lunes, 14 de diciembre de 2020

Juan de Jerusalem: El Profeta Templario


 "Veo y conozco. Mis ojos descubren en el cielo lo que será y atravieso el tiempo de un solo paso. Una mano me guía hacia lo que ni veis ni conocéis... Veo y conozco lo que será. Soy el escriba".

Muy poco nos cuenta la historia de este enigmático personaje. Sabemos que nació en las cercanías de la población de Vézelay, en la región francesa de la Borgoña, en 1042 y falleció en el año 1119 a los 77 años de edad. Juan de Jerusalén, también conocido como Jean de Vézelay, iniciado en las artes astrológicas, alquímicas y esotéricas, sobre el año 1099, durante su estancia en Jerusalén, mantuvo constantes encuentros secretos con grandes ocultistas e iniciados, místicos y cabalistas; tanto hebreos como musulmanes.

Más tarde formó parte de los nueve caballeros franceses que, en 1118, fundaron la Orden del Temple. Antes, en los albores del año 1110, escribiría unos manuscritos repletos de alusiones con tintes proféticos. Incluso, se plantea la posibilidad de que el conocido médico, astrólogo y profeta, también de origen francés, Michel de Notre-Dame (Nostradamus), se inspirara en los textos del templario para desarrollar sus famosas centurias.

PROTOCOLO SECRETO

Los escritos proféticos de Juan de Jerusalén fueron realizados a principios del año 1110. Durante más de ochocientos años el manuscrito fue salvaguardado a través de distintos círculos herméticos; donde era conocido como "Protocolo Secreto"

En el año 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, el manuscrito fue localizado en una sinagoga de la ciudad polaca de Varsovia por miembros de la SS nazi. Con la entrada de las fuerzas soviéticas a la ciudad de Berlín, al parecer, el manuscrito fue hallado en el búnker de Hitler; e inmediatamente puesto a buen recaudo.

Años más tarde fueron localizados por el profesor Galvieski en los archivos secretos de la KGB quién, en el año 1994 los publica a través de una editorial francesa. Las investigaciones del profesor, le han llevado a la conclusión de la existencia de siete ejemplares del manuscrito. Tres le fueron entregados a Bernardo de Claraval a través del Gran Maestre de los templarios. De los cuatro restantes, hipotéticamente, uno estaría en los archivos secretos vaticanos; otro en la abadía de Vézelay, de donde desapareció durante el proceso contra los templarios; otro en poder de Nostradamus y, finalmente, cabe la posibilidad de que actualmente exista uno en alguno de los veinte monasterios ortodoxos que circundan el Monte Athos, en Grecia.

ESCRITOS PROFÉTICOS

En un manuscrito del siglo XV hallado en el monasterio de la Trinidad y San Sergio, en Zagorsk: setenta kilómetros al norte de Moscú, se define a Juan de Jerusalén como: "Prudente entre los prudentes, santo entre los santos, alguien que sabía leer y escuchar el cielo".

Juan de Jerusalén nos legó sus claves proféticas, sin duda, sobre los acontecimientos que tendrían lugar a finales del segundo milenio y durante el transcurso del tercero... Todas las profecías comienzan con la misma frase: "Cuando empiece el año mil que sigue al año mil..."

Estas son algunas de ellas que, como se puede comprobar, resultan fáciles de interpretar.

Cuando empiece el año 1000 que sigue al año 1000...

"El hambre oprime el vientre de tantos hombres y el frío aterirá tantas manos, que estos querrán ver otro mundo. Y vendrán mercaderes de ilusiones que ofrecerán el veneno...

Pero este destruirá los cuerpos y pudrirá las almas; y aquellos que hayan mezclado el veneno con su sangre serán como bestias salvajes caídas en una trampa, y matarán, y violarán, y despojarán, y robarán; y la vida será un Apocalipsis cotidiano".

Cuando empiece el año 1000 que sigue al año 1000...

"Los hombres ya no confiarán en la ley de Dios, sino que querrán guiar su vida como a una montura; querrán elegir a los hijos en el vientre de sus mujeres y matarán a aquellos que no deseen. Pero ¿qué será de estos hombres que se creen Dios?"

Cuando empiece el año 1000 que sigue al año 1000...

"El hombre habrá cambiado la faz de la Tierra; se proclamará el señor y soberano de los bosques y las manadas. Habrá surcado el Sol y el cielo y trazado caminos en los ríos y los mares. Pero la Tierra estará desnuda y será estéril. El aire quemará y el agua será fétida. La vida se marchitará porque el hombre agotará las riquezas del mundo".

Cuando empiece el año 1000 que sigue al año 1000...

"La sangre se hará impura; el mal se extenderá de lecho en lecho, el cuerpo acogerá todas las podredumbres de la Tierra, los rostros serán consumidos, los miembros descarnados... el amor será una peligrosa amenaza para aquellos que se conozcan solo por la carne..."

Cuando empiece el año 1000 que sigue al año 1000...

"Las enfermedades del agua, del cielo y de la Tierra atacarán al hombre y le amenazarán; querrá hacer renacer lo que ha destruido y proteger su entorno; tendrá miedo de los días futuros. Pero será demasiado tarde; el desierto devorará la Tierra y el agua será cada vez más profunda, y en algunos días se desbordará, llevándose todo por delante como en un diluvio, y el día siguiente la tierra carecerá de ella y el aire consumirá los cuerpos de los más débiles".

Cuando empiece al año 1000 que sigue al año 1000...

"Todos sabrán lo que ocurre en todos los lugares de la Tierra; se verá al niño cuyos huesos están marcados en la piel y al que tiene los ojos cubiertos de moscas y al que se da caza como las ratas. Pero el hombre que lo vea volverá la cabeza, pues no se preocupará sino de si mismo; dará un puñado de granos como limosna, mientras él dormirá sobre sacos llenos. Y lo que dé con una mano lo recogerá con la otra".

Veo y conozco...

La población de Vézelay está enclavada en la región de la Borgoña; a doscientos veintiún kilómetros de París. Esta pequeña ciudad que, según el censo del año 1999, contaba con cuatrocientos noventa y dos habitantes, debe su origen a una abadía Benedictina donde, al parecer, se conservan los restos de María Magdalena. En dicha abadía, en el año 1096, Godofredo de Bouillón dio comienzo a la Primera Cruzada. Cincuenta años más tarde (1146), desde el mismo lugar, Bernardo de Claraval, anuncia el comienzo de la Segunda Cruzada.

En 1840, los trabajos de restauración de la abadía son efectuados por Viollet-le-Duc; amigo y confidente del alquimista que maniobró bajo el seudónimo de Fulcanelli. También, como hecho curioso a destacar, Vézelay es el primer lugar de Francia donde se instauró el culto a María Magdalena.

Orden de la Encina


La Orden Militar de la Encina se considera la primera Orden Militar fundada en España; es el precedente de todas la ordenes militares e incluso más antigua que las Cruzadas; en el estandarte había bordado, por un lado tres coronas, y por el otro, una encina, la cruz y la leyenda: "Non timebo millia circundantes me: no temo ni a mil que me rodeen".

En el año 1050, el rey García IV de Navarra creó la Orden de Ntra. Sra. de Lys que en 1061 sería absorbida por la Orden de la Encina y en el año 1063 se creo la Milicia de Monzón que también fue absorbida en 1067 por la Orden de la Encina.                                                                                                      En 1118 la Orden de la Encina se constituyó bajo la regla Cisterciense en Militia Christi, pasando a llamarse Orden de San Salvador; los caballeros de esta Orden tenían por divisa una encina verde sobre un medallón de oro y una cruz ancorada de gules.



Fundación


La primera Orden conocida en España, fue la de la Encina, instituida en Navarra, y cuyo origen fue debido a un suceso acogido favorablemente por el espíritu piadoso de aquella época.

D. García Jiménez, caballero de esclarecida estirpe y capitán de gran valía, después de haber permanecido retirado durante algún tiempo, volvió a emprender el rudo ejercicio de las armas, alentado por el deseo de libertar a su país del yugo de los infieles. Cuando animado por tan nobles intenciones preparaba sus huestes para caer de golpe sobre el enemigo, dirigió la vista al cielo como para implorar su auxilio, y vio en una encina, el símbolo de la señal de nuestra Redención, rodeado por un coro de ángeles, esplendentes de luz y de gloria, en actitud de adorarlo. El esforzado caballero creyó en su fervor que aquel nuevo y misterioso lábaro era la señal cierta de la victoria, y poniéndose él mismo una cruz en el pecho, y haciendo que se la pusieran los demás capitanes  y soldados — marcó resuelto contra el enemigo, obteniendo un señalado triunfo. Alcanzó después de tantos y tan distinguidos, que habiendo logrado expulsar a los moros de Navarra sus soldados agradecidos le levantaron sobre el pavés y le proclamaron rey.

Empuñado apenas el centro de Navarra en 722 impetró y obtuvo del pontífice Rodrigo II permiso para fundar una Orden militar con el título de la Encina, cuyo emblema era una cruz roja puesta sobre una encina, pintadas ambas en una túnica que llegaba hasta las rodillas; pero la existencia de esta Orden fue de corta duración.

Carta de transmisión de Larmenius

Es un documento que se atribuye al caballero Johannes Marcus Larmenius (el armenio) quién, en la clandestinidad, cerca de la muerte Maestre Jacques de Molay, lo habría sucedido por elección antes de su ejecución, como Maestre de la Orden del Temple. En este dodumento constan las firmas de todos los Maestres del Temple que, desde Molay, se habrían ido sucediendo en la sombra, cuando menos hasta 1804 en que ocupó este elevado rango el masón Fabre-Palaprat.

Larmenius llevó la Orden desde la muerte de De Molay en 1314 hasta 1324, cuando, en febrero de ese año, Larmenius hizo que se escribiera un documento, ahora históricamente conocido como La Carta de Larmenius, pero que en realidad se titula la Carta de Transmisión.

En este documento, Larmenius afirma que ha envejecido demasiado para continuar los rigores de la Oficina del Gran Maestre de la Orden, y además transmite su Gran Maestría, con la aprobación del Consejo General de la Orden, al rango Templario siguiente en la línea , Franciscus Theobaldus.

Teobaldo en ese momento era el Prior de la Orden en el Priorato de Alejandría en Egipto. Theobaldus aceptó la asignación y firmó el documento como tal. Desde entonces, hasta 1804, cada Gran Maestre o Funcionario del Consejo General de Control ha firmado el documento.

La Carta fue escrita en un conocido  Código  (escritura codificada), un alfabeto basado en el posicionamiento de partes de la Cruz Templaria de las 8 beatitudes.  Cuando se decodifica y se traduce, la Carta está escrita en latín.

Este documento también se conoce como la "Carta Transmissionis", traducida como la Carta de Transmisión, ya que su única función era transmitir la Gran Maestría de la Orden en las circunstancias entonces terribles, para mantener con seguridad la integridad de la continuación de la propia Orden, y para legitimar la descendencia lineal histórica de la Orden de los Caballeros Templarios hacia el futuro.

Es la verificación escrita dando crédito a la creencia de que la mayor parte de la Orden se había escondido en Francia y en el resto del mundo, después de ser secularizada por la bula Papal Vox en Excelso de 1312, emitida por Clemente V , el títere Papa del Rey Francés, Felipe IV. 



Contenido:

Yo, hermano Joahnnes Marcus Larmenius, de Jerusalén, por la gracia de Dios y por el grado más secreto del venerable y supremo mártir, el Maestre supremo de la Orden del Temple, que Dios tenga en su gloria, confirmado por el Consejo común de la Hermandad, poseedor del grado más elevado del Maestre supremo de toda la Orden del Temple, a todos los que lean esta carta de decretos, salud, salud, salud.

Hago saber a todos, presentes y futuros, que, flaqueando mis fuerzas a causa de la avanzada edad, y perfectamente consciente de lo grave de la situación y del peso del gobierno, para mayor gloria de Dios, y de la protección y seguridad de la Orden, los hermanos y los Estatutos, yo, el humilde Maestre de la Orden del Temple, he decidido delegar el grado supremo en manos más fuertes. Por lo tanto, con la ayuda de Dios, y con el consentimiento de la Suprema Asamblea de Caballeros, por este decreto he conferido y confiero de por vida al eminente Comendador del Temple, mi querido hermano Teobaldo de Alejandría, el grado de Maestre supremo de la Orden del Temple, con la autoridad y privilegios correspondientes, con el poder, según lo requieran el momento y la situación, de conferir a otro hermano que se distinga por su nobleza de origen y de acciones y sea una persona honorable, el grado supremo de Maestre de la Orden del Temple, y la máxima autoridad. De esta manera se preservará la perpetuidad del supremo grado de Maestre, la ininterrumpida serie de sucesores, y la integridad de los Estatutos. Ordeno, sin embargo, que el grado de Maestre no sea transmitido sin la autorización de la Asamblea General del Temple, que se reunirá tantas veces como juzgue necesario, y, cuando tenga que elegir sucesor, será con el voto de los caballeros.

Pero, para evitar que se descuiden las funciones del cargo supremo, habrá ahora y para siempre cuatro vicarios del supremo Maestre, con poder supremo, eminencia y autoridad sobre la Orden, con excepción del derecho del supremo Maestre, que serán elegidos de entre los miembros de mayor grado de la Orden, según el orden de profesión. Dicho estatuto responde al juramento (encomendado a mí y a los otros hermanos) del santo y venerable Maestre arriba mencionado, el mártir, que Dios guarde en su gloria. Amén.

Por último, por decreto de la Asamblea Suprema, y por la suprema autoridad a mí otorgada, deseo y ordeno que los templarios escoceses desertores de la Orden sean maldecidos, y que ellos y los hermanos de San Juan de Jerusalén, expoliadores de la propiedad de la Orden de los Caballeros (que Dios tenga piedad de ellos), sean expulsados del círculo del Temple, ahora y para siempre.

Por lo tanto, he creado signos que los falsos hermanos no puedan reconocer, para que sean entregados oralmente a los caballeros de la Orden, y que de la misma manera sean entregados a la Asamblea Suprema. Pero estos signos sólo pueden ser revelados después de la debida profesión y consagración según lo establecen los Estatutos, derechos y usos de la Orden de los Caballeros del Temple que he enviado al eminente Comendador arriba mencionado y que a su vez me fue entregado en mano del venerable y muy santo Maestre, el mártir (para quien todo sea honor y gloria). Hágase mi voluntad. Amén.

Firmas de los Grandes Maestres 

Yo, Johannes Marcus Larmenius, hice entrega del presente escrito el 18 de febrero de 1324.

Yo, Teobaldo de Alejandría, recibo el grado de supremo Maestre con la ayuda de Dios en el año de Cristo 1324.

Yo, Arnaldo de Braque, recibo el grado de supremo Maestre con la ayuda de Dios en 1340 d. J. C.

Yo, Juan de Clermont, recibo el grado de supremo Maestre con la ayuda de Dios en 1340 d. J. C.

Yo, Bertrand Duguesclin, &e. en el año de Cristo 1357.

Yo, hermano Juan de L´Armagnac, &e. en el año de Cristo 1381.

Yo, humilde hermano Bernard de L´Armagnac, &e. en el año de Cristo 1392.

Yo, Juan de L´Armagnac, &c. en el año de Cristo 1418.

Yo, Juan Croviacensis, &c. en el año de Cristo 1451.

Yo, Roberto de Lenoncoud, &c. en 1478 d. J. C.

Yo, Galeas Salazar, humilde hermano de la Orden del Temple, &c. en el año de Cristo 1496.

Yo, Felipe de Chabot, &c. en 1516 d. J. C.

Yo, Gaspard Cesinia Salsis de Chobaune, &c. en 1544 d. J. C.

Yo, Enrique Montmorency, &c. 1574 d. J. C.

Yo, Carlos Valasius [de Valois], &c. Anno 1615.

Yo, Santiago Rufelius de Grancey, &c. Anno 1651.

Yo, Juan de Durfort de Thonass, &c. Anno 1681.

Yo, Felipe de Orleans, &c. 1705 d. J. C.

Yo, Luis Augusto de Borbón de Maine, &c. Anno 1724.

Yo, Borbón-Conde, &c. 1787 d. J. C.

Yo, Luis Francisco Borbon-Conty, &c. 1741 d. J. C.

Yo, de Cosse-Brissac (Luis Hércules Timoleón), &c. 1776 d. J. C.

Yo, Claudio Mateo Radix-de-Chevillon, Maestre vicario del Temple, víctima de una grave enfermedad, en presencia de los hermanos Próspero Miguel Charpentier de Saintot y Bernard Raymond Fabré, Maestres vicarios del Temple, y Juan Bautista Augusto de Courchant, Preceptor supremo, entrego estas cartas decretales, confiadas a mí en tiempos difíciles por Luis Timoleón de Cosse-Brissac, supremo Maestre del Temple, al hermano Jacques Philippe Ledru, Maestre vicario del Temple de Messines, para que en su debido momento haga uso de ellas con el fin de perpetuar la memoria de nuestra Orden según el Rito Oriental, 10 de junio de 1804.

Yo, Bernard Raymond Fabre Cardoal de Albi, habiendo obtenido el voto de aprobación de mis colegas los Maestres Vicarios y mis hermanos los Caballeros del Temple, acepto el grado de supremo Maestre el 4 de noviembre de 1804.


El último Maestre: Jacques Bernard de Molay


 Jacques Bernard de Molay (Franco Condado de Borgoña, c. 1240-1244 - 18 de marzo de 1314), conocido como Jacques de Molay, fue un noble franco-comtés y el último Gran maestre de la Orden del Temple, que fue una orden militar fundada por Hugo de Payens y por otros caballeros que participaron en la Primera Cruzada, cuyo propósito era proteger los peregrinos cristianos en Tierra Santa. Además, algunos eruditos en temas nobiliarios incluyen a Molay en la genealogía de Lonvy, al ser Molay una población del Señorío de Rahon, propiedad del padre de Jacques de Molay.

Biografía

Jacques Bernard de Molay nació en Molay, (Franco Condado de Borgoña), entre 1245 y 1250 (aunque hay ciertas versiones que especifican que fue en el año 1243 y otros en el 1244, en la ciudad de Vitrey, departamento de Haute Sâone), hijo de Juan, Señor de Lonvy, heredero de Mathe y Señor de Rahon, gran población cerca de Dôle, de la cual dependían muchas otras, pero principalmente Molay, y esta a su vez, era una parroquia de la Diócesis de Besançon, en el Deanato de Nenblans.

En 1265, en la ciudad de Beaune (Francia) se unió a la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (más tarde llamados Caballeros del Templo de Salomón), conocidos comúnmente como Caballeros Templarios u Orden del Temple, recibiéndole el Fraile Imbert de Perand, visitador de Francia y del Portu, en la capilla del Temple de la residencia de Beaune.

En 1293, figura con el título de Gran Maestre tras la muerte de Thibaud Gaudin el 16 de abril de 1292. Así se convirtió Jacques de Molay en el vigesimotercer y último Gran maestre de la Orden del Temple.

Organizó entre 1293 y 1305 múltiples expediciones contra los musulmanes y logró entrar en Jerusalén en 1298, derrotando al Sultán de Egipto, Malej Nacer, en 1299 cerca de la ciudad de Emesa. En 1300 organizó una incursión contra Alejandría y estuvo a punto de recuperar la ciudad de Tartus, en la costa siria, pero fue derrotado.En 1306, tras la expulsión de los judíos, el estado de la economía francesa rozaba la ruina. El rey Felipe IV había pedido varios préstamos a la Orden del Temple, que no podía devolver. Por este motivo hizo devaluar la moneda varias veces, ante el disgusto de sus súbditos. El monarca, desesperado, hizo correr la voz de que los templarios tenían un comportamiento poco cristiano, y junto con Guillaume de Nogaret, un personaje sin escrúpulos, y el confesor real, Guillem Imbert, urdieron un plan para destruir a la Orden y quedarse con sus bienes.

En 1307, el Papa Clemente V, Beltrán de Goth y el rey de Francia, Felipe IV, ordenaron la detención de Jacques de Molay y la de los demás caballeros bajo la acusación de sacrilegio contra la Santa Cruz, simonía, herejía e idolatría hacia Baphomet y Lucifer. Molay declaró y reconoció, bajo tortura, los cargos que le habían sido impuestos; aunque con posterioridad se retractó, y por ello en 1314 fue quemado vivo en la hoguera frente a la Catedral de Notre Dame, donde nuevamente volvió a retractarse, en forma pública, de cuantas acusaciones se había visto obligado a admitir, proclamando la inocencia de la Orden y, según la leyenda, maldiciendo a los culpables de la conspiración:

"Dios sabe quién se equivoca y ha pecado y la desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte. Señor, sabed que, en verdad, todos aquellos que nos son contrarios, por nosotros van a sufrir Clemente, y tú también Felipe, traidores a la palabra dada, ¡os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!... A ti, Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año..."

En el plazo de un año, dicha supuesta maldición se cumplió; primero con la muerte de Clemente V, quien falleció el 20 de abril de 1314, luego con el fallecimiento de Felipe IV (que según Maurice Druon murió a causa de un accidente durante una partida de caza el 29 de noviembre de 1314) y finalmente con la muerte de Guillermo de Nogaret, quien fue envenenado ese mismo año.


jueves, 10 de diciembre de 2020

Templarios en Andalucia. Arquitectura


 Castillo de Aracena

La sierra de Aracena donde la provincia de Huelva hace frontera con Portugal y Extremadura, es una de las zonas de España de más fuerte impregnación templaria. Constituye, con Caravaca, Ponferrada, Monzón y Miravet, el núcleo de la memoria templaria peninsular, al lado de Tomar, en Portugal.

La Orden del Temple, que consigue asentarse en Andalucía entre los años 1253 y 1258, cuando el poderío musulmán comienza a debilitarse, convierte Aracena en una de sus plazas fuertes. Símbolos y claves de la presencia de la misteriosa orden de caballeros cristianos pueden encontrarse aquí por doquier: el propio escudo de la villa encierra muchas de ellas. Aquí, los templarios reconstruyeron la fortaleza que encontraron a su llegada en la que aún pueden reconocerse algunas estancias, parte de las torres y algunos de los aljibes que constituyeron su conjunto. La iglesia del castillo es un buen exponente del sincretismo islamo -cristiano del que los templarios hicieron su credo, incorporando elementos del gótico a la simbología sufi.

Debajo exactamente del castillo templario de Aracena se encuentra una de las cuevas más singulares de Andalucía: la Gruta de la Maravillas. Muchos afirman que entre el castillo y las cuevas hubo algún pasadizo que las comunicaba, que no ha podido ser hallado hasta hoy. Este hecho explicaría la importancia que Aracena tuvo para el Temple, perseguido en aquellos tiempos hasta su prohibición en 1334 y necesitado, por tanto, de lugares donde ocultarse.

Algunos de los salones de estas cuevas tienen nombres como la Catedral, el "mihrab", el "ostensorio", o la fuente del Galápago, que refuerzan las resonancias sacrales, casi de templo esotérico, que le proporcionan sus formaciones geológicas y calcáreas

A poca distancia de Aracena encontramos otro lugar de gran interés por sus referencias misteriosas: Alájar y su famosa Peña, con la ermita de Nuestra Señora de los Angeles. Según los iniciados, esta Peña es un lugar de confluencia de grandes fuerzas telúricas y ha atraído siempre hasta sus cercanías a hombres de conocimiento. En el siglo XVI fue el confesor de Felipe II, Benito Arias Montano, que siguió los pasos de San Victor en el siglo XII.

Esta tradición se ha mantenido viva hasta hoy y en una pequeña casa al pie de la peña vivió el último "guardián de los secretos" del lugar, un teósofo llamado Don Antonio Alonso Vital. Nadie sabe aún quién ha de ser su sucesor. Otras localidades de Huelva que fueron también posesiones templarias son Villalba del Alcor, donde permanecen la iglesia de San Bartolomé y la ermita octogonal de Santa Águeda, y Trigueros, con su iglesia de San Antón de los Templarios y el Dolmen de Soto, uno de los monumentos sagrados más importantes de la prehistoria andaluza, un impresionante templo de corredor donde destacan representaciones de cabezas humanas con la boca tapada.

En la costa encontramos el monasterio de La Rábida (Palos de la Frontera), el convento franciscano donde Colón preparó su primer viaje. Lugar de culto y conocimiento desde tiempos remotos. La Rábida fue propiedad templaria, y antes aun fue "ribbath", fortaleza de monjes guerreros fatimitas. Es desde esta perspectiva de enclave de iniciados como la presencia de Colón entre los monjes adquiere todo su sentido: aquí se encontraban los mejores cosmógrafos y estrelleros del reino, estrechamente ligados a los de la escuela náutica de Sagres, en Portugal, también posesión templaria.

La Orden tuvo casa en Sevilla, aunque no se sabe dónde, pero es curioso encontrar su divisa "Non nobis, domine" en la Iglesia de la Caridad, sede de una hermandad de caballeros cristianos fundada en el siglo XVII por Miguel de Mañara, que agrupa aún hoy a miembros de la aristocracia sevillana.

También en Córdoba tuvo el Temple su refugio, y parece ser que fue la Torre de la Calahorra el lugar que lo alojó. Un recinto que acoge en la actualidad un centro de diálogo de las tres culturas -islámica, hebrea y cristiana- que parece la versión moderna de los ideales sincréticos de los templarios.

Godofredo de Bouillón


 Godofredo de Bouillón (Boulogne-sur-Mer, Reino de Francia c. 1060 Jerusalén, Reino de Jerusalén 18 de julio de 1100), fue un destacado líder militar en la Primera cruzada que gobernó Jerusalén tras su conquista por parte del ejército cruzado bajo el título de «Defensor del Santo Sepulcro». También ostentó los títulos de Duque de Bouillon, Margrave de Amberes y Duque de Baja Lorena. Godofredo era hijo de Eustaquio II de Boulogne y de Ida de Lorena.​

Primeros años

Su tío Godofredo el Jorobado lo eligió como heredero de la Baja Lorena, pero en 1076 el Emperador Enrique IV sólo le concedió la Marca de Amberes, quedándose para sí mismo el feudo de la Baja Lorena (entonces denominada Baja Lotaringia), ya que su tío no tenía descendientes directos, es decir un heredero directo masculino. Sin embargo, Godofredo luchó junto con Enrique IV tanto en Elster como en el asedio de Roma, y finalmente en 1082 este le concedió el ducado de Baja Lorena.

Este ducado estaba muy influido por la reforma cluniacense, y al parecer, Godofredo era una persona muy religiosa, de este modo y aunque había luchado a favor del Emperador contra el papado, Godofredo literalmente vendió todo lo que tenía y se unió a la Cruzada que predicó Urbano II en el Concilio de Clermont.

Primera Cruzada

Godofredo de Bouillón.

Godofredo, junto con sus hermanos Eustaquio y Balduino, salieron de Lorena en agosto de 1096 al mando de un ejército de 40 000 hombres, siguiendo la llamada «Ruta de Carlomagno» tal y como parece que Urbano II llamaba al camino hacia Jerusalén (todo ello según la crónica de Roberto de Molesmes). Después de algunos problemas en Hungría, donde fue incapaz de impedir que sus hombres hicieran correrías entre los cristianos del lugar, llegaron a Constantinopla en noviembre de ese año. Fue el primer cruzado en llegar, y así empezaron los conflictos con el emperador bizantino Alejo I, ya que este quería que Godofredo jurara lealtad al Imperio Bizantino, lo que suponía que las ciudades que fueran conquistadas deberían ser devueltas a este Imperio. Godofredo, finalmente, llevó a cabo el juramento de lealtad en 1097, al igual que hizo el resto de jefes de la cruzada conforme fueron llegando.

Según Guillermo de Tiro, Godofredo era «alto de estatura, no demasiado, pero por encima de la media. Fuerte sin comparación, con miembros sólidos y pecho robusto. Sus rasgos eran agradables, su barba y pelo de color castaño claro».

Godofredo fue el primero en llegar al cerco de Nicea, y estaba en el contingente principal de los Cruzados, cuando este se dividió en dos después de la toma de Nicea, división que se debió realizar para facilitar las tareas de aprovisionamiento. Ayudó a la vanguardia del ejército durante la batalla de Dorilea durante el ataque realizado por los turcos selyúcidas guiados por Kilij Arslan I, apoyando a otros cabecillas cruzados entre ellos a Bohemundo de Tarento consiguiendo con ello la victoria final, para pasar posteriormente al saqueo del campamento selyúcida.

En 1099, tras la captura de Antioquía después de un largo asedio, los cruzados se dividieron en dos partes, indecisos sobre el paso siguiente a realizar. La mayoría de los soldados de a pie querían continuar hasta Jerusalén, pero Raimundo el más poderoso de los príncipes dudaba sobre si seguir adelante o no, Bohemundo de Tarento decidió permanecer en Antioquía como príncipe titular de esta ciudad. Después de meses de espera, los soldados de a pie urgieron a Raimundo para que continuara el camino a Jerusalén, y una vez iniciado este camino Godofredo se unió rápidamente a ellos. Tomó parte activa en el asedio de esta ciudad, y el 15 de julio fue el primero en entrar en la ciudad, entrada a la que siguió una masacre de musulmanes y cristianos nativos. El 22 de julio, al rehusar Raimundo a ser Rey de Jerusalén, Godofredo fue elegido en su lugar.

Reino de Jerusalén

No obstante Godofredo no quiso ser coronado rey de la ciudad en la que Cristo había muerto. En su lugar tomó el título de Sancti Sepulchri advocatus, abogado o defensor del Santo Sepulcro. Durante su corto reinado, apenas un año, Godofredo se vio obligado a defender el nuevo Reino de Jerusalén de los ataques de los Fatimitas de Egipto, a los que derrotó en la Batalla de Ascalón en agosto de 1099. Se enfrentó igualmente a la oposición de Dagoberto de Pisa, Patriarca Latino de Jerusalén y aliado de Raimundo, siendo este último el que impidió la toma de Ascalón con posterioridad a dicha batalla.

En 1100 Godofredo consiguió imponer su autoridad sobre varias ciudades de la costa, Acre, Ascalón, Arsuf, Jaffa y Cesarea, aunque no serían conquistadas hasta después de la muerte de Godofredo (de hecho Ascalón no se conquistaría hasta 1153, quedando como último reducto Fatimita). Mientras tanto continuó la oposición con Dagoberto de Pisa; Godofredo y Bohemundo querían que fuera nombrado Patriarca Latino Arnulfo de Chocques mientras que Dagoberto quería convertir Jerusalén en un feudo del Papa. Finalmente hubo una tregua entre ellos, llegando al acuerdo de que Jerusalén y Jaffa pasarían a la Iglesia al conquistarse Egipto, pasando este último país al brazo secular con capital en El Cairo. Sin embargo, Godofredo murió en julio de 1100 sin haber conquistado Egipto, quedando sin resolver el problema de quién debía reinar en Jerusalén. Los partidarios de una monarquía secular eligieron a Balduino de Bouillón, el hermano de Godofredo como su sucesor, y finalmente, Dagoberto, a regañadientes lo coronó como Rey de Jerusalén el 25 de diciembre de 1100.

Muerte de Godofredo

Según el cronista árabe Ibn al-Qalanisi: «Durante el asedio de Acre, Godofredo, gobernador de Jerusalén, fue alcanzado por una flecha que le produjo la muerte».Las crónicas cristianas no mencionan nada de esto, al contrario, Alberto de Aquisgrán y Ekkerhard de Aura dicen que Godofredo contrajo una enfermedad en junio de 1100 en la ciudad de Cesarea a resultas de la cual murió. Más tarde se dijo que el Emir de dicha ciudad lo envenenó, pero al parecer este rumor no tiene base alguna; Guillermo de Tiro, en la crónica que escribiría en el siglo XII no dice nada sobre este tema. Se desconoce la causa de su muerte.

Godofredo en la historia y en la leyenda

Godofredo ha sido idealizado a lo largo de la historia por haber sido el primero en recibir el nombramiento de regente de la ciudad de Jerusalén. Ha sido descrito como el líder de las Cruzadas, del Reino de Jerusalén y como el legislador de los Assizes de Jerusalén, y asimismo, considerado como personificación del ideal de caballero, en particular en el grupo de los Nueve de la Fama, según se los denominó en la Edad Media y el Renacimiento (entre otros por Miguel de Cervantes), a saber: (Héctor, Alejandro Magno, Julio César, Josué, Judas Macabeo, Rey David, Rey Arturo, Carlomagno y Godofredo de Bouillón). Al ser elegido no quiso ser denominado «rey» por lo que tomó el título de Sancti Sepulchri Advocatus, ya que no le parecía correcto "llevar la corona de rey donde Jesús llevó la corona de espinas". Balduino, su hermano -posteriormente Balduino I de Jerusalén- pasó a ser el primer rey de Jerusalén en 1100 a la muerte de Godofredo. La leyenda de Godofredo se inició poco después de la Primera Cruzada con el cronista Alberto de Aquisgrán, quien lo retrató como el prototipo de héroe cristiano.

El papel realizado por Godofredo durante la Primera Cruzada lo describen, además, el autor anónimo de la Gesta Francorum y Raimundo de Aguilers entre otros. En la literatura de ficción, Godofredo es el héroe de dos canciones de gesta, la Canción de Antioquía y la Canción de Jerusalén. Tanto su familia como sus primeros años han sido objeto de muchas leyendas. La leyenda de El Caballero del Cisne, muy famosa hoy en día por la ópera de Wagner Lohengrin, se basa en la historia del abuelo de Godofredo, Helias, quien llegó en un misterioso bote con forma de cisne para defender a la familia Bouillón y casarse con la abuela de Godofredo.

En tiempos de Guillermo de Tiro en el siglo XII, Godofredo ya era una leyenda entre los descendientes de los Cruzados. Se creía que era muy fuerte, se decía que había vencido a un oso y también que había cortado la cabeza de un camello con un solo golpe de su espada.

En la Divina Comedia, Dante ve el alma de Godofredo en el cielo de Marte junto a otros Guerreros de la fe.

Godofredo es el personaje principal del poema épico Jerusalén libertada (Gerusalemme liberata, 1575), de Torquato Tasso (1544-1595).

En su natal Bélgica una estatua ecuestre de bronce de Godofredo fue inaugurada el 15 de agosto de 1848 en la Plaza Real de Bruselas. El monumento, que no ha estado exento de polémica, fue la primera estatua ecuestre de esta ciudad.


El Santo Cáliz de Valencia


 El santo cáliz de la catedral de Valencia, custodiado en la Capilla de su nombre en la Catedral de Santa María de Valencia (España) es el vaso que las tradiciones aragonesa y valenciana identifican con el Grial, y que consta de dos piezas:

A) Una copa tallada a partir de una piedra de calcedonia, de 7 cm. de altura y 9'5 cm. de diámetro. 

El arqueólogo Antonio Beltrán ha fechado la talla de la copa superior en torno al siglo I.

B) Un pie con asas que habría sido añadido posteriormente. 

Este consta de una columna central hexagonal con una tuerca redonda al medio y terminada en dos pequeños platos, uno donde se apoya la copa superior y otro en la parte inferior que sostiene el pie. 

Las asas tienen forma de serpiente, con sección también hexágonal. 

La base, de forma elíptica, es de calcedonia y contiene 28 pequeñas perlas, dos rubíes y dos esmeraldas, todo ello guarnecido en oro.

En los viajes realizados a Valencia por los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI ambos utilizaron este cáliz al celebrar sus misas multitudinarias.

La Iglesia no se ha posicionado oficialmente sobre la autenticidad de esta reliquia, pero en 2014 el papa Francisco aprobó un jubileo in perpetuum, llamado «Año Jubilar Eucarístico por el Santo Cáliz», a celebrar cada cinco años, siendo el primero el de 2015.

Este cáliz es el representado por el pintor valenciano Juan de Juanes en su pintura La Santa Cena (Museo del Prado), pintada en 1560.

La tradición cristiana cuenta que tras la última cena en Jerusalén, el grial fue guardado y utilizado por los apóstoles. De allí habría pasado a Antioquía, llevado por san Pedro. 

Posteriormente se habría trasladado a Roma, donde fue usado por los primeros papas.

Según la tradición aragonesa, el cáliz estuvo en Roma hasta el pontificado de san Sixto II, (que ejerció el papado durante un año, desde 257 a 258). 

Asustado por la persecución romana, Sixto II habría confiado el Santo Cáliz a su joven diácono Lorenzo, originario de Huesca, el cual lo envió para que fuera escondido en casa de sus padres, cerca de la actual ermita de la Virgen de Loreto.

En la Biblioteca Nacional de Madrid se conserva un manuscrito del s. XVII titulado Vida y martirio del glorioso español San Laurencio, obra de Lorenzo Mateu y Sanz, que dice ser la traducción de otro manuscrito original del siglo VI, obra del abad Donato, en el que se narra la historia de S. Lorenzo y cómo éste, poco antes de su propio martirio, confió a su compatriota legionario Precelio «algunas memorables reliquias, de forma que pudiera enviarlas a Hispania; entre ellas estaba la archirrenombrada copa en la que Cristo consagró su preciosa sangre la noche de la Última Cena».

En la Basílica de San Lorenzo Extramuros de Roma, había un fresco del siglo XIII que representaba la entrega del Santo Cáliz por San Lorenzo a un legionario español, pero se destruyó el 19 de julio de 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, en un bombardeo combinado, y no subsiste más que una fotografía. 

Llegado a Hispania, diversos lugares aragoneses marcarían, según la tradición oral, la ruta del Santo Cáliz: la cueva de Yesa, San Pedro de Siresa, San Adrián de Sásabe, San Pedro de la Sede Real de Bailo y la catedral de Jaca.

En 1071 el obispo de Jaca, Subvención Sancho I, llevó el cáliz al monasterio de San Juan de la Peña, donde había sido monje antes, con motivo de la llegada del cardenal Hugo Cándido, enviado por el papa Alejandro II. 

El documento "Vida de de S. Lorenzo", escrito por Carreras Ramírez, Canon de Zaragoza, el 14 de diciembre de 1134, referencia la presencia del Santo Cáliz en el monasterio de San Juan del Peña al escribir (página 109): "En un arca de marfil está el Cáliz en que Cristo Ntro. Señor consagró su sangre, el cual envió S. Laurenzo a su patria, Huesca". 

Es coincidiendo con este momento cuando se introduce en España el rito Romano que entre otra cosas varía del rito mozárabe en el momento de la consagración cuando decía textualmente: " Y tomando este caliz ..."

En 1399, el rey Martín I el Humano lo trasladó al palacio de la Aljafería de Zaragoza, quedando a partir de entonces custodiado por la corona de Aragón. 

Sin embargo, el rey Jaime II el Justo demostró no considerar auténtico el cáliz traído desde San Juan de la Peña, al solicitar al sultán Muhammad al-Nasir la entrega del Grial y de la Vera Cruz, que suponía en su poder. 

El pergamino 136 del Archivo de la Corona de Aragón contiene el acta notarial original de la entrega del cáliz al Rey. 

A su muerte, el cáliz estuvo temporalmente en Barcelona, donde el Rey había trasladado su corte, y donde resulta registrado y descrito en el inventario de posesiones personales del monarca, elaborado en septiembre de 1410.

En el año 1424, el rey Alfonso el Magnánimo trasladó el Cáliz a Valencia, y lo depositó en la capilla del palacio real como agradecimiento por la ayuda del reino de Valencia en las luchas mediterráneas del monarca. 

Catedral de Santa María de Valencia.

En 1437, la reliquia fue entregada al Cabildo Catedralicio en nombre de su majestad, como prenda por un préstamo de 40.000 ducados de oro para sus guerras italianas.

El 3 de abril de 1744, durante el servicio de Semana Santa, el cáliz escapó de las manos del canónigo Vicente Frígola y Brizuela y cayó, partiéndose en dos. 

El maestro platero Luis Vicent efectuó una reparación aquella misma tarde, en presencia del notario Juan Claver que inscribió el acto, y la fractura no se observa ya, excepto dos pequeñas grietas. 

La impresión del accidente fue tal que el canónigo Frígola enfermó y murió días después.

Desde entonces ha permanecido en la catedral de Santa María de Valencia hasta la actualidad, con excepción de algunos periodos durante las guerras napoleónicas y la Guerra Civil Española (durante este último período estuvo escondido en Carlet), así como durante dos visitas de regreso al Monasterio de San Juan de la Peña en los años 1959 y 1994. 

En 2008 se celebró un congreso sobre el cáliz y en 2020 continúan los hallazgos sobre la pieza.