jueves, 18 de agosto de 2022

El Temple VIII


Bernardo de Claraval

Santo católico y monje cisterciense francés

Bernard de Fontaine (castillo de Fontaine-lès-Dijon, 1090-Abadía de Claraval, 20 de agosto de 1153), conocido como Bernardo de Claraval (en francés, Bernard de Clairvaux), fue un monje cisterciense francés y titular de la abadía de Claraval.

Abad de Claraval desde1115-1128

Otros títulos Doctor de la Iglesia

proclamado en 1830 por el papa Pío VIIII

Canonización18 de enero de 1174 Por Alejandro III


Festividad 20 de agosto

Atributos Báculo y libro. 

Venerado en la Iglesia católica, Iglesia anglicana, Iglesia Luterana.

Patronazgo de Gibraltar, Algeciras, San Bernardo del Viento, San Bernardo del Tuyú, Salta, apicultores Santuario Catedral de Troyes, Troyes, Francia

Información personal

Nombre secular

Bernard de Fontaine

Nombre religioso

Bernard de Clairvaux

Nacimiento1090

Fontaine-lès-Dijon, Borgoña, Fallecimiento 20 de agosto de 1153 (62-63 años)

Abadía de Claraval, Ville-sous-la-Ferté

Padres

Tescelin de Fontaine y Alèthe

Con él, la Orden del Císter se expandió por toda Europa y ocupó el primer plano de la influencia religiosa. 

Participó en los principales conflictos doctrinales de su época y se implicó en los asuntos importantes de la Iglesia. En el cisma de Anacleto II se movilizó para defender al que fue declarado verdadero papa, se opuso al racionalista Abelardo y fue el apasionado predicador de la segunda Cruzada.

Es una personalidad esencial en la historia de la Iglesia católica y la más notable de su siglo. Ejerció una gran influencia en la vida política y religiosa de Europa.

Sus contribuciones han perfilado la religiosidad cristiana, el canto gregoriano, la vida monástica y la expansión de la arquitectura gótica.

La Iglesia católica     lo canonizó en 1174 y lo declaró doctor de la Iglesia en 1830.

BIOGRAFÍA 

Nació en el castillo de Fontaine-les-Dijon, en Borgoña, Francia en el año 1090 con el nombre de pila de Bernard de Fontaine. Fue el tercero de siete hermanos. Su padre era caballero del duque de Borgoña y lo educó en la escuela clerical de Châtillon-sur-Seine. Después de la muerte de su madre, entró en la Orden del Císter.

Esta orden había sido fundada pocos años antes por Roberto de Molesmes bajo la regla de san Benito. Solo tenía un monasterio, y por la dureza de la vida que llevaban, tenía pocos miembros. Tal monasterio se encontraba cercano a su casa paterna.Odón, duque de Borgoña, su benefactor, contribuyó con la construcción de este primer monasterio; igualmente, le donó tierras y ganados.

Cuando a los 23 años, en el año 1113, ingresó como novicio en la Orden del Císter, le acompañaban cuatro hermanos, un tío y algunos amigos (hasta 30 personas, según otras fuentes). Previamente los había probado durante seis meses, asegurándose de su lealtad y formando un grupo muy unido. El convencer a tantos fue una labor ardua, especialmente a su hermano Guido, que estaba casado y tenía dos hijas, y que finalmente dejó a su familia y entró en la orden. Posteriormente entrarían en la orden su padre y su hermano menor.

El año 1115, Stephen Harding, el abad de Císter, ante el doble problema de la masiva presencia del clan de los Fontaine y el repentino hacinamiento que habían provocado en su monasterio, decidió enviar a Bernardo a fundar el monasterio de Claraval, una de las primeras fundaciones cistercienses. Fue designado abad del nuevo monasterio, puesto que desempeñó hasta el final de su vida. Fue el obispo de Chalons-sur-Marne, el filósofo Guillermo de Champeaux, quien le ordenó sacerdote y le bendijo como abad.

El inicio de Claraval fue muy duro. El régimen impuesto por Bernardo era muy austero y afectó su salud. Guillermo de Champeaux debió intervenir, delegado por el capítulo general del Císter, para vigilar la salud de Bernardo, suavizando la falta de alimentación y la mortificación implacable que se imponía a sí mismo. Este se vio obligado a dejar la comunidad y a trasladarse a una cabaña que le servía de enfermería y donde era atendido por unos curanderos.

A lo largo de su vida fundó 68 monasterios distribuidos por toda Europa. Los inicios fueron lentos. En los 10 primeros años solo se establecieron tres nuevas fundaciones: Tres Fontanas (1118), la Fontenay (1119) y Foigny (1121). A partir de 1130 se extendieron las primeras abadías por Alemania, Inglaterra y España (Moreruela, 1132).

Espiritualmente fue un místico y se le considera uno de los fundadores de la mística medieval. Tuvo una gran influencia en el desarrollo de la devoción a la Virgen María.

Bernardo fue un inspirador y organizador de las órdenes militares, creadas para acoger y defender a los peregrinos que se dirigían a Tierra Santa y para combatir el Islam.Así, tuvo gran influencia en la creación y expansión de la Orden del Temple, redactó sus estatutos e hizo reconocerla en el Concilio de Troyes, en 1128.

En 1130, el cisma del antipapa Anacleto lo apartó de la vida monástica en clausura y comenzó una intensa actividad pública en defensa de Inocencio II.Estuvo movilizado de 1130 a 1137 e hizo del abad uno de los políticos más influyentes de su tiempo.

Participó en las principales controversias religiosas de su época. Sostenía que el conocimiento de las ciencias profanas es de escaso valor, comparado con el de las ciencias sagradas. Sus sentimientos frente a los dialécticos se revelaron en los enfrentamientos que mantuvo con Gilberto de la Porré y Pedro Abelardo.

La predicación en la Iglesia medieval era esencial y Bernardo fue uno de sus grandes practicantes. Reclamado constantemente por el clero local, realizó numerosos viajes por el sur de Francia, Renania y otras regiones. También predicó las excelencias espirituales de la vida monástica y convenció a muchos para que ingresasen en la orden cisterciense.Se le conocía como "Doctor melifluo" (boca de miel), por su suavidad y dulzura.

Se desplazaba habitualmente a pie, acompañado de un monje, que hacía de secretario y escribía a su dictado durante los desplazamientos.

Bernardo predicó en el Languedoc en 1145 a los cátaros o albigenses, y fue elogiado, pero en Verfeil, cerca de Toulouse, se le abucheó. Años después de la muerte de Bernardo, en 1209, los cátaros fueron declarados herejes, y varios cistercienses se pusieron al frente de la cruzada que reprimió este movimiento.

En 1145, Eugenio III fue nombrado papa. Es el primer papa cisterciense y discípulo de Bernardo. Había coincidido con él en uno de sus viajes y le siguió desde Italia hasta Claraval. Allí pasó 10 años de vida monástica. En 1140, Bernardo lo había enviado de vuelta a Italia como abad de Tre Fontane, la 34.ª fundación de Claraval.

Su mayor y más trágica empresa fue la Segunda Cruzada, cuya predicación fue por completo obra suya. Allí apareció con toda su fuerza y con toda su debilidad su ideal religioso.Su fracaso afectó negativamente a su influencia y a su figura carismática, excepcional hasta entonces tanto con el poder religioso como con el político.

En 1153, enfermó del estómago -no retenía la comida y las piernas se le hinchaban-, quedó muy débil y murió.

Fue canonizado el 18 de enero de 1174 por el papa Alejandro III, y fue declarado Doctor de la Iglesia por Pío VIII en 1830. Su fiesta litúrgica se celebra el 20 de agosto en el aniversario de su muerte, siendo el santo patrón de Gibraltar,de Algeciras, de los trabajadores agrícolas y del Queen’s College de Cambridge. Sus atributos iconográficos son la pluma, el libro, el perro, el dragón, la colmena y la figura de la Virgen María.

INTERVENCIONES PÚBLICAS 

Organización de la Orden del Temple

En el año 1099, los cruzados recuperaron Jerusalén y los lugares santos de Palestina. Los peregrinos eran atacados y robados en los caminos. Algunos caballeros decidieron prolongar su voto y dedicar su vida a la defensa de los peregrinos. En 1127, Hugo de Payens solicitó al papa Honorio II el reconocimiento de su organización.

Recibieron el apoyo del abad Bernardo, sobrino de uno de los nueve Caballeros fundadores y a la postre quinto Gran Maestre de la Orden, André de Montbard. Así, se reunió un concilio en Troyes para regular su organización.

En el concilio, solicitaron a Bernardo que redactase su regla, que fue sometida a debate y fue aprobada con algunas modificaciones.La regla del Temple fue pues una regla cisterciense, pues contiene grandes analogías con la misma. No podía ser de otra forma, ya que el abad era su inspirador. Era típica de las sociedades medievales, con estructuras jerarquizadas, poderes totalitarios, regula la elección de los que mandan y estructura las asambleas para asistirlos y, en su caso, controlarlos. Después de esta primera redacción, hubo una segunda debida a Esteban de Chartres, Patriarca de Jerusalén, denominada «regla latina» y cuyo texto se ha mantenido hasta nuestros días.

Bernardo escribió en 1130, el Liber ad milites templi de laude novae militiae (en español: Libro de los caballeros templarios. Elogio de la nueva milicia templaria), que asoció a los lugares de la vida de Jesús con infinidad de citas bíblicas. Intentó equiparar la nueva milicia a una milicia divina:

Aspira esta milicia a exterminar a los hijos de la infidelidad...combatiendo a la vez en un doble frente: contra los hombres de carne y hueso y contra las fuerzas espirituales del mal.

Liber ad milites templi de laude novae militiae.

Controversia con Abelardo

Abelardo, uno de los primeros escolásticos, se había iniciado en la dialéctica y mantenía que se debían buscar «los fundamentos de la fe con similitudes basadas en la razón humana». Así argumentaba:

Me dispuse a explicar los fundamentos de nuestra fe mediante similitudes basadas en la razón humana. Mis alumnos me pedían razones humanas y filosóficas y me reclamaban aquello que pudiesen entender y no aquello sobre lo que no pudiesen discernir. Decían que no servía de nada pronunciar muchas palabras, si no se hacía con inteligencia; que no se podía creer nada que previamente no se hubiese entendido; y que es ridículo que alguien predique nada que ni él ni sus alumnos no puedan abarcar con el intelecto.

Pedro Abelardo, Historia calamitatum

Estas nuevas ideas de Abelardo fueron rechazadas por los que pensaban de forma tradicional, entre ellos el abad. Así en 1139, Guillermo de Saint-Thierry encontró 19 proposiciones supuestamente heréticas de Abelardo y Bernardo de Claraval las remitió a Roma para que fuesen condenadas. En el sínodo de Sens le exigieron a Abelardo retractarse y al no hacerlo, el papa confirmó al sínodo de Sens y lo condenó por hereje a perpetuo silencio como docente.

Bernardo en carta a Inocencio II (Contra errores Petri Abaelardi), refutó los supuestos errores de Abelardo, pues consideraba que la fe solo debe ser aceptada:

Puesto que estaba dispuesto a emplear la razón para explicarlo todo, incluso aquellas cosas que están por encima de la razón, su presunción estaba contra la razón y contra la fe. Porque, ¿hay algo más hostil a la razón que tratar de trascender la razón por medio de la razón? y ¿qué hay más hostil a la fe que negarse a creer lo que no puede alcanzarse con la razón?

Contra quaedam capitula errorum Abaelardi

Para Bernardo, la verdad que hay tras la creencia en Dios es un hecho directamente infundido por la divinidad y por lo tanto incuestionable. Contra la pretensión de los racionalistas de que la teología debía apoyarse en pruebas, afirmó en un argumento muy conocido:

La conocemos [la Verdad]. Pero ¿cómo pensamos que la comprendemos? La disquisición no la comprende, pero sí la santidad, si de algún modo es posible comprender lo incomprensible. Pero si no pudiese ser comprendida, el apóstol no habría dicho... «y fundados en la caridad, podáis comprender en unión de todos los santos». Los santos, por tanto, comprenden. ¿Queréis saber cómo? Si sois santos, comprenderéis y sabréis. Si no, sed santos y sabréis por experiencia.

Tractatus de laudibis Parisius

La opinión de Bernardo, acerca del mal empleo que hacía Abelardo de la razón, se ganó el apoyo de místicos e irracionalistas, que estuvieron de acuerdo con él.

Predicación de la Segunda Cruzada

En la Segunda Cruzada, asumió el papel político más importante de su vida, al convertirse en el predicador de la nueva guerra santa. El fracaso de la misma le supuso el declinar de su influencia política.

Cincuenta años antes, durante la Primera Cruzada se estableció en Palestina un reino feudal gobernado por nobles franceses. En 1144, los ejércitos del Islam tomaron la ciudad cristiana de Edesa. En 1145, Luis VII de Francia propuso la cruzada y pidió a Bernardo que la predicase. Este respondió que solo el papa le podía encargar esa predicación. El rey realizó la petición al papa. Fue entonces, cuando el papa Eugenio III, que había sido monje en Claraval y discípulo de Bernardo, pidió al Santo que predicase la cruzada y las indulgencias que de ella se derivaban.

El Bernardo que predicó la Cruzada mostró una personalidad diferente a lo que había sido hasta entonces. Él entendía la vida interior como unión del alma humana con Dios e identificaba la vida interior con la vida de toda la iglesia, de todo el «cuerpo místico», siendo su concepción de la cruzada básicamente mística. Consideraba que la Iglesia católica podía llamar a las armas a las naciones cristianas para salvaguardar el orden establecido por Dios. Parece que no tuvo necesidad de comprender el Islam. Según él, si Dios juzgaba necesario que los ejércitos defendieran su reino, si el mismo papa le ordenaba predicar la Cruzada, estaba claro para él que se trataba de una misión divina. Por tanto transmitió a los cristianos que se trataba de una guerra santa, pues así la concebía él.

En un escrito posterior al papa, así reflexionó sobre la cruzada: «Me lo ordenasteis y obedecí. La autoridad del que me mandaba hizo fecunda mi obediencia. Abrí mis labios, hablé y se multiplicaron los cruzados, de suerte que quedaron vacías las ciudades y castillos, y difícilmente se encontraría un hombre por cada siete mujeres».

La predicación realizada en Alemania, lo fue en contra de la voluntad del papa, y ganó para la causa al emperador Conrado III y a numerosos príncipes. Según Maschke, «Bernardo es mucho más fogoso como predicador que como hombre de Estado y como político de la Iglesia, electriza a los pueblos de Occidente, infundiéndoles la sola voluntad de acudir a la Cruzada».

Los cruzados fueron derrotados por el islam, lo que provocó un gran pesimismo en toda la cristiandad. San Bernardo, que había sido el principal animador y el que había encendido a los pueblos, fue llamado embaucador y falso profeta.El fracaso de la segunda Cruzada dañó profundamente la confianza en el pontificado y se habló abiertamente de que la fe cristiana había sufrido un duro revés.

Bernardo quedó muy afectado, sin embargo pensó que por lo menos había sido criticado él y no Dios. Así lo escribió en De Consideratione, dirigido al papa Eugenio III.

Abad del Císter

A los 23 años, en el año 1113, ingresó en la Orden del Císter. Dos años después, Esteban Harding, el abad de Císter, le envió a fundar una de las primeras fundaciones cistercienses, el monasterio de Claraval, del que fue designado abad, puesto que ocupó hasta el final de su vida.

La orden, entonces, estaba en formación. Esteban Harding era el tercer abad que tenía la orden, y en 1119 dotó al Císter de una regla propia, la Carta de caridad, en la que se establecían las normas comunitarias de total pobreza, de obediencia a los obispos y de dedicación al culto divino con dejación de las ciencias profanas.

Bernardo participó personalmente en la formación del espíritu cisterciense y fue el artífice de la gran difusión de la orden cisterciense, pasando del único monasterio cuando ingresó a 343 cuando murió, de los que 168 pertenecían a la filiación de Claraval y 68 fueron fundados por él mismo.

La enorme influencia que alcanzaron los cistercienses se debió a Bernardo que trascendió ampliamente a la orden.Ha sido la figura más destacada de la Orden y es venerado como fundador.

Císter fue una concepción de la vida monástica medieval totalmente distinta a Cluny. La regla cisterciense era, en la práctica, una crítica de la de Cluny.Esta crítica a los cluniacenses, la concretó Bernardo en 1124, en su escrito Apología a Guillermo:

La iglesia relumbra por todas partes, pero los pobres tienen hambre. Los muros de la iglesia están cubiertos de oro, pero los hijos de la iglesia siguen desnudos. Por Dios, ya que no os avergonzáis de tantas estupideces, lamentad al menos tantos gastos.

Apología a Guillermo

A partir de la Apología a Guillermo, la regla cisterciense apareció como una reacción contra los excesos cluniacenses.Si durante el siglo XI los monjes cluniacenses habían asumido un gran protagonismo dentro de la iglesia, ocupando sus más altos cargos y ejerciendo su influencia sobre el poder civil, en el siglo XII ese papel les correspondió desempeñarlo a los cistercienses.

Inspirador de la arquitectura cisterciense.

Su Apología a Guillermo estableció también los criterios teóricos que luego se emplearían en la construcción de todas las abadías cistercienses. En este escrito, Bernardo criticó duramente la escultura, la pintura, los adornos y las dimensiones excesivas de las Iglesias de los cluniacenses. Partiendo del espíritu cisterciense de pobreza y ascetismo riguroso, llegó a la conclusión de que sus monjes, que habían renunciado a las bondades del mundo, no precisaban de nada de esto para reflexionar en la ley de Dios. La crítica la desplegó sobre dos ejes. En primer lugar, la pobreza voluntaria: las esculturas y adornos eran un gasto inútil: despilfarran el pan de los pobres. En segundo lugar, rechazaba también las imágenes porque distraían la atención de los monjes, los apartaban de encontrar a Dios a través de la Escritura.

Cuando, en 1135, tenían unas 90 abadías y aumentaban a un ritmo de 10 nuevas por año, Bernardo debió pensar que la orden estaba consolidada y con un crecimiento desmedido siendo urgente un modelo de abadía que garantizase la uniformidad de la Orden. También debió reflexionar que la orden no podía seguir con las efímeras construcciones de madera y adobe, precisando monasterios en piedra que sirviesen a las generaciones futuras de monjes.

Ello lo concretó en la construcción en piedra de las dos primeras abadías, Claraval II (a partir de 1135) y Fontenay (comenzada en 1137), que se construyeron de forma simultánea. En las dos intervino de forma decisiva, ya que de Claraval era su abad y Fontenay era filial suya. Él fue el inspirador de ambas construcciones y de sus soluciones formales. Para él, la arquitectura cisterciense debía reflejar el ascetismo y la pobreza absoluta llevada hasta un desposeimiento total que practicaban a diario y que constituía el espíritu del Císter. Así terminó definiendo una estética de simplificación y desnudez que pretendía transmitir los ideales de la orden: silencio, contemplación, ascetismo y pobreza.

Estas primeras abadías se construyeron en estilo románico borgoñés, que había alcanzado toda su plenitud: (bóveda de cañón apuntada y bóveda de arista). Posteriormente, cuando en 1140, surgió el estilo gótico en la benedictina abadía de san Denis, los cistercienses aceptaron rápidamente algunos conceptos del nuevo estilo y empezaron a construir en los dos estilos, siendo frecuentes las abadías donde conviven dependencias románicas y góticas de la misma época. Con el paso del tiempo, el románico se abandonó.

Al prescindir de todo lo superfluo, el estilo cisterciense consiguió unos espacios desnudos, conceptuales y originales que lo hace plenamente identificable.

Influencia en el papa cisterciense Eugenio III que era hijo espiritual de Bernardo.

Como se ha explicado, antes de ser elegido papa, estuvo 10 años en Claraval siendo monje bajo la autoridad espiritual de su abad Bernardo. Después, durante otros 5 años, fue abad de un monasterio filial de Claraval, por lo tanto, seguía manteniendo esa relación de dependencia espiritual.

Ya siendo papa, mantenían frecuente correspondencia entre ellos, pidiéndole Eugenio, que le escribiera un tratado sobre las obligaciones de ser papa. El abad así lo hizo y escribió el tratado De Consideratione en 5 libros. El primero lo escribió en 1149, el segundo en 1150, el tercero después del desastre de la cruzada en 1152 y los dos últimos a continuación.Es su tratado más conocido y aunque lo escribió para el papa Eugenio, en la práctica, lo estaba haciendo también para todos los papas posteriores.De hecho, se conoce la importancia que muchos papas han dado a este texto.

Bernardo seguía sintiéndose su padre espiritual, así lo manifestó repetidamente en el prólogo de De Consideratione: «el amor que os profeso no os considera como Señor, os reconoce por hijo suyo entre las insignias y el esplendor de vuestra excelsa dignidad...Os amé cuando eras pobre, igual os he de amar hecho padre de los pobres y de los ricos. Porque bien os conozco, no por haber sido hecho padre de los pobres dejáis de ser pobre de espíritu».[

En este escrito, insiste en la necesidad de la vida interior y de la oración para aquellos que tienen las mayores responsabilidades de la Iglesia. Escribió sobre el peligro de dejarse llevar por los asuntos de Estado y descuidar la oración y las realidades de lo alto.

Sobre los poderes del papa, le escribió defendiendo la supremacía del poder espiritual y el derecho de la Iglesia a emplear los ejércitos seglares.Se basaba en las palabras que los apóstoles dijeron a Jesús cuando lo apresaron, recogidas en el Evangelio de san Lucas, que él interpretó para fundamentar de nuevo «la doctrina de las dos espadas», presente en el pensamiento cristiano desde los inicios de la Edad Media:

Si la espada material no perteneciese a la Iglesia, el Señor no habría replicado «Es bastante» a los apóstoles cuando le dijeron «Aquí hay dos espadas», sino «Es demasiado». Por tanto, de la Iglesia son la espada espiritual y la espada material, pero esta ha de ser manejada para la Iglesia, y aquella, por la Iglesia.

De consideratione

También le escribió que el poder del papa no es ilimitado:

Yerras si, como creo, piensas que tu poder apostólico es el único instituido por Dios (dice el apóstol:) «No hay poder que no proceda de Dios...Todos han de estar sometidos a las autoridades superiores». No dice «la autoridad superior», como si se refiriese a una, sino «las autoridades superiores», como si se refiriese a varias. Por tanto, tu poder no es el único que procede de Dios, también proceden de «Él», el poder de los medianos y de los pequeños.

De consideratione.

Estaba convencido de que todos los cargos de la Iglesia procedían directamente de Dios  y así lo escribió al papa:

Reflexiona que la santa Iglesia romana no es la señora, sino la madre de las iglesias. Vos no sois el señor de los obispos, sino uno de ellos.

De consideratione.

SU DOCTRINA.

Fue el primero que formuló los principios básicos de la mística, contribuyendo a configurarla como cuerpo espiritual de la Iglesia católica.

Su devoción a la humanidad del Redentor se trató de una innovación basada en el Cristo  de los Padres y de san Pablo.  Su forma de relacionarse con Cristo, llevó a nuevas formas de espiritualidad basadas en la imitación de Cristo.

Su teología mística tuvo como fin principal mostrar el camino de la unión espiritual con Dios. Su doctrina de búsqueda de unión a Dios se inspiró en el estudio de las escrituras y de los padres de la Iglesia, así como en su propia experiencia religiosa.El esquema de la mística bernardiana propone ascender desde lo más profundo del pecado  hasta lo más elevado del amor, la unión mística con Dios. En este ascenso enumeró 4 grados de amor, descritos en su tratado Del amor de Dios:

...En primer lugar, pues, se ama el hombre a sí por sí mismo, pues es carne, y no puede gustar nada fuera de sí...más, cuando ve que no puede subsistir por sí, comienza a buscar a Dios por la fe, y a amarle, como que le es tan necesario. Ama, pues, en el segundo grado a Dios, pero por sí, no por Él mismo. Ya después que comenzó, con ocasión de la propia necesidad, a reverenciarle y frecuentarle, meditando, orando, obedeciéndole, poco a poco en virtud de este género de familiaridad, se da a conocer Dios y consiguientemente se hace también más dulce, y así... pasa al grado tercero, para amar a Dios no ya por sí, sino por Él mismo... en este grado se está mucho tiempo...y desde entonces, juntándose a Él será con Él un espíritu...cuando se entra en estas grandezas espirituales y divinas habría de ser despejado de todas las enfermedades de la carne...

Del amor de Dios

Conocemos tres venidas del Señor… hay una venida intermedia… oculta, sólo la ven los elegidos, en sí mismos…pero, para que no pienses…que… la venida intermedia son invención nuestra, oye al mismo Señor: «El que me ama guardara mi palabra; mi Padre lo amará y vendremos a fijar en él nuestra morada»…gracias a esta venida, nosotros que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial...

Sermón 5 en el Adviento

La influencia del pensamiento de Bernardo sobre misticismo y devoción mariana en las órdenes religiosas europeas fue muy importante. Obsérvese los cuadros de devoción de este artículo que corresponden a encargos de franciscanos, capuchinos y cartujos de Italia y España, alguno de ellos realizado casi quinientos años después de su muerte.

Devoción mariana

En el occidente cristiano y a partir de finales del siglo XI, se desarrolló masivamente el culto popular a la Virgen María. Bernardo tuvo un papel importante en la propagación de ese culto mariano. Su teología sobre María fue rápidamente aceptada por los fieles y sus sermones se difundieron por toda la cristiandad. El más conocido, es Del acueducto:

...tan grande acueducto...sobrepasase los cielos y pudiese llegar a aquella vivísima fuente de las aguas que está sobre los cielos... ¿Cómo llegó este nuestro acueducto a aquella fuente tan sublime? [...] Según está escrito: la oración del justo penetra en los cielos...¿Quién será justo, si no lo es María, de quien nació para nosotros el sol de justicia? [...] Sea lo que fuere aquello que dispones ofrecer, acuérdate de encomendarlo a María, para que vuelva la gracia, por el mismo cauce por donde corrió, al dador de la gracia...aquello que deseas ofrecer, procura depositarlo en aquellas manos de María... a fin de que sea ofrecido al Señor, sin sufrir de Él repulsa...

Del acueducto

La figura de María no se entendía como hoy. Así el abad mostró sus dudas sobre la Inmaculada Concepción: ...con toda certeza, sólo la gracia hizo limpia a María del contagio original... La fiesta de la Inmaculada Concepción es una fiesta que desconocen los ritos de la Iglesia, ni recomienda la tradición antigua.[60]  No se puede afirmar que patrocinara la Asunción de María (en esto coincidía con la corriente antiasuncionista que entonces predominaba).

Las fuentes de su doctrina

Sus fuentes fueron fundamentalmente las Sagradas Escrituras y también las fuentes de la tradición cristiana. Ambas fueron siempre sus grandes argumentos.

Bernardo creía en «la revelación verbal» del texto bíblico. Esta creencia, considerada hoy errónea por la teología católica, la heredó de Orígenes, su maestro en Exégesis. Así, en cada palabra de la Biblia buscaba interpretaciones y sentidos desconocidos y ocultos. Cuando no comprendía unas frases o un sentido del texto, se humillaba y pedía a Dios que le iluminara, pues entendía que si Dios había puesto esa palabra o esa frase y no otra, lo hacía por una razón concreta. Esta fe en la revelación verbal le originó importantes periodos místicos que quedaron recogidos en sus escritos.

Su búsqueda de la interpretación del texto sagrado, sin limitarse al sentido pretendido por el escritor sagrado, para obtener de él la justificación de sus experiencias personales, profundiza en la reflexión y en la contemplación de la misma forma que la Iglesia primitiva y siguiendo la tradición mística de los padres griegos de la Escuela catequística de Alejandría.

Resulta esclarecedor lo que pensaban de él los dos principales artífices de la Reforma Protestante. Martín Lutero dijo que «Bernardo supera a todos los demás Doctores de la Iglesia» y Juan Calvino lo alabó: «El abad Bernardo habla el lenguaje de la misma verdad».

Los libros de la Biblia que más citó y por lo tanto con los que más se identificaba son: el libro de los Salmos 1519 veces; las cartas de Pablo 1388 veces; el Evangelio de Mateo 614 veces; el Evangelio de Juan 469 veces; el Evangelio según san Lucas 465 veces; el Libro de Isaías 358 veces y el Cantar de los Cantares 241 veces.

La segunda fuente para él era la Tradición. En su tiempo había dos escuelas teológicas contrarias: la escuela antigua o tradicional, de la que él era el principal exponente, y la escuela moderna, patrocinada por Abelardo, basada en especulaciones y en la crítica filosófica de las ideas. Bernardo consideraba estéril la filosofía, pues argumentaba que en nada sirve al hombre para alcanzar su fin último. Despreciaba a Platón y Aristóteles. En cierta ocasión dijo: «Mis maestros son los apóstoles, ellos no me han enseñado a leer a Platón ni a ejercitarme en las disquisiciones de Aristóteles». Sin embargo, tenía una concepción neoplatónica del alma humana, que consideraba estaba creada a imagen y semejanza de Dios y destinada a una unión perfecta con Él.

Los Padres de la Iglesia que más seguía, eran los que entonces se consideraban los maestros más autorizados de la Iglesia: se declaró fiel discípulo de san Ambrosio y de san Agustín, los llamó las dos columnas de la Iglesia y escribió que difícilmente se apartaría de su parecer (en el Tratado sobre el bautismo). En moral, su referencia era Gregorio Magno.Copió, sin citarlo, con frecuencia a Casiodoro en sus comentarios sobre los Salmos. Muchos bellos pensamientos que describió Bernardo, en realidad son de Casiodoro.Entre los Padres griegos, citó a menudo a Orígenes (le encantaba su exégesis alegórica) y a Atanasio. Tenía una gran devoción a Benito de Nursia y a su única obra, la Régula monasteriorum (la regla de los monjes). Esta obra era la maestra de su corazón y de su intelecto, y estaba convencido de que, como la Biblia, era un libro directamente inspirado por Dios.[69] 

Cuatro de sus obras tienen similitudes con otras de la literatura patrística:

Los sermones sobre el «Cantar de los cantares». En el Concilio de Sens Berenguer de Escocia le recriminó haber copiado descaradamente a Orígenes, Ambrosio, Rexio de Autun y Beda el Venerable.Los 17 sermones sobre el salmo 90 están copiados de la doctrina de san AgustínLas 4 homilías de alabanzas de la Virgen María tienen plagios de Ambrosio y de san AgustínSobre la gracia y el libre albedrío es un resumen de la doctrina de san Agustín.

En la Divina Comedia, Bernardo de Claraval aparece situado en el Paraíso desde el Canto XXXI, sustituyendo a Beatriz.[78]  En virtud de su espíritu contemplativo y de su devoción a María, es Bernardo quien guía a Dante durante la última parte de su viaje: muestra al poeta la cándida rosa dei beati —la rosa paradisíaca sede de todos los bienaventurados, Canto XXXII— y lo invita a volver a María su mirada como el rostro que más se asemeja a Cristo.

Veneración

Bernardo de Claraval es venerado en la Iglesia católica, la Iglesia anglicana y la Iglesia luterana (figura en el Calendario de Santos Luterano).

miércoles, 20 de julio de 2022

Historia de la Biblia


Como ya probablemente sabe usted, las Biblias Católicas tienen 73 libros, 46 en el Antiguo Testamento, y 27 en el Nuevo Testamento. Las Biblias Protestantes tienen 66 libros con solo 39 en el Antiguo Testamento. Los libros faltantes en las Biblias Protestantes son: Tobías, Judit, Baruc, Sabiduría, Sirac, 1 y 2 Macabeos, y partes de Ester y Daniel. Son llamados los «Deuterocanónicos» por los Católicos y «Apócrifos» por los Protestantes.

Martín Lutero, sin ninguna autoridad de cualquier forma, removió esos siete libros y los puso en un apéndice durante la reforma, en donde permanecieron hasta el año de 1826, después del cual fueron removidos totalmente.

Vale tener en cuenta el hecho de que estos siete libros han estado en las Biblias usadas por todos los Cristianos desde la misma fundación de la Cristiandad

Una corta lección de Historia….

El griego helenístico fue la lengua moderna del tiempo de Cristo. Esto fue porque cientos de años anteriores, Alejandro Magno había conquistado la región. El lenguaje hebreo iba ya de salida, y existía una necesidad critica de una traducción del Antiguo Testamento del hebreo para los Judíos dispersados que hablaban el griego.

Esta traducción, llamada Septuaginta (setenta), fue hecha por Judíos eruditos en 148 a. de C. aproximadamente, y tenía todos los libros, incluyendo los siete extraídos mas de 1650 años después, por Martín Lutero.

El Nuevo Testamento tiene aproximadamente 350 referencias a versos del Antiguo Testamento. Por medio de un examen cuidadoso, los eruditos han determinado que 300 de estas referencias son tomadas de la Septuaginta y el resto son del Antiguo Testamento hebreo*. Han demostrado que Jesucristo mismo, hacía referencias a la Septuaginta.

Los primeros Cristianos usaron la Septuaginta para apoyar sus enseñanzas cristianas, y los Judíos se molestaban cuando estos nuevos Cristianos usaban ventajosamente sus traducciones.

*Diccionario de la Biblia, John L. Mc.Kenzie, pag. 787.

Alrededor de los años 90-95 a. de C., algunas décadas después del principio de la cristianidad, los Judíos llamaron a un concilio para discutir este tema. En este concilio, llamado el «Concilio de Jamnia*», los Judíos fariseos que sobrevivieron la devastadora destrucción de Jerusalén y de su templo en el 70 d. de C., decidieron remover los libros que ayudaban a los Cristianos. Ellos removieron los siete libros, usando varias razones como su «autorización» para hacerlo. Hay que tener en cuenta, que en aquel entonces, los Judíos de habla griega habían ya estado usando la Septuaginta por mas de doscientos años. Era la Biblia de los de lengua griega, de los fieles de Berea en Hech. 17:10-15 a los cuales los Protestantes les gusta citar para tratar de probar la hecha por ellos, doctrina de «Sola Scriptura».

Algunos no Católicos demandan que los siete libros no fueron agregados a la Septuaginta hasta el siglo cuarto. Si eso fuera cierto, ¿cómo el Concilio de Jamnia los removió en el primer el siglo cuarto? Si eso fuera cierto, ¿cómo el Concilio de Jamnia los removió en el primer siglo si no hubieran estado allí?

 

Reflexión: Tu Grial .


La Leyenda del Grial y su representación en el Temple no está sujeta al tiempo o a las circunstancias.

Representa una puerta a la Realidad Eterna, el Presente Aquí y Ahora, la Fe en el Pasado y no en leyendas.

Las circunstancias de su representación en la última Cena y el lugar en donde es contemplado desde una perspectiva actual, un muro a cierta distancia, no necesita ser localizado fuera del Corazón Humano que ha aprendido a latir con el tiempo y a sintonizarse con el Alma de los Creadores ocasionando inspiraciones en grandes MAESTROS.

Vemos como se rechaza, como se dice, como se denuncia, como se aclama interiormente; todos aclaman el Santo Grial… dicen que no creen, pero algo les induce a creer, necesitan creer.

La Sangre Real… el Santo Grial… el Cáliz de la última cena… todo se basa en la transubstanciación.

Se considera que "Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad".

Dicha presencia Eucarística se mantiene mientras subsista la Sangre Real, una unión con el Conocimiento que no es casualidad.

Las primeras nociones que se tienen de la transubstanciación son del siglo XI, el Temple vive; grupos gnósticos, docetas y otros, evitaron el Rito de la Sangre Real, lo evitaron por miedo, por desconocer.

Este Rito forma parte de un concepto Universal del Conocimiento… sin ser; es.

Hoy y ayer, todos aquellos que han nacido del SENTIMIENTO DEL ALMA, los pintores, escritores, poetas, tallistas, escultores, arquitectos, Y SERES ESPIRITUALES, deben encontrar su camino hacia el espacio donde: “Apenas algo se mueve, y, sin embargo, aprecian el movimiento ” y habiéndose encontrado con “El Camino, La Verdad y la Vida , ven la realidad de la Sangre Real”, descubren que las cambiantes escenas del pasado que han pensado que eran reales como hoy, pasan ante ellos como una sucesión de imágenes, hasta que la Visión del Propio Grial se hace presente a su Entendimiento puro, ocasionando un conflicto de deseo, realidad y fantasía, credulidad e incredulidad.

Espero no nublar vuestras mentes con fantasías virtuales como en su día fue nublado Leonardo Da Vinci o el propio Parzifal.

Es, en la esperanza de despertar alguna brasa del fuego que arde sin llama de esta consciencia interna en los corazones de aquellos que puedan contemplar el Grial y desde esa brasa se encienda un gran fuego que queme los ojos de los incrédulos que ocultan al hombre del Sí mismo, de Dios del Grial o su Palabra.

Quizás, eso es lo que deseo que creáis con FUERZA, para que la lógica del secreto del Grial, no sea un obstáculo en las mentes pragmáticas e intelectualmente evolucionadas ERRÓNEAMENTE dentro de una sociedad donde el MILAGRO, LO DIVINO, LO OBVIO, Y LA VERDAD se confunde con el engaño.


Ves ahora tu Grial?




El Temple VII

 


La Guerra Justa

Guerra justa o guerra legítima es un concepto teológico-político desarrollado fundamentalmente por teólogos y juristas católicos y cuya definición ha constituido un esfuerzo serio para regular el derecho a la guerra, en la guerra y después de la guerra.

Hoy, este concepto es parte importante del Derecho Internacional y en torno a él se configuran el Ius ad bellum, versión secular del pensamiento cristiano medieval sobre la guerra justa, el Ius in bello que concierne la justicia sobre el comportamiento de los participantes en el conflicto y el Ius post bellum que concierne a la fase terminal y los acuerdos de paz.

Las Tres teorías de la Guerra Justa

En teoría moral, existen al menos tres enfoques sobre la cuestión de la guerra.

El pacifismo, según el cual toda guerra es injustificada y, por consiguiente, inmoral.

El enfoque del «realismo político» o realpolitik, cuya premisa fundamental quedó recogida por el militar e historiador alemán Carl von Clausewitz, cuando dijo que la guerra no es sino otra forma de hacer política.

Y finalmente, queda la tradición de la guerra justa, con origen en la Edad Media y que se caracteriza por defender que algunas contiendas bélicas tienen justificación y son morales.

En la Edad Media la noción se reviste una importancia especial a lo largo de todo el pensamiento agustiniano.

En el plano político, el orden es la paz: «La disposición de los seres iguales y desiguales, ocupando cada uno el lugar que le corresponde». 

Esta definición tiene un trasfondo platónico, pues también Platón había insistido en su República que una sociedad bien ordenada (justa) era aquella en la que cada uno ocupaba el lugar en función de su alma.

Sea cual sea el mecanismo con el que una sociedad se ordene, toda sociedad tiende a la paz.



La insistencia en la justicia con sus raíces en la doctrina cristiana la aplicó Agustín de Hipona a la guerra. Consideraba que toda guerra es malvada y que atacar y saquear a otros estados es injusto, pero aceptaba que existe una "guerra justa" librada por una causa justa, cómo defender el Estado de una agresión o restaurar la paz si bien hay que recurrir a ella con remordimientos y como último recurso.

En este sentido, incluso la guerra es vista por Agustín como un instrumento de paz. Ningún pueblo hace la guerra por hacer la guerra, sino siempre como un medio para conquistar la paz.

San Agustín sostuvo que, si bien las personas no deben recurrir inmediatamente a la violencia, "Dios ha dado la espada al gobierno por una buena razón" (citando a Romanos 13:4).

Afirmó que el pacifismo frente a un grave error que solo podría ser detenido por la violencia, sería un pecado. La defensa de uno mismo o de otros podría ser una necesidad, especialmente cuando está ordenada por una autoridad legítima:

Los que han emprendido la guerra en obediencia al mandato divino, o de conformidad con sus leyes, han representado en sus personas la justicia pública o la sabiduría del gobierno, y en esta capacidad han dado muerte a hombres malvados; tales personas de ninguna manera han violado el mandamiento "No matarás"

La Ciudad de Dios


Para Agustín de Hipona la guerra justa es un mecanismo de defensa para los combatientes justos que, por decreto divino, no tienen más remedio que someterse a sus autoridades políticas y deben tratar de garantizar el cumplimiento de su deber de lucha de guerra de la manera más justa posible, incluso si está a órdenes de un mal gobierno:


A los siervos de Cristo, ya sean reyes, príncipes, jueces, soldados o provinciales, ya sean ricos o pobres, hombres libres o esclavos, hombres o mujeres, se les ordena, si es necesario, que soporten la maldad de un estado completamente corrupto; y por esa resistencia podrán ganarse un lugar de gloria

La Ciudad de Dios


Tomás de Aquino, basándose en San Agustín, escribe al referirse a la guerra justa:


Para que la guerra sea justa, se requieren tres condiciones.

Primera: la autoridad del príncipe bajo cuyo mandato se hace la guerra.

No incumbe a la persona particular declarar la guerra, porque puede hacer valer su derecho ante tribunal superior; además, la persona particular tampoco tiene competencia para convocar a la colectividad, cosa necesaria para hacer la guerra. Ahora bien, dado que el cuidado de la República  ha sido encomendado a los príncipes, a ellos compete defender el bien público de la ciudad, del reino o de la provincia sometidos a su autoridad. Pues bien, del mismo modo que la defienden lícitamente con la espada material contra los perturbadores internos, castigando a los malhechores, a tenor de las palabras del Apóstol: «No en vano lleva la espada, pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra mal» (Rm 13,4), le incumbe también defender el bien público con la espada de la guerra contra los enemigos externos. Por eso se recomienda a los príncipes: «Librad al pobre y sacad al desvalido de las manos del pecador» (Ps 81,41), y San Agustín, por su parte, enseña: «El orden natural, acomodado a la paz de los mortales, postula que la autoridad y la deliberación de aceptar la guerra pertenezca al príncipe»



Segunda: Se requiere causa justa.

Es decir, que quienes son atacados lo merezcan por alguna causa. Por eso escribe también San Agustín en el libro Quaest: «Suelen llamarse guerras justas las que vengan las injurias; por ejemplo, si ha habido lugar para castigar al pueblo o a la ciudad que descuida castigar el atropello cometido por los suyos o restituir lo que ha sido injustamente robado»

Tercera: Se requiere, finalmente, que sea recta la intención de los contendientes; es decir, una intención encaminada a promover el bien o a evitar el mal. Por eso escribe igualmente San Agustín: "Entre los verdaderos adoradores de Dios, las mismas guerras son pacíficas, pues se promueven no por codicia o crueldad, sino por deseo de paz, para frenar a los malos y favorecer a los buenos". Puede, sin embargo, acontecer que, siendo legítima la autoridad de quien declara la guerra y justa también la causa, resulte, no obstante, ilícita por la mala intención.

San Agustín escribe en el libro Contra Faust.: «En efecto, el deseo de dañar, la crueldad de vengarse, el ánimo inaplacado e implacable, la ferocidad en la lucha, la pasión de dominar y otras cosas semejantes, son, en justicia, vituperables en las guerras»

 

La guerra justa II. La cuestión moral.

Con todo, las cuestiones éticas eran con mucha diferencia las más difíciles de resolver y Hugo de Payens que buscó el apoyo de algunas ilustres personalidades religiosas de la época, no tardó en experimentarlo. En 1128, el Prior de la Grande- Chartreuse a quién había consultado, les respondió con una carta bastante desmoralizadora.

"Es inútil atacar a los enemigos exteriores, sino se denominan a los interiores, es decir, a los vicios, y no sirve de nada tratar de liberar Tierra Santa de los infieles si antes no se libera el alma de sus defectos." Citando una carta de San Pablo a los efesios, el Prior afirmaba que no es realidad, contra los adversarios de carne y hueso, contra los que debemos de luchar, sino contra los principados, las potencias, los dominadores del mundo de las tinieblas,contra los espíritus del mal que habitan en los espacios celeste...

Conmovedora la lección espiritual que honra a un hombre consagrado a la vida contemplativa, pero que no podía imaginar qué significa encontrarse ante un grupo de bandidos sarracenos dispuesto a lanzarse sobre el convoy de peregrinos.

Los militares cristianos no eran especialmente clementes.Pero los arabes a veces hacían gala de su crueldad sin límites, con el enemigo. A finales de junio de 1119, los soldados turcos manos del Príncipe sirio el Ghazi arrastraron a los prisioneros franceses por toda la llanura de Alepo y los masacraron.No por el deseo mismo de matarlo, sino porque el jefe no quería privar de aquella diversión al populacho de la ciudad, por lo que llevó a Alepo y allí los torturó en la vía pública hasta la muerte.

De todos modos, las reticencias del Prior correspondía a una línea de pensamiento antiguo, bastante compartida.La actitud moral cristiana ante la profesión de la guerra ha sido siempre de rechazo, aun cuando ningún pasaje de los Evangelios contenga condena alguna al respecto. En los primeros tiempos del cristianismo para un catecúmeno, lo militar era un acto de desprecio a la ley de Dios y hubo figuras ejemplares de Santos que para abrazar la vida cristiana se despidieron solemnemente de las armas. Por lo demás, la cuestión había sido tratada ya en tiempos de Ambrosio y Agustín, y el tema de la licitud de las armas y de la guerra Justa seguía siendo extremadamente delicado, sin embargo, los graves problemas por los que basó la sociedad occidental en el siglo 10,Acentuado por la violencia cometida por húngaros y normandos todavía paganos habían favorecido a la adopción de actitudes más moderadas por parte de la Iglesia en relación con la práctica militar característico de este clima particular.

Eran, por ejemplo, el hecho de que Bucardo de Worms en su Decretum retomarse la Carta de Nicolás Primero, en el que el papá permitía a los penitentes el uso de las armas, si se trataba de servir a la lucha contra los paganos.

El choque entre el papado y el imperio por las investiduras y la lucha de la Iglesia por liberarse de las interferencias de poder laico habían favorecido la evolución del pensamiento Cristiano,mostrando la necesidad de que los pontífices dispusieran de una milicia a su mando a las que pudieran convocar en caso de emergencia para disuadir a los posibles agresores. El papá Gregorio séptimo, llegó incluso a bendecir el servicio de los caballeros, que ofrecieron su aportación armada en la defensa de la Iglesia. Pero, naturalmente no se trataba de monjes,sino de laicos que habían empleado siemprel el instrumento de la guerra. Y lo seguirían haciendo.

En cualquier caso, la propuesta que llegaba de Jerusalén era de contar de carácter completamente distinto, alejada a la mentalidad que durante siglos había dominado el ambiente monacal de Occidente según la cual no podía haber salvación eterna, sino tras la conversión total basada en el abandono del mundo y la elección del claustro, corriente de pensamiento que había tenido defensores muy ilustres e incluso en el siglo 11.

San Pedro Damián, uno de los máximos promotores de las reformas de la Iglesia y maestro de Gregorio séptimo, había expuesto una clara condena del ejercicio de la guerra para el incompatible con la perfección espiritual, a la que solo podían acceder mediante la vida contemplativa.

En la época inmediatamente posterior a la primera cruzada, pese a que el entusiasmo colectivo por la liberación del Santo Sepulcro perdurará durante largo tiempo, todavía había muchos que pensaban como él ; en esa época había alguien que podía ayudar a Hugo de Payens, en su intento de promover la fusión de los dos ideales que para gran parte de la sociedad cristiana eran opuestos e irreconciliables, un místico excepcional dotado de una habilidad de comunicación fuera de lo común, pero también capaz de mover las palancas precisas del ambiente religioso y político de su época.

Nacido de una familia de linaje caballeresco perteneciente a la baja nobleza de Bretaña, Bernardo de Claraval había escogido voluntariamente la vida del claustro a los 21 años. Convenció a sus hermanos de que lo siguieran y en 1113 abrazó los votos Monásticos en el Cister. Convencido de las reformas monásticas,Bernardo compartió el ideal de Comtemptus Mundi, es decir, la convicción de que la salvación eterna únicamente se consigue con el retiro, la ascesis y el abandono del mundo y todas sus múltiples corrupciones.

Es probable que Hugo se dirigiera a Bernardo, apenas llegó a Occidente.Tal vez las las respectivas familias pertenecientes a la pequeña nobleza tuvieron vínculos de parentesco o de alianza política. Quizás le entregará una carta de Balduino segundo a la que se lerogaba al Santo que se redactara para los templarios, una regla monástica adecuada, es decir, que fuera compatible con la necesidad de hacer la guerra al mismo tiempo que se adaptará a la dignidad de una orden religiosa. Hay historiadores que muestran su escepticismo sobre la autenticidad de este documento, pero no hay duda de que Payens trató de obtener la ayuda de Bernardo y en que en un primer momento sufrió la desilusión de verse completamente ignorado.

De entrada, el Abad debió parecerle absurdo la idea.De esta nueva religiosidad formada por frailes consagrados a la guerra. Algo así que como un bólido monstruoso.

Solo uno o dos años antes del viaje de Hugo y su experiencia en Occidente, Bernardo expresaba con sinceridad su amargura por haber desistido de su antiguo proyecto de entrar en el sitio para convertirse en templario.

Bernardo no era un rigorista como el padre de Damián, pero,conocía muy bien los hábitos de la vida caballeresca, laica, a la que pertenecía por nacimiento y abrigaba seria duda de que fueran conciliar por naturaleza de cualquier orden religiosa.

Arrogancia, afición al lujo y ostentación, desprecio por la vida humana, predisposición a la agresividad y a la violencia.Que la mentalidad guerrera saltaba con manifestaciones de coraje en mayor mérito de un caballero en los aquí, ante una ética específica de que la guerra como actividad del grupo dominante, la sangre como elevado valor que lleva a exaltar el combate en sí mismo.

Mientras los contemporáneos, que se dedicaban a la lírica del amor, celebraban el adulterio de los caballeros jóvenes con las mujeres de sus señores con los más viejos.

¿Cómo podría pretender que los caballeros del temple, originarios de aquel mundo y educado en esa infancia, en ese modelo de comportamiento, renunciaran de la noche a la mañana a semejante estilo de vida?

Bernardo, que conducía el poder de la obediencia y de la ascesis, y Hugo, que había vivido los sufrimientos de los peregrinos y la nostalgia invencible de Jerusalén sabían bien que existía una única manera aislar a los que poseían un sentimiento religioso más acusado,de los otros;que poseyera un sentimiento Guerrero acusado. Adoctrinarlo prepararlo para la vida de la nueva orden mediante un itinerario de disciplina largo y extremadamente inflexible.

Bernardo conocía la crítica situación en que se encontraba Tierra Santa y estaba en condiciones de dar su apoyo moral al nacimiento del Temple .Pero era un hombre obstinado y en absoluto dispuesto a establecer compromisos con sus convicciones, obligó a esperar largamente a Hugo.

Éste, que le hizo varios llamamientos a lo que solo responderá tiempo después. Su apoyo será decisivo para la fortuna del temple, simplemente porque fue capaz de encontrar una fórmula capaz de contentar al papa, y Balduino y sin rechazar las buenas intenciones que habían animado al grupo de caballeros.Penitentes consagrados al templo del señor.

El Temple VI


Los 9 primeros.

El carácter modesto y privado de la iniciativa de Hugo de Payens contrastaba claramente con los proyectos de Balduino. No hay rastro de que los templarios hicieran una predicación que engrosará su grupo. Antes de la intervención del Rey de Jerusalén y según la tradición transmitida por Guillermo, Arzobispo de Tiro hasta la confraternidad fue centralizada en época del Concilio de Troyes, en 1129, Payens y sus compañeros fueron siempre 9.

El Reino Cristiano de Tierra Santa estaba amenazado por la escasez de población residente y de efectivos militares que pudieran llevar realmente al campo de batalla cuando se hiciera falta. Es indudable que los proyectos que Balduino, tenía en mente para la congregación de Payens no correspondían al espíritu y a la finalidad con que se había fundado, y es bastante probable que el soberano se viese precisado de emplear mucho tiempo en convencer al Grupo.

Para la formación de una verdadera orden militar era menester reclutar muchos combatientes más, pero también encontrar ingentes recursos económicos, con los que mantener los efectivos y poder garantizar el avituallamiento y los suministros indispensables.En un mundo en que la guerra todavía se libraba entre soldados que luchaban esencialmente a caballo y cubierto por completo de pesadas armaduras, cuya fabricación requería mucho tiempo y dedicación de artesanos y especialistas, este cuerpo militar en el que pensaba Balduino, nunca podría carecer de recursos económicos, so pena de perder de inmediato su funcionalidad. Hugo en calidad de cabeza y fundador de la orden, debió de asumir notables responsabilidades administrativas y judiciales y militares, las mismas que tenía en la vida secular como titular del feudo, al que había renunciado voluntariamente para ir a Jerusalén como penitente consagrado al Templo del Señor.

Tal vez en el tiempo en que el Conde Fulco de Anjou que convivio entre los templarios en 1120, no fuera algo casual ni estuviera alejado de los proyectos del Rey de Jerusalén. Ese mismo año, Balduino les dejo como sede un ala del Palacio en el que había usado hasta entonces.En calidad de residencia real, lo cual no se avenía con la originaria intención de la pobreza del Grupo, pero que tenía un valor simbólico indudable. Aceptar esa donación no significaba solamente ampliar la institución, sino también y de todo, demostrar que la misma estaba cambiando de naturaleza.Que estaba asumiendo un puesto de privilegio en la sociedad de Tierra Santa junto a la realeza.

La corona debió de presionar a los primeros templarios, contando con el apoyo de la autoridad del patriarca de Jerusalén, que compartía con el soberano.En aquella epoca la corona compartia preocupaciones del clero por la defensa del Reino.

La confraternidad estaba sometida al patriarca, máximo exponente de la jerarquía de la Iglesia secular en Tierra Santa, y probablemente fue quien sensibilizó al Grupo sobre las exigencias logísticas de la región y quien convenció a Payens de la necesidad de afrontar la transformación radical de la Confraternidad; dell mismo sentido de que imprimió a otra orden religiosa fundada en Jerusalén unos años antes, dedicadas a la curación de enfermos y peregrinos, la de San Juan del Hospital, que más tarde asumió una función militar completamente ajena a su espíritu originario.

Vencer la desconfianza de los primeros templarios no fue el único obstáculo, era superar la población del Reino, no respondía a las exigencias de reclutamiento y era preciso buscar otros recursos humanos fuera del territorio.

Aunque balduino, según no tenía parte, tenía de su parte el patriarca de Jerusalén, y el bondadoso Sabio Gormundo de Picquigny para fundar una institución también tuviera de carácter religioso se necesitaba el visto bueno del papá.

En 1126, el Conde de la Champagne regresa a Jerusalén e ingresó en el Grupo de templarios, incorporación que no es insignificante, pues se trata de un hombre poderoso que pertenece a la más alta nobleza del Reino de Francia.Y está involucrado en la política de la edad Media en Europa.

Al siguiente año, Hugo de Payens deja Jerusalén, con algunos compañeros para emprender un viaje importante a Occidente que habrá de decidir la suerte de la fortuna de la orden va directamente a Francia y es muy probable que lo hiciera un alto en Roma, donde pediría audiencia al papá Honorio.Segundo Pontífice muy sensible a los problemas de Tierra Santa y que por ello mostraría un gran interés en el proyecto en ciernes. Durante la década de los años 1127 -1130, Payens viaja y toma contacto con personas muy importantes de Europa Central y Occidental.

Con la ayuda de su compañeros caballeros, originarios de diferentes partes de Francia, se detiene en su tierra natal Champángne, Anjou y a Maine donde tiene inmejorables relaciones con el Conde Folco quinto. Viaja también a Poitou y Normandía, donde es recibido por el rey Enrique. Primero, que lo invita bajo su patrocinio a Inglaterra y a Escocia.Tras su regreso a Francia, visita Flandes y a finales de 1129 recorre todo el Valle del Ródano, cuando se embarque en Marsella con destino a Jerusalén, tendrá alrededor de un número importante de nuevos templarios.


El Temple: V


Concepto de pobreza en la orden del temple.

Las marcas más vigorosas de Hugo de Payens había querido dar a su confraternidad era la pobreza y la penitencia.El Grupo debía vivir con un espíritu de servicio en Tierra Santa y cumplir la misión militar de la defensa de los cristianos para expiar sus pecados. Por esta razón, en un principio los caballeros no poseían una sede fija, vestían telas que la población le donaba como limosna y obedecían al capítulo de los canónigos del Templo.

Fue el rey de Jerusalén quién intervino sobre la estructura originaria de la confraternidad para modificar sus objetivos.Y estas transformaciones hicieron sentir de inmediato sus efectos a comienzos del siglo 12. El concepto de pobreza que Payens había adquirido adoptar como estandarte tenía un significado muy distinto al que hoy se le asigna la pobreza. Era una dimensión del espíritu antes que de la materia, la marca de los indefensos y, sobre todo, representaba un valor Pauper no es el contrario de dives, sino que se contrapone más bien a potens, esto es, al que se le hace fuerte por medio de las armas y de su poder en el seno de la sociedad. La idea de pobre que se tenía en la época de Hugo podría traducirse hoy como humilde, inofensivo, antes de como mera referencia a una situación de penuria ecónomica.

Por lo demás, es natural que en un contexto social como del comienzo del siglo 12 en el que todo poder laico estaba en manos de los diversos niveles de la aristocracia militar, que no pudiera ejercer la práctica de las armas, tendiera a ser una persona de condiciones bastante modestas. No obstante; había también defensores del concepto de pobreza, es decir, quienes teniendo la posibilidad de valerse de la práctica militar no la usaba y le otorgaba una supresión a una supremacía sobre los hombres, optaba por renunciar a ella.


El Temple IV


Centinelas.

Después de la conquista cristiana, la ciudad Santa quedó bajo el mando de Godofredo de Bouillón, Duque de Lorena, que en las gobernó con el título de Sancit Sepulcrhi Advocatus y luego tras la muerte de éste bajo el de Balduino primero, que fue coronado rey por el patriarca de Jerusalén el día de Navidad del año 1100.El Santo Sepulcro fue dotado de canónigos de confesión latina para que atendieran el cuidado de las almas y el culto solemne. Estos canonigos se fusionaron con el clero l del rito griego que los emperadores bizantinos habían instituido en la Basílica de la Anastasis durante los siglos anteriores y que nunca habían abandonado ese lugar. Ni siquiera durante la fase más difícil de la dominación islámica.

Los monjes de observancia continuaron residiendo en la Basílica y Oficiando el culto de acuerdo a la liturgia bizantina, en un altar a ellos reservado en 1114, el patriarca Arnulfo de Chocques convirtió a los clérigos latinos en canónigos que asumieron la regla de San Agustín.También la gran mezquita de Al Aqsa, conocida la cúpula de la roca porque guardaba el bloque de piedra desde cual Mahoma había ascendido al cielo y que se levantaba junto a las ruinas del templo de Salomón, recibió para el culto a un grupo de canónigos regulares agustinos llamados canónicos del templo; ambas iglesias acogieron a algunos hombres que hicieron votos de vivir con los monjes, respetando las costumbres previstas en su orden, pero sin asumir por completo el estado monacal, pues mantenía su pertenencia a la aristocracia militar.

La iniciativa tenía el carácter de una confraternidad laica y sus miembros se consideraban consagrados al servicio de la Basílica para obtener la remisión de los pecados.

Del grupo que se consagró los canónigos del templo formaba parte Hugo de Payens junto a algunos caballeros suyos.No sabemos con precisión si Hugo Participó en la primera cruzada y en la conquista de Jerusalén;pero es seguro que en el año 1104 o mejor aún en 1105, como sugiere una reciente investigación, fue a Tierra Santa con el séquito del Conde de la Champagne, quien realizaba por entonces su primera peregrinación. Según fuentes, en 1113 Hugo todavía mantenía el título del señor de Payens.Pero al año siguiente emprendió el viaje para retornar a Jerusalén, donde permanecería varios años sin interrupción.Su elección debió haber sido largamente meditada.Tal vez el noble hubiera enviudado tras su última estancia en la ciudad Santa, razón por la cual habría podido realizar un compromiso religioso que la condición matrimonial le impedía ser solemne e irrevocable. Pocos años después, la precaria situación del Reino conllevará que esta piadosa intención nacida de la fe privada de un caballero valiente, evolucione hasta trascender las intenciones de su fundador para convertirse en una de las instituciones con mayor autoridad y más poderosa del oriente latino.

En 1119, una terrible masacre de peregrinos cerca del río Jordán había conmovido a la sociedad cristiana y en su repercusión fue tan fuerte que llegó incluso a Europa y se hizo particularmente evidente.En la crónica de Alberto de Aix, al año siguiente, en la ciudad de Nablus tuvo lugar una importante asamblea de grandes personalidades cristianas, en la que es probable que las deliberaciones girarán en torno a los problemas defensivos del Reino. Ese año, Balduino, segundo, realizó un nuevo llamamiento a la sociedad cristiana, en el que subrayaba que la Tierra Santa necesitaba una estructura capaz de asegurar un servicio de policía eficaz.

La defensa del Reino se había confiado al Ejército real, compuesto por tropas suministradas por la nobleza de Tierra Santa, que se habían repartido los territorios arrebatados a los turcos y que a menudo tendría dar muestra de una de una actitud independiente respecto a la corona, pero el rey no podía restarle poder porque las necesitaba para la defensa del Reino.

Balduino, segundo, y el patriarca de Jerusalén debieron reflexionar durante bastante tiempo sobre la situación, evaluando la posibilidad de que la confraternidad de militares laicos fundada por Hugo de Payens pudiera llegar a ser extraordinariamente útil en el Reino de Tierra Santa, si se encontraba la manera de transformarla en una milicia independiente, solo sometida a la Iglesia, el soberano podría disponer de un importante contingente militar susceptible de ser utilizado políticamente, sin tener que sufrir presiones autonomistas de los señores feudales del Reino.Payens y sus camaradas decidieron asumir un compromiso religioso definitivo.Según la crónica de Guillermo, Arzobispo de Tiro, alrededor del año 1120 adoptaron los 3 votos monásticos de obediencia, pobreza y castidad ante el patriarca que les confió oficialmente la misión de proteger a los peregrinos de los ataques de los ladrones y caminos islámicos.Para entonces, el grupo ya era conocido y apreciado por la población. En ese año, el Conde Fulco de Anjou, futuro rey de Jerusalén, vivió entre sus miembros un cierto tiempo y antes de marcharse, dejó como limosna una importante suma de dinero.

Balduino segundo, donó a Hugo de Payens y sus compañeros una parte del edificio que inicialmente se había usado como Palacio Real, que estaba situado junto a los restos del templo de Salomón. Los miembros de la confraternidad comenzaron entonces a hacer llamado Militia Salomonica Templi.Y más adelante, fratres templi o simplemente templarios.