Pero hay un elemento que cambia esta concepción y es el vasallaje, que es cuando algunos caballeros luchan a las órdenes de un señor, protegen y ensanchan sus posesiones además de velar por la paz.
El sistema feudal divide la sociedad en tres estamentos o clases: el clero y la nobleza, a la que pertenecen los monarcas, señores y los caballeros. El último estamento es el tercer estado, que aglutinaba  a los campesinos, artesanos y comerciantes. Es decir los que rezan, oratores, los que combaten, bellatores y por último los que trabajan, laboratores.
El papel de la Iglesia fue relevante, ya que fomentó la creación de órdenes que empuñaban la espada y la cruz al mismo tiempo, como los caballeros templarios, hospitalarios y teutónicos. Además dirimió las normas de conducta de los caballeros, creo un rito litúrgico cristiano (que por cierto venía de prácticas paganas como eran las iniciaciones viriles de los pueblos germanos y las de los equites romanos). Era la investidura como caballeros, tenían que velar sus armas, y la Iglesia les imponía sus deberes. A todo esto hay que ligar la empresa más santa de la Iglesia, que fueron las cruzadas, y el fin supremo la conquista de Jerusalén. De paso alejaban las guerras de su territorio, así los reyes y sus caballeros guerreaban contra los enemigos de la cristiandad.
Al margen de la Iglesia la caballería era una forma de vida, que se fue idealizando a través de la literatura. Los caballeros se convirtieron en modelos de conducta a seguir, a esa idealización contribuyeron los romances, los poemas épicos y los cantares de gesta como, La canción de Roldán o El cantar de mío Cid.  Nombrar también el ciclo Fenian, El cantar de Beowulf, La canción de los Nibelungos, sin olvidar la más famosa epopeya que toma forma en el ciclo artúrico, sobre todo por Chrétien de Troyes, que es el autor de Lanzarote, o el caballero de la carreta, Tirant lo Blanch, Amadís de Gaula. Para los caballeros era importante el valor, además de realizar hazañas memorables. Otra de sus cualidades indispensables era la lealtad a su señor, también se valoraba la generosidad, pero sobre todas ellas sobresalía el honor que era su bien más preciado. Las novelas de caballería se encargaron de  exaltar las acciones de los caballeros.
A partir de los siglos XII y XIII los caballeros se identifican claramente con la nobleza. Se convierte en hereditaria, lo que da lugar a la búsqueda de antepasados célebres. Lo que provoca que el ideal caballeresco se prolongue más allá de la Edad Media. Caballero no podía ser cualquiera, necesitaban medios económicos altos, necesitaban caballos, equipaje, armas, escuderos, sirvientes. En un principio el atuendo del caballero era un traje completo de cota de malla y el yelmo, pero fue variando hasta la armadura que conocemos. El caballo también llevaba la suya, lo que a veces hacía que fuera un objetivo fácil en la batalla. Por otra parte los caballeros se ejercitaban también con la caza, con los torneos, las justas y los pasos de armas, después se les compensaba con premios y un gran banquete.
No vamos a dejar de lado en este artículo el amor cortés, curiosamente los rudos caballeros se volvían más delicados cuando tenían que tratar con damas. En las cortes donde gobernaban las mujeres lo sutil cobraba vida,  eran protectoras de las artes, la música y los trovadores eran indispensables, los caballeros se refinaban para poder participar de ese ambiente. El amor cortés era otra idealización, se daba por ejemplo cuando un caballero se proclamaba vasallo de una dama. A partir de ese momento su honor era su bandera, y todo lo que hacía estaba supeditado a halagar a la dama, que le entregaba una prenda que el caballero lucía con orgullo a la vista de todos. Entre ellos se establecía una especie de amor platónico, muchas veces las damas elegidas eran las mujeres de sus señores.  Las historias de amor hacían soñar, como la de Tristán e Isolda, la nobleza de los personajes y la belleza estaban garantizadas.



La Cruz de hierro alemana y la Orden Teutónica


La cruz de hierro es un símbolo alemán que lleva una fuerte carga simbólica y de controversia.
El diseño de la cruz de hierro se usó como condecoración emblemática del ejército alemán desde el año 1870.
Sin embargo, el origen de la cruz de hierro se remonta a los Caballeros Teutones, más de 700 años antes de la ascensión de Hitler al poder.

Origen de la cruz de hierro.

Para conocer su origen, debemos remontarnos a la Edad Media.
Y en particular, a los tiempos de la Orden del Temple, cuyos miembros eran conocidos como caballeros templarios. Esta fue una de las órdenes monásticas católicas militares más poderosas.
Cada orden utilizaba un emblema distinto para representar a los integrantes del grupo.
Este emblema conocido también como cruz pateada era estampado en sus trajes, y esculpido en edificios y monumentos.
Pero era necesaria la aprobación del concilio cristiano para que cada orden pueda usar la cruz como diseño.

La cruz de hierro de la Orden Teutónica.

Fundada en Palestina en el año 1190, la orden participó de la Tercera Cruzada.
Tenía una connotación militar y religiosa.
En un comienzo se inició brindando servicios hospitalarios a los caídos en batalla y a los peregrinos cristianos. Posteriormente se convirtió en una institución de batalla.
Los caballeros de la Orden Teutónica se instalaron en parte de Tierra Santa, después de la la caída de Acres en Venecia, luego en Transilvania donde comenzó una etapa de persecución.
Intentaron llegar a Palestina pero fueron expulsados por los árabes.
Finalmente, luego de imponer con violencia la fe cristiana en las Cruzadas Bálticas, los caballeros teutónicos se instalaron en Prusia.
Allí crearon un Estado de la Orden Teutónica, el que tuvo una poderosa influencia. Afianzada la Orden en el imperio de Prusiano, nació su propia simbología: la cruz de hierro.
A principios del siglo pasado, la orden dejó de ser militar. El Papa la convirtió en 1929 en una entidad puramente religiosa, dedicada a la caridad y temas clericales.

Su uso por los nazis.

En la época del Tercer Reich (1933-1945) volvió a surgir la cruz de hierro, que se usó como condecoración militar, pero anteriormente al nacionalsocialismo, esta se usaba como condecoración al valor en el ejercito alemán, Sirva esta apartado como aclaración.


Sin embargo, algunos civiles afiliados al partido nazi la recibieron en honor a sus servicios. Es el caso de la deportista y aviadora alemana Hanna Reitsch, quien obtuvo varios récords como piloto de pruebas. El propio Adolf Hitler le entregó como regalo una cruz de hierro en honor a los servicios prestados.
Igual que en su original de la Orden Teutónica, la cruz de hierro se mantuvo de color negro. No obstante, durante la Alemania nazi se le agregó en el centro una svástica según la distinción al servicio prestado.


Su uso actual.

En Alemania se mantuvo su uso en tiempos de guerra, pero desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial no se ha vuelto a otorgar como conmemoración.
Desde 1957 volvió a autorizarse el uso de la cruz de hierro, pero se prohibió la svástica que simboliza los crímenes más crueles que cometió la humanidad, y sigue usándose en el ejercito alemán como insignia en sus vehículos como por ejemplo los carros de combate, pero con diseño mas estilizado.



viernes, 29 de septiembre de 2023

Papas de raza negra


 

Siempre he creído que nunca ha habido un papa negro en la historia de la iglesia católica. Pero si ha habido afrique canos han liderado la Iglesia Católica desde el Vaticano. Aquí están en esta imagen de archivo, que os presento:


El primero se llama San Víctor I, se convirtió en el 14º Papa después de San Pedro, en el año 189 DC. Sirvió durante 10 años y murió en 199 DC.
 

El segundo se llama San Miltiad, se convirtió en el 32º Papa después de San Pedro, en el año 311 DC. Murió el 14 de enero de 314 DC fue cononizado. Por cierto, la liturgia del 10 de diciembre se celebra en su honor, pero a los fieles no se les dirá que este papa es negro.
 

Finalmente el tercero tiene su nombre Gelasius Iº, se convirtió en papa el 19 de noviembre de 492 DC. Murió el 19 de noviembre del 496 y canonizado el 21 de noviembre del mismo año.


Te darás cuenta que desde su partida de este mundo hemos hecho todo lo posible para borrar sus huellas pero indelebles.

jueves, 7 de septiembre de 2023

Despierta Hierro !!!


(«¡Despierta hierro!»)Uno de los gritos hispánicos más conocidos. Los almogávares, una infantería ligera al servicio de la Corona de Aragón durante la Reconquista, golpeaban sus espadas contra el suelo haciendo saltar chispas contra las piedras al grito de guerra: «Aur, aur... Desperta ferro» («escucha, escucha...Despierta, hierro»)

Más allá de los tercios, si hay una figura legendaria en la historia militar peninsular esa es la de los almogávares, las temibles tropas de choque de la Corona de Aragón, cuya aventura les llevó por medio mundo a combatir prácticamente como fuerzas mercenarias para distintos jefes.

Estos soldados de infantería ligera no fueron exclusivos de la Corona de Aragón, ya que fueron comunes en todos los reinos cristianos de la Península Ibérica, aunque fueron los aragoneses los que mayor fama y gloria alcanzaron.

En un principio eran pastores pirenaicos que habían perdido sus tierra en las luchas de la Reconquista entre cristianos y musulmanes. En muchos casos quedaron en una zona de nadie, entre ambos bandos, en tierras que se poblaron de personajes de frontera, como lo fue el propio Cid Campeador. Ante la falta de una autoridad clara, poco a poco se fueron convirtiendo en guerreros al tener que saquear a los musulmanes para poder mantener a sus familias.

El origen etimológico de la palabra almogávar viene del árabe, de al-mugawir («el que provoca algaradas») o de al-mujabir(«el portador de noticias»), en relación con el que explora, refiriéndose a sus dos funciones más importante: combatir y espiar.

Los almogávares empezaron a trabajar para la Corona de Aragón, tanto en la Reconquista contra los musulmanes, participando por ejemplo en la batalla de las Navas de Tolosa, como en la península itálica, en Sicilia, en las campañas aragoneses contra el avance de los turcos.

Armamento

Se caracterizaban por combatir a pie, con armas y bagajes ligeros, generalmente con un alfanje, especie de espada corta colgada de una correa; una lanza corta (azconas) o un simple palo con un pincho de hierro en la punta, dos venablos capaces de perforar los escudos enemigos, un cuchillo largo llamado coltell y en ocasiones un pequeño escudo redondo como única defensa.

Poco a poco incorporaron otros elementos como una especie de casco y una cota de malla que colocaban sobre una vestimenta austera consistente la mayoría de las veces en un blusón. Llevaban también un grueso cinturón de cuero, calzas de cuero ajustadas en las piernas y abarcas de cuero en los pies.

Solían llevar en un zurrón piedra y yesca para hacer fuego. A la hora de entrar en combate, golpeaban sus espadas con la piedra haciendo soltar chispas, y gritaban, provocando el pánico en sus oponentes. Característico era su grito de “Aur, aur... Desperta ferro” (”escucha, escucha...Despierta, hierro”), aunque entonaban también otros como “Aragón, Aragón” o “San Jorge”, en su alusión a la corona para la que luchaban.

Tácticas de guerra

Destacaron en el campo de batalla, no solo por su fiereza y valentía, sino por lo novedosas que fueron sus técnicas para la época: solían combatir en grupos autónomos y pequeños, de cinco a quince hombres; no usaban caballos y se movían a pie y de noche, buscando siempre el factor sorpresa; de hecho, su modo de luchar era más habitual de un grupo guerrillero que de un auténtico ejército. Cuando se enfrentaban a la caballería buscaban atacar las patas de los caballos, descabalgando al jinete y matándolo en el suelo con su cuchillo.

Su misión principal era reconocer el terreno por donde avanzaba el ejército contrario, acosar al enemigo, atacar por sorpresa sus guarniciones e interceptar sus convoyes de suministros. Guerreaban de forma autónoma, pero podían hacerlo también en colaboración con la caballería, aunque no requerían el apoyo de los jinetes. Y es que era un pueblo cuya dedicación permanente a la guerra era su forma de vida, la remuneración, basada en el saqueo y en la venta o rescate de prisioneros; la resistencia; el armamento ligero y la organización jerárquica: almogávar (soldado raso), almocadén (capitán) y adalid, el máximo rango.

Imperio Bizantino

Tras terminar su “trabajo” para la Corona de Aragón, una vez asentada la frontera con los otros reinos de la Península, y su paso por las guerras italianas donde mantuvieron a raya a los turcos en Sicilia, fueron llamados para luchar contra los otomanos en Anatolia, para el Imperio Bizantino.

Se forma así la Gran Compañía Almogávar teniendo al frente a Roger de Flor, nacido en la ciudad italiana de Brindisi en 1266 de madre italiana y padre alemán, caballero y miembro de la Orden del Temple de la que fue expulsado al caer finalmente San Juan de Acre en 1291. Tras su expulsión pidió asilo como mercenario al rey Federico II de Sicilia, hijo de Pedro III de Aragón, quien le nombró caudillo de la Gran Compañía Catalana de los temidos almogávares.

Para acudir a luchar con los otomanos, De Flor pidió esposa y el título de Mega Dux, al emperador bizantino, lo cual le fue concedido. La expedición zarpó de Sicilia en verano de 1302 a bordo de 36 naves con miles de almogávares, jinetes y peones, además de las mujeres e hijos que les acompañaban. Estimaciones modernas hablan de 2.000 jinetes y 10.000 infantes aragoneses, catalanes y valencianos combatiendo en la Gran Compañía Almogávar de Oriente, número elevado a 18.000 si se consideran auxiliares y los tripulantes de los barcos.

Tras su llegada a territorio bizantino entran en batalla contra los turcos, logrando numerosas victorias en Filadelfia, Magnesia y Éfeso, y obligando al enemigo a retirarse en Cilicia y en Tauro. Sin embargo, luchas de poder y problemas de avituallamiento hacen que se encaminen hacia Tesalia, que un siglo antes había caído en manos de barones francos tras la Cuarta Cruzada, y no había sido recuperada por los emperadores de Nicea al tomar Constantinopla.

Todo parece ir bien en el campo de batalla y, como recompensa, en 1304, el emperador de Bizancio nombra «César» a Roger de Flor, el líder de los guerreros catalanes, pero este hecho desata las envidias entre los bizantinos. Miguel IX Paleólogo, hijo del emperador Andrónico, invita a Roger de Flor a una celebración en su honor en Adrianópolis. Tras los festejos, mercenarios alanos asesinan al líder almogávar: era el 4 de abril de 1305.

Sin embargo, el tiro le salió por la culata a Miguel IX Paleólogo pues, en lugar de rendirse y regresar a la Corona de Aragón, los guerrilleros hispanos hacen justo lo contrario y ponen en marcha lo que la Historia ha dado en llamar la «venganza almogávar»: arrasan pueblos y aldeas y derrotan a los griegos, ante lo que el emperador envía un gran ejército contra ellos, pero cae derrotado, muriendo unos 26.000 bizantinos. Después, los almogávares persiguen a los mercenarios alanos de cuyo grupo salió el asesino de Roger de Flor, asesinando a todos menos a sus mujeres: 8.700 muertos.

La mayoría de las batallas que ganaron fue en inferioridad numérica, lo que alimentó su leyenda de invencibles. Una de estos enfrentamientos fue contra un ejército enviado por el emperador bizantino en el que 8.000 almogávares vencieron a 30.000 genízaros turcos, que perdieron casi dos tercios de sus tropas antes de retirarse. También lograron una gran victoria sobre los mercenarios alanos provenientes del Mar Negro asesinando a todos menos a sus mujeres: 8.700 muertos.

Atenas y Neopatria

La traición le salió cara a los bizantinos tanto en vidas como en territorio, aunque sí consiguieron que dejaran Bizancio pues, terminada su venganza, los almogávares son contratados por el duque de Atenas, Gualterio V de Brienne, para luchar contra los griegos. Sin embargo, una vez realizado el trabajo, el barón de Brienne se niega a pagarles y los almogávares se enfrentan a él, derrotándolo en la batalla del río Cefiso (1311) y toman posesión del ducado en nombre del rey de Aragón, negándose a devolverlo al teórico legítimo heredero del barón. Muy al contrario, aprovechan para ampliar sus territorios con Neopatria (las tierras del duque de Tesalia, muerto sin descendencia), pasando estas tierras al control de la Corona de Aragón.

En 1331, un fuerte ejército armado en Francia con el beneplácito del Papa intenta recuperar Atenas, pero es derrotado. El dominio de los reyes de Aragón sobre estos ducados se mantuvo hasta 1391.

Pero más allá de las aventuras de estos almogávares, también lucharon para la Corona de Aragón en el resto de la península y, así, jugaron un papel fundamental en la Reconquista, estando presentes en el intento de toma de Almería y de Granada para su Rey, contra el rey de Mallorca (1343-1344), en las expediciones a Cerdeña (1353, 1354 y 1367), y aún otra vez contra Castilla (1356-1369).

Sin embargo, poco a poco fueron perdiendo protagonismo y acabaron convirtiéndose en una suerte de bandoleros que buscaban a musulmanes y a cristianos convertidos al Islam para conseguir recompensas por su captura o muerte. Con el tiempo, comenzaron a atacar a cristianos, lo cual hizo que la buena fama de los almogávares cayera en picado.

Finalmente durante el reinado de los Reyes Católicos los almogávares desaparecieron.

Reseña

Según recoge el libro “Historia de la Armada”, del Ministerio de Defensa, “finalizadas las guerras de Sicilia, los almogávares, quedaron disponibles y, a petición del emperador bizantino Andrónico II Paleólogo, formaron un cuerpo expedicionario para combatir a los turcos, ahora en Asia Menor. Actuarían como tropas mercenarias, sostenidas por el Imperio, bajo el mando de un aventurero, antiguo templario con gran experiencia militar, llamado Roger de Flor. Transportados por mar hasta Constantinopla, los almogávares llevaron a cabo una devastadora campaña en territorio enemigo, de victoria en victoria, tras la cual el jefe de los almogávares fue nombrado megaduque del Imperio. Esto provocó los celos del príncipe heredero, que ordenó asesinarlo junto a varios de sus oficiales en una cena palaciega. La Gran Compañía de los Almogávares decidió vengar estas muertes, iniciando una campaña de conquistas y saqueos por Tracia y Macedonia. Pocos años más tarde, los almogávares pasaron al servicio del duque de Atenas pero, como este no cumplió sus compromisos, también se rebelaron contra él y le derrotaron. El final de la notable aventura fue la creación de dos ducados en Grecia, llamados Atenas y Neopatria, que formarían en su momento parte de la Corona de Aragón”.

En la actualidad existe en el Ejército de Tierra la Brigada Almogávares VI de Paracaidistas,una unidad de élite rápidamente desplegable y de carácter expedicionario, que hace las veces de Fuerza de Reacción Inmediata para operaciones aerotransportadas y de asalto aéreo. Su nombre rinde homenaje a los guerrilleros aragoneses y a su líder, Roger de Flor, que dio nombre al germen de la brigada tras su creación, en la década de los cincuenta del pasado siglo. Su lema sigue siendo: “¡Desperta Ferro!”

viernes, 1 de septiembre de 2023

Reliquias y relatos

Las reliquias y los relatos han sido durante siglos la base de la historia. Las reliquias son objetos sagrados o de gran importancia histórica que se cree que tienen poderes sobrenaturales o divinos. Estas reliquias pueden incluir huesos de santos, fragmentos de la Cruz de Cristo, piezas de ropa de figuras religiosas importantes, entre otros.
Estas reliquias tienen un papel importante en las tradiciones religiosas, especialmente en el cristianismo, donde se dice que poseen poderes milagrosos y pueden proporcionar protección y bendiciones a aquellos que las veneran. En la Edad Media, las reliquias se convirtieron en objetos de peregrinación y muchas iglesias y monasterios se construyeron para albergarlas.
Los relatos, por otro lado, son narraciones que cuentan hechos históricos o ficticios. A lo largo de los siglos, los relatos han sido utilizados como una forma de transmitir información y enseñanzas a las generaciones futuras. Muchas veces, los relatos se basan en las reliquias, ya que estas pueden ser la evidencia tangible de eventos históricos y religiosos.
Además, los relatos también tienen el poder de preservar y transmitir las tradiciones culturales de una sociedad. A través de historias y leyendas, las generaciones anteriores pueden transmitir su conocimiento, creencias y valores a las generaciones futuras.
En conclusión, las reliquias y los relatos han sido pilares fundamentales en la construcción de la historia. Estas dos fuentes han permitido preservar la memoria colectiva de los pueblos y transmitir conocimientos, creencias y valores a lo largo de los siglos.


Las dos rutas mas importantes de la Edad Media

 

Las dos vías más importantes de la Edad Media hasta el siglo XIV: la Vía Regia y la Vía Imperii.
Eran los sistemas viales de la Edad Media, más grandes. Atravesaban Europa de forma horizontal y Vertical.
La Vía Regia se menciona por vez primera en 1252, pero sus orígenes se remontan a los siglos VIII y IX, cuando pasaba por los valles de los ríos. Conforme la ciudades crecieron en importancia, fueron involucradas en este sistema que se estableció como una importante ruta comercial.
Por estas vías se comerciaban todo tipo de productos: paños, cerámica, pieles, cera, madera, metales, lana, vinos, especies, seda, etc.
Su extremo servía de camino de peregrinaje a Santiago de Compostela al oeste, y Roma, al sur y conectaban Italia con las ricas ciudades de la Hansa, en el norte de Alemania.

La daga Misericorda


La daga misericordia, también conocida como la "daga de la misericordia", tuvo sus orígenes en el siglo XII y fue empleada principalmente para poner un fin misericordioso a la vida de un caballero herido fatalmente. Esto fue porque el cuchillo de esta arma bordada era lo suficientemente estrecha como para atravesar los huecos y las grietas de la armadura.
La daga misericorda era una especie de daga larga y estrecha usada a menudo por caballeros y guerreros en la Edad Media, a saber, los siglos XIV y XV. Alrededor de este tiempo la daga rondel apareció como una variante del misericordia con una hoja más gruesa utilizada para luchar.
Misericorde fue diseñada para ser un arma apuñaladora, usada en un enemigo herido que ya no podía luchar, para poner fin a su sufrimiento rápida y humanamente. Esto incluía a los caballos heridos en el campo de batalla.
Como tal, los poetas de la edad medieval asociaron el misericordio asesino con "compasión", usándolo como símbolo de bondad. El nombre del arma tiene sus raíces en la palabra latina miseria, "las miseria. ”
La palabra misericordia proviene del francés miséricorde ("misericordia"), que a su vez se deriva de la palabra latina misericordia, que significa "acto de misericordia. Los franceses lo llamaron un golpe de gracia, el "golpe de misericordia. ”
La daga misericordia no se convirtió en parte integral de la armadura militar hasta finales de la Edad Media, durante los siglos XIV y XV. Fue ampliamente utilizado en toda Europa hasta principios del siglo XVII.
La Orden Caballera de los Hospitalarios utilizó la misericordia con más frecuencia ya que era una pieza de equipo obligatorio. Cuando ya no se usaba la armadura completa de placa, el misericordia fue eliminado gradualmente a favor de dagas con una hoja más grande que también podía ser usada para cortar y matar.
Antes del siglo XIII, las representaciones de esta arma fría en manuscritos y esculturas eran muy poco comunes, y cuando aparecían, casi siempre representaban el misericordia que se utiliza en la guerra.
Durante las Cruzadas y a lo largo de la Edad Media, la daga Misericorde fue un arma crucial para el envío de enemigos heridos. En caso de lesión durante un concurso de justas, un caballero puede usar la daga para terminar el partido y salvar más derramamiento de sangre.
Creado en París a mediados de la década de 1240 para Luis IX de Francia, en la Biblia Morgan, las dagas y misericordias son casi tan comunes como las espadas en varias escenas de guerra, pero el texto no da ninguna indicación de cómo se usaban en tiempos de paz. La daga misericorda poseía una hoja larga con una sección transversal plana, triangular o cuadrada y un guarda manos redondo con forma de disco. Debido a su longitud, expertos e historiadores a veces se refieren al arma como una espada corta en lugar de una daga. 8-16 pulgadas (20-40 cm) era un rango común para la longitud de un misericorde.
La hoja tenía forma de pastilla o triangular. El arma era un producto típico de los armistas. El marco era fuerte pero bastante delgado, permitiendo que los ataques pasaran a través de las grietas de la armadura.
Era lo suficientemente pequeño como para esconderse discretamente y lo suficientemente mortal como para acabar con la vida de un enemigo herido en un instante.
En la daga de misericordia, el mango se trabaja de forma diferente. El guardamanos fue diseñado con forma de placa redonda, que también estaba presente en el pommel. Este guardamanos sirvió tanto como empuñadura como como mango.
Esto hizo posible mantener la daga a pesar de los intentos de desalojarla y redujo la tendencia de la hoja a deslizarse durante un accidente cerebrovascular.

martes, 15 de agosto de 2023

La espada cruzada


Investigación: Espada cruzada del siglo XII encontrada en el-'Arish, reconstrucción digital (hallazgo extremadamente raro).


Esta es una espada que probablemente pertenece al caballero cruzado del siglo XII. Se encontró en el desierto después de una tormenta de arena masiva y ahora se encuentra en el Museo de Israel, Jerusalém.
Observen el enorme pomo octagonal de esta espada y la distintiva forma de contorno de la hoja. La guardia es redonda en sección transversal y tiene una forma bastante interesante, que comenzó a producirse en el siglo XII.
 

El todo en su estado actual pesa 990g y originalmente podría haber sido alrededor de 1100-1150g. Toda la espada, como muchas similares de este periodo, tiene una longitud total de más de 1 metro, en este caso con el punto suplementado sería de unos 1070mm, de los cuales 1003mm se han conservado.
 

Esto es una rareza porque muy pocas armas cruzadas se han encontrado en Tierra Santa, a pesar de mucha guerra durante los 200 años de las Cruzadas.
Encontrar una espada completa en relativamente buenas condiciones como esta es extremadamente raro, con sólo unos pocos ejemplos conocidos (incluyendo una espada recientemente encontrada en la costa de Haifa).
 

¿Por qué hay tan pocas espadas de este período en Tierra Santa?
Puede haber varias razones. Las condiciones naturales en esta zona son propicias para la rápida degradación del acero. También puede suponerse que tales artefactos fueron recolectados y deliberadamente destruidos o rematados por los lugareños durante cientos de años, lo que está relacionado con la actitud de la comunidad local con los artículos relacionados con los cruzados. Cabe señalar que en Europa esas armas se mantuvieron como herencias y trofeos, luego como colección histórica, mientras que en Oriente Medio no fue así.
 

Hoy y en Europa, cada espada de este período encontrada es una sensación, pero en Tierra Santa es realmente una rareza.
Esta es la razón por la que estos hallazgos son tan importantes, que nos pueden dar información histórica importante.

martes, 25 de julio de 2023

Santiago apóstol: Patrón de España.


Santiago de Zebedeo, también conocido como Santiago el Mayor, (en griego antiguo: Ἰάκωβος, Ἰákobos) fue, según diversos textos neotestamentarios (Evangelios sinópticos, Hechos de los Apóstoles), uno de los apóstoles más destacados de Jesús de Nazaret. Es conocido en la tradición cristiana como Santiago el Mayor para distinguirlo de otro miembro del grupo de los doce, Santiago el Menor. Nacido probablemente en Betsaida (Galilea), fue hijo de Zebedeo y Salomé, y hermano de Juan. 

Santiago de Zebedeo pertenecía al llamado «círculo de dilectos» de Jesús que estuvo con él en ocasiones especiales: en la resurrección de la hija de Jairo, en la transfiguración y en el huerto de Getsemaní, donde Jesús se retiró a orar en agonía ante la perspectiva de su pasión y muerte. También fue testigo privilegiado de las apariciones de Jesús resucitado y de la pesca milagrosa en el mar de Tiberíades. Según el libro de los Hechos de los Apóstoles, Pentecostés encontró a Santiago en espera orante, siempre como uno de los máximos referentes de la primera comunidad cristiana, junto con Simón Pedro y Juan. Murió a manos de Herodes Agripa I en Jerusalén entre los años 41 y 44 de nuestra era. Es el patrono de España.

Datos Evangélicos

Era hijo de Zebedeo (cf. Mt 4:21) y tenía un hermano llamado Juan, que sería asimismo discípulo de Jesús (cf. ibid). Probablemente su madre Salomé también seguía a Jesús (cf. Mt 20:20). Su maestro Jesús les puso el sobrenombre de «Boanerges» (Mc 3:17), que, según el mismo evangelista afirma, quería decir «hijos del trueno» por su carácter impetuoso; el episodio narrado por Lucas, en que Santiago y su hermano Juan desean invocar a Dios para que consuma a fuego una ciudad de samaritanos (Lc 9:54), hace honor a este nombre. Santiago fue uno de los primeros que recibieron el llamamiento de Jesús, cuando estaba pescando en el lago de Genesaret junto a su hermano (Mc 1:19). Más tarde será llamado a formar parte del más restringido grupo de los Doce (cf. Mt 10:3). Junto con su hermano Juan y con Simón Pedro, tiene un trato privilegiado con Jesús: es testigo presencial de la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5:21-43), de la transfiguración de Jesús (Lc 9) y de la oración en el Huerto de los Olivos (Mc 14:33). Igualmente formó parte del grupo restringido de discípulos que fueron testigos del último signo realizado por Jesús ya resucitado: su aparición a orillas del lago de Tiberíades y la pesca milagrosa (Jn 21:1-8). Los Hechos de los Apóstoles registra su presencia en el Cenáculo en espera orante de la venida del Espíritu Santo (Hch 1:13). Santiago es condenado a muerte y decapitado por orden del rey de Judea Herodes Agripa I (Hch 12:2). Por este dato se puede fechar la muerte de Santiago entre los años 41 y 44, pues fueron los años en que Agripa I fue rey de Judea.
 

Datos de la tradición medieval

Según una tradición medieval, tras el Pentecostés (hacia 33 d. C.), cuando los apóstoles son enviados a la predicación, Santiago habría cruzado el mar Mediterráneo y desembarcado para predicar el Evangelio en la Hispania (actuales España y Portugal). Según unos relatos, su prédica habría comenzado en la Gallaecia, a la que habría llegado tras pasar las Columnas de Hércules. Según el escritor gaditano Fray Gerónimo de la Concepción, Santiago fue quien consagró el Templo de Hércules a San Pedro (en el islote Sancti Petri). Siguió bordeando la Bética y la deshabitada costa de Portugal; otras tradiciones afirman su llegada a Tarraco y su viaje por el valle del Ebro, hasta entroncar con la vía romana que recorría las estribaciones de la Cordillera Cantábrica y terminaba en la actual La Coruña. Una tercera versión postula su llegada a Carthago Nova (actual Cartagena, por el barrio de Santa Lucía), de donde partiría hacia el norte. Esta tradición hace de Santiago el santo patrón protector de España.

En cualquier caso, la tradición de la evangelización por el Apóstol Santiago indica que este hizo algunos discípulos, y siete de ellos fueron los que continuaron la tarea evangelizadora una vez que Santiago regresó a Jerusalén. Para ello fueron a Roma y fueron ordenados obispos por San Pedro. Son los siete Varones apostólicos. La tradición de los Varones Apostólicos los sitúa junto a Santiago en Zaragoza cuando la Virgen María se apareció en un pilar.

De acuerdo a la tradición cristiana, hacia el año 40, el 2 de enero, la Virgen María se apareció a Santiago el Mayor en Caesaraugusta. María llegó a Zaragoza «en carne mortal» —mucho antes de su asunción—, y como testimonio de su visita habría dejado una columna de jaspe conocida popularmente como «el Pilar». Se cuenta que Santiago y los siete primeros convertidos de la ciudad edificaron una primitiva capilla de adobe en la vera del Ebro.

Tradicionalmente, se ha afirmado que los restos hallados en Santiago de Compostela a principios del siglo IX correspondían al apóstol Santiago, pero la falta de un análisis directo de dichos restos permite suponer que pueden ser los restos del obispo Prisciliano, o de otra persona importante del período romano.​ No obstante, el papa León XIII, reafirmó en 1884, en forma de Bula Papal, la pertenencia de los restos al apóstol, tras mandar analizar los restos conservados dentro de la tumba.

La tradición que sitúa a Santiago el Mayor fuera de Jerusalén, poco antes de su martirio, la recogen diversos apócrifos neotestamentarios (El libro de la Dormición de María, etc.), todos ellos anteriores al "descubrimiento" de la Tumba del Apóstol. Según estos relatos, cuando María ve cerca su muerte, recibe la visita de Jesucristo resucitado. Ella le pide estar rodeada por los apóstoles en el día de su muerte, pero todos ellos están dispersos por el mundo. Jesucristo le concede su deseo y permite que sea la misma María, por medio de aparición milagrosa, quien avise a sus discípulos. La aparición de María a Santiago se habría producido sobre un pilar en Caesaraugusta (actual Zaragoza), columna que se sigue venerando en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, en la capital aragonesa.

Santiago habría hecho todo el viaje de vuelta desde España hasta Jerusalén para encontrar a María, madre de Jesús de Nazaret (ya que ella seguía viva allí, en la capital de Judea) antes de su dormición, hallando la muerte ante Herodes Agripa en el martirio. La leyenda se cierra con que dos de sus discípulos, Atanasio y Teodoro, habrían llevado su cuerpo (conservado de alguna manera) por el mar Mediterráneo en una mítica embarcación de piedra y habrían costeado el Atlántico nuevamente hasta Galicia, donde lo habrían enterrado justamente en Iria Flavia, donde el obispo Teodomiro lo halló en el siglo IX.
 

La tumba del Apóstol

Alrededor del año 813, o 820 según otras fuentes, en tiempos del rey de Asturias Alfonso II el Casto, un ermitaño cristiano llamado Paio (Pelayo) le dijo al obispo gallego Teodomiro, de Iria Flavia (España), que había visto unas luces brillando sobre un monte deshabitado. En el mismo hallaron una tumba, probablemente de origen romano, donde se encontraba un cuerpo decapitado con la cabeza bajo el brazo. El rey ordenó construir una iglesia encima del cementerio, origen de la Catedral de Santiago de Compostela, epíteto que proviene de campus stellae: «campo de las estrellas», debido a las luces que aparecieron sobre el cementerio, o bien de compositum tellus, es decir: «Terreno bien dispuesto».

En el mes de mayo de 1589, Francis Drake amenazó Compostela después de desembarcar en La Coruña. El Arzobispo, Juan de Sanclemente, acordó con el Cabildo de la Catedral ocultar cuanto de importante había en ella. Por ello, los restos fueron depositados en un escondrijo dentro del ábside de la capilla mayor, detrás del altar. Tales restos fueron encontrados a treinta metros de profundidad respecto del suelo en las excavaciones realizadas en la Catedral en 1878 y 1879 por Antonio López Ferreiro. La configuración actual de la cripta bajo el altar procede de las excavaciones realizadas a finales del siglo XIX. Los restos fueron depositados en una urna de plata realizada en 1886 por los orfebres Rey Martínez, dentro de un cofre de madera forrado con terciopelo rojo y con tres compartimentos, para Santiago, Atanasio y Teodoro.

En tales excavaciones, se pudo encontrar, entre los restos de un mausoleo romano, una inscripción sepulcral en griego, Athanasios martyr y los restos de tres personas distintas: dos de edad mediana y una en el último tercio de vida, lo que llevó a identificarlos con los tradicionales Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro. No obstante, el papa León XIII nombró una Congregación extraordinaria para el estudio de estos restos. Los documentos enviados a Roma, sin embargo, no le satisficieron, enviando a Monseñor Agostino Caprara, Promotor de la Fe en el proceso, a Santiago para que examinara sobre el terreno los restos y tomase declaración a quienes intervinieron. Caprara, no obstante, mandó analizar primero el presunto resto de Santiago venerado en Pistoia, tarea que estuvo a cargo del Doctor Chiapelli, quien dictaminó que se trataba de una apófisis mastoidea derecha con restos de sangre coagulada, pieza que habría sido separada a consecuencia de una decapitación.

El 8 de junio de 1884 llega a Santiago, y en el examen se constata que uno de los tres cráneos carece de apófisis mastoidea derecha. La resolución de la Congregación fue publicada el 25 de julio del mismo año, festividad de Santiago. León XIII publicó el 1 de noviembre del mismo año la Bula Deus Omnipotens, donde hacía un repaso a la historia del Santuario y llamaba a emprender nuevas peregrinaciones a Santiago.

Sin embargo, quedaba por constatar la datación cronológica de los restos, lo que llevó a mediados del siglo XX a voces críticas. Así, Claudio Sánchez Albornoz:

    ...pese a todos los esfuerzos de la erudición de ayer y de hoy, no es posible, sin embargo, alegar en favor de la presencia de Santiago en España y de su traslado a ella, una sola noticia remota, clara y autorizada. Un silencio de más de seis siglos rodea la conjetural e inverosímil llegada del apóstol a Occidente, y de uno a ocho siglos la no menos conjetural e inverosímil traslatio. Solo en el siglo VI surgió entre la cristiandad occidental la leyenda de la predicación de Santiago en España; pero ella no llegó a la Península hasta fines del siglo VII.
    C. Sánchez Albornoz: "En los albores del culto jacobeo", en Compostellanum 16 (1971) pp. 37-71.

Por una parte, se ha documentado arqueológicamente la existencia previa de una necrópolis dolménica y luego de un cementerio utilizado en época romana y sueva. Estos descubrimientos prueban que Compostela era una necrópolis precristiana, pero no resuelven la cuestión respecto a la tumba de Santiago, cuyos restos podrían pertenecer bien al mismo apóstol (el tráfico de reliquias comenzaba a desarrollarse en ese periodo), bien a cualquier otro mártir cristiano. Incluso se ha propuesto que se trata de los restos de Prisciliano. En 1955 se encontró, en las proximidades de la tumba, la cubierta sepulcral de Teodomiro, lo que confirma que quiso enterrarse en el lugar de su propio hallazgo.

En 1988, dos académicos de la Real Academia de la Historia, el filólogo Isidoro Millán González-Pardo y el arqueólogo Antonio Blanco Freijeiro, afirman haber hallado la inscripción martyr y una referencia a Atanasio en una piedra datada a finales del s. I o principios del s. II, lo cual, sostienen, confirma indirectamente la presencia en el lugar de los restos del Apóstol.​

Estudios arqueológicos muestran que en el actual santuario Compostela existió, desde el siglo I, un pequeño (no más de una hectárea) asentamiento hispanorromano junto al cual hubo un cementerio, algunas de cuyas lápidas han sido halladas y leídas. Entre ellas se encuentra la de una familia, llamada Modesta.​ Una de ellas, en mármol, fue encontrada en la antigua cripta y corresponde a una dama del siglo II, llamada Atia Modesta.​

Un estudio desarrollado por Enrique Alarcón,9​10​ profesor de Filosofía de la Universidad de Navarra, publicado el 24 de junio de 2011, en el ámbito de la clausura de la «Cátedra Camino de Santiago», ampliado en un estudio de 201311​ y reeditado en un volumen en colaboración con Piotr Roszak, ​ se basa en un estudio epigráfico sobre reproducciones fotográficas de las inscripciones mencionadas, por no tener acceso a los originales. El catedrático, cuyos estudios no han sido publicados en revistas de arqueología, considera que evidencian un culto funerario particular a Santiago, al menos ya en el siglo II, en la cripta, parte de un complejo funerario de la dama romana Atia Modesta a quien Alarcón considera cristiana y no pagana como otros estudiosos.13​14​

Además, afirma haber hallado la inscripción Ya'akov (Santiago, en hebreo), con simbología propia de la estética sepulcral judeocristiana del s. I., análogas a las halladas en los osarios de Dominus Flevit. Añade que una de las inscripciones contiene referencias a la fiesta judía de Shavu'ot con representación de panes rituales e indica que estos panes dejaron de usarse en torno al 70 con motivo de la destrucción del Templo de Jerusalén por los romanos, lo que posibilitaría ubicar cronológicamente la tumba.


Reliquias

El Monasterio de Cañas posee una reliquia que, se supone, contiene las herraduras del caballo de Santiago, que recogería Diego López II de Haro en la batalla de las Navas de Tolosa y entregaría a su hija Urraca Díaz de Haro, cuarta abadesa del monasterio.
 

Santiago contra el islam

En el siglo XII se redacta en Santiago de Compostela el llamado Privilegio de los Votos, que atribuye al rey Ramiro I una victoria frente a los moros en Clavijo en 844, victoria obtenida gracias a una aparición de Santiago. Agradecido, el rey habría hecho el voto de que todos los habitantes pagasen al Apóstol, o sea a su santuario, una cantidad anual. Según este mismo documento, la victoria en Clavijo puso fin a la entrega anual a los enemigos de un vergonzoso tributo de cien vírgenes cristianas. La primera representación de Santiago a caballo, de principios del siglo XIII en la catedral compostelana, muestra las doncellas arrodilladas ante el caballo de Santiago.

El miles Christi medieval, imagen poco frecuente, se convierte a partir de la segunda mitad del siglo XV y a lo largo del siglo XVI en Santiago Matamoros, defensor del catolicismo frente a todos sus enemigos: los turcos, los herejes y los paganos, cuyos cuerpos o cabezas ruedan entre las patas de su caballo.
 

El Camino de Santiago

El descubrimiento de la tumba del Apóstol supuso para el rey de Asturias una serie de beneficios: la aglutinación de sus territorios como un solo reino, bajo la especial protección del Apóstol, y la cristianización de la antigua "Vía del Finisterre", ruta seguida tradicionalmente por muchos pueblos de religión céltica, hasta el pretendido fin del mundo. De hecho, las peregrinaciones galas hacia el noroeste de España se han probado arqueológicamente, y se puede afirmar que los celtas - en el primer milenio antes de nuestra era - recorrían toda Europa para ir a estos sitios, donde celebraban sus matrimonios y otros ritos. Este camino precristiano se convierte así en el Camino de Santiago o Ruta jacobea, y Compostela en el tercer núcleo de peregrinación medieval, tras Roma y Jerusalén.

En el año 1122, el papa Calixto II instituyó y proclamó que en adelante tuvieran la consideración y privilegios de Año Santo Jacobeo todos los años en los que la fiesta litúrgica de Santiago, el 25 de julio, coincidiera con el día domingo.
 

Fiestas en su honor

 
Como Patrono de España que es, Santiago el Mayor (más conocido como Santiago Apóstol) también lo es de numerosos pueblos y ciudades que el día 25 de julio celebran en su honor fiestas religiosas. Santiago de Compostela (La Coruña) es la ciudad que mayores fiestas organiza en su honor. La catedral de la ciudad acoge esos días la mayor afluencia de peregrinos del año.

Coincidiendo con el patronazgo de España, Santiago el Mayor es patrono asimismo del Arma de Caballería del Ejército de Tierra. La frase final del Himno de esta arma es una de las más conocidas de España en la reconquista:

    Santiago y cierra, España

Igualmente, es el patrono de la comunidad autónoma española de Galicia, celebrándose su festividad el Día Nacional de Galicia,cada 25 de julio en la ciudad de Santiago de Compostela (La Coruña).

Además de Santiago de Compostela (La Coruña) otros pueblos españoles repartidos por todo el territorio nacional tienen celebraciones en honor a Santiago Apóstol. Procesiones, misas y ruegos junto a verbenas, conciertos o actividades infantiles se realizan, por ejemplo, en la localidad de Albaladejo (Ciudad Real), Navas de Oro (Segovia), Moratones (Zamora) o Santiago de Aravalle (Ávila). También es patrón en la ciudad de Moncada (Valencia) y en numerosos pueblos de la Sierra de Guadarrama, como Collado Villalba (Madrid), Colmenarejo (Madrid) o Santa María de Robledo (Segovia).

En Ermua (Vizcaya) es también patrono: la iglesia parroquial de Santiago Apóstol data de 1600; es un bello edificio renacentista. Es del tipo de iglesia de una nave de tres tramos con capillas laterales altas entre los estribos. En frente de la nave hay, además, una capilla mayor ochavada más estrecha. Está cubierta por bóveda de crucería y posee un coro y dos capillas barrocas. El encargo de finalización de las obras que el arzobispo Andrés de Orbe y Larreátegui realizó a Sebastián de Lecuona, lo completó su cuñado Joseph de Zuaznabar. El mobiliario refleja la intervención del rico cardenal. Destaca el retablo mayor, el órgano y la capilla privada del arzobispo y su tumba. El retablo está hecho en madera de nogal, de estilo barroco, con columnas salomónicas a los lados. En sus hornacinas hay una serie de esculturas policromadas. El retablo está sin policromar, entre el que destaca Santiago cabalgando sobre los moros en la batalla de Clavijo. El órgano es del mismo tipo que el retablo, monumental y sin policromía. Hay otros pequeños retablos de madera dorada en estilo protorrococó y rococó.

En las islas Canarias, Santiago es patrono de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, capital de la isla de Tenerife, así como del municipio de Santiago del Teide (Santa Cruz de Tenerife). Igualmente, la Villa de Los Realejos (Santa Cruz de Tenerife), al norte de Tenerife, fue puesta bajo la protección del Apóstol desde que el 25 de julio de 1496 se dio por concluida, en estas tierras del antiguo Menceyato de Taoro, la fase bélica de la conquista de Tenerife, erigiéndose, ese mismo día, el templo de la Parroquia Matriz del Apóstol Santiago, en cuyo interior se conserva parte de un antiguo retablo a pincel que recogía la vida del Apóstol, y del que hoy se conservan tres tablas que conforman el famoso Tríptico de Santiago, obra salida del pincel del destacado obrador europeo del Maestro de Delft. En la isla de Gran Canaria, Santiago es el patrono del municipio de Gáldar (Las Palmas), en donde se encuentra la iglesia del mismo nombre, que es la primera sede jacobea fuera del territorio peninsular y que cuenta con las gracias jubilares para celebrar el Año Santo Jacobeo con los mismos privilegios que la catedral de Santiago de Compostela. Cuenta con su propia ruta peregrina oficial que une Santiago de Tunte con Santiago de Gáldar (Las Palmas).